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Opinión

¿Qué posibilidades tiene de ganar, alguno de los independientes?

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¿Qué posibilidades tiene de ganar, alguno de los independientes?

¿Qué pensaría usted si le dijere, que ninguna? ¿Me aceptaría como buena dicha respuesta? Y usted, ¿qué piensa de los candidatos independientes? ¿Está convencido de que en verdad lo son?

Regresemos a la pregunta del título. ¿A qué se debe mi respuesta tajante, casi absoluta? ¿Cuál es el soporte de ella? ¿Por qué tanta seguridad en la respuesta? Trataré de explicarme; espero lograrlo, ya que, de no ser así, le ofrezco anticipadamente una disculpa.

Las campañas en los tiempos que corren no son, para decirlo claramente, ejercicios que pueda realizarlos una persona -en este caso, cada uno de los candidatos, sean por la vía partidaria o la independiente-, sino una tarea para maquinarias interdisciplinarias las cuales, además de poseer dosis mínimas de talento, deben poder disponer de cantidades cada vez mayores de recursos, no únicamente monetarios sino también, recursos materiales y humanos.

Asimismo, por el sesgo de las leyes aprobadas por legisladores de todos los partidos con registro, en contra de las candidaturas independientes -más correctamente, de candidatos sin partido-, las dificultades y obstáculos que deben salvar los que aspiran a ganar sin tener el apoyo de partido alguno, son inmensas.

Si bien en el orden estatal o municipal son posibles los triunfos de los candidatos independientes, a medida que el espacio geográfico va dejando el territorio del municipio y del distrito -local o federal-, para llegar al de un estado o del país entero, las dificultades para obtener la victoria aumentan geométricamente, tanto en los costos como en convencer a un elector un tanto escéptico de esas candidaturas, las de sin partido.

Los que hoy han comunicado al INE sus intenciones de ir más allá de la simple aspiración de ser candidatos independientes a la Presidencia de los Estados Unidos Mexicanos que, en caso de lograr reunir las casi 900 mil firmas de apoyo de igual número de ciudadanos con credencial de elector vigente, posiblemente podrían rebasar el 2.5 o 3.0% de los votos válidos para presidente -a emitir 1 de julio del año próximo-, serían Pedro Ferriz y Jaime Rodríguez.

Hay uno más por ahí, que ha planteado ante el INE su decisión de satisfacer los requisitos establecidos por la ley, y ser candidato independiente. Hoy es senador independiente quien, después de haber hecho toda su carrera política al amparo del PRD y ver que estaba entre el círculo de favoritos de la dirigencia para seguir siendo postulado a otro puesto de elección popular, se declaró senador independiente.

En los tiempos que corren, se lo conoce más por el apodo que lo identifica -El Jaguar- que por su trabajo legislativo. Este joven es de una frivolidad tal, que uno se siente obligado a preguntar por su estado de salud mental.

¿Por qué esta afirmación preguntará usted? Este miércoles, al ir al INE al manifestar su deseo de aspirar a ser candidato independiente, se la pasó posando para las cámaras como si fuera Santo, El Enmascarado de Plata o Blue Demon a punto de lanzarse sobre el contrincante en una función de lucha libre en la Arena Coliseo.

A la hora que escribí esta colaboración, circulaba el rumor relacionado con la posibilidad de que este sábado, un día antes del plazo límite del domingo 8 de octubre del año en curso -fijado por la ley como límite para manifestar ante la autoridad su deseo de ser considerado aspirante-, Margarita Zavala se presentaría ante el INE para hacer saber su intención de ser candidata independiente a la Presidencia de la República.

De hacerlo, al no contar con estructura y sin recursos, únicamente con un pequeñísimo grupo de fieles a Felipe Calderón, sus posibilidades no son, ni con mucho, las que hoy aparecen en un buen número de encuestas.

En resumen, debe decirse que, en esto de las candidaturas independientes a la Presidencia de la República, hay más oportunismo que otra cosa. Las cosquillas en el ego y estar -así fuere unos minutos- bajo la luz de los reflectores y ser llamado candidato, seduce a los frívolos y marea a los maduros.

Esperemos al lunes 9 de este mes para ver, en definitiva, cuántos y quienes fueron los que se atrevieron a manifestar su intención de hacer el ridículo porque, de que todos ellos serán derrotados, es casi una afirmación axiomática.

Lo verá usted.

 

La opinión emitida en este texto es responsabilidad del quien lo emite y no representa la opinión ni la postura de Siete24.mx ni de deportes.siete24.mx



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Análisis y Opinión

Sembrando… dudas

Cristian Ampudia

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Conversando

Llama la atención como el Presidente Andrés Manuel López Obrador quiere impulsar ante Estados Unidos un programa tan cuestionado como lo es Sembrando Vida.

Apenas este domingo el Presidente lanzó en redes sociales un video en el que explica que este jueves propondrá a su homólogo de EU, Joe Biden, un acuerdo migratorio para permitir a centroamericanos acceder a visas de trabajo a partir de la ampliación del programa Sembrando Vida a esa región.

No fueron pocos los sorprendidos al escuchar que López Obrador pretende que el acuerdo tenga no sólo alcances de las visas de trabajo, sino que también pretende que el gobierno norteamericano pague becas a migrantes y les otorgue la nacionalidad estadounidense al cabo de tres años de estar el programa Sembrando Vida.

¿Suena descabellado pensar que desde México van a trazar la política migratoria de Estados Unidos para frenar el flujo migratorio? Lo es más cuando uno descubre que Sembrando Vida es uno de los programas más cuestionados de la actual administración.

Sembrando Vida paga actualmente a cerca de 420 mil agricultores 4 mil 500 pesos al mes por plantar árboles, según el Gobierno de México. La meta es reforestar un poco más de un millón de hectáreas de terrenos deteriorados en todo México. Pero no son pocos los reportes periodísticos que dan cuenta de que ese programa está lejos de funcionar y, por el contrario, estaría acelerando la deforestación en México.

Cosa de ver que muchos de los agricultores beneficiados terminan por arrasar con terrenos de bosques y selvas para hacerse acreedores al beneficio del programa y vender o utilizar la madera de los árboles ya existentes con tal de cumplir la meta de la actual administración de cultivar más de mil millones de plantas para finales de 2021. Aunque eso no garantiza que los árboles recién cultivados están siendo bien cuidados y que no mueran.

Además, Sembrando Vida tiene irregularidades por mil 832 millones de pesos, según la Auditoría Superior de la Federación (ASF). A esto se suma que mediante la ejecución del programa se han denunciado favoritismos y manejos electorales en la asignación de recursos.

Por si fuera poco, expertos de Transparencia Mexicana, Fundar y otras organizaciones sociales han advertido ya sobre la posibilidad de que haya casos de corrupción en los programas gubernamentales, como Sembrando Vida, Jóvenes Construyendo el Futuro, Becas Benito Juárez para nivel Medio Superior y la Pensión para Adultos Mayores entre otros.

¿Las causas? Padrones de beneficiarios poco transparentes, no hay claridad en el proceso de entrega de recursos, carecen de mecanismos de control ciudadano y no hay reportes periódicos sobre el gasto público.

Llámenme pesimista, pero con esas credenciales, dudo mucho que Joe Biden quiera entrarle al plan maestro de Andrés Manuel…

LEE ¿Vacunas?

Twitter: @campudia

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Análisis y Opinión

Tres escenarios

Felipe Monroy

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Se dice que siempre es posible hallar una distracción si uno se empeña lo suficiente en buscarla. Y todo parece indicar que, la mayoría de los actores políticos se esfuerzan demasiado en hacernos caer en las distracciones del actual proceso electoral.

Es claro que cada posición electoral ganada es importante; pero, para ser absolutamente cínicos, quienes saben operar con política a corto plazo tienen interés especial por la composición del próximo congreso federal. De la configuración de los 500 legisladores de la Cámara de Diputados depende en buena medida el éxito de la gestión del presidente López Obrador. En perspectiva, sin el mayoriteo legislativo de los partidos aliados al ejecutivo estos dos años es claro que hubiera sido imprescindible el diálogo y la negociación; por tanto, la Secretaría de Gobernación hubiese asumido tareas concretas para el orden y la alineación de la política interna del país en lugar de lo que sea que esté haciendo ahora.

He allí la primera tarea por lograr para el partido del presidente y de sus aliados: seguir controlando la Cámara Baja. El problema sobre la famosa ‘sobrerrepresentación’ del partido hegemónico en el congreso no es sino la expresión real del conflicto en el que, como vemos, nadie -ni el INE- se puede mantener verdadera y completamente neutral.

Sin embargo, con una mirada por encima de lo inmediato, las elecciones de los congresos estatales no deben ser despreciadas. Al final, son los diputados locales los que ayudan o no a redefinir el marco constitucional vigente. Una tarea sumamente relevante frente a un liderazgo que debe garantizar a toda costa que la prometida cuarta transformación de la vida pública de la nación sea consolidada en las bases del Estado.

Y, por si fuera poco, son los gobernadores las principales piezas de un tablero que incide y a veces define las metas aspiracionales de los políticos del congreso local. Los 30 estados en renovación de legislativo local y los 15 nuevos gobernadores no deberían ser un dolor de cabeza para el resto de la administración lopezobradorista. Ya hemos visto cómo algunos mandatarios estatales han sido distractores tremendos para la gestión federal que el presidente desearía.

Así que, el conflicto presidencial con las instituciones de organización y vigilancia democráticas no es personal, es un imperativo de la lucha política en búsqueda de objetivos muy concretos, de tres escenarios que cambiarán o no el tono del resto de la administración federal actual.

En el primer escenario, los partidos aliados a López Obrador mantienen su peso político en la Cámara de Diputados y se suman un par o más de gobernadores afines al tabasqueño. Los efectos inmediatos de dicha composición se traducirían en proyectos, procesos y presupuestos a la medida del proyecto de la cuarta transformación. La oposición no tendría más recursos de apelación que los tribunales, el enardecimiento social y, desde el pesimismo, se tornaría ostensiblemente ácida, recalcitrante e ignominiosa la apuesta política de contrapesos al ejecutivo.

Ni falta decirlo: el presidente seguirá señalando y machacando con saña y dedo flamígero a sus adversarios que quedarían evidenciados en su desesperación.

En el segundo escenario, el esperado por la oposición y sus extravagantes alianzas, es que el lobrezobradorismo se diluya en el Congreso y los gobernadores de oposición recuperen algo de orgullo perdido. Que tanto ellos como los partidos políticos vislumbren un país posterior a López Obrador, que se ilusionen por el futuro en el que ellos también podrían tener oportunidad de la silla presidencial. Este panorama es una batalla de sordos, ególatras liderazgos que apelan a la idea de un pueblo que ‘los llevó al poder’ pero que les ha dejado de interesar en sus necesidades y sus potencialidades. No es difícil imaginar qué podría ocurrir; la polarización absorbería el todo diálogo.

Es el último escenario el que podría verdaderamente imponer un silencio reflexivo antes de abrir la boca: Si la ciudadanía mantiene el apoyo a los procesos emprendidos por López Obrador; pero, al mismo tiempo, le muestra y cuelga sobre su cabeza, cual espada de Damocles, el último día de su gestión y le exige -por vía de oposiciones funcionales- la necesaria humildad que deberá asumir para dialogar y ‘hacer política’ con los adversarios.

Este escenario requiere equilibrio y madurez ciudadana, además de una suerte matemática que logre conciliar una configuración post-electoral que confirme la confianza de la sociedad en que los cambios necesarios del país prometidos por AMLO se concreten bajo la condición de que el mandatario y el partido hegemónico aprendan a negociar, a respetar a los adversarios y a hacer política desde el acuerdo y no desde el desprecio.

Los distractores en este proceso electoral -para variar- son la mercadotecnia y la actitud pendenciera que tanto fascina a los medios, son los conflictos alimentados por una tendencia al espectáculo que crispa emociones y sentimientos. Estas elecciones federales y estatales pueden ser una verdadera oportunidad en el cambio de lenguaje, una oportunidad para -por primera vez desde hace dos años- hablar de la importancia que tiene la política interna en un país tan plural y diverso como México. Confiemos en el pueblo, y en las instituciones que poco a poco éste ha ido levantando por algo.

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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