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Opinión

Spots presidenciales

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Hay que ser honestos, nunca nos han gustado los spots de gobierno. Las razones pueden ser muchas, pero tienen un sustrato común: intuimos el maquillaje, desconfiamos de la sonrisa o tranquilidad con la que explican los desafíos, pero principalmente porque los logros nos saben a mentiras.

No importa cuánta creatividad le impriman los estrategas de comunicación, los comerciales de gobierno están destinados al escarnio. Está en su naturaleza. ¿Por qué no iba a suceder con los spots de López Obrador en su primer informe de gobierno?

Y, sin embargo, siempre es útil analizar cómo están construidos esos mensajes, qué lenguaje utilizan, desde qué posición se intenta convencer al respetable y, principalmente, qué estilo narrativo o cinematográfico optan los presidentes para los spots con los que inundarán la televisión, radio, cine y, por supuesto, redes sociales.

Es memorable el spot del último año de gobierno de Felipe Calderón: una indiscreta pero silenciosa cámara sigue al presidente por los oscuros rincones del Palacio Nacional. Con el dramatismo de la cámara lenta, el presidente camina, reflexiona, suspira y escribe en una libreta negra mientras escuchamos lo que parecen sus pensamientos íntimos. El mensaje es simple: Los mexicanos clamaban seguridad, el presidente tomó decisiones difíciles y actuó para poner cimientos de paz futura al país.

El subtexto es evidente: el sexenio está por concluir; aunque hay candiles el tono del video es oscuro con apenas una luz natural ocre; ya se ha apagado la luz en el despacho. El mensaje de seguridad apunta al futuro porque al final del 2012 la opinión pública llevaba tres años al hilo rompiendo récord en materia de violencia y crimen. Pero hay un elemento sutil: vemos un presidente en la penumbra y solitario; en torno a él, sólo silencio. El militar que le custodia jamás sale de la sombra.

Los estrategas de Peña Nieto optaron por algo más de claridad en los videos. El presidente también sale en solitario, pero coquetea con la cámara y la imagen tiene un efecto ‘bokeh suave’ que lo hace destacar mientras el fondo del despacho presidencial se ve en un elegante desenfoque. En la primera serie de spots, Peña Nieto introduce algunos símbolos presentes en Palacio Nacional: la banda tricolor, el escudo dorado, el kilómetro cero y la frase ‘La patria es primero’; luego los logros y los objetivos resumidos en las reformas estructurales y en el eslogan ‘Mover a México’.

Seis años más tarde, Peña se muestra ligeramente vulnerable: sentado, con el pecho un poco hundido y ladeando la cabeza en signo autodeprecativo reconoce que quedaron temas pendientes por atender. Por momentos parece no ajustarse al discurso calculado y parece improvisar. Esto tiene un sentido, el espectador debe sentir que está sentado frente a él, que le ha preguntado algo y él le responde con naturalidad. Satisfecho, modesto y sereno afirma que entrega un México mejor.

Los spots del primer informe de la Cuarta Transformación llevaron al presidente a un espacio abierto; aún está en Palacio Nacional, pero no está encerrado en los despachos o pasillos como sus predecesores. También aparece en solitario, plano medio, hay cuidado en la vestimenta y el cabello del presidente, pero están lejos de la exquisitez tradicional de la investidura. López Obrador se da el lujo de expresiones corporales jocosas, pero hay dos consistencias en el estilo: señala hacia al frente al inicio y al final agita su puño con el pulgar hacia arriba mientras repite: “Los compromisos se cumplen”.

No hay mucho cambio en el estilo. Lo que sí ha tomado un giro radical es el mensaje. Hay un eslogan construido por muchas palabras y que da cabida a mucha crítica: “No es por presumir, pero soy un hombre de palabra”. Luego vienen sendas enumeraciones de los éxitos alcanzados en el primer año de gobierno; algunos de ellos tan evidentemente adulterados (como su afirmación del avión presidencial) que le han rebotado inmediatamente.

Más allá de la verificación de lo expresado, lo interesante es la elección de las frases y la construcción de ideas en los spots de López Obrador. La palabra más repetida en sus dos anuncios es ‘no’. En treinta segundos, el presidente dice ‘no’ en seis ocasiones, y cinco veces en el siguiente. La mayoría de esas negaciones están expresadas con la construcción: “Ya no hay…”. ¿Por qué elegir la expresión ‘ya no hay’ como columna vertebral de un anuncio?

Sin duda, el electorado optó por López Obrador para deshacerse y removerse de muchas dinámicas de poder, corrupción e impunidad evidentes en los sexenios precedentes; pero ¿decirles simplemente que ya no están será suficiente para mantener la confianza, esperanza y expectativa de la ciudadanía en el resto del sexenio?

Un último apunte. La mayoría de los mercadólogos contemporáneos coinciden en que el lenguaje positivo es inmensamente más atractivo que el lenguaje negativo. Además de despertar emociones positivas en las audiencias hacen simple la absorción de información y congeniar con lo dicho. Si hay algo que le vendría bien a esta administración es sumar confianza y lograr explicar con claridad los objetivos de la Cuarta Transformación. Sería bueno que tuvieran esto en mente con sus mensajes y sus spots.

@monroyfelipe

ebv



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Laboratorio de Ideas

¿Parar y retraerse, o reinventarse?

Gerardo Medina Romero

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¿Hasta dónde debemos frenar los proyectos y estrategias internas en las organizaciones ante esta crisis? Esta pregunta me la han hecho muchas personas y mi respuesta ha sido que no hay mejor momento de transformar a las empresas que este.

En estos días he visto a algunas empresas bajar el ritmo de sus proyectos de transformación y de los planes que venían implementando por miedo, otras por el contrario, están aprovechando esta situación para reforzar esos planes e incluso iniciar con proyectos que tenían en pausa.

 ¿Quién está en lo correcto?

En las últimas semanas, la mayoría de las personas hemos experimentado un cambio importante en nuestra rutina laboral, sin duda una situación sin precedentes en nuestras vidas profesionales para muchos. Algunos han tenido que dejar de trabajar e irse a casa con la tranquilidad de mantener sus ingresos, otros han tenido que dejar de trabajar e irse a casa sin ingresos y otros han tenido que irse a casa y seguir trabajando desde ahí. Cualquiera que sea la modalidad, este cambio ha generado un espacio de reflexión para analizar y cuestionar muchos aspectos de la vida hasta antes de la crisis, y sin duda la escala de valores de mucha gente se ha modificado. Muchos están iniciando transformaciones internas como seres humanos, la convivencia con sus seres queridos de pronto les ha abierto los ojos a cosas tan sencillas pero tan maravillosas que por alguna razón habían dejado de observar y disfrutar. En pocas palabras, la gente está mucho más sensible y dispuesta a implementar cambios importantes en sus vidas y por ende en su trabajo.

Bueno, pues de la misma manera, estos tiempos deben permitir a las empresas reflexionar y reinventarse para transformar finalmente aquellas cosas que venían acarreando, quitar vicios de años, romper viejos paradigmas, modificar las prácticas nocivas y refrescar los modelos de trabajo en todos los sentidos. Los colaboradores están ahora más sensibles que nunca y abiertos a la transformación y a adoptar nuevas maneras de trabajo y de interactuar unos con otros. No hay mejor momento para impulsar proyectos de transformación internos que ahora.

Yo sé que el reto inmediato en todas las organizaciones es el impacto económico que tendrá para la organización está crisis, y seamos honestos, mucha gente tendrá que salir de la empresa, lamentablemente así será. Pero justo por eso, las empresas tendrán que aprender a hacer más con menos, deberán mantener los niveles de productividad e incluso mejorarlos, utilizando formas más eficientes y creativas de hacer el trabajo. Sí, muchos tendrán que salir, pero los que se queden deberán cerrar filas con sus patrones y hacer lo necesario para recuperar lo antes posible a esos compañeros que hoy se van. Dependerá de esa unión entre patrones y empleados, que pronto los tengan de regreso.

En este mismo espacio hace tan solo dos semanas, mencionaba lo que para mí era lo más importante para poder salir de lo que parece será una de las peores crisis que vayamos a tener en este país. Hablaba de la metáfora de la cubeta de cangrejos mexicanos y de cómo me gustaría que ante esta crisis la desmintiéramos de una vez por todas, haciendo equipo en todos los frentes. Lamentablemente también escribía que el primero que pensaba se bajaría del barco iba a ser el Gobierno y lamentablemente así nos quedó claro el Domingo pasado.

“El Gobierno nos ha dejado solos”, decía la carta de un empresario a sus empleados, ahora solo nos queda ver si los dueños y empleados pueden hacer equipo o cada quién verá por sus intereses para que al final del camino, todos perdamos.  Está clara la estrategia del Gobierno de aprovechar esta crisis para consolidar su proyecto socialista, dejar que la iniciativa privada sucumba lo más posible para que el pueblo no tenga otra opción que depender de papá gobierno, quién terminará de tomar el control, ahora no solo a través de la ignorancia del pueblo, sino ahora a través del hambre.

Sigo confiando que la metáfora de los cangrejos ya no aplica a los Mexicanos, estoy seguro de que las empresas y sus empleados harán equipo para buscar formas creativas de activar la economía. Pero lo primero que debemos hacer es cambiar, buscar eficiencias, reinventar la manera de hacer el trabajo y buscar obtener mejores resultados con menos. Hoy más que nunca debes arrancar los proyectos de innovación, de reingeniería, de optimización y sobre todo de transformación cultural.

Si crees que la manera de enfrentar la crisis económica es frenar los proyectos, frenar las iniciativas, dejar de gastar en los apoyos externos que venias utilizando y pensar que todo pasará pronto sin cambiar nada, lo más probable es que no haya un mañana para tu empresa. Por el contrario, si impulsas los proyectos de transformación y continuas con ellos para reinventar la manera en que trabajas, entonces serás de los que podrán contar en el futuro, cómo esta crisis nos fortaleció como empresas y como país.

Sugerencias y comentarios en Twitter: @gemedinaro

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Análisis y Opinión

Economía de crisis: Integridad, ética y sacrificio

Felipe Monroy

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Partamos de dos terribles certezas. Primero, la emergencia sanitaria global ya ha generado un panorama sumamente complejo para la economía de todas las naciones; segundo, este tipo de crisis suele evidenciar dos actitudes comprensibles ante el escenario económico: la desesperada angustia por volver a la situación precedente o la inquieta creatividad por imaginar nuevos modelos de producción y de mercados.

En los primeros momentos de una crisis económica es natural que predominen las voces que demandan resguardar el statu quo, que soliciten una defensa de sus bienes, sus derechos, sus beneficios, las leyes y las relaciones que les habían funcionado hasta el momento; sin embargo, conforme las crisis se prolongan o agudizan, comienzan a tomar sentido aquellas voces que planean cambios profundos en los modelos económicos.

También es sencillo intuir quiénes se encuentran en uno u otro espectro de pensamiento: los más aventajados, cómodos y seguros harán lo imposible por permanecer aventajados, cómodos y seguros; quienes no, parecerán más abiertos a los cambios. Sin embargo, en una crisis hay algo más importante que el porvenir o la resolución del modelo económico: es atender las tensiones propias del escenario de crisis, las personas, sus empleos, sus bienes, sus relaciones, sus expectativas y necesidades.

Saber mirar esta realidad excruciante y obrar en consecuencia es mucho más importante que gastar todas nuestras fuerzas en tener la razón sobre lo que depara el futuro. Nuestro país y todo el orbe han entrado en una economía de crisis lo cual indica que los valores y principios tomarán más visibilidad en las dinámicas de producción, mercado y administración existentes. En las industrias, negocios y servicios donde antes de la crisis había integridad, ética y sacrificio económicos, estos refulgen como antorchas en medio de la noche; donde sólo había interés, usufructo y utilitarismo, también descollarán, pero por su obscenidad y escándalo.

Es decir, si hay ética y solidaridad en una dinámica económica (sea empresa, negocio o servicio) aquellas resplandecerán ante las adversidades; pero si no, será imposible maquillar con ganancias, dádivas o privilegios su rostro perverso; si -como dijera Camus- la integridad de un empleado o empleador no requirió de leyes, habrá certeza laboral; si había auténtico riesgo en el empresario y si había verdadero compromiso en el trabajador, no hay razón para que no lo sigan practicando con creatividad en una crisis o dialogarlo con madurez para reemprender esfuerzos con el mismo compromiso y denuedo cuando se vislumbre luz al final del túnel.

Y ojalá muchas de estas relaciones fueran autoimpuestas como producto de la razón, la moral, la justicia y el bien común; sin embargo, es un hecho que las sociedades han necesitado gobernanza, han requerido del brazo ejecutor del orden, de la ley y de la justicia. Allí es donde entran las autoridades, el gobierno en sus mejores y peores expresiones. Y es que también las crisis desvelan el rostro y las deformidades de los gobiernos. Gobernar -decía Kaultilya- es discernir las circunstancias y aprovechar las experiencias adquiridas.

Los gobiernos en las crisis, por tanto, tienen la facultad de mostrar con más severidad el peso de su yugo y también modular la tolerancia punitiva no sólo a quienes no se apegan a la ley sino principalmente con quienes subvierten a los principios y valores que soportan la legitimidad del gobierno. Pero bien decían los sabios de la antigüedad: “En el gobierno, siempre será mejor multar antes que mutilar; pues lo primero llena las arcas de recursos y lo segundo llena las calles de mendigos”.

Una crisis económica siempre se presenta como el fin de un modelo probado y la oportunidad de transformarlo. Transformar con rigor y realidad, pero también con valores y principios, de lo contrario el tiempo y la crisis nos dirán: “Un tiempo estuvo la copa de Alejandro en tu mano; la has perdido de tu mano, es tu daño. La joya del carbonero era tu resplandor; si no la has estimado ¿qué puedo hacer yo?”

*Director VCNoticias @monroyfelipe

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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