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Opinión

Y tú, ¿a quién le crees?

Felipe Monroy

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Definitivamente en esta Cuarta Transformación ya no sabe uno a quien creerle. Tiro por viaje, en la famosa ‘mañanera’ nuestro presidente desmiente a alguien y hasta tiene que desmentirse él mismo por dar información errónea.

Podemos citar, por ejemplo, lo que le sucedió al subsecretario de hacienda, Arturo Herrera, quien declaró que se retrasaría la construcción de la refinería de Dos Bocas para dar apoyos a PEMEX a The Financial Times. Declaración que duró menos que la batería de un celular cualquiera, ya que nuestro presidente dijo a los cuatro vientos: “No hay retraso. Estamos muy bien y se va a construir la refinería”.

A menos de un mes, durante el II Foro de legisladores en materia hacendaria, este mismo funcionario se atrevió a comentar que, dada la baja recaudación, se estaba analizando revivir el impuesto a la tenencia vehicular, replantear el cobro del predial y un nuevo modelo de cobro de impuestos al comercio electrónico.

Y resulta ser que, al día siguiente, Arturo Herrera es convocado a aparecer en la conferencia mañanera. Todos esperábamos el espaldarazo del presidente; sin embargo, lo puso en ridículo enfrente de los medios y declara: “No hay aumentos de impuestos, ni hay impuestos nuevos, los compromisos se cumplen. Digo esto porque ayer salió la noticia de que se iba a restablecer el impuesto de la tenencia. Eso no es cierto. Eso es lo que quisieran nuestros adversarios, que nosotros incumpliéramos nuestros compromisos. Se van a quedar con las ganas”.

Aquí podríamos, ante esta majestuosa declaración de garantía de cumplimiento de sus compromisos, empezar a enumerar la cantidad de compromisos no cumplidos. Mencionaremos dos que se harían de manera inmediata -así que por favor no me salgan con aquello de que apenas lleva poco más de cuatro meses– y que no ha cumplido: No ha sacado al ejército de las calles y no ha bajado la gasolina.

Ante tantas mentiras a las que nos tienen acostumbrados los políticos que dicen una cosa y hacen otra, incluidos todos PRI, PAN, PRD, PVE, MORENA y demás lastres que tenemos, la pregunta sería: ¿Tú a quién le crees? ¿Habrá tenencia de nuevo? ¿Cambiará el predial? ¿Tendremos impuestos nuevos al comercio electrónico?

A los pocos días, el secretario de comunicaciones, Jiménez Espriú, reconoció ante legisladores que no se han encontrado pruebas de alguna irregularidad en la construcción del NAIM. De hecho, a la fecha no hay denuncia alguna contra cualquiera de los supuestos funcionarios corruptos o alguna acción judicial en contra de los supuestos empresarios corruptos.

Y, para variar, al día siguiente nuestro presidente se fue directamente a la yugular del secretario. Desmintió en público a su colaborador argumentado que la corrupción fue creer en un documento que decía que no se podían operar los aeropuertos de Santa Lucía y el actual al mismo tiempo, además de la urbanización del actual aeropuerto al estilo Santa Fe. Ambos, argumentos muy endebles, ya que el dictamen está emitido por una organización reconocida a nivel mundial llamada MITRE y, de lo otro, tan simple como no venderle a los urbanizadores el terreno.

No me interesa reabrir un debate sobre la cancelación del aeropuerto, de la cual creemos es un error garrafal. Aquí la cuestión nuevamente es: ¿Tú a quién le crees? ¿Hubo o no hubo corrupción en el NAIM?

No recuerdo a algún presidente desmintiendo de forma tan directa a sus colaboradores; sin embargo, en esta Cuarta Transformación el presidente desmiente en público a sus funcionarios.

También le dan datos incorrectos para sus conferencias. Si no me creen, pregúntenle a la secretaria de energía sobre los precios de venta de la gasolina donde presentaron gasolineras cerradas hace más de un año. O las cifras de empleos creados que no cuadran con las que ofrece el IMSS. Todo un desastre que ya no permite creer en nada.

Pero no pasa nada, al fin y al cabo, mañana se desmiente y ya quedó. ¿O no? Recuerdan cuando negó haber prometido sacar al ejército de la calle en cadena nacional y al día siguiente las redes reventaron con diversos videos donde demostraban que sí lo había prometido.

Es preocupante ver esta descoordinación en el gobierno. En cualquier otro sexenio ya habrían rodado varias cabezas ante estos hechos, ya que: Al que se salía del huacal: ‘¡Cuello!’, como diría el famoso chino Zhenli Ye Gon.

Me pregunto: Esta descoordinación, ¿estará perfectamente organizada o es real? Cualquiera que sea la respuesta, es un hecho que afecta gravemente a al país.

Domingo Días
domingo.dias@yahoo.com.mx

La guerra contra el narco



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Laboratorio de Ideas

¿Ya terminó la implementación?

Gerardo Medina Romero

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¿En dónde termina un proyecto de cambio? ¿Cuándo deja de ser responsabilidad del equipo de proyecto? ¿Quién es responsable de que el cambio se mantenga?

Estas son preguntas que muchos clientes me han hecho y que actualmente siguen siendo muy comunes por muchos ejecutivos involucrados en los proyectos internos de cambio.

Para mí, las estructuras organizacionales fueron creadas para que un jefe, supervisor, gerente, director o como se llame, se asegurara de que los colaboradores a su cargo hagan el trabajo como lo deben hacer, y ¿cómo lo deben hacer? Pues como la empresa ha definido que se haga.

Luego entonces, para mí la responsabilidad de que un cambio se aplique y se mantenga, es del jefe, sin importar el nivel de la organización que tenga. Pero cuando hablamos de un proyecto de cambio, el problema es determinar el momento exacto en que la implementación deja de ser responsabilidad del equipo de proyecto y pasa a ser responsabilidad de los jefes.

La respuesta para mí es cuando el cambio ya se implementó, a partir de ahí, la responsabilidad de mantenerlo es de los jefes.

Aquí surge otro problema, cada quién entiende la palabra “implementar” cómo mejor le conviene, así que lo primero que deberíamos hacer es tener claro lo que significa implementar y en qué momento puedo decir que un cambio ya está implementado, de otra manera el pase de estafeta en cuanto a la responsabilidad de que algo que la organización quiere que se ejecute, sea ejecutado, quedará en el limbo.

Hay muchas personas que piensan que implementar es tan solo capacitar o incluso que liberar una herramienta tecnológica es suficiente para considerar que ya se implementó y eso no es verdad, implementar significa poner en ejecución y si no se está ejecutando, pues no se ha implementado, así de sencillo.

Implementar una nueva manera de evaluar el desempeño del personal por ejemplo, no termina con liberar la herramienta para ello, se debe asegurar que los jefes saben cómo establecer objetivos, acordarlos con cada miembro de su equipo, dar retroalimentación, que las personas son capaces de recibirla, de medir y gestionar su propio desempeño y que todo eso está sucediendo.

Implementar un proceso no termina con capacitar a la gente para explicárselo, requiere asegurar que todas los procedimientos, políticas, criterios y formatos que forman parte del mismo, están perfectamente definidos, que se cuenta con el equipo e infraestructura, que las herramientas tecnológicas tienen la funcionalidad requerida, que el personal no solo esté capacitado, sino perfectamente informado, habilitado, y soportado por sus jefes, que sus indicadores de desempeño estén alineados e infinidad de detalles más.

Implementar significa observar y verificar que las cosas se hacen y suceden como se ha definido, y cuando no es así sigue siendo responsabilidad del equipo de proyecto el detectar lo que falta completar para ello y resolverlo. 

Es hasta que se tiene evidencia de que ya no hace falta nada por definir o construir, de que la infraestructura esta lista y los sistemas liberados con la funcionalidad requerida, que el personal está perfectamente informado, capacitado y organizado bajos sus nuevos roles y responsabilidades y que sus objetivos e indicadores individuales estén alineados, cuando se podrá ejecutar cada una de las actividades y se podrá considerar que el cambio se ha implementado.

Una vez que el equipo de proyecto demuestre a los jefes, que las actividades del nuevo modelo de trabajo se pueden ejecutar porque todo está listo, será entonces cuando los jefes deberán tomar la responsabilidad de ejecutar y mantener el nuevo modelo de trabajo.

Muchas veces hasta que no corres el nuevo modelo, no te das cuenta de todo lo que falta, así que no te conformes con capacitar al personal, haz que las actividades definidas se ejecuten, identifica lo que le hace falta al equipo, atiende ese pendiente y vuelve a ejecutar hasta que el nuevo modelo de trabajo corra perfectamente.

Será entonces cuando los jefes deberán tomar la responsabilidad de que el cambio se mantenga y la organización logre el beneficio esperado.

Recuerda, ninguna organización invierte para tener una herramienta que no se usa, o una carpeta de procesos que no se ejecuta, invierten para recibir un beneficio económico en los indicadores del negocio con un valor mucho mayor a la inversión que hicieron.

Sugerencias y comentarios en Twitter: @gemedinaro

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Laboratorio de Ideas

¿Por qué un Día del Balance Trabajo-Familia?

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El pasado 26 de marzo de 2019 se aprobó en el Senado de la República la celebración del Día del Balance Trabajo-Familia cada 1 de junio. 

Pero, ¿para qué un día del balance trabajo-familia?

Primero, hay que considerar que el trabajo y la familia son dos realidades distintas que se encuentran en relación constante y que hasta hoy no necesariamente ha sido la más armónica, incluso en algunos casos ese vínculo se encuentra roto. 

Una visión mal entendida de “idolatría al dinero” y de la “cosificación de la persona” ha llevado a la sobre explotación de las personas y por lo tanto de sus vínculos familiares. 

Por otro lado, existe cada vez más una preocupación legítima de las personas por sus carreras profesionales y sus ingresos familiares que se llega a unir en un círculo vicioso con una cultura de altas jornadas y presiones laborales.

Es por eso que es fundamental impulsar una cultura del balance entre el trabajo y familia, reconociendo a estas como realidades distintas pero que deben ser complementarias y recíprocas para lograr una armonización responsable y sostenible, donde la persona pueda ejercer sus roles dentro de su familia, pueda ser productivo y generar los ingresos necesarios para el sustento del hogar y también pueda alcanzar una realización profesional.

Además, lograr que las personas tengan un balance entre familia y trabajo tiene beneficios para la sociedad y la economía.

La ONU y la UNICEF han reportado evidencia de los beneficios que tiene este tema para el cuidado de la infancia, personas con discapacidad y adultos mayores a través del tiempo de calidad de los padres para atender las responsabilidad del hogar, y también para lograr una mayor equidad entre mujeres y hombres a través de la corresponsabilidad en el hogar y el desarrollo profesional tanto de la madre como del padre.

Y, lograr una mayor cohesión familiar disminuye la violencia intrafamiliar y ofrece mejores condiciones de paz y seguridad en la sociedad. 

Por su parte, el balance trabajo-familia también reporta beneficios para la empresa como la reducción de ausencias y rotación, que reduce los costos de capacitación y de curvas de aprendizaje, y un aumento de la fidelidad y compromiso de los colaboradores a la empresa que reporta un incremento de la productividad

Ahora, para poder impulsar una cultura del balance trabajo-familia es importante considerar distintos instrumentos los cuales se podrían clasificar de acuerdo a Guglielmo Faldetta en “Articulaciones temporales/espaciales y servicios”:

  • Articulaciones temporales/espaciales: Home office, permisos parentales, bancos de horas, licencias maternas y paternas, part time, entre otras.
  • Servicios: Servicios para hijos pequeños, centros de lactancia, cunas y guarderías, empresariales, entre otras.

Por último, hay que considerar que hoy los ritmos de vida y de trabajo, el nivel de competitividad laboral y los niveles de ingresos ponen a las nuevas generaciones ante una paradoja al momento de tomar decisiones de vida donde pareciera que tienen que elegir entre un trabajo y hacer familia, inclusive cultural y laboralmente puede llegar a discriminarse a quienes optan por hacer familia… 

Es por eso que es fundamental impulsar una cultura y una agenda de balance trabajo-familia para que cada vez menos personas tengan que elegir entre ambas realidades y quienes ya tienen ambas puedan gestionar mejor sus responsabilidades y roles, además de los beneficios que reporta para la empresa y para la sociedad.

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