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Andrés Manuel López Obrador Andrés Manuel López Obrador

Opinión

Querida oposición: inspírense en AMLO

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En la ruta democrática de los países, la existencia de una sana oposición es imprescindible para equilibrar las balanzas del ejercicio del poder. Y la oposición no sólo debe dar constancia de una existencia nominal, institucional e inconmovible, sino de una objeción activa, participativa e implicada en las realidades de la población.

Es inverosímil cómo pretenden ciertos liderazgos de oposición hacer críticas a la administración regente con perfectos trajes, pulquérrimas camisas y desde las burbujas de la comodidad política. El sustento de la indignación de la oposición política muchas veces se reduce a evidenciar los defectos de los mecanismos de gobierno de la administración lopezobradorista o, en su mejor expresión, cuando se acusa al gobierno federal de violar las leyes del país.

¿Pero eso es suficiente para lograr adhesión popular a la causa opositora? En realidad, la vasta mayoría de la población mexicana no desea enfrascarse en debates sobre “los mecanismos” o “los métodos” que un gobierno asume para implementar sus políticas públicas; esos debates los tienen muy apropiados los opinantes y los formadores de opinión pública. Pero hay algo que López Obrador comprendió hace muchos años: la oposición, la verdadera oposición al régimen, se hace vocera de los dramas humanos, da voz a quienes son acallados sistemáticamente por los mecanismos del poder.

En esto hay una demoledora certidumbre: siempre existirán las víctimas y los inconformes de las políticas públicas de todo gobierno. Pero no siempre habrá quien los escuche y les impulse decididamente a buscar los medios para transformar sus realidades.

Esa es la razón por la que las actuales manifestaciones contra el régimen provocan más terneza que adhesión al descontento, ninguno de los inconformes parece estar dando voz a verdaderos dramas humanos en el país o en sus comunidades. La oposición a López Obrador sólo exclama el incordio que se tiene a su persona: a su personalidad, su aspecto, sus capacidades intelectuales o sus acciones cotidianas; a futurismos alarmistas o a pobres lecturas de análisis político.

Pero no hacen eco ni se solidarizan a ras de suelo con quienes realmente padecen los efectos de las políticas públicas. ¿Cómo hacer para escuchar y caminar con los padres de familia que debieron tragarse una política pública del tamaño de una piedra de molino con la cancelación del programa de estancias infantiles? ¿Cómo conmoverse e indignarse con aquellos derechohabientes que continúan en esa larga y sufrida espera por el derecho a la salud que no han tenido en décadas? ¿Cómo acompañar a las miles de víctimas de la violencia y hacer de su dolor el coraje para construir paz y exigir seguridad? ¿Cómo humanizar a todas las partes involucradas en el fenómeno migratorio, cómo ayudar a expresar sus miedos, sus riesgos y sus anhelos?

Para fortuna de quienes realmente quieren construir una oposición al régimen y al partido que domina las posiciones de gobierno, no hay nada qué inventar; pero sí deben abandonar la posición de comodidad y permitirse inspirar por quién consideran como su principal antagonista. Porque, si no se aprovecha cierta posición de privilegio para sumergirse en los clamores más auténticos y legítimos de la gente que sufre, la oposición continuará en peroratas mecánicas, indolentes y etéreas contra la administración de la Cuarta Transformación.

Nadie puede negar que Andrés Manuel López Obrador personifica por completo lo que significó oposición política en los últimos 20 años. No se le puede reclamar su compromiso político de andar por los rincones del país para recoger la voz y los clamores de un pueblo; permitiéndose perturbar sus certezas con la incontrovertible realidad del sufrimiento y la agonía de los miserables; constatando la tierra y los pueblos devastados por la corrupción, la impunidad y la simulación política; abrazando a los últimos y a excluidos de un modelo de gobierno que desde el empíreo del poder los ninguneó.

Parece sencillo, pero es todo un reto para los diferentes movimientos y agrupaciones políticas; porque si antes –con recursos y con organizaciones moderadamente sanas- no quisieron comprender ni escuchar lo que reclamaban las entrañas de un pueblo burlado y postrado, ahora que padecen la peor de las crisis estructurales no hay espacio sino para prioridades de conservación.

Ojalá la oposición, que siempre necesitará una democracia, se inspire en el mismo López Obrador, en su ruta y actitudes que hicieron creíble su posición política y provocaron la adhesión de millones de mexicanos a discursos como el siguiente: “Lamento que el voto útil se haya convertido en voto inútil, que se haya perdido tristemente el tiempo con el llamado gobierno del cambio y no se haya logrado nada, absolutamente nada habiendo tantas demandas nacionales insatisfechas. Pero no hay mal que por bien no venga; hacía falta conocer a fondo a los santurrones, a los intolerantes, a los que hipócritamente hablaban de buenas conciencias y del bien común. Hacía falta que esas personas se exhibieran sin tapujos, con toda su torpeza, frivolidad, desparpajo, codicia y mala fe para saber con claridad a qué atenernos”.

@monroyfelipe

 Más del autor: Un año después: ¿Rumbo a la transformación?



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Análisis y Opinión

Sobre credibilidad y capital político

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Incluso en la cúspide de su arrogancia, el político encumbrado debe permitirse frecuentes dejos de humildad. De lo contrario, sólo recibirá su propia aprobación y la de sus cercanos colaboradores quienes, sin duda, asentirán y sonreirán con dificultad mientras libremente imaginan un puñal simbólico.

La demostración de esa simpleza humana es crucial para el político. El abajarse al humilde para compartir las ineludibles carencias junto a la pequeña felicidad monda y lironda, no sólo es un tema de comunicación e imagen, sino de construcción de base social, de partidarios y de ciudadanos que asuman con ardor apostólico la propagación del personaje político idealizado.

En la historia han quedado, marcados a fuego, varios episodios donde los políticos olvidan por un segundo que intentan ser empáticos con la ciudadanía aunque sea sólo para las cámaras, por la aprobación o para la contienda electoral; pero pocos tan terribles como el protagonizado por el secretario de Gobernación, Adán López, frente a una mujer que, manifestándose frente a la dependencia de gobierno, clamaba respuestas sobre el paradero de su hijo, desaparecido junto a otros 100 mil que registra México.

El encargado de la política interna del país, en un comprensible acto aventurero dado el apretado posicionamiento electoral presidencial hacia el 2024, salió de su oficina a encontrarse con manifestantes, algunos de los cuales eran familiares de desaparecidos. A una de ellas, le tendió la mejor respuesta que puede improvisar un político -la promesa- y después le preguntó: “¿Usted confía en mí?”. A lo que la mujer contestó que no, que ya no confía en nadie. El político se puso a la defensiva, se tomó personal el comentario y reviró: “Bueno, pues yo tampoco confío en usted”.

Nadie está obligado a creerle a nadie, es cierto. Pero el político -y con más razón en campaña- debe evitar confrontarse cuando se abaja a los dramas más profundos de la sociedad. Insisto, no sólo porque luce mal para los estándares de la imagen pública, sino porque destruye lo que con mucho o poco esfuerzo se construyó: el capital político.

Y el capital político, contra lo que opinan los herederos de la movilización masiva y otros modelos de coacción gremial, no es simple matemática electoral; es un crédito soportado en la confianza. El capital político no es mera acumulación de poder y estructuras (el famoso ‘músculo’ que se demuestra en la movilización de partidarios) sino las capacidades para construir relaciones de confianza, de buena fe e influencia para la toma de posturas o decisiones.

Un votante convencido básicamente es esa persona que se sube sobre los hombros de un político que va a hacer equilibrismo en una cuerda floja, sin red de protección, mientras sus adversarios le avientan todos los proyectiles posibles para intentar hacerlos caer en un barril de clavos que ellos también instalaron. Nadie debería quejarse, así es la política.

Es cierto que, durante décadas, la estructura política fue determinante en los resultados electorales en México; la estructura alcanzó tal dimensión y especialización en su funcionamiento que se creyó que todo capital político era equivalente a la estructura política.

Por fortuna, las dinámicas sociales contemporáneas hacen imposible aquel idilio autócrata y obligan tanto a los personajes políticos como a las instituciones partidistas a proponer narrativas donde el tejido social se sienta copartícipe de los bienes del capital político: desde la resolución de conflictos hasta la participación comunitaria hasta la defensa de valores identitarios.

La expresión ‘yo tampoco confío en usted’ cierra toda posibilidad al capital político futuro, al menos con la ciudadanía y se reduce el poder a lo que se encierra tras los muros de un palacio.

Claro, hay otra forma de acrecentar el capital político, es a través de calculados favores muchas veces soportados por la estructura y la posición de poder. Evidentemente, esos favores, siempre se pagan.

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Adultos mayores, frente al abandono y rechazo

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Por Selina Haidé Avante Juárez

Del conjunto de normas y principios de carácter internacional que reconoce los derechos humanos, que implícitamente están en nuestra Constitución Federal y en los Tratados Internacionales, es imprescindible destacar por su importancia la Convención Interamericana sobre la Protección de los Derechos Humanos de las Personas Mayores aprobada el 15 de junio de 2015 por la Organización de Estados Americanos (OEA), como un importante instrumento de protección dirigido a este grupo que se materializa en la Ley de los Derechos de las Personas Adultas Mayores, incluso, a través de instituciones establecidas como el Instituto Nacional de las Personas Adultas Mayores (INAPAM), el Sistema Nacional para el Desarrollo Integral de la Familia (SNDIF) apoyados por las Comisiones Nacionales y Estatales de Derechos Humanos.

Los derechos sustanciales que se pueden desprender de todos estos ordenamientos, se plasman en igualdad y no discriminación por razones de edad; una vida digna con independencia y autonomía; seguridad con una vida sin violencia, sin tratos crueles, inhumanos o degradantes; acceso a servicios de salud, al cuidado a largo plazo, libertad de expresión, privacidad e intimidad; así como al trabajo, educación y esparcimiento. Por si fuera poco, existen grupos más vulnerables como los adultos mayores indígenas, analfabetos o incluso discapacitados física o mentalmente.

En 2015 el INEGI reportó un incremento significativo en la cantidad de adultos mayores y de acuerdo con estudios del Consejo Nacional para Prevenir la Discriminación (CONAPRED), la edad una de las variables que genera mayor discriminación; es decir, ser adulto mayor es, en sí mismo un estigma para ser discriminado. Adicionalmente, la realidad de los Derechos Humanos de los adultos mayores es todavía mucho más cruda y dramática.

En efecto, la realidad de las personas a quien también se les denomina de “la tercera edad”, se enfrenta a una problemática multifactorial aterradora.

En primer lugar, están los problemas que tienen que ver con la dignidad humana. Para entender esto, es preciso reconocer que la vejez conlleva limitaciones inherentes que hacen más difícil la vida de una persona. Por consecuencia natural, un ser humano de este grupo etario verá disminuidos sus reflejos, sentidos, la rapidez de su marcha e incluso su capacidad de pensamiento y respuesta; desde luego impactando en su calidad de vida. Por muy independiente y autónomo que quiera ser, llegará el momento en que forzosamente necesitará de otros para desarrollarse y sobrevivir.

En este contexto, la realidad del mundo y de nuestro país en particular, es que vivimos a prisa todo el tiempo y sobrecargados de responsabilidades, incluso con muy poco tiempo para dedicarlo a la familia, principalmente a los hijos. Por lo que se vuelve más complejo cuidar de los adultos mayores, más aún, pedir a un familiar se tome tiempo, dinero y esfuerzo para cuidarlos. A pesar de que, en la mayoría de los casos, estos adultos dedicaron su vida, tiempo y dinero a cuidar a estas nuevas generaciones que hoy por diversos motivos los abandonan emocional y afectivamente. En el mejor de los casos, sólo los apoyan económicamente, por lo que los hace sentir como una carga para sus seres queridos.

De igual manera, son vistos como de segunda en el acceso a la salud, la educación y el trabajo, pues su fuerza física es casi nula y dejan de ser útiles para una sociedad materialistas y utilitaristas.

Así, la protección de sus derechos básicos es sólo una ilusión pues en la realidad no hay condiciones de salud, nutrición, vivienda y sobre todo de desarrollo integral digno que les permitan ser parte de la sociedad. Sin considerar que muchos son víctimas de maltrato, violencia y que son amenazados, por lo que ni siquiera se atreven a denunciar a sus agresores que, en el mayor de los casos, son sus hijos o familiares cercanos; padeciendo así desnutrición, abandono, soledad y depresión.

Es importante crear políticas públicas de supervisión, apoyo y erradicar la cultura de seres humanos “desechables por edad”, pues quienes son capaces de sentir agradecimiento por estos valiosos seres humanos, llenos de vivencias y experiencia, podrán aprender del pasado para prever el futuro y más aún, reconocer que la gratitud es la primera y más grande virtud de quien pretende crear una sociedad más justa.

Así, los ciudadanos de la tercera edad deben ser reconocidos como gente totalmente valiosa y digna de respeto y admiración, pero sobre todo de reconocimiento social y afectivo. Hagamos vivos sus derechos, porque si somos afortunados, un día todos seremos adultos mayores.

“Entre la niñez y la vejez existe un instante llamado vida”
Selina Haidé Avante Juárez

Magistrada del Segundo Tribunal Colegiado de Circuito del Centro Auxiliar Cuarta Región, Xalapa, Veracruz.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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