Opinión

¿Quiénes se adjudican bombazo en el episcopado?

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Por supuesto, su objetivo es propagandístico. Todas las acciones que el Comando Feminista Informal de Acción Antiautoritaria (COFFIA), grupo que se adjudicó la detonación del artefacto incendiario en la sede de la Conferencia del Episcopado Mexicano, están ampliamente documentadas en la red. Comenzaron la difusión de sus atentados en agosto del 2014: el primero en una oficina de atención ciudadana del asambleísta Orlando Anaya González en Iztapalapa y el segundo, presuntamente fallido, en la iglesia de Nuestra Señora de Loreto en el Centro Histórico.

El diario Reforma consignó el primer evento que sucedió a las 22:00 hrs del 25 de agosto: “De acuerdo con testimonios de vecinos que fueron narrados al legislador, unos sujetos dejaron una bolsa junto a la puerta… Afortunadamente no había gente adentro, nadie está lastimado”, relató el entonces asambleísta.

El segundo acto lo relata Lupe La Camelina, líder del Comando: “En realidad, pretendíamos ponerla en la catedral ubicada en la plaza constitución […] Sin embargo, al llegar, vimos a trabajadoras de la limpieza barriendo. Y dado que amamos la vida, y dado que nosotras mismas somos trabajadoras, desistimos de nuestra idea original. Entonces dimos la vuelta y la colocamos en la iglesia de Loreto que está ubicada en un lugar menos concurrido por las noches. Sobre este, nuestras fuentes nos revelan que fue encontrado y desactivado antes de hacer explosión”.

Desde entonces, cada artefacto explosivo detonado durante la madrugada en diferentes espacios de la Ciudad de México es reivindicado por la célula ‘feminista’. El 6 de junio del 2015 se adjudicaron el bombazo en las oficinas de la Secretaría de Desarrollo Agrario, Territorial y Urbano ubicadas en la Av. Revolución y Rio Mixcoac. En diciembre de ese año, colocaron otro artefacto explosivo en la iglesia del Espíritu Santo sobre la avenida Congreso de la Unión: “Se trata de un mensaje de odio a la iglesia católica… Nosotras destruiremos sus sacristías”, firmaba la misma Lupe Camelina.

El 4 de mayo del 2016 dicen haber atacado las oficinas de la SACMAC en la colonia Nápoles, una consultora que se dedica a servicios de ingeniería y construcción para diversos proyectos entre los que se encuentran la Base Aérea Militar de Santa Lucía, la Terminal 4 del aeropuerto de Cancún y el Nuevo Aeropuerto de la Ciudad de México. SACMAC también asesora y supervisa las obras del Tren México-Toluca, pasos a desnivel del Circuito Interior, intervención estructural en diferentes líneas de metro; y participa en plantas de perforación petrolera, plantas termoeléctricas, diversos proyectos mineros, plantas de producción de alimentos, medicamentos, partes automotrices; hospitales, laboratorios y plantas de tratamiento de aguas residuales.

Aunque se confirmó que el Centro de Comando, Control, Cómputo y Comunicaciones de la Ciudad de México contaba con una serie de videos para iniciar la carpeta de investigación, no se supo qué resultó de aquellos peritajes. Fue el primer comunicado del Comando firmado por Ana La mariposa negra.

El 20 de diciembre del 2016, Ana La mariposa negra escribió un largo comunicado adjudicándose la detonación de un explosivo frente a las oficinas del Instituto de las Mujeres de la Ciudad de México. El método fue idéntico: en la madrugada, frente al portón de acceso, sin lesionados. La Procuraduría capitalina dijo que el explosivo fue un tubo galvanizado, relleno de pólvora negra, con tapón inferior y en la parte superior varios trapos usados como mechas. El ‘Comando’ explicó el ataque y sentenció en su comunicado: “Esperamos que las feministas ‘buenas y bonitas’ no nos tilden de antifeministas y quieran lanzarnos a la hoguera, aunque seguramente no faltará la que sí”.

Sí, el Comando Feminista atacó una instancia al servicio de las mujeres a quienes les reclama: “Sigan cómplices lamiendo su propio grillete. Pero estén seguras de que por lo que a nosotras respecta, nuestro ataque directo a sus instituciones feministas burguesas continuará…”.

El 26 de julio, COFFIA dijo haber colocado la madrugada anterior el artefacto explosivo frente a la Conferencia del Episcopado Mexicano, el comunicado lo firma una nueva identidad: Coatlicue. El ‘Comando’ escribió la consigna que han usado otras veces: “Ni Dios ni amo” y afirman que la explosión la hicieron “¡Por cada tortura y asesinato en nombre de su Dios! ¡Por cada niño ultrajado por los curas pederastas!”. Dijeron que usaron dinamita y gas LP, aunque los peritos de la Procuraduría capitalina aseguran que el artefacto usó pólvora como precursor.

Las autoridades policiacas llevan tres años intentado dar -sin éxito- con las presuntas responsables de estos actos violentos y, todo parece indicar que no lo harán tras este nuevo ataque. Y quizá haya una razón de fondo: las perpetradoras que se adjudican las detonaciones no son los clásicos ‘sospechosos comunes’, quizá parezcan más víctimas y, sí, es muy probable que en efecto lo sean.

En la primera edición de su periódico anarquista llamado Después de medianoche (frase con la que inician cada comunicado de adjudicación de atentados), la líder Lupe La Camelina escribe una frase que no se puede leer sino con escalofríos: “Nosotras llevamos en nuestros cuerpos las marcas de ese horror repitiéndose una y otra vez. Una y otra vez. Horror que sigue ocurriendo, ahora mismo, y de manera cada vez más violenta”.

Que quede claro: sus actos son terribles, repudiables y merecen castigo; pero no puedo dejar de pensar que son también reflejo de las heridas que, como mujeres, han acumulado en este país donde el asesinato y el abuso contra miles de ellas es alarmante; donde la justicia laboral, económica y social sigue guardando tufos de misoginia y machismo; y donde las explicaciones que les dan sobre su destino y participación en diferentes áreas de la sociedad se basan en arquetipos rancios e inoperantes. Así no es raro imaginar que algunas mujeres caigan en aquellos espejismos delirantes de violencia martirial anárquica.

Eddi Dutra, en Ecos del Edén. Desilusiones de una Iglesia postmoderna intenta explicar este fenómeno que podría dar pistas para comprenderlo y para evitar que siga creciendo en rencor e intensidad: “Entonces, cuando vieron en la decepción de los creyentes y los no creyentes la oportunidad de promover sus propios ministerios, se convirtieron en la voz de sus esperanzas. El pueblo, enfermo de tanto escándalo, fue a escuchar sus denuncias sin darse cuenta de que estos denunciantes eran igualmente corruptos; y que les prometieron libertad mientras ellos mismos eran esclavos de la corrupción […] las víctimas del abuso son susceptibles a la revictimización y, en su búsqueda para sacudir todos los males experimentados en la iglesia, se convierten en blancos fáciles para cualquier persona que utiliza este descontento para atraparlos en sus propios intereses”.

Lo confirma la propia Conferencia del Episcopado en su documento Que en Cristo Nuestra Paz México tenga Vida Digna: “La violencia crea un clima socio-cultural que relativiza la función de las normas para regular la convivencia social. Esto sucede sobre todo entre los jóvenes que, cuando son reclutados por organizaciones criminales, no reconocen más ley que la que les da el poder […] Cuando la frustración de estos grupos sociales es capitalizada por actores políticos para sus propios fines, aumenta el riesgo de reivindicaciones violentas y el peligro para la sociedad”.

Y, más adelante reflexiona: “Perdemos el tiempo cuando buscamos culpables o esperamos pasivamente que sea sólo el gobierno quien dé solución a problemas que son de todos. Debemos actuar ya, cada quien en su propio ámbito de competencia”. Espero que sí y, huelga decirlo, me solidarizo con esta última idea.

@monroyfelipe

La opinión emitida en este texto es responsabilidad del quien lo emite y no representa la opinión ni la postura de Siete24.mx ni de deportes.siete24.mx

ebv

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