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Laboratorio de Ideas

¿Por qué no eres un niño normal?

Javier Chávez de Icaza

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Para la mayoría de la gente, esta frase se hizo popular por el programa la Familia Peluche, de Eugenio Derbez, (aunque en ese programa se aplicaba a una niña), sin embargo para mis hijos y algunos amigos de mi hija, esta frase es un anécdota de su adolescencia.

Como padres, después del rompimiento de una relación, siempre cargamos un sentimiento de culpa (algunas veces menor, otras mayores) por no poder estar suficientemente con  nuestro(s) hijo(s), incluso en mi caso, que al separarme, mis hijos se quedaron a vivir conmigo.

Yo creo que esto se debe a que, a diferencia de las madres, que de manera natural establecen vínculos individuales con cada hijo, a los padres, aunque lo intentemos, se nos complica más el establecimiento de estos vínculos.

Desde que mi hija mayor estaba pequeña, era yo el que iba a las juntas de la escuela y su mamá asistía cuando por motivos de trabajo no podía hacerlo yo. Pero a las clases abiertas y competencias, íbamos los dos.

Cuando asistes a las junta escolares te das cuenta que generalmente hay un 85% de mamás y solo un 15% de papás, aunque debo reconocer que ya para cuando iba a las últimas juntas escolares de mi hijo el menor, ya el porcentaje de papás había aumentado, pero creo que en ningún caso fue superior al 30% del total.

Sin temor a sonar pretencioso, creo que a las escuelas de mis hijos les hubiera encantado que la que asistiera fuera su mamá y no yo, porque ya que estaba ahí, sí trataba de sacar provecho de la reunión, en lugar de ir a esperar a que acabaran de hablar los diferentes maestros y poder dar la junta por terminada, como sucede normalmente con los asistentes.

En otro escrito, profundizaré más en este tema de las juntas escolares y cursos para padres de las escuelas, pero por ahora solo quería dar como referencia que en nuestra familia, el que iba a las juntas era yo.

Cuando mi hijo llegó a preparatoria, ya estaba claro para él, sus maestros y sus padres, que la escuela tradicional no era algo que funcionara para él, pero era algo necesario para llegar a la universidad a estudiar lo que realmente le apasionaba, que en ese momento ya tenía más que definido.

Entonces el problema surgía cada mes, porque cada mes que entregaban las calificaciones, estas se les entregaban a cada alumno(a) en el salón, pero para lo que reprobaban más de 4 en adelante, tenía que ir uno de sus papás a recogerla y se entregaban en una reunión tripartita entre Coordinador-Alumno-Padre de familia.

Los primeros dos meses libré la cita, pero a partir del tercero, yo tenía una cita mensual en su escuela, para tener la reunión tripartita y en esa quedaba absolutamente claro que para mi hijo todo lo que sucedía en la escuela le daba lo mismo.

Ahora bien, la anécdota a la que hace referencia el título es la siguiente. Después de haber atendido una de estas “juntas tripartitas” en la cual, quedó más que claro, que mi hijo no hacía el menor intento por sacar adelante las materias de su grado, me regresé a la oficina y por la tarde llegué a mi casa directo a hablar con mi hijo.

En la casa estaban unos amigos de mi hija mayor haciendo un trabajo, saludé rápidamente, subí a hablar con mi hijo y a él fue el que le dije: ¿por qué no puedes ser un niño normal… que reprueba 3 materias y entonces recibes tú los comentarios de tus maestros, en lugar de que tenga que ir yo a recibirlos y me traten como si fuera un papá ausente, que no sé qué te pasa en la escuela ni en la vida?

Porque en las escuelas “asumen” que si el alumno va mal en varias materias es porque sus padres no le prestan atención. Pero para ellos es más claro aún que el padre es un padre proveedor que no se involucra con sus hijos y no se toman la molestia de averiguar si esto es así, simplemente lo asumen.

Como lo he comentado en anteriores escritos, yo sí he sido un padre que en todas las etapas de mis dos hijos he estado cercano a cada uno. Por eso mi reclamo, ¿por qué tengo que ser juzgado y condenado por lo que no soy, solo porque a mi hijo, le daba flojera poner algo de empeño en su escuela?

¿Por qué se sigue etiquetando a los padres solo como proveedores y no como partícipes reales en la educación y formación de sus hijos? ¿Por qué los profesores asumen algo que no les consta?

¿Por qué los padres trabajadores (papás y mamás) cargamos un sentimiento de culpa que mantenemos por el resto de nuestra vida, pensando siempre que hacemos menos de lo que podríamos por nuestros hijos? Si bien, no todos los padres cargan con culpas, sí hay un gran número que lo hace.

Retomando el tema, yo sabía perfectamente que mi hijo, no sería un alumno de cuadro de honor y tampoco se lo exigía, porque el problema no era de capacidad, era de esfuerzo y él decidía no hacer ningún esfuerzo.

Yo le expliqué que en la vida no es suficiente con “echarle ganas”, hay que “echarle coco” también, es decir, hay que saber cuáles batallas pelear, simplemente por el hecho de tener una mayor tranquilidad en la vida.  

No crean que fue fácil entender a cada hijo, porque tenían conflictos en la escuela que eran su responsabilidad y en esos casos, yo iba a poner mi cara y que los maestros me reclamaran, prácticamente a mí, por las fallas de uno u otro.

Pero cuando el problema no era alguno de mis hijos, no me quedé callado y los defendí frente a maestros y directores. Eso hizo que ellos se supieran apoyados pero no necesariamente sobreprotegidos.

Hoy, después de verlos ya crecidos, creo que aunque hubo que soportar varias críticas, mis hijos están en buen camino a ser capaces de realizar sus sueños y entender la realidad. Porque no todo en la vida son sueños, la realidad es muy complicada y ellos lo han entendido así y asumen su parte, tanto en soñar como en actuar.

Solo por no dejar la anécdota sin final, les comentaré que los amigos de mi hija que estaban en la casa, cuando escucharon la frase de “¿por qué no eres un niño normal… que reprueba 3 materias y carga con su responsabilidad?”, se quedaron muy sorprendidos, porque sus papás no les habrían dicho nunca algo así. Es más, a ellos, les pareció memorable el comentario y aún al día de hoy se acuerdan de esa historia.

Mucho podrán pensar que ese comentario demuestra que soy un papá consentidor o solapador, pero el tiempo, acabó dándome la razón, cuando después de sangre sudor y lágrimas, mi hijo terminó la prepa, al llegar a la universidad y estudiar una carrera afín a él, las calificaciones dejaron de ser un problema y la escuela dejó de ser una pesadilla, para él y para mí.

Mi filosofía como padre, siempre fue la de permitir que cada uno de mis hijos se desarrollara a su ritmo y con sus afinidades. Por supuesto que esta “libertad excesiva” que les daba a mis hijos me generó muchas críticas, pero a pesar de ella mantuve el “formato” en su educación y hoy puedo decir que estoy plenamente orgulloso de mis hijos.

Entiendo que para muchos padres, el sacar buenas calificaciones en la escuela es una obligación para todos los hijos, sin embargo cuando llegamos a conocer realmente a cada hijo entendemos que esto no necesariamente aplica para todos.

Cada regaño que daba a alguno de mis hijos me incrementaba el sentimiento de culpa, pensando que, tal vez, éramos nosotros (sus padres) en parte responsable de esas acciones que merecían regaño. Sin embargo, al “dejar ser” a mis hijos les permitió a ellos entender su responsabilidad en estas acciones.

Como decía al principio del texto, los padres acumulamos sentimiento de culpa con los hijos y algunas veces sin razón verdadera, pero el simple hecho de sentirnos culpables, no resuelve ninguna situación; esa culpa la tenemos con “los hijos” en plural y deberíamos poder discriminar ese sentimiento por cada hijo.

Si logramos establecer los vínculos individuales con cada hijo, esta culpa será más manejable o incluso con algún hijo(a) ni siquiera estará presente.

No hay familias, ni hijos ni padres perfectos, todos vamos avanzando de acuerdo a lo que vamos viviendo, por lo tanto el comparar nuestra familia con otras es un tanto ocioso. Ningún consejo aplica para todos, pero sí se pueden adecuar a nuestra realidad y bajo nuestro criterio, todos los consejos son útiles.

Twitter: @padreverdad

Facebook: Padre de Verdad



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Nadie puede dar lo que no tiene

Columna Invitada

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Por Alejandra Carmona O.

De acuerdo con la teoría evolutiva de Darwin, “las especies que sobreviven no son las más fuertes ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”.

Como parte de la especie humana, no me había tocado vivir un reto de “cambio” como el que esta pandemia nos está ofreciendo. No es casualidad el verbo seleccionado, estoy convencida de que esto es una oportunidad.

Y como mujer, sin duda seré parte de las especies con alta probabilidad de sobrevivencia, no sólo por seguir las recomendaciones en materia de salud, sino porque he vuelto a descubrirme y desde ahí, agradezco la vida como se nos está presentando.

Soy una mujer casada, mamá de dos increíbles seres humanos (mis más grandes maestros), ejerzo mi profesión (abogada), estoy estudiando una maestría, amo el ejercicio, considero que las amistades son la familia que uno escoge y creo que los días serían significativamente mejores si duraran 36 horas pues siempre tengo la sensación de que “pude haber hecho” tal o cual cosa más.

Y así, arranqué la “sana distancia” aferrándome a las actividades anteriores, tratando de cumplir con todo lo que hacía antes, asumiendo nuevos roles en un espacio convertido en casa, oficina, escuela, gimnasio, café, restaurante y bar.

Me enfoqué en una casa limpia y recogida, una comida hecha en casa, conexiones a Zoom, tareas terminadas, hacer ejercicio, etc. Una máquina. Terminé agotada.

Una tarde, después de clase de ballet (sí, también hay que seguir tomando todas las “afterschool”) mi hija estalló en llanto con un sentimiento profundo dejando salir todas sus angustias, toda su impotencia, todo su cansancio, todo el estrés ocasionado por el cambio. Me sacudió.

Nos abrazamos mucho, mucho tiempo. “¿Qué estoy haciendo?”, pensé. Me enojé con los chinos, sigo enojada con el gobierno, me duele la ignorancia de México y me pregunté miles de veces ¿por qué?

Debatiendo con mi esposo, enojada, sacando toda la frustración resonó en mi cabeza Viktor Fankl: cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.

Y entonces recordé que yo soy mi activo más valioso; que cultivar el crecimiento y bienestar propio redunda en la paz y armonía de mi entorno. De pronto los porqués se transformaron en paraqués: ¿qué me están queriendo decir? ¿qué eliges hacer con esto que está sucediendo?

Me detuve, respiré y volví a escucharme. Mi voz interior influenciada por los “deber ser” que cargamos todos los días.

Descubrí que no siempre tengo la voluntad, paciencia, compasión y humildad para escucharme. Que soy muy exigente y dura conmigo. Nunca es suficiente: ¡qué agotador! No me gusté. No me reconocí.

Me gusta ser esposa, mamá, amiga, deportista, profesionista, estudiante, hija. Asumo todas las cachuchas que con mucho orgullo y entusiasmo me pongo todos los días pero ahora entiendo que cansada, estresada y agotada estaría fallando en todas esas áreas porque a quien estoy abandonando es a mí misma.

¿Egoísmo? No quiero entrar en un debate moral pero la respuesta sería afirmativa entendiendo a éste como asumir la responsabilidad de nuestra propia vida.

Cargo mi propio equipaje con el “equilibrio” como desafío que asumo todos los días. Es mi punto de partida para valorarme, quererme como persona, arrancar cada día y concluirlo tratando de ser un poco mejor que antes.

Mucho más fácil escribirlo que hacerlo. Todos los días debo desandar exigencias autoimpuestas a través de las cuales miro el mundo y aprender a dedicarle a cada cosa su justo valor, su justo tiempo, su justo espacio. Sin duda me equipo, me sacudo y vuelvo a empezar.

Gracias al COVID-19 he tenido la oportunidad de confirmar que me volvería a casar con mi esposo, de conectar con mis hijos desde sus actividades escolares, su amor por la tecnología y las series, descubrir el placer de cocinar, que barrer tiene su chiste para que trapear tenga sentido y que hacerlo durante una conferencia telefónica es un súper ejercicio.

Y que nada pasa si un día no se lava, no se plancha, no está la casa perfecta o tuviste que comer tortas, pero que pasa mucho si me olvido de mi propósito de vida.

Nadie puede dar lo que no tieneSólo cuando estás bien contigo mismo, puedes estar bien con los demás… Sólo cuando manejas tu soledad, puedes manejar una relación…N ecesitarás amarte para amar, respetarte para respetar, valorarte para valorar, aceptarte para aceptar. Recuerda que nadie puede dar lo que no tiene.

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¿Ya terminó la implementación?

Gerardo Medina Romero

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¿En dónde termina un proyecto de cambio? ¿Cuándo deja de ser responsabilidad del equipo de proyecto? ¿Quién es responsable de que el cambio se mantenga?

Estas son preguntas que muchos clientes me han hecho y que actualmente siguen siendo muy comunes por muchos ejecutivos involucrados en los proyectos internos de cambio.

Para mí, las estructuras organizacionales fueron creadas para que un jefe, supervisor, gerente, director o como se llame, se asegurara de que los colaboradores a su cargo hagan el trabajo como lo deben hacer, y ¿cómo lo deben hacer? Pues como la empresa ha definido que se haga.

Luego entonces, para mí la responsabilidad de que un cambio se aplique y se mantenga, es del jefe, sin importar el nivel de la organización que tenga. Pero cuando hablamos de un proyecto de cambio, el problema es determinar el momento exacto en que la implementación deja de ser responsabilidad del equipo de proyecto y pasa a ser responsabilidad de los jefes.

La respuesta para mí es cuando el cambio ya se implementó, a partir de ahí, la responsabilidad de mantenerlo es de los jefes.

Aquí surge otro problema, cada quién entiende la palabra “implementar” cómo mejor le conviene, así que lo primero que deberíamos hacer es tener claro lo que significa implementar y en qué momento puedo decir que un cambio ya está implementado, de otra manera el pase de estafeta en cuanto a la responsabilidad de que algo que la organización quiere que se ejecute, sea ejecutado, quedará en el limbo.

Hay muchas personas que piensan que implementar es tan solo capacitar o incluso que liberar una herramienta tecnológica es suficiente para considerar que ya se implementó y eso no es verdad, implementar significa poner en ejecución y si no se está ejecutando, pues no se ha implementado, así de sencillo.

Implementar una nueva manera de evaluar el desempeño del personal por ejemplo, no termina con liberar la herramienta para ello, se debe asegurar que los jefes saben cómo establecer objetivos, acordarlos con cada miembro de su equipo, dar retroalimentación, que las personas son capaces de recibirla, de medir y gestionar su propio desempeño y que todo eso está sucediendo.

Implementar un proceso no termina con capacitar a la gente para explicárselo, requiere asegurar que todas los procedimientos, políticas, criterios y formatos que forman parte del mismo, están perfectamente definidos, que se cuenta con el equipo e infraestructura, que las herramientas tecnológicas tienen la funcionalidad requerida, que el personal no solo esté capacitado, sino perfectamente informado, habilitado, y soportado por sus jefes, que sus indicadores de desempeño estén alineados e infinidad de detalles más.

Implementar significa observar y verificar que las cosas se hacen y suceden como se ha definido, y cuando no es así sigue siendo responsabilidad del equipo de proyecto el detectar lo que falta completar para ello y resolverlo. 

Es hasta que se tiene evidencia de que ya no hace falta nada por definir o construir, de que la infraestructura esta lista y los sistemas liberados con la funcionalidad requerida, que el personal está perfectamente informado, capacitado y organizado bajos sus nuevos roles y responsabilidades y que sus objetivos e indicadores individuales estén alineados, cuando se podrá ejecutar cada una de las actividades y se podrá considerar que el cambio se ha implementado.

Una vez que el equipo de proyecto demuestre a los jefes, que las actividades del nuevo modelo de trabajo se pueden ejecutar porque todo está listo, será entonces cuando los jefes deberán tomar la responsabilidad de ejecutar y mantener el nuevo modelo de trabajo.

Muchas veces hasta que no corres el nuevo modelo, no te das cuenta de todo lo que falta, así que no te conformes con capacitar al personal, haz que las actividades definidas se ejecuten, identifica lo que le hace falta al equipo, atiende ese pendiente y vuelve a ejecutar hasta que el nuevo modelo de trabajo corra perfectamente.

Será entonces cuando los jefes deberán tomar la responsabilidad de que el cambio se mantenga y la organización logre el beneficio esperado.

Recuerda, ninguna organización invierte para tener una herramienta que no se usa, o una carpeta de procesos que no se ejecuta, invierten para recibir un beneficio económico en los indicadores del negocio con un valor mucho mayor a la inversión que hicieron.

Sugerencias y comentarios en Twitter: @gemedinaro

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