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Análisis y Opinión

¿Qué PRODECON tiene en mente el Presidente?

Columna Invitada

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Por César Ruiz

México es uno de los contados países que tiene una Procuraduría especializada en la defensa de los derechos de los contribuyentes. Incluso el Observatorio para la Protección de los Derechos de los Contribuyentes del International Bureau of Fiscal Documentation (IBFD) resalta esta peculiaridad de nuestro sistema tributario. 

La PRODECON inició sus funciones en septiembre de 2011, y hasta abril del 2019, solo había tenido una Procuradora, elegida por cuatro años y reelecta para un período similar: Diana Bernal Ladrón de Guevara. 

Entre los logros más destacados de su administración encontramos el alto porcentaje de casos ganados en tribunales en representación de pequeños contribuyentes, sus recomendaciones de análisis sistémico y sobre todo, la figura de los acuerdos conclusivos, herramienta pionera a nivel mundial que colocó a la PRODECON como un conciliador entre el fisco y los contribuyentes.

Cientos de litigios fueron evitados y millones fueron recaudados gracias a acuerdos conclusivos.

Sin embargo, desde mayo de 2019 la PRODECON carece de titular. El Presidente de la República se tomó más de un año para mandar una terna al Poder Legislativo para ocupar el lugar que dejó Diana Bernal. Seguramente lo hizo porque eligió cuidadosamente a sus candidatos, sabiendo que el reto que espera a quien ocupe esa oficina no es menor. 

Hoy, el Gobierno de México, tiene un apetito voraz de recursos. Ante los problemas financieros de Pemex, la caída de los precios del petróleo a nivel mundial, el duro golpe al turismo por el COVID19 y una reducción global del intercambio comercial, la recaudación se erige como el bote salvavidas, el maná en medio del desierto para una administración pública en franco ayuno financiero. 

El Servicio de Administración Tributaria tiene la responsabilidad colosal de dar viabilidad económica a los proyectos del Ejecutivo Federal y para ello ejecuta, y continuará ejecutando, medidas agresivas para mantener, e incluso elevar, la recaudación en tiempos en que los ingresos de los contribuyentes van en picada. Recaudar más cuando hay menos. 

Cartas invitación a regularizarse, dilación en el pago de devoluciones, reclasificación de planeación a elusión o incluso evasión fiscal, ampliación de la base gravable en ISR, y sobre todo, el nuevo terrorismo fiscal en que se ha convertido la aplicación del Derecho Penal a los asuntos tributarios; son sin duda, medidas que veremos multiplicarse a lo largo de estos años. 

En este escenario, resulta interesante el papel que desempeñará la PRODECON durante el resto del sexenio. ¿Continuará siendo un guardián del balance entre recaudación y derechos de los contribuyentes? ¿Se convertirá en un mero legitimador del poder recaudatorio? ¿Promoverá las recomendaciones y sugerencias de la OCDE? ¿O esas políticas se rechazarán por neoliberales? 

Más aún: ¿permitirá el deterioro del derecho de los mexicanos a contribuir al gasto público de la manera proporcional y equitativa que disponen a las leyes o, por el contrario, será un paladín de la carga tributaria justa?

La falta de pericia puede llevar a la conclusión de que la agresividad en el cobro es la vía rápida para incrementar la recaudación; no obstante, la literatura en psicología económica fiscal con Erich Kirchler a la cabeza, sostiene mediante estudios empíricos y modelos matemáticos que la recaudación no mejora con la agresividad.

El mejor combustible para ello es la combinación de a) una relación de cooperación, b) el respeto a los derechos del contribuyente y c) un gasto público destinado a las necesidades más apremiantes de la sociedad. El mejor incentivo para contribuir no es el miedo, sino la certeza de que nuestros impuestos son utilizados adecuadamente.

Por ello, la PRODECON debe consolidarse como un defensor acérrimo de los derechos del contribuyente; así, no solo mantendrá la confianza de los ciudadanos que mantienen el gasto público a flote sino que, además, abonará a la viabilidad económica de los proyectos sexenales.

Al titular de la PRODECON le tocará definir cuál de estos caminos seguirá esta valiosa institución mexicana en los próximos cuatro años. No la tendrá fácil, sobre todo ahora que el recorte presupuestario le obligó a cerrar 16 delegaciones a lo largo de la República. Paradójico obstáculo a una institución que en los últimos tres años coadyuvó a recaudar cuatro mil millones de pesos. 

En un país con distinguidos abogados fiscalistas en el sector público y privado, el Presidente optó por proponer una terna con perfiles orientados a las finanzas, el manejo presupuestario o el servicio público en general.

En el papel, su experiencia parece ajena a los problemas específicos que implica la tensa relación entre fisco y contribuyentes, así como al alto grado de complejidad de nuestro sistema tributario; pero quizás el promovente de la terna tenga otros datos.

Hacemos votos porque así sea. Hacemos votos porque la intención sea preservar y mejorar el funcionamiento de la PRODECON y no anular lo que ha tomado ocho años construir. 

EN EL ÁGORA: Es la única mujer en una terna para sustituir a una mujer… y además es de Tabasco… ¿será?

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Laboratorio de Ideas

¿Hiciste una pausa en tu vida? ¡Haz que tenga sentido!

Columna Invitada

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Por Yazmín Casas

El aprendizaje es parte de la vida en todo momento. Aprendemos acciones que a la larga se convierten en conductas automatizadas, desde cómo te levantas, comes, estudias, trabajas, ejercitas o muchas más; pero en el manejo de las emociones no hay algo que funcione a la totalidad de los seres humanos porque parte de nuestra esencia conlleva la autenticidad de nuestros actos.

Hacernos conscientes de ello, algunas veces implica enfrentarnos con situaciones que nos desafían y ponen a prueba nuestra resiliencia, tolerancia a la frustración, capacidad creativa y calidad en nuestras relaciones de todo tipo.

Ante la situación de aislamiento que vivimos en este momento, observamos con sorpresa cómo aquello que por ser tan cotidiano alcanzó a perder sentido y eliminó la capacidad de asombro y todo aquello que al estar tan distraídos nos estábamos perdiendo.

Nos reencontramos con nosotros mismos, en la relación que establecimos con la familia, amigos, pareja, hijos, sociedad. Intentamos mantener a toda costa los elementos que sostenían nuestra creencia de seguridad y/o estabilidad, y olvidamos encontrarle el sentido a cada una de esas pruebas.

Ahora que el contacto físico se limitó, las actividades sociales, laborales, escolares, se detuvieron; los padecimientos físicos y/o emocionales surgieron o se exacerbaron y quedamos de frente con lo que hasta hoy creíamos haber construido, nos permitimos comenzar a mirar hacia dentro y en el camino descubrimos tristeza, esperanza, rabia, fe, desconsuelo, compasión, ansiedad…

Estamos en una pausa que nos invita a trabajar en todos aquellos aspectos emocionales que habíamos estado eludiendo y que ahora se presentan con toda la decisión y fuerza pidiendo ser escuchados.

¿Cuándo fue la última vez que le diste sentido a cada uno de tus días? ¿Y cuándo fue la última vez que elegiste dejar de escuchar lo que alguien más esperaba de ti para darle cabida a la realidad que visualizaste?  ¿Y cómo se supone que podríamos ser conscientes de nuestro potencial como seres humanos si todo el tiempo intentamos controlar lo que sucede en torno a nosotros?

Este es un proceso de aprendizaje general, trabajemos las limitaciones que nosotros mismos impusimos en la forma de percibir el mundo y su aparente realidad, intentemos descubrir aquello que cuando niños era nuestra única verdad y enfrentemos con valor nuestros mayores miedos abrazando con amor la posibilidad de un auténtico cambio. 

La capacidad de romper patrones y modificar conductas es inherente al ser humano, pero primero hay que preguntarse si estamos dispuestos a abandonar nuestros hábitos destructivos ya que traer nuestros fantasmas del pasado a nuestro presente habla del miedo que se manifiesta en nosotros al no tener con qué llenar esos vacíos e implica dejar de confiar en que cada día traerá algo mejor.  

Ser compasivos con nosotros mismos implica hablarnos de la forma como hablaríamos a la persona que más amamos después de haber cometido algún error y ser generosos con los demás implica ver desde al amor y no desde el juicio; es ofrecer dar aquello por lo cual no espero retribución y es poner lo mejor de nosotros mismos al servicio de alguien más.

Y tú, ¿ya te preguntaste qué es lo que está esperando la vida de ti?

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