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Laboratorio de Ideas

Pequeñas acciones que crean vínculos y grandes recuerdos

Javier Chávez de Icaza

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En varios de los escritos anteriores he mencionado la importancia de crear vínculos individuales con cada hijo y no solo con todos en su conjunto y también he resaltado que la creación de estos vínculos individuales no es tan compleja como parece.

Con pequeñas acciones que hagamos con cada hijo, vamos a ir creando situaciones que constituyan grandes recuerdos para nuestro hijo(a) y que nos vayan permitiendo no solo acercarnos con el(la) sino que formen experiencias de dos y que a lo largo de su vida, la ayudarán a ubicarnos como parte fundamental de su crecimiento y de sus vivencias.

El día de hoy quiero compartirles algunas anécdotas de acciones muy sencillas pero en las cuales sólo intervenimos mi hija y yo y que para ambos, nos crearon vínculos individuales con el otro. Las historias que les contaré no son grandes acontecimientos, todo lo contrario, son como dice el título, pequeñas acciones pero que aún el día de hoy los dos recordamos gratamente.

Como también he comentado en escritos anteriores, cada relación padre-hijo(a) es única y un gran componente de ella depende de las características y personalidades de los involucrados, por lo tanto, aunque a mí me hayan funcionado, no significa que apliquen para todos los casos, pero si dan un claro ejemplo de que con pequeñas acciones creamos grandes recuerdos.

La primera y aunque estoy seguro que mi hija lo sabe básicamente por lo que yo u otros familiares le hemos contado, porque ella era una recién nacida cuando sucedió, sirvió para que ella me ubicara a mí, su papá, como parte integral de su vida.

Mi hija significó mi debut como padre, tanto su mamá como yo éramos muy jóvenes, teníamos 22 y 24 años respectivamente y apenas un año de casados. Mi hija resultó ser una bebé envidiable, desde el mes de nacida, dormía toda la noche sin interrupciones y durante el día se entretenía muy fácilmente, por lo que salir con ella, no nos causaba a nosotros, sus padres, ningún inconveniente.

Incluso recuerdo que mis hermanos y familiares me decían que no era una niña normal, que ya tendría un hijo que se comportara como hijo de verdad y sabría lo cansado que es ser padre. Al final, tuve un segundo hijo y él les dio la razón a los demás. Ni aún con la experiencia previa del primer hijo, resulto más sencillo el entender las acciones del segundo.

Ya en algún escrito anterior he comentado que yo no tengo “oído musical” es decir, no me apasiona la música y no la relaciono con momentos de mi vida como lo hace la mayoría de la gente, por lo que cuando escogí una canción de cuna para mi hija, usé la que mejor me sabía que era una de Alejandra Guzmán, llamada “Hacer el amor con otro”.

Obviamente esta canción no era el prototipo de canción de cuna para un bebe y probablemente fue por eso que fue una anécdota que nos permite recordarla aún hoy en día. Como dije, yo le cantaba esta canción para que se durmiera tanto en la casa como en otros lugares y de ahí que mis amigos y familiares le comentaran a mi hija, cuando ella ya estuvo un poco más grande esto y primero le despertó la curiosidad por conocer esta canción y posteriormente, le generó un grato recuerdo cada vez que la escuchaba.

En lo personal, no creo que mi hija tenga un real recuerdo de esa etapa tan temprana de su vida, pero sí creo que hizo que esa canción, le creara un sentimiento de seguridad y cariño, incluso cuando su letra no tiene nada que ver con eso.

Mi intención al contarles esta anécdota es que aun cuando yo como persona no soy un fanático, ni siquiera seguidor de la música, si usé la música para crear un vínculo con mi hija, tal vez, hasta subconscientemente seleccioné esta canción para que fuera algo diferente, exclusivo entre ella y yo. Y con algo tan sencillo, establecí el primer vínculo individual con mi hija.

Otra de esas pequeñas acciones que nos crearon un vínculo a mí y mi hija es la siguiente: Cuando ella tenía unos 4 años, nosotros vivíamos en un condominio horizontal sobre la Calzada de Tlalpan en la Ciudad de México. Tlalpan es una avenida importante que recorre del sur al centro y que contaba con la primera línea del Metro (al menos eso creo) que iba a nivel de calle, en lugar de ir por debajo de la ciudad como todas las demás.

Los domingos, acostumbrábamos desayunar antojitos mexicanos que compraba en un mercado cercano a la casa y el “ritual” era que salíamos mi hija y yo, caminábamos al Metro más cercano, nos subíamos, recorríamos dos estaciones, bajábamos al mercado comprábamos el desayuno y regresábamos de la misma forma a la casa.

Al llegar a la estación de regreso a la casa y pasar por el puente para atravesar la calle, nos quedábamos unos minutos sobre el puente y mi hija, saludaba, agitando la mano, a los choferes del metro que pasaban por debajo del puente y se emocionaba mucho cuando el chofer le respondía el saludo.

Los primeros domingos, la verdad es que pocas veces el chofer prestaba atención al puente y por lo tanto no se enteraba del saludo de mi hija y en consecuencia no le regresa el saludo. Sin embargo, cada domingo eran más choferes los que notaban el saludo de mi hija y eso sí, todos los que lo notaban, le regresaba el saludo.

Seguramente, todos los que tienen hijos me darán la razón al decirles que, para mi hija, el hecho que le regresarán el saludo era un gran logro y la ponía muy contenta. Esta es otra muestra de cómo una pequeña acción le generaba a ella un “éxito” en su corta vida y se fue convirtiendo ya no en una rutina de compra de desayuno dominical, sino en un historia de vida.

Hace unos días, cuando platicando con mi hija, le preguntaba por anécdotas que ella consideraba importantes en nuestra relación padre-hija, me comentó estas dos y si bien yo las recordaba, no las consideraba tan relevantes en nuestra relación, pero si muestran claramente lo que el título menciona. No tienen que ser grandes acciones o que requieran de mucho tiempo, sino que los vínculos se crean por situaciones sencillas pero en la que los protagonistas son solo padre-hijo(a).

Por último, quiero platicarles otra aventura que en los recuerdos que mi hija me compartió, le dejaba claro que ella podía contar con su papá y como los anteriores no es una historia espectacular, solo es una historia de una aventura padre-hija. A estas alturas, mi hija tendría unos 8 años y su hermano ya era parte de la familia, aunque apenas tenía poco más de un año.

A mi hija al cumplir los 5 años, su tía le había regalado una gatita siamés y era la adoración de mi hija desde entonces, se llamó Nala en clara referencia a un personaje de El Rey de León de Disney. De hecho, a partir de ese momento, la mascota ideal para ella, son los gatos y he podido comprobar que incluso gatos que no conoce bien y que normalmente son ariscos, con ella son accesibles y se le acercan.

Nosotros vivíamos en un departamento y un sábado, regresando de comer, llegamos al departamento y la gatita no estaba. Buscamos por todas partes y nada, entonces empezamos a llamarla por su nombre y oímos que nos respondía, pero no ubicábamos de donde venía su respuesta, hasta que después de un rato, pudimos detectar que venía de un apartamento del edificio de junto y entonces ahora el problema estaba es saber qué número de departamento era para poder tocar el timbre y ver si era posible pasar por ella.

Estuvimos un rato tratando de pensar qué departamento sería, cuando de repente,llegó una señora que vivía en el edificio e iba a entrar. Le preguntamos en qué piso vivía y nos dijo en el tercero (el piso donde estaba el departamento del que salían los maullidos de Nala). Le preguntamos si sabía quién vivía en el departamento que daba a la calle de Miguel Ángel y nos dijo que ese era su departamento y le explique la situación y le pedí que si nos permitía pasar a recoger a nuestra gatita.

La verdad es que fue una suerte que haya sido en esa época, porque ahora con la inseguridad que se vive, no sé si la señora hubiera estado tan dispuesta a que entráramos a su casa a buscar a la gatita. Sin embargo, nos permitió pasar y efectivamente ahí estaba Nala, muy asustada y en cuanto vio a mi hija, se acercó de inmediato a ella y mi hija la cargó, agradecimos a la señora y efectuamos con éxito la “misión de rescate”.

La verdad es que la aventura, otra vez, no fue espectacular, pero sí fue una acción coordinada padre-hija y nos creó un vínculo de cercanía que hemos preservado todos estos años.

La conclusión de este escrito, es que como padres siempre quisiéramos tener anécdotas impresionantes, espectaculares que nos permitan ser el “héroe” de la vida de nuestros hijos, pero con acciones pequeñas podemos crear vínculos que nos permitan alegrías de momento, pero más importante que eso, ser parte importante de la vida de nuestros hijos y hacer que la relación se mantenga aun en el caso de un rompimiento con la pareja.

Twitter: @padreverdad

Facebook: Padre de Verdad



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Laboratorio de Ideas

Con urgencia

Columna Invitada

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Por Sara Martha Arizpe Ramos *

En mi opinión, tú, yo, todos, formamos parte importante del engranaje social.

En el terremoto del martes 19 de septiembre del 2017, en la Ciudad de México, fui testigo del enorme sufrimiento de familias que perdieron absolutamente todo. También fui testigo del amor puro y auténtico de la gente que se entregó en cuerpo y alma a ayudar sin conocer al otro, y me colmó de esperanza vivir el reinicio de nuestra ciudad capital.

Soy una mujer afortunada: soy mexicana.

En mi país, nos caracterizamos por la creatividad y el compromiso con los que solucionamos problemas o emprendemos nuevos caminos, pues debemos conseguir nuestro pan de cada día.  Además, amamos nuestra nación, tanto que podríamos celebrar un día festivo a la semana si fuera posible, sin embargo, esta solidaridad se “relaja” cuando tenemos ante nosotros un producto extranjero contra uno mexicano. Pero, ¿cómo afecta esto actualmente  nuestro México? ¿Qué alternativa práctica tenemos como mexicanos realmente solidarios?

Soy una mexicana afortunada: puedo poner mi “granito de arena”.

Simón Levy, en su artículo ‘La economía AC (antes del COVID) y DC (después del COVID): ¿Dónde quedarán las Pymes?’ para el Diario “El Financiero”, afirma que la mortandad de las empresas tendrá efectos de mayor escala que el propio coronavirus, y que volveremos a los niveles de desempleo de la Segunda Guerra Mundial del siglo XX en proporción de los niveles de población del siglo XXI. En aquellas fechas, nuestro país tenía una población menor a 20 millones de habitantes. Actualmente, de acuerdo al Consejo Nacional de Población (CONAPO), a mediados del 2020 seremos casi 128 millones de personas.

¿Cómo le afecta hoy a México nuestra solidaridad “relajada”?

A finales del 2019, el Dr. Julio Santaella, presidente del INEGI, señaló que en nuestro país 4.1 millones de empresas son Micro, Pequeñas o Medianas (MiPyMes). De acuerdo al Consejo Mexicano de Negocios (CMN), de las 128 millones de personas que vivimos en México, 36 millones trabajan en MiPyMes. Desde abril, cada día cierran más empresas, muy pocas tal vez regresen, otras recortan personal para subsistir, esto por la falta de liquidez que implica la contingencia actual.

Tenemos un sinfín de variables para justificar la situación económica de nuestro país, sin embargo, considero que hemos llegado al momento perfecto para escribir un nuevo tomo de la historia. Es momento de despertar y darnos cuenta de que, lo que nos une, sí es trascendental: somos mexicanos luchando por sueños, saliendo adelante con los recursos con los que nacimos, seguramente con frustraciones pero también con mucha esperanza, con penas y también con mucho amor. Esa solidaridad que mencioné anteriormente debe ser reafirmada y demostrada, con urgencia.

Seremos más mexicanos afortunados, juntos:

¿Qué alternativa práctica tenemos como mexicanos realmente solidarios?

En marzo, en cuanto empecé la cuarentena, y debido a la gran afectación económica que traería consigo, decidí iniciar el Directorio de Negocios Locales de Coahuila. La esencia de este proyecto es crear conciencia sobre el consumo local, y promoverlo. Hoy, ya se han registrado más de 230 empresas locales de Saltillo, Ramos Arizpe y Arteaga, cuento con un equipo de trabajo de oro compuesto por tres mexicanos enamorados de su país, y hemos creado una comunidad virtual de más de 1,000 personas.

Te propongo esta alternativa práctica para consumir localmente: bit.ly/DirNegCoahuila , basta un par de clicks para acceder a restaurantes, florerías, pastelerías, talleres, negocios de abarrotes, de botana, de construcción…. Recibirás a cambio una mirada que te agradecerá desde el fondo de su corazón, pues estarás apoyando a las familias que están detrás de ese negocio local y, a su vez, estarás fomentando una forma más sustentable de consumir.

“No pretendamos que las cosas cambien si siempre hacemos lo mismo. A veces la crisis es la mejor bendición que puede sucederle a personas y países, porque la crisis trae progresos. La creatividad nace de la angustia, como el día nace de la noche oscura. Es en la crisis que nace la inventiva, los descubrimientos y las grandes estrategias. Quien supera la crisis, se supera a sí mismo sin quedar superado.” Albert Einstein.

Reinventemos juntos nuestra sociedad…. Con urgencia.

* Coordinadora de Relaciones y Desarrollo en el Tecnológico de Monterrey

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Análisis y Opinión

¿Cuál es la mejor cultura organizacional?

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

El día de ayer me invitaron a dar una plática con alumnos de una de las mas prestigiadas Universidades del País sobre el tema de cultura organizacional. Les pregunté a los alumnos que para ellos, cuál pensaban que era la mejor cultura organizacional. Inmediatamente me respondieron con el nombre de empresas como Google o Facebook y les pedí me indicarán por qué pensaban así, la mayor parte de los argumentos estuvieron apuntando a que eran culturas donde la gente se la pasaba bien, o porque eran culturas que fomentaban la creatividad de la gente. 

En mi opinión, esta concepción de cultura organizacional es equivocada y es por ello por lo que muchos ejecutivos confunden los estudios de clima organizacional con los estudios de cultura organizacional. Esta confusión los hace incluso pensar que medirse con base en instrumentos y parámetros estándares, desarrollados por empresas o instituciones externas, les puede indicar si tienen la cultura organizacional adecuada.

En mi experiencia, la cultura adecuada para una organización es aquella en la que se producen los comportamientos que le permiten a esa empresa lograr sus estrategias de negocios y alcanzar sus objetivos. La cultura organizacional es un elemento que influye en el comportamiento del personal y por ende en la manera en que se trabaja, que es por lo que se obtienen o no los resultados. En mi opinión, no existe una cultura organizacional “adecuada” a nivel estándar que sea buena para todos. Por ejemplo, la cultura de control que puede favorecer a una empresa que busca asegurar la calidad en el detalle de sus productos, puede matar a otra empresa que requiere ofrecer servicios de rápida respuesta a sus clientes.

La cultura organizacional es el conjunto de prácticas, normas y creencias compartidas por el personal de una organización y que influye en su comportamiento.  La cultura es generada en gran medida por la filosofía y valores de los fundadores y directivos, misma que se va viendo reflejada a lo largo del tiempo, en la manera en que se define la forma de trabajar, las políticas, la estructura organizacional, la manera de evaluar y pagarle a la gente, etc. Eso con el tiempo genera distintas prácticas que se arraigan a manera de normas no escritas y que determinan la manera de trabajar del personal.

El clima organizacional por su parte, es el estado de ánimo generalizado entre el personal de una organización en un momento determinado y que influye en su actitud en el trabajo. Al ser un estado de ánimo, el clima es cambiante, mientras que la cultura es algo más permanente y por ende difícil de cambiar.

Hoy por ejemplo, ante la situación que estamos viviendo con esta pandemia, es la cultura organizacional de una empresa la que ha determinado las acciones y ha influido en las decisiones que se han tomado sobre la manera en que la organización ha enfrentado esta situación. Las consecuencias de estas decisiones han influido en el ambiente y en el clima de trabajo que se está viviendo.

Los dos, son factores que le afectan al personal e influyen en su trabajo y en sus resultados, pero son factores que se deben trabajar con estrategias distintas.

Sin duda es momento de reflexionar en cada organización, si su cultura actual es adecuada para impulsar el tipo de comportamientos que requerirán de su personal para poder llevar a cabo con éxito las estrategias de retorno a la nueva normalidad, y rápidamente alcanzar los objetivos de negocio planteados. Si no es así, considero fundamental comenzar a identificar los cambios que su cultura organizacional requiere, identificar los factores que la provocan, determinar las acciones necesarias y los cambios que se deben hacer para iniciar la transformación de esa cultura y comenzar de inmediato.

Por otro lado, medir el clima organizacional solamente, utilizando algún instrumento estándar, o alguno de estos rankings donde comparan los resultados de unas empresas contra otras y las ordenan, solamente le permitirá conocer a la organización el estado de ánimo con el que el personal enfrentará este trabajo, pero recuerda, tener un ambiente de trabajo padre, no es suficiente para enfrentar los retos por venir.

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