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Opinión

Violencia: el fantasma del Primer Informe

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El dilema radica en qué hacer con las cifras. Los informes del gobierno son voluminosos documentos en cuyas páginas se desglosa el balance del estado general de la administración pública; todo lo puesto allí pretende dar razón de las decisiones tomadas y estamos acostumbrados a privilegiar la acumulación de cifras.

Los datos presentados -y también los ausentes- apoyan o no las interpretaciones del gobernante en turno al presentar los resultados de su gestión.

Si bien los abundantes e incomprensibles datos junto a los malabares interpretativos son los ingredientes que emocionan a las administraciones de corte tecnócrata; las administraciones de carácter político suelen mirar con desconfianza a las cifras. Es más relevante el sentido que los números, el ‘por qué’ justifica las debilidades del ‘cuánto’.

En realidad, desde la perspectiva política, los datos nunca han sido tan relevantes como los argumentos. En un informe político es mucho más importante generar intertextualidad con grupos específicos, con colectivos ciudadanos, que propalar una miscelánea de estadísticas. Y no hay que esperar al primero de septiembre para caer en cuenta que las cifras no serán las protagonistas del Primer Informe del presidente López Obrador, sino la razón de las decisiones tomadas, las resistencias encontradas o los cambios emprendidos. Es decir: la ruta simbólica de la transformación.

En estos días, el presidente de la República ha dicho que trabaja en su primer informe de gobierno; sin embargo, es claro que escribe el discurso que cobija el verdadero informe. Las dependencias presentarán la acumulación de números; pero la línea central de interpretación y validación del ejercicio del gobierno la propondrá Andrés Manuel: ¿Qué relación existe entre este gobierno y las personas en situación de precariedad y pobreza? ¿Qué tipo de concordancias o disonancias ha tenido con empresarios, inversionistas y banqueros? ¿Qué correspondencias son purificadas entre la administración pública con maestros, trabajadores, sindicatos, ONG’s, etcétera? ¿Qué valores han intentado cambiar las dinámicas de corrupción institucionalizada?, etcétera.

López Obrador se ha dado la oportunidad de presentar dos especies de informes, el primero a los 100 días de gobierno y el segundo a un año de su triunfo electoral; y al mismo tiempo ha aprovechado cada jornada de trabajo para dar una especie de reporte cotidiano ante la prensa sobre el estado de las cosas en el gobierno de la Cuarta Transformación. Es decir, si hemos prestado atención, sería prácticamente imposible que el informe nos revele alguna sorpresa.

En sus relatorías, López Obrador se ha refugiado en la trascendencia del triunfo de su movimiento, en la voluntad colectiva a favor de la justicia social y la expresión mayoritaria contra la corrupción y los regímenes del pasado; ha intentado demostrar las resistencias de la cultura política a abandonar sus privilegios o la repulsa a un sistema económico que se niega a perder las garantías de enriquecimiento e influencia desmedidos. El presidente machaca en su opción preferencial por los más vulnerables, por la honestidad antes que por la pragmática eficacia y vaticina la lenta, pero a su decir, imparable disolución del estatus precedente.

Y, sin embargo, al discurso del presidente se le trasmina por el costado las negras manchas sobre la violencia. El dilema radica en qué hacer con las comunidades e historias detrás de las cifras del demencial nivel de criminalidad en México.

Por una parte, el informe sobre la incidencia delictiva del Secretariado Ejecutivo del Sistema Nacional de Seguridad Pública muestra una tendencia creciente en el número de presuntos delitos por mes (pasó de 149 mil 285 a 174 mil 452 en los primeros seis meses del sexenio) pero también en números absolutos, los crímenes podrían tener una cifra de vértigo: un millón 178 mil 600 presuntos delitos de enero a julio del 2019.

En el pasado, los malabares estadísticos permitieron informar con finura, timo y cinismo los pírricos resultados de las estrategias de seguridad; pero en esta ocasión no es asunto de prestidigitación con números sino con el sentido de la violencia. Pongamos a un lado los datos, olvidemos las cifras por un momento; pero al presidente le seguirá ensombreciendo su felicidad el porqué de la violencia en el país.

López Obrador tiene el reto de dar nuevos argumentos que intenten dar sentido al fenómeno de la violencia tan inexplicable, que dilucide la naturaleza y proponga la solución a crímenes tan diversos como los feminicidios, las ejecuciones sumarias, el narcotráfico, los secuestros, el asalto a transeúntes o la extorsión. En el fondo no importará si el presidente aduzca porcentajes o cifras sobre el trabajo del gobierno contra la violencia, las víctimas tendrán siempre otros datos. Pero a ellos, ¿qué les podrá decir?

@monroyfelipe

ebv



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Laboratorio de Ideas

¿Parar y retraerse, o reinventarse?

Gerardo Medina Romero

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¿Hasta dónde debemos frenar los proyectos y estrategias internas en las organizaciones ante esta crisis? Esta pregunta me la han hecho muchas personas y mi respuesta ha sido que no hay mejor momento de transformar a las empresas que este.

En estos días he visto a algunas empresas bajar el ritmo de sus proyectos de transformación y de los planes que venían implementando por miedo, otras por el contrario, están aprovechando esta situación para reforzar esos planes e incluso iniciar con proyectos que tenían en pausa.

 ¿Quién está en lo correcto?

En las últimas semanas, la mayoría de las personas hemos experimentado un cambio importante en nuestra rutina laboral, sin duda una situación sin precedentes en nuestras vidas profesionales para muchos. Algunos han tenido que dejar de trabajar e irse a casa con la tranquilidad de mantener sus ingresos, otros han tenido que dejar de trabajar e irse a casa sin ingresos y otros han tenido que irse a casa y seguir trabajando desde ahí. Cualquiera que sea la modalidad, este cambio ha generado un espacio de reflexión para analizar y cuestionar muchos aspectos de la vida hasta antes de la crisis, y sin duda la escala de valores de mucha gente se ha modificado. Muchos están iniciando transformaciones internas como seres humanos, la convivencia con sus seres queridos de pronto les ha abierto los ojos a cosas tan sencillas pero tan maravillosas que por alguna razón habían dejado de observar y disfrutar. En pocas palabras, la gente está mucho más sensible y dispuesta a implementar cambios importantes en sus vidas y por ende en su trabajo.

Bueno, pues de la misma manera, estos tiempos deben permitir a las empresas reflexionar y reinventarse para transformar finalmente aquellas cosas que venían acarreando, quitar vicios de años, romper viejos paradigmas, modificar las prácticas nocivas y refrescar los modelos de trabajo en todos los sentidos. Los colaboradores están ahora más sensibles que nunca y abiertos a la transformación y a adoptar nuevas maneras de trabajo y de interactuar unos con otros. No hay mejor momento para impulsar proyectos de transformación internos que ahora.

Yo sé que el reto inmediato en todas las organizaciones es el impacto económico que tendrá para la organización está crisis, y seamos honestos, mucha gente tendrá que salir de la empresa, lamentablemente así será. Pero justo por eso, las empresas tendrán que aprender a hacer más con menos, deberán mantener los niveles de productividad e incluso mejorarlos, utilizando formas más eficientes y creativas de hacer el trabajo. Sí, muchos tendrán que salir, pero los que se queden deberán cerrar filas con sus patrones y hacer lo necesario para recuperar lo antes posible a esos compañeros que hoy se van. Dependerá de esa unión entre patrones y empleados, que pronto los tengan de regreso.

En este mismo espacio hace tan solo dos semanas, mencionaba lo que para mí era lo más importante para poder salir de lo que parece será una de las peores crisis que vayamos a tener en este país. Hablaba de la metáfora de la cubeta de cangrejos mexicanos y de cómo me gustaría que ante esta crisis la desmintiéramos de una vez por todas, haciendo equipo en todos los frentes. Lamentablemente también escribía que el primero que pensaba se bajaría del barco iba a ser el Gobierno y lamentablemente así nos quedó claro el Domingo pasado.

“El Gobierno nos ha dejado solos”, decía la carta de un empresario a sus empleados, ahora solo nos queda ver si los dueños y empleados pueden hacer equipo o cada quién verá por sus intereses para que al final del camino, todos perdamos.  Está clara la estrategia del Gobierno de aprovechar esta crisis para consolidar su proyecto socialista, dejar que la iniciativa privada sucumba lo más posible para que el pueblo no tenga otra opción que depender de papá gobierno, quién terminará de tomar el control, ahora no solo a través de la ignorancia del pueblo, sino ahora a través del hambre.

Sigo confiando que la metáfora de los cangrejos ya no aplica a los Mexicanos, estoy seguro de que las empresas y sus empleados harán equipo para buscar formas creativas de activar la economía. Pero lo primero que debemos hacer es cambiar, buscar eficiencias, reinventar la manera de hacer el trabajo y buscar obtener mejores resultados con menos. Hoy más que nunca debes arrancar los proyectos de innovación, de reingeniería, de optimización y sobre todo de transformación cultural.

Si crees que la manera de enfrentar la crisis económica es frenar los proyectos, frenar las iniciativas, dejar de gastar en los apoyos externos que venias utilizando y pensar que todo pasará pronto sin cambiar nada, lo más probable es que no haya un mañana para tu empresa. Por el contrario, si impulsas los proyectos de transformación y continuas con ellos para reinventar la manera en que trabajas, entonces serás de los que podrán contar en el futuro, cómo esta crisis nos fortaleció como empresas y como país.

Sugerencias y comentarios en Twitter: @gemedinaro

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Análisis y Opinión

Economía de crisis: Integridad, ética y sacrificio

Felipe Monroy

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Partamos de dos terribles certezas. Primero, la emergencia sanitaria global ya ha generado un panorama sumamente complejo para la economía de todas las naciones; segundo, este tipo de crisis suele evidenciar dos actitudes comprensibles ante el escenario económico: la desesperada angustia por volver a la situación precedente o la inquieta creatividad por imaginar nuevos modelos de producción y de mercados.

En los primeros momentos de una crisis económica es natural que predominen las voces que demandan resguardar el statu quo, que soliciten una defensa de sus bienes, sus derechos, sus beneficios, las leyes y las relaciones que les habían funcionado hasta el momento; sin embargo, conforme las crisis se prolongan o agudizan, comienzan a tomar sentido aquellas voces que planean cambios profundos en los modelos económicos.

También es sencillo intuir quiénes se encuentran en uno u otro espectro de pensamiento: los más aventajados, cómodos y seguros harán lo imposible por permanecer aventajados, cómodos y seguros; quienes no, parecerán más abiertos a los cambios. Sin embargo, en una crisis hay algo más importante que el porvenir o la resolución del modelo económico: es atender las tensiones propias del escenario de crisis, las personas, sus empleos, sus bienes, sus relaciones, sus expectativas y necesidades.

Saber mirar esta realidad excruciante y obrar en consecuencia es mucho más importante que gastar todas nuestras fuerzas en tener la razón sobre lo que depara el futuro. Nuestro país y todo el orbe han entrado en una economía de crisis lo cual indica que los valores y principios tomarán más visibilidad en las dinámicas de producción, mercado y administración existentes. En las industrias, negocios y servicios donde antes de la crisis había integridad, ética y sacrificio económicos, estos refulgen como antorchas en medio de la noche; donde sólo había interés, usufructo y utilitarismo, también descollarán, pero por su obscenidad y escándalo.

Es decir, si hay ética y solidaridad en una dinámica económica (sea empresa, negocio o servicio) aquellas resplandecerán ante las adversidades; pero si no, será imposible maquillar con ganancias, dádivas o privilegios su rostro perverso; si -como dijera Camus- la integridad de un empleado o empleador no requirió de leyes, habrá certeza laboral; si había auténtico riesgo en el empresario y si había verdadero compromiso en el trabajador, no hay razón para que no lo sigan practicando con creatividad en una crisis o dialogarlo con madurez para reemprender esfuerzos con el mismo compromiso y denuedo cuando se vislumbre luz al final del túnel.

Y ojalá muchas de estas relaciones fueran autoimpuestas como producto de la razón, la moral, la justicia y el bien común; sin embargo, es un hecho que las sociedades han necesitado gobernanza, han requerido del brazo ejecutor del orden, de la ley y de la justicia. Allí es donde entran las autoridades, el gobierno en sus mejores y peores expresiones. Y es que también las crisis desvelan el rostro y las deformidades de los gobiernos. Gobernar -decía Kaultilya- es discernir las circunstancias y aprovechar las experiencias adquiridas.

Los gobiernos en las crisis, por tanto, tienen la facultad de mostrar con más severidad el peso de su yugo y también modular la tolerancia punitiva no sólo a quienes no se apegan a la ley sino principalmente con quienes subvierten a los principios y valores que soportan la legitimidad del gobierno. Pero bien decían los sabios de la antigüedad: “En el gobierno, siempre será mejor multar antes que mutilar; pues lo primero llena las arcas de recursos y lo segundo llena las calles de mendigos”.

Una crisis económica siempre se presenta como el fin de un modelo probado y la oportunidad de transformarlo. Transformar con rigor y realidad, pero también con valores y principios, de lo contrario el tiempo y la crisis nos dirán: “Un tiempo estuvo la copa de Alejandro en tu mano; la has perdido de tu mano, es tu daño. La joya del carbonero era tu resplandor; si no la has estimado ¿qué puedo hacer yo?”

*Director VCNoticias @monroyfelipe

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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