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Laboratorio de Ideas

Ser y dejar ser

Javier Chávez de Icaza

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No sé si lo hagan todos, pero sí creo que la mayoría de padres (papás y mamás) antes de tener su(s) hijo(s) ya tienen preconcebido un plan ideal para la familia, incluyendo cuantos hijos piensa tener, de que sexo serían, que les va a gustar, que van a estudiar y como se va a ir dando la educación. Al menos en mi caso así fue.

Por supuesto que la realidad al final te muestra, que no por planearlo bien las cosas suceden como tú esperabas.

Por ejemplo en mi caso, mi plan era tener de dos a tres hijos, el primero hombre, con 2 a 3 años de diferencia una hija y el tercero (si hubiera) podría ser de cualquier sexo. Y mi plan iba más allá, cuando crecieran, podrían salir juntos, lo que me daría más tranquilidad, sabiendo que estarían acompañados cuando salieran y que incluso cada uno podría encontrar una pareja en los amigos(as) de su hermano(a).

Yo estaba convencido que si la primera era niña, sería muy complicado para mí, porque no sabría interpretar las etapas de su crecimiento y seguramente acabaría rendido a sus pies. 

Sin embargo, lo que sucedió en realidad es que tuve un hija y después de más de 6 años un hijo y efectivamente mi hija me generó tal incertidumbre y devoción, que desde que nació a la fecha, controla mis emociones. Al tener tanta diferencia de edad entre ambos, mis planes de salida, tampoco se realizaron y fueron durante su infancia, prácticamente dos hijos únicos.

Al día de hoy, aún a pesar de la diferencia de edad, su relación es excelente y sí salen de vez en cuando juntos y se han convertido en grandes amigos además de ser hermanos. Ambos confían en el otro y se cuentan cosas que incluso no nos cuentan a sus padres.

Cada uno de ellos, representó para mí y su mamá un reto diferente, porque como ya lo he comentado en artículos anteriores, aunque como padres usemos los mismos parámetros para la educación y desarrollo de nuestros hijos, su personalidad, la gran mayoría de las veces es muy diferente, a veces incluso opuesta.

Lo único de mi plan previo que si pude implementar en la educación y formación de mis hijos, fue lo que da título al presente escrito, SER y DEJAR SER. Con esto me refiero a que si bien es nuestra obligación como padres el ser los guías de nuestros hijos en sus primero años de vida es incluso más importante el darles la oportunidad de que ellos vayan descubriendo lo que les gusta, les molesta, les interesa o para lo que son buenos y para lo que no son tan buenos o incluso malos.

Y cuando estás en esta etapa de desarrollo de tus hijos (Infancia y adolescencia) siempre hay opiniones externas que te marcan todos tus “errores”, incluso te cuestionan y aquí es donde es relevante entender que no todos los consejos aplican a todos los casos.

Es más, generalmente nadie te da un consejo o te hace un reproche pensando como tú, sino que lo hacen en base a su forma de ser. Esto lo aprendí de un chiste de Mafalda (De quien son un fan) en donde Miguelito le comentaba a sus amigos sobre un problema que tenía y cada uno le daba su opinión, pero al final el analizaba y decía: Ya sé que haría Manolito si estuviera en mi lugar, lo que haría Mafalda si fuera yo, lo que haría Felipito si estuviera en mi situación, pero aún no se lo que yo haría en mi lugar, lo que yo haría su fuera yo y lo que yo haría si estuviera en mi situación y eso me marcó para mi gestión como padre.

Cada padre o incluso cada conjunto de padre y madre, va definiendo con el desarrollo de sus hijos que tan severo o laxo quiere o puede ser, en aras de buscar lo mejor para sus hijos, pero lo que tenemos que ser conscientes, es que sin importar lo que a los demás les haya funcionado, si no lo sentimos como propio, no nos dará el mismo resultado.

Pero aunque tengamos claro esto y no pidamos opinión a nadie, nos lloverán consejos y comentarios de cómo educar a nuestros hijos y hacerlos “buenas personas” y cómo lograr que nuestra familia sea una “familia normal”.

El problema real es que los términos “buena persona” y “familia normal” son totalmente subjetivos, por lo tanto, habrá que saber si queremos serlo o si queremos que nuestros hijos lo sean bajo el criterio de quien lo dice.

Por eso, yo creo que debemos de entender que el ser la familia tradicional o normal, no necesariamente debe ser nuestro objetivo, sino el poder darle a nuestros hijos las herramientas necesarias para que ellos puedan tomar las decisiones que la vida se encargue de presentarles y no que tomen necesariamente las decisiones que nosotros (Como sus padres) hubiéramos tomado.

Y esto si es muy complejo, porque como comentaba al inicio del escrito, en el plan previo a ser padres que hacemos, muchas veces incluimos como deseos e incluso obligaciones de ellos, el cumplir lo que nosotros hubiéramos querido para nosotros mismos y eso no necesariamente es lo que ellos quieren o anhelan.

A mí se me ha tocado que mis hijos me enseñen que muchas cosas que en mi infancia y juventud se daban por sentadas y ahora tienen un diferente enfoque. Temas como la diversidad sexual, el compromiso con el planeta, la amplitud de criterio e incluso la caballerosidad vista como un mecanismo de control más que como un gesto de galantería.

Cuando aprendemos a reconocer la personalidad de cada hijo y los apoyamos a que la desarrollen, controlando obviamente el hecho de que su libertad termina donde empieza la libertad del otro y que no porque algo les guste a ellos significa que sea bueno, empezamos a encontrar los parámetros para establecer los vínculos individuales con cada uno y damos el primer paso para el establecimiento de una relación significativa con cada uno para el resto de sus vidas.

Con el tema de SER y DEJAR SER, no pretendo expresar que se les debe dar total libertad de hacer lo que ellos quieran, porque muchas veces se ven incluidos en decisiones que van más allá de la edad que tienen y ahí es donde, se requiere que los padres sea guías y no necesariamente amigos.

Pero si en estas decisiones que tomamos como padre, tenemos la paciencia de explicar, al nivel de su edad, el porqué de la decisión, estaremos dándoles los lineamientos para que ellos se vayan formando su propio criterio. Es decir, que si en el futuro se presentara una situación similar, no tienen ellos que tomar la misma decisión que tomamos nosotros por ellos en el pasado, pero si sean conscientes, de lo que deben de analizar para tomar esa decisión.

En el caso de mis hijos, cuando nos separamos las padres y ellos se quedaron con su padre y no con su madre, esto les generó varias preguntas por parte de sus amigos y el hecho de que mamá y yo, nos tomamos el tiempo de explicarles, primero a cada uno y después a los dos juntos el porqué de la decisión, les dio herramientas para responder a esas preguntas, sin que estas les incomodaran o les crearan dudas.

Yo he tenido la oportunidad de convivir con varios padres que continúan casados, que se han divorciado, que mantienen estrecha relación con cada hijo, que se relacionan solo con el conjunto “hijos”, que tenían un formato de educación muy estricto, los que son muy laxos y cada uno tiene una razón para ser como es, pero cuando se privilegia el hecho que cada hijo es un individuo y no solo miembro de un grupo llamado familia o hijos, estas relaciones son más placenteras para todos y generan vínculos que duran para toda la vida, sin importar la edad de los hijos.

Por esta razón, el consejo es, tratemos a cada hijo como lo que es, un individuo diferente a nosotros y démosle oportunidad de que sea quien debe ser y no quien nosotros queremos que sea y seamos capaces de guiarlos en ese camino, podremos decir, que hemos contribuido al desarrollo de nuestro hijo.

Twitter: @padreverdad

Facebook: Padre de Verdad



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Análisis y Opinión

Evolucionar de la ‘familia tradicional’ a la ‘familia contemporánea’

Javier Chávez de Icaza

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La familia tradicional, es la familia compuesta por un padre, una madre e hijos (más de uno). En este tipo de familia, los roles o funciones de cada integrante, están claramente definidos: El padre es el proveedor principal y la figura de autoridad, la madre es la coordinadora de familia y responsable de administrar las relaciones entre los diferentes miembros de la familia y los hijos, tienen como función principal, el ir a la escuela desde primaria hasta universidad, para poder cursar una carrera “decente” (como diría German Dehesa) y respetar las reglas de la casa.

En este tipo de familia, los responsables absolutos de que los hijos se conviertan en “buenas y productivas personas” son el padre, desde su figura de autoridad y tomador de decisiones y la madres desde su figura de coordinadora de relaciones intrafamiliares. Pero básicamente dejamos sin responsabilidad a los hijos, porque a ellos no los dejamos ni tomar ni involucrarse en las decisiones familiares. Los papas deciden qué se hace los fines de semana, donde vacacionar y algunas veces hasta lo que van a estudiar los hijos.

En la actualidad, ya hay muchas mujeres que trabajan de tiempo completo fuera del hogar y que contribuyen al sustento económico de las familias y lo hacen sin menoscabar su habilidad para generar relaciones individuales con cada hijo, sin embargo los padres, seguimos sin ser capaces de aportar nuestro apoyo en la coordinación de la relaciones intrafamiliares y en muchos casos nos limitamos a la función de autoridad, por eso cuando la pareja se disuelva, la relación del padre con los hijos queda muy limitada, casi sin importar el acuerdo de custodia que se tenga.

Ahora bien, en las familias “contemporáneas” las funciones de los integrantes de la familia, no son ni tan rígidas ni tan definidas. Muchas veces porque no se tienen los mismos integrantes en la familia y otras porque se han adaptado a los tiempos actuales.

Estas familias “contemporáneas” tienen que ir ajustando los roles de cada integrante y son mucho más abiertas a modificar o combinar las funciones básicas y específicas de cada uno. En estas familias si están los dos padres presentes, ambos trabajan y contribuyen al ingreso familiar y de la misma manera ambos son responsables de la coordinación de las relaciones intrafamiliares y se le explica o involucra a los hijos en tomas de decisión, obviamente esto último en la medida del desarrollo de cada hijo. También forman parte de las familias contemporáneas, aquellas que resultan después de la disolución de la pareja y dejan a la familia con padre y madre separados e hijos conviviendo por separado con cada uno de ellos.

Ya he comentado en escritos anteriores que mi familia es una familia “contemporánea” y por lo tanto, hemos tenido que responder interrogantes de los demás, en torno a cosas que tradicionalmente serían resultas en el seno familiar y algo curioso es que muchas de estas preguntas son hechas por integrantes de familias contemporáneas pero con características diferentes a la nuestra.

Por ejemplo, hijos de padres divorciados les preguntaban a mis hijos porque en su caso ellos se había quedado conmigo y no con su mamá y mis hijos han tenido que responder estas preguntas. Afortunadamente, como el proceso de separación de sus padres, nosotros los mantuvimos informados e involucrados, para ellos no fue tan difícil, pero en otros casos, estas preguntas generan muchas dudas en los hijos.

Pero lo cierto es que las familias “contenporaneas” sufren el análisis y escrutinio de la sociedad en general, sin entender que justamente muchas de las actitudes “machistas” y que ahora son un foco de atención importante en el acontecer no solo nacional sino mundial, se generan desde el seno de una familia tradicional.

Pero con esto, no quiero decir que todas las familias tradicionales sean malas, como ya lo he dicho muchas veces, al ser integradas por individuos, cada familia es diferente y salvo las normas o leyes, no podemos generar reglas que apliquen a todas las familias.

Pero lo que sí quiero resaltar es que las familias en las que los roles no son tan definidos, sin importar como esté integrada, es una familia “contemporánea” y son estas familias las que podrán sentar las bases para que nuestros hijos aprendan, practiquen y fomenten la equidad de género.

Pero equidad de género, para mí, no es lo mismo que igualdad de género. Equidad es entender y respetar las diferencias entre sexos sin menoscabo de ninguno, mientras que igualdad sería supones que hombres y mujeres son iguales y esto dista mucho de ser cierto.

Retomemos el título del escrito, ¿Cómo evolucionamos de ser una familia tradicional a ser una familia contemporánea? La respuesta es, en teoría, muy sencilla, cuando ambos padres (papá y mamá) están presentes, deben compartir las funciones que realizan, es decir, la participación en las actividades de los hijos y esto permitirá que de acuerdo al interés de la familia, que ambos padre puedan o no participar en el soporte económico.

Con este rol compartido de los padres, se logran dos cosas principalmente, lo primero que lo hijos vean y vivan la equidad de género desde su infancia, con lo cual, será natural para ellos el entenderlo y practicarlo en su vida adulta de manera y natural y segundo, que tanto el papá como la mamá sean capaces de desarrollar vínculos individuales con cada uno de sus hijos. Esto último es fundamental, sobre todo cuando la pareja se disuelve.

De esta manera, sin importar el acuerdo de custodia que se realice, los hijos y los padres, podrán disfrutar del tiempo que pasen juntos y no solo hacerlo por el acuerdo legal o alguna necesidad particular.

Cuando se logra lo mencionado en el punto anterior, al momento de la separación de los padres no se destruye la familia, más bien se agranda, porque con el trascurso del tiempo, la madre y el padre, es probable que tengan una nueva pareja y la familia será capaz de convivir con estos nuevos integrantes, sin que esto afecte los vínculos individuales de cada padre con cada hijo.

Hoy en día, los hijos demandan más atención de ambos padres, ya no es suficiente que uno de los padres este pendiente, se requiere de los dos y si están separados los padres, con más razón es necesaria esta participación, porque los hijos tendrán que ser capaces, si no responder a todas las preguntas que les hagan sobre su familia, si tener la confianza y autoestima suficiente para hacer frente a estos cuestionamientos.

En el artículo de esta semana, platicaré sobre las familias y como cada vez es más común encontrar lo que yo he llamado Familia Contemporánea. Espero que lo disfruten y recuerden, todos sus comentarios son bien recibidos y serán respondidos sin falta.

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Análisis y Opinión

Evita el estrés laboral y disfruta el camino

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Trata de recordar la situación laboral más difícil por la que hayas atravesado: quizá una falla que te haya costado el trabajo o al menos un regaño fuerte; un proyecto súper complicado que no tuvo buenos resultados o que se canceló; un cliente perdido por causas en las que estuviste involucrado; o tu peor etapa de estrés laboral, frustraciones, presiones y largas jornadas de trabajo con fines de semana y noches sin dormir.  Ahora piensa: ¿qué fue lo peor que te pasó?

Recuerda a tus compañeros que vivieron esa situación contigo, incluso recuerda al que en ese momento fue el villano de la película, y valora si lo que vino después para ti en la parte profesional ha sido mejor o no y, sobre todo, recuerda cómo esa experiencia te sirvió y te hizo crecer como profesional y como persona.

La mayoría de las situaciones que nos provocan estrés durante nuestra vida profesional no tienen otra consecuencia peor que perder el trabajo. Algo que pasa con alguna frecuencia y que nos sucede a todos alguna vez, es una situación temporal y que generalmente siempre trae algo mejor, por lo que finalmente, resulta más conveniente haber terminado con esa relación.

A lo largo de nuestra vida laboral podemos llegar a magnificar las situaciones complicadas en las que nos sentimos vulnerables, en las que podemos fallar y equivocarnos. Nos llenamos de estrés y dejamos que nos impacte: no solo a nosotros sino también a nuestros seres queridos. La salud se pierde, nuestras relaciones se pueden afectar e incluso romper, familias se desbaratan. ¿Y todo para qué?, ¿para ganar un reconocimiento o un bono o evitar perder un empleo?, ¿para que nadie se dé cuenta que podemos fallar?

Te tengo una noticia: No hay nada que pueda evitar que nos equivoquemos y fallemos a lo largo de nuestra vida profesional, por la simple razón de que somos seres humanos y nadie es perfecto. Y, ¿qué crees? Tus jefes lo saben: saben que vas a fallar y que te vas a equivocar y tienen medido ese riesgo.

Por el otro lado, piensa en todo lo positivo que esas experiencias te dieron.  Seguramente tiempo después cuando te juntas con tus amigos y ex compañeros con los que recuerdas esas situaciones, hasta se ríen con algunos de esos momentos que en su tiempo les causaron estrés. Se dan cuenta que cada situación ahora forma parte de sus vidas profesionales y que si no fuera por ellas, no estarían hoy donde están, no habrían aprendido lo que aprendieron y tampoco tendrían la visión y madurez profesional y personal que tienen hoy.

De la misma manera en que recuerdas esas experiencias con humor y nostalgia y te das cuenta que quizá no ameritaba sufrir lo que en su momento sufriste, te invito a que de esa misma manera trates de ver tu presente y visualices tu futuro. Tienes una disyuntiva central: O sufrir tu vida profesional, con la esperanza de que todo valdrá la pena una vez que hayas llegado a un alto puesto y/o a ganar mucho dinero, o puedes decidir disfrutar cada etapa del camino y ser feliz.

Pude darme cuenta de que mi realización ha estado en cada momento de duda ante una situación difícil, en cada anécdota, en cada regaño de los jefes o clientes que he tenido, en cada desvelada con mis compañeros de trabajo, en cada estrés tratando de llevar un proyecto a buen puerto o cada vez que trato de reunir el dinero necesario para pagar la nómina.

Recuerdo cada cliente con todos sus defectos y virtudes, porque de todos he aprendido. He aprendido a disfrutar el camino.

Personalmente he tenido muchos fracasos laborales, pero cada uno ha sido necesario para escribir mi historia. También sé que vendrán muchos más si Dios me presta vida. No sé en realidad cuál será mi final en este mundo de las organizaciones y, la verdad, no me importa porque disfruto el viaje a cada segundo, con cada acierto y falla, con cada éxito y fracaso, así que no me estreso de más.

Repito: nadie espera que seas perfecto, que no te equivoques y que no falles. La manera en que reaccionen los demás dependerá de los demás; la manera en que tú reacciones depende exclusivamente de ti.  Disfruta el camino, “enjoy the ride. Total, ¿qué es lo peor que puede pasar?

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