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Andrés Manuel López Obrador Andrés Manuel López Obrador

Opinión

Querida oposición: inspírense en AMLO

Felipe Monroy

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En la ruta democrática de los países, la existencia de una sana oposición es imprescindible para equilibrar las balanzas del ejercicio del poder. Y la oposición no sólo debe dar constancia de una existencia nominal, institucional e inconmovible, sino de una objeción activa, participativa e implicada en las realidades de la población.

Es inverosímil cómo pretenden ciertos liderazgos de oposición hacer críticas a la administración regente con perfectos trajes, pulquérrimas camisas y desde las burbujas de la comodidad política. El sustento de la indignación de la oposición política muchas veces se reduce a evidenciar los defectos de los mecanismos de gobierno de la administración lopezobradorista o, en su mejor expresión, cuando se acusa al gobierno federal de violar las leyes del país.

¿Pero eso es suficiente para lograr adhesión popular a la causa opositora? En realidad, la vasta mayoría de la población mexicana no desea enfrascarse en debates sobre “los mecanismos” o “los métodos” que un gobierno asume para implementar sus políticas públicas; esos debates los tienen muy apropiados los opinantes y los formadores de opinión pública. Pero hay algo que López Obrador comprendió hace muchos años: la oposición, la verdadera oposición al régimen, se hace vocera de los dramas humanos, da voz a quienes son acallados sistemáticamente por los mecanismos del poder.

En esto hay una demoledora certidumbre: siempre existirán las víctimas y los inconformes de las políticas públicas de todo gobierno. Pero no siempre habrá quien los escuche y les impulse decididamente a buscar los medios para transformar sus realidades.

Esa es la razón por la que las actuales manifestaciones contra el régimen provocan más terneza que adhesión al descontento, ninguno de los inconformes parece estar dando voz a verdaderos dramas humanos en el país o en sus comunidades. La oposición a López Obrador sólo exclama el incordio que se tiene a su persona: a su personalidad, su aspecto, sus capacidades intelectuales o sus acciones cotidianas; a futurismos alarmistas o a pobres lecturas de análisis político.

Pero no hacen eco ni se solidarizan a ras de suelo con quienes realmente padecen los efectos de las políticas públicas. ¿Cómo hacer para escuchar y caminar con los padres de familia que debieron tragarse una política pública del tamaño de una piedra de molino con la cancelación del programa de estancias infantiles? ¿Cómo conmoverse e indignarse con aquellos derechohabientes que continúan en esa larga y sufrida espera por el derecho a la salud que no han tenido en décadas? ¿Cómo acompañar a las miles de víctimas de la violencia y hacer de su dolor el coraje para construir paz y exigir seguridad? ¿Cómo humanizar a todas las partes involucradas en el fenómeno migratorio, cómo ayudar a expresar sus miedos, sus riesgos y sus anhelos?

Para fortuna de quienes realmente quieren construir una oposición al régimen y al partido que domina las posiciones de gobierno, no hay nada qué inventar; pero sí deben abandonar la posición de comodidad y permitirse inspirar por quién consideran como su principal antagonista. Porque, si no se aprovecha cierta posición de privilegio para sumergirse en los clamores más auténticos y legítimos de la gente que sufre, la oposición continuará en peroratas mecánicas, indolentes y etéreas contra la administración de la Cuarta Transformación.

Nadie puede negar que Andrés Manuel López Obrador personifica por completo lo que significó oposición política en los últimos 20 años. No se le puede reclamar su compromiso político de andar por los rincones del país para recoger la voz y los clamores de un pueblo; permitiéndose perturbar sus certezas con la incontrovertible realidad del sufrimiento y la agonía de los miserables; constatando la tierra y los pueblos devastados por la corrupción, la impunidad y la simulación política; abrazando a los últimos y a excluidos de un modelo de gobierno que desde el empíreo del poder los ninguneó.

Parece sencillo, pero es todo un reto para los diferentes movimientos y agrupaciones políticas; porque si antes –con recursos y con organizaciones moderadamente sanas- no quisieron comprender ni escuchar lo que reclamaban las entrañas de un pueblo burlado y postrado, ahora que padecen la peor de las crisis estructurales no hay espacio sino para prioridades de conservación.

Ojalá la oposición, que siempre necesitará una democracia, se inspire en el mismo López Obrador, en su ruta y actitudes que hicieron creíble su posición política y provocaron la adhesión de millones de mexicanos a discursos como el siguiente: “Lamento que el voto útil se haya convertido en voto inútil, que se haya perdido tristemente el tiempo con el llamado gobierno del cambio y no se haya logrado nada, absolutamente nada habiendo tantas demandas nacionales insatisfechas. Pero no hay mal que por bien no venga; hacía falta conocer a fondo a los santurrones, a los intolerantes, a los que hipócritamente hablaban de buenas conciencias y del bien común. Hacía falta que esas personas se exhibieran sin tapujos, con toda su torpeza, frivolidad, desparpajo, codicia y mala fe para saber con claridad a qué atenernos”.

@monroyfelipe

 Más del autor: Un año después: ¿Rumbo a la transformación?



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Laboratorio de Ideas

¿Parar y retraerse, o reinventarse?

Gerardo Medina Romero

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¿Hasta dónde debemos frenar los proyectos y estrategias internas en las organizaciones ante esta crisis? Esta pregunta me la han hecho muchas personas y mi respuesta ha sido que no hay mejor momento de transformar a las empresas que este.

En estos días he visto a algunas empresas bajar el ritmo de sus proyectos de transformación y de los planes que venían implementando por miedo, otras por el contrario, están aprovechando esta situación para reforzar esos planes e incluso iniciar con proyectos que tenían en pausa.

 ¿Quién está en lo correcto?

En las últimas semanas, la mayoría de las personas hemos experimentado un cambio importante en nuestra rutina laboral, sin duda una situación sin precedentes en nuestras vidas profesionales para muchos. Algunos han tenido que dejar de trabajar e irse a casa con la tranquilidad de mantener sus ingresos, otros han tenido que dejar de trabajar e irse a casa sin ingresos y otros han tenido que irse a casa y seguir trabajando desde ahí. Cualquiera que sea la modalidad, este cambio ha generado un espacio de reflexión para analizar y cuestionar muchos aspectos de la vida hasta antes de la crisis, y sin duda la escala de valores de mucha gente se ha modificado. Muchos están iniciando transformaciones internas como seres humanos, la convivencia con sus seres queridos de pronto les ha abierto los ojos a cosas tan sencillas pero tan maravillosas que por alguna razón habían dejado de observar y disfrutar. En pocas palabras, la gente está mucho más sensible y dispuesta a implementar cambios importantes en sus vidas y por ende en su trabajo.

Bueno, pues de la misma manera, estos tiempos deben permitir a las empresas reflexionar y reinventarse para transformar finalmente aquellas cosas que venían acarreando, quitar vicios de años, romper viejos paradigmas, modificar las prácticas nocivas y refrescar los modelos de trabajo en todos los sentidos. Los colaboradores están ahora más sensibles que nunca y abiertos a la transformación y a adoptar nuevas maneras de trabajo y de interactuar unos con otros. No hay mejor momento para impulsar proyectos de transformación internos que ahora.

Yo sé que el reto inmediato en todas las organizaciones es el impacto económico que tendrá para la organización está crisis, y seamos honestos, mucha gente tendrá que salir de la empresa, lamentablemente así será. Pero justo por eso, las empresas tendrán que aprender a hacer más con menos, deberán mantener los niveles de productividad e incluso mejorarlos, utilizando formas más eficientes y creativas de hacer el trabajo. Sí, muchos tendrán que salir, pero los que se queden deberán cerrar filas con sus patrones y hacer lo necesario para recuperar lo antes posible a esos compañeros que hoy se van. Dependerá de esa unión entre patrones y empleados, que pronto los tengan de regreso.

En este mismo espacio hace tan solo dos semanas, mencionaba lo que para mí era lo más importante para poder salir de lo que parece será una de las peores crisis que vayamos a tener en este país. Hablaba de la metáfora de la cubeta de cangrejos mexicanos y de cómo me gustaría que ante esta crisis la desmintiéramos de una vez por todas, haciendo equipo en todos los frentes. Lamentablemente también escribía que el primero que pensaba se bajaría del barco iba a ser el Gobierno y lamentablemente así nos quedó claro el Domingo pasado.

“El Gobierno nos ha dejado solos”, decía la carta de un empresario a sus empleados, ahora solo nos queda ver si los dueños y empleados pueden hacer equipo o cada quién verá por sus intereses para que al final del camino, todos perdamos.  Está clara la estrategia del Gobierno de aprovechar esta crisis para consolidar su proyecto socialista, dejar que la iniciativa privada sucumba lo más posible para que el pueblo no tenga otra opción que depender de papá gobierno, quién terminará de tomar el control, ahora no solo a través de la ignorancia del pueblo, sino ahora a través del hambre.

Sigo confiando que la metáfora de los cangrejos ya no aplica a los Mexicanos, estoy seguro de que las empresas y sus empleados harán equipo para buscar formas creativas de activar la economía. Pero lo primero que debemos hacer es cambiar, buscar eficiencias, reinventar la manera de hacer el trabajo y buscar obtener mejores resultados con menos. Hoy más que nunca debes arrancar los proyectos de innovación, de reingeniería, de optimización y sobre todo de transformación cultural.

Si crees que la manera de enfrentar la crisis económica es frenar los proyectos, frenar las iniciativas, dejar de gastar en los apoyos externos que venias utilizando y pensar que todo pasará pronto sin cambiar nada, lo más probable es que no haya un mañana para tu empresa. Por el contrario, si impulsas los proyectos de transformación y continuas con ellos para reinventar la manera en que trabajas, entonces serás de los que podrán contar en el futuro, cómo esta crisis nos fortaleció como empresas y como país.

Sugerencias y comentarios en Twitter: @gemedinaro

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Análisis y Opinión

Economía de crisis: Integridad, ética y sacrificio

Felipe Monroy

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Partamos de dos terribles certezas. Primero, la emergencia sanitaria global ya ha generado un panorama sumamente complejo para la economía de todas las naciones; segundo, este tipo de crisis suele evidenciar dos actitudes comprensibles ante el escenario económico: la desesperada angustia por volver a la situación precedente o la inquieta creatividad por imaginar nuevos modelos de producción y de mercados.

En los primeros momentos de una crisis económica es natural que predominen las voces que demandan resguardar el statu quo, que soliciten una defensa de sus bienes, sus derechos, sus beneficios, las leyes y las relaciones que les habían funcionado hasta el momento; sin embargo, conforme las crisis se prolongan o agudizan, comienzan a tomar sentido aquellas voces que planean cambios profundos en los modelos económicos.

También es sencillo intuir quiénes se encuentran en uno u otro espectro de pensamiento: los más aventajados, cómodos y seguros harán lo imposible por permanecer aventajados, cómodos y seguros; quienes no, parecerán más abiertos a los cambios. Sin embargo, en una crisis hay algo más importante que el porvenir o la resolución del modelo económico: es atender las tensiones propias del escenario de crisis, las personas, sus empleos, sus bienes, sus relaciones, sus expectativas y necesidades.

Saber mirar esta realidad excruciante y obrar en consecuencia es mucho más importante que gastar todas nuestras fuerzas en tener la razón sobre lo que depara el futuro. Nuestro país y todo el orbe han entrado en una economía de crisis lo cual indica que los valores y principios tomarán más visibilidad en las dinámicas de producción, mercado y administración existentes. En las industrias, negocios y servicios donde antes de la crisis había integridad, ética y sacrificio económicos, estos refulgen como antorchas en medio de la noche; donde sólo había interés, usufructo y utilitarismo, también descollarán, pero por su obscenidad y escándalo.

Es decir, si hay ética y solidaridad en una dinámica económica (sea empresa, negocio o servicio) aquellas resplandecerán ante las adversidades; pero si no, será imposible maquillar con ganancias, dádivas o privilegios su rostro perverso; si -como dijera Camus- la integridad de un empleado o empleador no requirió de leyes, habrá certeza laboral; si había auténtico riesgo en el empresario y si había verdadero compromiso en el trabajador, no hay razón para que no lo sigan practicando con creatividad en una crisis o dialogarlo con madurez para reemprender esfuerzos con el mismo compromiso y denuedo cuando se vislumbre luz al final del túnel.

Y ojalá muchas de estas relaciones fueran autoimpuestas como producto de la razón, la moral, la justicia y el bien común; sin embargo, es un hecho que las sociedades han necesitado gobernanza, han requerido del brazo ejecutor del orden, de la ley y de la justicia. Allí es donde entran las autoridades, el gobierno en sus mejores y peores expresiones. Y es que también las crisis desvelan el rostro y las deformidades de los gobiernos. Gobernar -decía Kaultilya- es discernir las circunstancias y aprovechar las experiencias adquiridas.

Los gobiernos en las crisis, por tanto, tienen la facultad de mostrar con más severidad el peso de su yugo y también modular la tolerancia punitiva no sólo a quienes no se apegan a la ley sino principalmente con quienes subvierten a los principios y valores que soportan la legitimidad del gobierno. Pero bien decían los sabios de la antigüedad: “En el gobierno, siempre será mejor multar antes que mutilar; pues lo primero llena las arcas de recursos y lo segundo llena las calles de mendigos”.

Una crisis económica siempre se presenta como el fin de un modelo probado y la oportunidad de transformarlo. Transformar con rigor y realidad, pero también con valores y principios, de lo contrario el tiempo y la crisis nos dirán: “Un tiempo estuvo la copa de Alejandro en tu mano; la has perdido de tu mano, es tu daño. La joya del carbonero era tu resplandor; si no la has estimado ¿qué puedo hacer yo?”

*Director VCNoticias @monroyfelipe

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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