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Laboratorio de Ideas

¿Se mide el compromiso correctamente?

Gerardo Medina Romero

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Hace algunos años, cuando definíamos los valores de nuestra empresa tuvimos una discusión mi socio y yo con relación a la palabra “compromiso”. Para él, la gente era comprometida si le contestaba su teléfono en la noche y los fines de semana, o si se quedaba hasta altas horas de la noche todos los días trabajando. Yo por mi parte, argumentaba que para mí, alguien comprometido es quién cumple sus promesas, como por ejemplo ser puntual.

Haciendo referencia a mi columna anterior, la connotación que le damos a la palabra “compromiso”, es muy distinto, pero el problema no para ahí, sino que además muchos líderes quieren comprobar todos los días que su equipo está comprometido, y para ello les piden cosas, no porque sean importantes para el negocio, sino solo para comprobar que están comprometidos, con base en lo que para ellos, eso signifique.

Me he encontrado clientes que me dicen que le piden cosas a su equipo para trabajar el fin de semana por ejemplo o quedarse un día hasta altas horas de la noche, y con eso miden si están comprometidos. El problema es que aún y cuando lo hayan comprobado muchas veces, no paran de mantener a su equipo en esa dinámica y claro, el día que una persona decide ya no coludirse en esa situación y renunciar, termina por ser tachado como una persona con falta de compromiso.

Ahora con esta situación de trabajo a distancia en muchas empresas, y con el miedo de muchas personas de perder su empleo por la crisis económica resultado de la pandemia, esta situación parece haberse acrecentado. El otro día en una reunión virtual con grandes amigos, me comentaban que han tenido juntas de trabajo en sábado y en domingo sin contar las que se organizan entre semana después de las 8 de la noche y su respuesta con resignación era, “nosotros que somos Godínez, no tenemos otra opción”. De verdad, ¿eso es compromiso?

Para usar correctamente las palabras, “compromiso” significa obligación contraída, por lo tanto una persona comprometida es una persona que cumple con sus obligaciones. Cuando una persona se contrata en una empresa, le indican las obligaciones que debe cumplir como parte de su trabajo, así mismo, cada vez que hable con su superior y exista un acuerdo sobre lo que debe hacer, debe procurar entender bien para cumplir con las obligaciones contraídas.

Luego entonces, una persona comprometida será aquella que cumple con sus obligaciones que fueron contraídas y acordadas previamente. Si de pronto, tu jefe o la organización te pide cambiar esas obligaciones y tú aceptas, entonces te estás “comprometiendo” a cumplirlas y si no lo haces, serás una persona no comprometida.

Ya comenté en mi columna anterior que en ocasiones la definición del diccionario no es suficiente para establecer la connotación de una palabra en el mundo de las organizaciones. En este sentido, alguna vez escuché una definición para la palabra “compromiso”, que me encanta y que trato de aplicar siempre. Compromiso significa “con promesa”, es decir, que existe una promesa hecha, ¿qué promesa?, la de cumplir con mis obligaciones.

No significa perder la privacidad y esclavizarse a atender al jefe o a una reunión en cualquier día a cualquier hora a menos que así se haya acordado previamente y se haya aceptado como parte de las obligaciones. Tampoco significa quedarme a trabajar todos los días tarde o complacer a mi jefe en todo lo que se le ocurra.

Por su parte, los líderes tienen que entender, que no es necesario estar probando todo el tiempo el compromiso de las personas ya que eso será evidente cuando cumplan sus obligaciones y logren resultados, ahí se darán cuenta si la persona está comprometida o no. Dejemos de cultivar a esa clase de ejecutivos que se dedican todo el tiempo a quedar bien con su jefe, a responder sus llamadas a la hora y el día que sea y a trabajar los fines de semana con tal de ser catalogados como “personas altamente comprometidas”.  

Por otro lado, el compromiso debe ser en dos direcciones. Si la empresa nos exige cumplir con nuestras obligaciones, debemos exigir que la empresa cumpla con las suyas como respetar el pago, las cargas de trabajo, los horarios y los días de descanso. Dejar de decir, “ahora que la gente no tiene nada que hacer”, porque deben saber que descansar también es algo que hacer.



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Nadie puede dar lo que no tiene

Columna Invitada

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Por Alejandra Carmona O.

De acuerdo con la teoría evolutiva de Darwin, “las especies que sobreviven no son las más fuertes ni las más inteligentes, sino aquellas que se adaptan mejor al cambio”.

Como parte de la especie humana, no me había tocado vivir un reto de “cambio” como el que esta pandemia nos está ofreciendo. No es casualidad el verbo seleccionado, estoy convencida de que esto es una oportunidad.

Y como mujer, sin duda seré parte de las especies con alta probabilidad de sobrevivencia, no sólo por seguir las recomendaciones en materia de salud, sino porque he vuelto a descubrirme y desde ahí, agradezco la vida como se nos está presentando.

Soy una mujer casada, mamá de dos increíbles seres humanos (mis más grandes maestros), ejerzo mi profesión (abogada), estoy estudiando una maestría, amo el ejercicio, considero que las amistades son la familia que uno escoge y creo que los días serían significativamente mejores si duraran 36 horas pues siempre tengo la sensación de que “pude haber hecho” tal o cual cosa más.

Y así, arranqué la “sana distancia” aferrándome a las actividades anteriores, tratando de cumplir con todo lo que hacía antes, asumiendo nuevos roles en un espacio convertido en casa, oficina, escuela, gimnasio, café, restaurante y bar.

Me enfoqué en una casa limpia y recogida, una comida hecha en casa, conexiones a Zoom, tareas terminadas, hacer ejercicio, etc. Una máquina. Terminé agotada.

Una tarde, después de clase de ballet (sí, también hay que seguir tomando todas las “afterschool”) mi hija estalló en llanto con un sentimiento profundo dejando salir todas sus angustias, toda su impotencia, todo su cansancio, todo el estrés ocasionado por el cambio. Me sacudió.

Nos abrazamos mucho, mucho tiempo. “¿Qué estoy haciendo?”, pensé. Me enojé con los chinos, sigo enojada con el gobierno, me duele la ignorancia de México y me pregunté miles de veces ¿por qué?

Debatiendo con mi esposo, enojada, sacando toda la frustración resonó en mi cabeza Viktor Fankl: cuando ya no somos capaces de cambiar una situación, nos encontramos ante el desafío de cambiarnos a nosotros mismos”.

Y entonces recordé que yo soy mi activo más valioso; que cultivar el crecimiento y bienestar propio redunda en la paz y armonía de mi entorno. De pronto los porqués se transformaron en paraqués: ¿qué me están queriendo decir? ¿qué eliges hacer con esto que está sucediendo?

Me detuve, respiré y volví a escucharme. Mi voz interior influenciada por los “deber ser” que cargamos todos los días.

Descubrí que no siempre tengo la voluntad, paciencia, compasión y humildad para escucharme. Que soy muy exigente y dura conmigo. Nunca es suficiente: ¡qué agotador! No me gusté. No me reconocí.

Me gusta ser esposa, mamá, amiga, deportista, profesionista, estudiante, hija. Asumo todas las cachuchas que con mucho orgullo y entusiasmo me pongo todos los días pero ahora entiendo que cansada, estresada y agotada estaría fallando en todas esas áreas porque a quien estoy abandonando es a mí misma.

¿Egoísmo? No quiero entrar en un debate moral pero la respuesta sería afirmativa entendiendo a éste como asumir la responsabilidad de nuestra propia vida.

Cargo mi propio equipaje con el “equilibrio” como desafío que asumo todos los días. Es mi punto de partida para valorarme, quererme como persona, arrancar cada día y concluirlo tratando de ser un poco mejor que antes.

Mucho más fácil escribirlo que hacerlo. Todos los días debo desandar exigencias autoimpuestas a través de las cuales miro el mundo y aprender a dedicarle a cada cosa su justo valor, su justo tiempo, su justo espacio. Sin duda me equipo, me sacudo y vuelvo a empezar.

Gracias al COVID-19 he tenido la oportunidad de confirmar que me volvería a casar con mi esposo, de conectar con mis hijos desde sus actividades escolares, su amor por la tecnología y las series, descubrir el placer de cocinar, que barrer tiene su chiste para que trapear tenga sentido y que hacerlo durante una conferencia telefónica es un súper ejercicio.

Y que nada pasa si un día no se lava, no se plancha, no está la casa perfecta o tuviste que comer tortas, pero que pasa mucho si me olvido de mi propósito de vida.

Nadie puede dar lo que no tieneSólo cuando estás bien contigo mismo, puedes estar bien con los demás… Sólo cuando manejas tu soledad, puedes manejar una relación…N ecesitarás amarte para amar, respetarte para respetar, valorarte para valorar, aceptarte para aceptar. Recuerda que nadie puede dar lo que no tiene.

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¿Ya terminó la implementación?

Gerardo Medina Romero

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¿En dónde termina un proyecto de cambio? ¿Cuándo deja de ser responsabilidad del equipo de proyecto? ¿Quién es responsable de que el cambio se mantenga?

Estas son preguntas que muchos clientes me han hecho y que actualmente siguen siendo muy comunes por muchos ejecutivos involucrados en los proyectos internos de cambio.

Para mí, las estructuras organizacionales fueron creadas para que un jefe, supervisor, gerente, director o como se llame, se asegurara de que los colaboradores a su cargo hagan el trabajo como lo deben hacer, y ¿cómo lo deben hacer? Pues como la empresa ha definido que se haga.

Luego entonces, para mí la responsabilidad de que un cambio se aplique y se mantenga, es del jefe, sin importar el nivel de la organización que tenga. Pero cuando hablamos de un proyecto de cambio, el problema es determinar el momento exacto en que la implementación deja de ser responsabilidad del equipo de proyecto y pasa a ser responsabilidad de los jefes.

La respuesta para mí es cuando el cambio ya se implementó, a partir de ahí, la responsabilidad de mantenerlo es de los jefes.

Aquí surge otro problema, cada quién entiende la palabra “implementar” cómo mejor le conviene, así que lo primero que deberíamos hacer es tener claro lo que significa implementar y en qué momento puedo decir que un cambio ya está implementado, de otra manera el pase de estafeta en cuanto a la responsabilidad de que algo que la organización quiere que se ejecute, sea ejecutado, quedará en el limbo.

Hay muchas personas que piensan que implementar es tan solo capacitar o incluso que liberar una herramienta tecnológica es suficiente para considerar que ya se implementó y eso no es verdad, implementar significa poner en ejecución y si no se está ejecutando, pues no se ha implementado, así de sencillo.

Implementar una nueva manera de evaluar el desempeño del personal por ejemplo, no termina con liberar la herramienta para ello, se debe asegurar que los jefes saben cómo establecer objetivos, acordarlos con cada miembro de su equipo, dar retroalimentación, que las personas son capaces de recibirla, de medir y gestionar su propio desempeño y que todo eso está sucediendo.

Implementar un proceso no termina con capacitar a la gente para explicárselo, requiere asegurar que todas los procedimientos, políticas, criterios y formatos que forman parte del mismo, están perfectamente definidos, que se cuenta con el equipo e infraestructura, que las herramientas tecnológicas tienen la funcionalidad requerida, que el personal no solo esté capacitado, sino perfectamente informado, habilitado, y soportado por sus jefes, que sus indicadores de desempeño estén alineados e infinidad de detalles más.

Implementar significa observar y verificar que las cosas se hacen y suceden como se ha definido, y cuando no es así sigue siendo responsabilidad del equipo de proyecto el detectar lo que falta completar para ello y resolverlo. 

Es hasta que se tiene evidencia de que ya no hace falta nada por definir o construir, de que la infraestructura esta lista y los sistemas liberados con la funcionalidad requerida, que el personal está perfectamente informado, capacitado y organizado bajos sus nuevos roles y responsabilidades y que sus objetivos e indicadores individuales estén alineados, cuando se podrá ejecutar cada una de las actividades y se podrá considerar que el cambio se ha implementado.

Una vez que el equipo de proyecto demuestre a los jefes, que las actividades del nuevo modelo de trabajo se pueden ejecutar porque todo está listo, será entonces cuando los jefes deberán tomar la responsabilidad de ejecutar y mantener el nuevo modelo de trabajo.

Muchas veces hasta que no corres el nuevo modelo, no te das cuenta de todo lo que falta, así que no te conformes con capacitar al personal, haz que las actividades definidas se ejecuten, identifica lo que le hace falta al equipo, atiende ese pendiente y vuelve a ejecutar hasta que el nuevo modelo de trabajo corra perfectamente.

Será entonces cuando los jefes deberán tomar la responsabilidad de que el cambio se mantenga y la organización logre el beneficio esperado.

Recuerda, ninguna organización invierte para tener una herramienta que no se usa, o una carpeta de procesos que no se ejecuta, invierten para recibir un beneficio económico en los indicadores del negocio con un valor mucho mayor a la inversión que hicieron.

Sugerencias y comentarios en Twitter: @gemedinaro

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