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Laboratorio de Ideas

Por el afán de buscar diferenciar

Gerardo Medina Romero

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En el mundo interno de las organizaciones, las definiciones de la Real Academia de la Lengua Española no se utilizan. Lo que se utiliza son los términos y nombres asignados por los consultores a conceptos, metodologías, soluciones o ideas utilizadas para ayudar a las empresas a cumplir con sus objetivos estratégicos y que se han arraigado a lo largo del tiempo con una connotación muy distinta a la que tienen en el diccionario. 

Cuando un consultor o una empresa inventa o desarrolla un nuevo enfoque o concepto y quiere diferenciarse de los demás, busca una nueva palabra distinta a las que se vienen utilizando y la trata de posicionar como algo innovador, así se han iniciado muchas modas a lo largo de las últimas décadas. Muchos de estos términos son traducciones del inglés o adaptaciones de mismos términos al español que poco o nada tienen que ver con su significado original.

Esta situación ha generado que los ejecutivos se hayan desarrollado profesionalmente, por una parte dando distintos significados a un mismo concepto, y por la otra, manejando distintos conceptos para algo que tiene el mismo significado. Ejemplos hay muchos, solo por nombrar algunos de los más comunes podemos mencionar las palabras “objetivos”, “estrategias”, “metas”, “proyecto”, “procesos” o “soluciones” entre otras. 

Cada quién habla como le va en la feria, así que seguramente cada ejecutivo podrá tener una definición distinta para cada uno de estos conceptos y seguramente será porque en su historia profesional, aprendió esos términos de los jefes que tuvo, de los proyectos en los que ha participado, de los libros que leyó y gracias a los consultores con los que le ha tocado trabajar.

“Yo no soy consultor, soy asesor”, es el intento de muchos por separarse de la imagen negativa que se ha generado de estos profesionales, agrégale quién se dice coach, mentor o experto y que además se encarga de dejar claro que no hace consultoría, sino que asesora, acompaña o facilita, ¡ah!, porque estas tres, son cosas distintas.  

El afán por diferenciarse y nombrar a las cosas de manera distinta no es el problema, desde mi punto de vista, el problema es la irresponsabilidad para utilizar términos que no son apropiados y que contribuyan aún más a fomentar mayor confusión y desinformación de la que ya existe en la actualidad entre los ejecutivos y asesores de negocio externos, solo porque la palabra se escucha padre, innovadora o simplemente porque es distinta a las que ya se han utilizado. 

La definición que existe en el diccionario de la palabra “Proceso” por ejemplo, dista mucho de satisfacer el detalle necesario para entender este concepto aplicado al mundo de las organizaciones, es por ello por lo que cualquiera puede plantear una definición al respecto y argumentar que la suya es la real. Entonces la pregunta sería, ¿quién tiene la definición correcta de lo que es un “proceso” en el mundo de las organizaciones?

En mi opinión es un tema de convenciones, es decir, de convenir entre varios la connotación que queremos adoptar para aplicarla. Para decirlo en términos más simples, es que nos pongamos de acuerdo en cada organización, qué significado le vamos a dar a cada cosa y con el cuál vamos a trabajar, más allá de querer demostrar que cada uno sabe más que el otro y más allá también de enfrascarse en discusiones lingüísticas inútiles que no nos permiten accionar ni avanzar. “Para esta organización, un objetivo es… y así lo vamos a utilizar, punto.”

A los que somos empleados en alguna empresa, les pido que no asumamos que nuestro entendimiento es el adecuado, más vale preguntar y confirmar que lo que entendemos es lo que la organización necesita que entendamos y confirmar que todos en el equipo entendemos lo mismo. 

A los ejecutivos de las empresas, les pido que no traten de buscar quién tiene el significado real de cada término, como por ejemplo “proyecto”, porque en el diccionario no está esa respuesta, así que, simplemente acuerden el significado que van a utilizar para cada término y listo. 

Y a mis queridos colegas consultores (porque son consultados, aunque el nombre no les guste) les pido, un poco más de respeto tanto a nuestra maravillosa lengua española, como a nuestros clientes, y llamemos a las cosas como son, al pan, pan, y al vino, vino. Demuestra que eres diferente a través de tus servicios y por el valor real que tiene tu trabajo con base en el impacto en los resultados de tus clientes, y no porque le das un nombre distinto a los servicios que ofreces.

Sugerencias y comentarios en Twitter: @gemedinaro



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Laboratorio de Ideas

Nadie puede dar lo que no tiene

Columna Invitada

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Por Alejandra Carmona O.

De acuerdo con la teoría evolutiva de Darwin, “las especies que sobreviven no son las más fuertes ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”.

Como parte de la especie humana, no me había tocado vivir un reto de “cambio” como el que esta pandemia nos está ofreciendo. No es casualidad el verbo seleccionado, estoy convencida de que esto es una oportunidad.

Y como mujer, sin duda seré parte de las especies con alta probabilidad de sobrevivencia, no sólo por seguir las recomendaciones en materia de salud, sino porque he vuelto a descubrirme y desde ahí, agradezco la vida como se nos está presentando.

Soy una mujer casada, mamá de dos increíbles seres humanos (mis más grandes maestros), ejerzo mi profesión (abogada), estoy estudiando una maestría, amo el ejercicio, considero que las amistades son la familia que uno escoge y creo que los días serían significativamente mejores si duraran 36 horas pues siempre tengo la sensación de que “pude haber hecho” tal o cual cosa más.

Y así, arranqué la “sana distancia” aferrándome a las actividades anteriores, tratando de cumplir con todo lo que hacía antes, asumiendo nuevos roles en un espacio convertido en casa, oficina, escuela, gimnasio, café, restaurante y bar.

Me enfoqué en una casa limpia y recogida, una comida hecha en casa, conexiones a Zoom, tareas terminadas, hacer ejercicio, etc. Una máquina. Terminé agotada.

Una tarde, después de clase de ballet (sí, también hay que seguir tomando todas las “afterschool”) mi hija estalló en llanto con un sentimiento profundo dejando salir todas sus angustias, toda su impotencia, todo su cansancio, todo el estrés ocasionado por el cambio. Me sacudió.

Nos abrazamos mucho, mucho tiempo. “¿Qué estoy haciendo?”, pensé. Me enojé con los chinos, sigo enojada con el gobierno, me duele la ignorancia de México y me pregunté miles de veces ¿por qué?

Debatiendo con mi esposo, enojada, sacando toda la frustración resonó en mi cabeza Viktor Fankl: cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.

Y entonces recordé que yo soy mi activo más valioso; que cultivar el crecimiento y bienestar propio redunda en la paz y armonía de mi entorno. De pronto los porqués se transformaron en paraqués: ¿qué me están queriendo decir? ¿qué eliges hacer con esto que está sucediendo?

Me detuve, respiré y volví a escucharme. Mi voz interior influenciada por los “deber ser” que cargamos todos los días.

Descubrí que no siempre tengo la voluntad, paciencia, compasión y humildad para escucharme. Que soy muy exigente y dura conmigo. Nunca es suficiente: ¡qué agotador! No me gusté. No me reconocí.

Me gusta ser esposa, mamá, amiga, deportista, profesionista, estudiante, hija. Asumo todas las cachuchas que con mucho orgullo y entusiasmo me pongo todos los días pero ahora entiendo que cansada, estresada y agotada estaría fallando en todas esas áreas porque a quien estoy abandonando es a mí misma.

¿Egoísmo? No quiero entrar en un debate moral pero la respuesta sería afirmativa entendiendo a éste como asumir la responsabilidad de nuestra propia vida.

Cargo mi propio equipaje con el “equilibrio” como desafío que asumo todos los días. Es mi punto de partida para valorarme, quererme como persona, arrancar cada día y concluirlo tratando de ser un poco mejor que antes.

Mucho más fácil escribirlo que hacerlo. Todos los días debo desandar exigencias autoimpuestas a través de las cuales miro el mundo y aprender a dedicarle a cada cosa su justo valor, su justo tiempo, su justo espacio. Sin duda me equipo, me sacudo y vuelvo a empezar.

Gracias al COVID-19 he tenido la oportunidad de confirmar que me volvería a casar con mi esposo, de conectar con mis hijos desde sus actividades escolares, su amor por la tecnología y las series, descubrir el placer de cocinar, que barrer tiene su chiste para que trapear tenga sentido y que hacerlo durante una conferencia telefónica es un súper ejercicio.

Y que nada pasa si un día no se lava, no se plancha, no está la casa perfecta o tuviste que comer tortas, pero que pasa mucho si me olvido de mi propósito de vida.

Nadie puede dar lo que no tieneSólo cuando estás bien contigo mismo, puedes estar bien con los demás… Sólo cuando manejas tu soledad, puedes manejar una relación…N ecesitarás amarte para amar, respetarte para respetar, valorarte para valorar, aceptarte para aceptar. Recuerda que nadie puede dar lo que no tiene.

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Laboratorio de Ideas

¿Ya terminó la implementación?

Gerardo Medina Romero

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¿En dónde termina un proyecto de cambio? ¿Cuándo deja de ser responsabilidad del equipo de proyecto? ¿Quién es responsable de que el cambio se mantenga?

Estas son preguntas que muchos clientes me han hecho y que actualmente siguen siendo muy comunes por muchos ejecutivos involucrados en los proyectos internos de cambio.

Para mí, las estructuras organizacionales fueron creadas para que un jefe, supervisor, gerente, director o como se llame, se asegurara de que los colaboradores a su cargo hagan el trabajo como lo deben hacer, y ¿cómo lo deben hacer? Pues como la empresa ha definido que se haga.

Luego entonces, para mí la responsabilidad de que un cambio se aplique y se mantenga, es del jefe, sin importar el nivel de la organización que tenga. Pero cuando hablamos de un proyecto de cambio, el problema es determinar el momento exacto en que la implementación deja de ser responsabilidad del equipo de proyecto y pasa a ser responsabilidad de los jefes.

La respuesta para mí es cuando el cambio ya se implementó, a partir de ahí, la responsabilidad de mantenerlo es de los jefes.

Aquí surge otro problema, cada quién entiende la palabra “implementar” cómo mejor le conviene, así que lo primero que deberíamos hacer es tener claro lo que significa implementar y en qué momento puedo decir que un cambio ya está implementado, de otra manera el pase de estafeta en cuanto a la responsabilidad de que algo que la organización quiere que se ejecute, sea ejecutado, quedará en el limbo.

Hay muchas personas que piensan que implementar es tan solo capacitar o incluso que liberar una herramienta tecnológica es suficiente para considerar que ya se implementó y eso no es verdad, implementar significa poner en ejecución y si no se está ejecutando, pues no se ha implementado, así de sencillo.

Implementar una nueva manera de evaluar el desempeño del personal por ejemplo, no termina con liberar la herramienta para ello, se debe asegurar que los jefes saben cómo establecer objetivos, acordarlos con cada miembro de su equipo, dar retroalimentación, que las personas son capaces de recibirla, de medir y gestionar su propio desempeño y que todo eso está sucediendo.

Implementar un proceso no termina con capacitar a la gente para explicárselo, requiere asegurar que todas los procedimientos, políticas, criterios y formatos que forman parte del mismo, están perfectamente definidos, que se cuenta con el equipo e infraestructura, que las herramientas tecnológicas tienen la funcionalidad requerida, que el personal no solo esté capacitado, sino perfectamente informado, habilitado, y soportado por sus jefes, que sus indicadores de desempeño estén alineados e infinidad de detalles más.

Implementar significa observar y verificar que las cosas se hacen y suceden como se ha definido, y cuando no es así sigue siendo responsabilidad del equipo de proyecto el detectar lo que falta completar para ello y resolverlo. 

Es hasta que se tiene evidencia de que ya no hace falta nada por definir o construir, de que la infraestructura esta lista y los sistemas liberados con la funcionalidad requerida, que el personal está perfectamente informado, capacitado y organizado bajos sus nuevos roles y responsabilidades y que sus objetivos e indicadores individuales estén alineados, cuando se podrá ejecutar cada una de las actividades y se podrá considerar que el cambio se ha implementado.

Una vez que el equipo de proyecto demuestre a los jefes, que las actividades del nuevo modelo de trabajo se pueden ejecutar porque todo está listo, será entonces cuando los jefes deberán tomar la responsabilidad de ejecutar y mantener el nuevo modelo de trabajo.

Muchas veces hasta que no corres el nuevo modelo, no te das cuenta de todo lo que falta, así que no te conformes con capacitar al personal, haz que las actividades definidas se ejecuten, identifica lo que le hace falta al equipo, atiende ese pendiente y vuelve a ejecutar hasta que el nuevo modelo de trabajo corra perfectamente.

Será entonces cuando los jefes deberán tomar la responsabilidad de que el cambio se mantenga y la organización logre el beneficio esperado.

Recuerda, ninguna organización invierte para tener una herramienta que no se usa, o una carpeta de procesos que no se ejecuta, invierten para recibir un beneficio económico en los indicadores del negocio con un valor mucho mayor a la inversión que hicieron.

Sugerencias y comentarios en Twitter: @gemedinaro

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