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Opinión

Solipsismo y relativismo, los intransigentes se imponen

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Ciudad de México.— Quitémonos las vendas y las fobias: los hechos de violencia sin sentido que brotan aquí y allá en las sociedades postmodernas piensan poco en derechas o izquierdas, carecen de propósito tanto como de principios aglutinantes, no tienen ideología ni esperan tenerla, no están a favor de la patria, la vida o la realidad ni en contra de ellas; son, existen como consecuencia de una imbricada y complejísima dinámica social, a veces tan incomprensible que valen las palabras del magno Alejandro ante el nudo gordiano: “Da lo mismo cortar, que desatar”.

Y si esos fenómenos ya son preocupantes, lo es aún más la acre actitud de la opinión regurgitada aquí y allá. Una actitud que vemos igual ante las protestas sociales de Santiago de Chile, Quito, Barcelona, Bogotá, Puerto Príncipe, Bagdad o Hong Kong… que ante otros fenómenos como los disturbios neofeministas supremacistas, la limpieza social ultraconservadora, el purismo dogmático religioso o la ideologización a ultranza.

Por supuesto, unas u otras movilizaciones pueden estar motivadas por valores que defienden el bien común o quizá sólo sean actos inconscientes instrumentalizados por el poder o por intereses económicos. Como sea, en ambos casos es imprescindible desnudar esas fibras a través de un periodismo profesional, comprometido, reflexivo y exhaustivo; sin embargo, hay un ruido que distrae nuestra lectura y nuestra mirada. Se trata de un raudal inmenso de opiniones insustanciales, precipitadas, prejuiciosas, ignorantes; veloces para calumniar, pero lentas para la autocrítica; fantasiosas, indolentes, fatuas, autorreferenciales; fáciles de emitir, imposibles para dialogar.

Hoy, prácticamente todo quien posee un acceso a alguna red social puede emitir su opinión y, aunque esa mera oportunidad parece positiva, las investigaciones serias revelan que la difusión, promoción y visibilización de dichas opiniones en el entretejido de sus plataformas no es neutral.

Los intereses de las megaplataformas de contenidos compartidos han sido expuestos una y otra vez por casos de censura de contenidos, bloqueo y discriminación de usuarios o comunidades, pulverización de alcance noticioso a medios o historias reales mientras se publicitan extensamente noticias falsas, censura ideologizada, control de tendencias, neuromarketing con tácticas de intimidación, terror psicológico u ostentosa distracción.

Y, como si este contexto no fuera suficiente para sembrar la desconfianza, los mínimos para la sana convivencia social se alejan todavía más gracias a la entronización de los intransigentes como creadores de agenda pública. Su pernicioso relativismo y sus lecturas solipsistas arrancan la razón, la realidad y el diálogo de todos los escenarios de debate; predican pontifical e indistintamente desde una vanidad endiosada; inoculan su propia enfermedad de prejuicios y necedades en todos aquellos necesitados de referencias, pero que están demasiado ocupados como para esforzarse en cuestionar lo ‘popular’ o la ‘tendencia’.

Las lecturas solipsistas de la realidad y el relativismo son, por separado, auténticas pesadillas para la razón y la verdad; pero combinadas pueden ser fermento donde se alimentan la dominación autoritaria, el descarte de los invisibles, la indiferencia ante las pobrezas, la burocratización de la vida y la indomable violencia.

“Se va constituyendo una dictadura del relativismo que no reconoce nada como definitivo y que deja sólo como medida última al propio yo y sus apetencias”, criticaba en 2005 Joseph Ratzinger la actitud que aplauden “los tiempos actuales”. Y los efectos de dicha dictadura saltan a la vista: sin conciencia clara de valores universales como la dignidad de la vida humana, la verdad, la libertad, la bondad, la justicia, la igualdad, el amor, la responsabilidad, la honradez, la solidaridad, la amistad, el honor o la paz, el “solamente yo valgo” justifica prácticamente todas las acciones contra los semejantes.

Intransigentes siempre ha habido y habrá, mantenerlos al margen sólo es posible mediante más oportunidades de diálogo razonado y generoso. Pero el diálogo exige un mínimo de coincidencia entre los dialogantes: conciencia de otredad, de respeto, de honestidad y de verdad. Valores superiores que el relativismo y el solipsismo ensucian y desechan.

Ante tanta polarización y agresividad ideática en el debate público, nos hace falta comprender que el pluralismo sólo es posible bajo fundamentos verdaderos y sólidos como la ética, el compromiso, la moral y el respeto; requerimos redescubrir el sentido de la verdad, la realidad de los fundamentos de convivencia social, de dignidad y trascendencia humana.

Afrontemos la realidad: la violencia es una consecuencia de la intransigencia en un contexto donde “todo vale mientras yo así lo crea”; aunque, claro, podríamos debatirlo.

@monroyfelipe

ebv

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Opinión

Cine: Huachicolero, autenticidad narrativa

Felipe Monroy

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huachicolero, cine, fortuna,

Ciudad de México.— ¿Dónde están los predilectos de la fortuna? ¿Dónde están sus palacios, los lujos y excesos a los que nos tienen acostumbrados como natural consecuencia las narrativas del crimen organizado? Huachicolero (México, 2019) no opta por el camino fácil: nos presenta el fenómeno del robo de gasolina sin la romantización del dinero ni del poder; su ruta, por más de una razón, es la autenticidad, la entrañable y dolorosa autenticidad.

Huachicolero es el primer largometraje del joven cineasta guanajuatense Edgar Nito quien ha decidido ofrecer una mirada sobre la realidad del sistemático robo de gasolina en los abandonados poblados mexicanos y cuyos efectos son mucho más complejos que el dinero fácil. La historia se desarrolla en el estado de Guanajuato, en precarios poblados asentados sobre las líneas subterráneas de gasolina que pasan por páramos desérticos cuyo horizonte dominan en la lejanía las antorchas de una activa refinería.

En la espesura de la noche y tras el tedio impasible de un soborno repetido mil veces, un primer crimen al pie de una toma clandestina de gasolina impone el tono y la oportunidad para comprender la realidad en la que vive el protagonista Lalo (un debutante Eduardo Bando) y el resto de los pobladores: el negocio de la gasolina robada es parte de la cultura, casi invisible pero cuya sombra se alza en las alegrías y esperanzas de todos los personajes.

Nito nuevamente hace mancuerna con Alfredo Mendoza (Masacre en San José -corto del 2015-) para escribir un guión original inspirado por trazos de acontecimientos reales. Se trata de la historia de Lalo, un adolescente de secundaria con las pequeñas pero heroicas aspiraciones de un muchacho amoroso, gentil, trabajador y obediente de su madre (Myriam Bravo). Lalo nos introduce, con su mirada sencilla y auténtica, a muchos de los perfiles y dinámicas sociales que son capturados por la cultura del huachicol: su trabajo -inocente y legítimo- convive con el negocio del robo de combustible; y sus deseos juveniles compiten con quienes usufructúan sus bienes; es decir: todas sus rutas son la misma ruta.

Nito aprovecha la experiencia actoral de Fernando Becerril (don Gil), Leonardo Alonso (agente Loaeza), Pedro Joaquín (Rulo), Regina Reynoso (Ana) y la propia Bravo para acompañar al novel Eduardo Bando en su idílica travesía y dejarse también acompañar él mismo por los espacios que le son propios y que rezuman autenticidad en este drama social.

Aunque el robo de combustible y las subsecuentes estrategias de los gobiernos mexicanos para intentar erradicarlo han dominado los titulares periodísticos en este 2019, Huachicolero nació como idea mucho tiempo antes de que siquiera fuera una preocupación popular y en el filme se refleja: la historia no fue forzada a posibilidades melodramáticas ni a exageraciones narrativas. En ella sólo vemos el crudo y auténtico escenario sobre el cual los personajes hacen su vida tan cotidiana como maravillosa.

Nito nos ofrece su ópera prima que suponemos trabajosa pero auténtica; una historia a veces terrible y dolorosa, y en otras grácil y risueña, pero incontestable, genuina. Ahí reside la fortaleza de esta propuesta y por ello el filme ha sido extensamente reconocido en los festivales internacionales donde ha sido presentado (Mejor Narrativa a filme internacional en el Festival de Tribeca y el Premio del Público en el Oldenburg Film Festival). No sólo por la pulcritud y creatividad técnica con la que se han aprovechado los pocos recursos que tuvieron el cineasta y el crew sino por la genuina naturalidad de la historia, la honesta mirada sobre aquello que nos enseñan tanto la sentencia del poeta López Velarde en el siglo XIX (“El Niño Dios te escrituró un establo y los veneros del petróleo el diablo”) y las silenciosas tragedias representadas todas en la explosión de ductos de gasolina en Tlahuelilpan a inicios de este año con la consecuente muerte de 173 personas que se dedicaban al huachicoleo.

@monroyfelipe

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Opinión

Cuando el puesto te queda grande

Domingo Días

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Alfonso Durazo, Secretaría Seguridad, Pemex, Octavio Romero Oropeza, Omar Hamid García Harfuch,
Alfonso Durazo

Ciudad de México.- A finales de octubre cuando le tocó comparecer ante la Cámara de Diputados, Octavio Romero Oropeza, Director General de PEMEX, no le quedó mas que ser sincero y declarar: “No manejo bien el tema financiero, espero no haberlos enredado más”.

Nos gustaría saber cuáles temas maneja bien y cómo se relacionan estos con la dirección de la empresa más importante de todos los mexicanos.

Según su currículo es tabasqueño, ya empiezan a verse sus cualidades, se graduó de ingeniero agrónomo, trabajó en puestos de coordinación en el PRD, ha sido diputado por representación proporcional, oficial mayor del Distrito Federal y flamante “secretario de la Honestidad y Austeridad Republicana” en el sexenio de la presidencia legitima de mi viejito lindo y de ahí a la grande: “Director de Pemex”.

Como podemos ver su amplia experiencia en el sector petrolero y financiero, lo hacen la persona más adecuada para el puesto, al fin y al cabo, si comete un error sólo perdemos dinero, y eso no le preocupa a mi viejito lindo ya que él está ocupado en cosas más importantes como salvar la vida de los culichis.

Otro servidor público, el últimamente multicitado Doctor Alfonso Durazo Montaño, quien a través de su preparación como ingeniero civil, abogado, maestro en administración pública y doctor en políticas publicas y su amplia actividad profesional como secretario particular de Luis Donaldo Colosio (PRI), de Vicente Fox (PAN), este último quien lo promoviera a coordinador de comunicación social y por fin se convirtió en “PRIMOR” y cuando la revolución y el chapulineo le hicieron justicia fue diputado federal.

Y ahora es el más capacitado de los servidores públicos que tenemos en el gabinete de mi viejito lindo, es ni más ni menos el encargado de la Secretaría de Seguridad Publica, el encargado de resolver el principal problema de los mexicanos: la inseguridad.

Nada que ver este perfectamente capacitado secretario con el “inepto” que nombró la jefa de Gobierno de la CDMX, Claudia Sheinbaum, un improvisado cualquiera, un tal Omar Hamid García Harfuch, nada más es licenciado en derecho y seguridad pública, ha tomado cursos en la Administración de Control de Drogas (DEA), la Academia Nacional del FBI y Harvard entre algunos más, entra a la policía federal en el 2008 des jefe de departamento y fue creciendo ahí hasta hacerse cargo de la Jefatura de la División de Investigación, tiene condecoraciones por parte de la Policía Federal. Puso en marca a la División de Gendarmería y ha sido titular de la Agencia de Investigación Criminal de la entonces PGR.

Como ven no tiene nada que hacer Omar ante Alfonso, por eso el operativo de Culiacán como todos sabemos fue un éxito, con algunas pequeñas fallas que ya ha venido explicando con gran claridad y transparencia el secretario.

Se logró platicar aunque sólo por un rato con Ovidio Guzmán, sólo hubo 8 muertos según la federación, pero la fiscalía local dice que fueron 13. Por desgracia estos detalles y el terror que vivió el pueblo sinaloense fue debido a que nuestro estratega en seguridad se encontraba incomunicado en un avión comercial rumbo a Oaxaca, quien no sabía del operativo, aunque todas las mañanas degusta café recién hecho con sus respectivas conchas con natas, en compañía de quienes designó encargados de la seguridad nacional.

Pero no hay que temer en cuanto aterrizó el avión se puso a salvar vidas y ya no paso a mayores, vamos bien y el pueblo sigue feliz, feliz, feliz.

Cabe mencionar que, de acuerdo con lo explicado en el show mañanero, este exitoso que consistía en establecer varios puntos de control, fue avanzando poco a poco y aunque no lograron tomar esos puntos, según explicaron sólo uno se logró tomar, aun así nuestro gran estratega Alfonso dio pa’lante, como dicen en su tierra.

Y con una gran visión humanista y seguros que las mamás de los maleantes ya los tenían amenazados, armados con abrazos y gritos imponentes de “FUCHI, WUACALA” continuaron.

Y al día siguiente para que los malos tiemblen y se pongan de rodillas, nada mas y nada menos les informaron quién es el cerebro que los investiga, aunque después reconocieron que ponían en riesgo a esta persona y su familia por lo que se desmintieron, y como la 4T es honesta y transparente inmediatamente los malhechores agradecieron esta corrección y ya no van tras el cerebro investigador.

En cambio, en el operativo del “improvisado” Omar en contra de La Unión Tepito fue un fracaso total, para empezar el informe que realizan mediante rueda de prensa es totalmente confuso y contradictorio, nadie sabe quién lo organizó, todas las corporaciones actuaron por separado, les faltaron las órdenes de cateo y no fue posible coordinar el ataque simultáneo a varios lugares.

Cómo coordinar a 147 efectivos de las Fuerzas Armadas de México que cuidarían el perímetro, la secretaria de seguridad de la CDMX con 600 policías y 90 agentes de la Policía de Investigación, ante lo improvisación de Oscar estos 837 efectivos se hicieron bolas y no sabían qué hacer.

Por lo anterior todo un fracaso y sin un solo disparo, respetando los derechos humanos y sin violencia, sólo pudieron detener a 31 personas, localizar 2 laboratorios de drogas sintéticas, decomisar 50 kilos de precursor químico, dos y media toneladas de mota, 20 kilos de cocaína y 20 de metanfetamina, además de 13 armas cortas, 7 largas, y tan sólo unos miles de cartuchos y algunas granadas y demás chunches como lanzagranadas.

No es posible este fracaso, mientras Alfonso logró platicar con Ovidio Guzmán algunas horas, estos ineptos no cruzaron ni media palabra con “El Lunares”, no se vale.

Ya sé que dirán que después las eficientes autoridades de la CDMX liberaron a casi todos y perdieron lo incautado, pero esto gracias a Dios ya no es culpa del incompetente de Oscar.

Por cierto, hay que agradecer al Doctor Durazo que en su comparecencia en la Cámara de Senadores ya les advirtió a los criminales que se porten bien, que sólo va a ir contra de ellos si un país extranjero los denuncia, si no, no hay problema.

De seguro esto lo aprendió cuando a raíz de algo muy similar se generó en Colombia con los “Extraditables” una época de gran violencia en ese país.

Como podemos ver, son muy claras las diferencias que existen entre designar a un funcionario adecuado al puesto que va a ocupar y uno que no tiene ni la más remota idea de que hacer.

Y como dirían en la radio de mi época: “Y usted por cuál vota?

“Estamos a 362 días para que esto cambie por completo”: Mi Viejito Lindo.

Domingo Días
domingo.dias@yahoo.com.mx
@domingodias7

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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