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Opinión

¿Y yo cómo me porto?

Julio Alberto Hortiales

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En el ya clásico “stand up comedy” de todas las mañanas, resulta que nuestro presidente le reclamó en público a la revista Proceso por portarse mal, aunque el aclaro que no era un reproche.

Ahora si ya no entiendo el español. Según la Real Academia de la Lengua Española, “reprochar: es reconvenir, echar en cara”, ¿acaso decirle a Proceso en público que no se portó bien, no es echárselo en cara?

A continuación, nos recuerda que todos los buenos periodistas apuestan a las transformaciones y nos da clases de historia nuevamente. Zarco y los Flores Magón estuvieron en las filas liberales, recuerda.

En lo personal creo que un buen o mal periodista no se define por a quién o a qué le aposto, si se fue con los liberales o los conservadores. A un buen periodista lo define la veracidad de la información que expone, el tratamiento claro que le da a la misma y la congruencia en su análisis.

Así puede haber buenos periodistas, aunque sean contrarios a nuestro sentir.

Continua con sus clases diciéndonos que: “es que es muy cómodo decir yo soy independiente, o el periodismo no tiene por qué tomar partido o apostar a la transformación, entonces es nada más analizar la realidad, criticar la realidad, pero no transformarla”.

Perdón, pero el periodismo no tiene por qué transformar nada, el periodismo es la actividad profesional que consiste en la obtención, tratamiento, interpretación y difusión de información a través de algún medio. La información no se transforma simplemente se difunde.

Luego se va a la yugular, dice que no se informa, se editorializa para afectar las transformaciones, que se editorializa para el conservadurismo. Es decir que todo aquel que en sus editoriales no esté de acuerdo con lo que él, está mal. ¡Qué visión tan corta! De la crítica se aprende y si uno es inteligente hasta se logra mejorar.

¿Quién lo entiende? Primero que no hay que tomar partido y luego que hay que tomar partido por la transformación, una muestra más de congruencia del líder de la 4T, ¿tomamos o no tomamos partido? Ya no entendí qué quiere.

Por otro lado, se molestó mucho en Cd. Valles, SLP, porque irrumpieron en el hotel donde se hospedaba para reclamarle algún asunto que aparentemente pertenecía al municipio, pidió se retiraran, les dijo: “La única cosa que quiero es que por favor se retiren porque no merezco que aquí donde voy a descansar se metan ustedes a la fuerza, esto es indebido, la democracia es orden, orden democrático y todos merecemos respeto, aunque se tengan necesidades siempre hay que respetar a la autoridad. Esto es un acto de provocación. Y no se preocupen no tengo guardaespaldas y nadie les va a reprimir porque no estamos en el régimen de antes.”

¡Qué bonito es lo bonito, decía mi abuela! cómo cambian las cosas. Cuando hace 13 años, un 30 de julio, él paralizara al entonces Distrito Federal bloqueado el Paseo de la Reforma, cosa que todos los comerciantes, habitantes y turistas que se encontraban en esa calle no lo merecían, ellos sólo querían trabajar, descansar y conocer la ciudad. Se metió a la fuerza y eso es indebido, no respetó a nadie causando un caos en la ciudad por más de 6 meses y le basto su necesidad para no respetar a la autoridad.

Lo que antes era correcto ahora es una provocación, no es lo mismo ser oposición que gobierno y a pesar de que sí era otro régimen donde si había guardaespaldas no se le reprimió.

Estoy seguro, de que si me conociera, diría que me porto muy mal y en afán de ser congruente así será.

Domingo Días domingo.dias@yahoo.com.mx



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Laboratorio de Ideas

¿Por qué un Día del Balance Trabajo-Familia?

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El pasado 26 de marzo de 2019 se aprobó en el Senado de la República la celebración del Día del Balance Trabajo-Familia cada 1 de junio. 

Pero, ¿para qué un día del balance trabajo-familia?

Primero, hay que considerar que el trabajo y la familia son dos realidades distintas que se encuentran en relación constante y que hasta hoy no necesariamente ha sido la más armónica, incluso en algunos casos ese vínculo se encuentra roto. 

Una visión mal entendida de “idolatría al dinero” y de la “cosificación de la persona” ha llevado a la sobre explotación de las personas y por lo tanto de sus vínculos familiares. 

Por otro lado, existe cada vez más una preocupación legítima de las personas por sus carreras profesionales y sus ingresos familiares que se llega a unir en un círculo vicioso con una cultura de altas jornadas y presiones laborales.

Es por eso que es fundamental impulsar una cultura del balance entre el trabajo y familia, reconociendo a estas como realidades distintas pero que deben ser complementarias y recíprocas para lograr una armonización responsable y sostenible, donde la persona pueda ejercer sus roles dentro de su familia, pueda ser productivo y generar los ingresos necesarios para el sustento del hogar y también pueda alcanzar una realización profesional.

Además, lograr que las personas tengan un balance entre familia y trabajo tiene beneficios para la sociedad y la economía.

La ONU y la UNICEF han reportado evidencia de los beneficios que tiene este tema para el cuidado de la infancia, personas con discapacidad y adultos mayores a través del tiempo de calidad de los padres para atender las responsabilidad del hogar, y también para lograr una mayor equidad entre mujeres y hombres a través de la corresponsabilidad en el hogar y el desarrollo profesional tanto de la madre como del padre.

Y, lograr una mayor cohesión familiar disminuye la violencia intrafamiliar y ofrece mejores condiciones de paz y seguridad en la sociedad. 

Por su parte, el balance trabajo-familia también reporta beneficios para la empresa como la reducción de ausencias y rotación, que reduce los costos de capacitación y de curvas de aprendizaje, y un aumento de la fidelidad y compromiso de los colaboradores a la empresa que reporta un incremento de la productividad

Ahora, para poder impulsar una cultura del balance trabajo-familia es importante considerar distintos instrumentos los cuales se podrían clasificar de acuerdo a Guglielmo Faldetta en “Articulaciones temporales/espaciales y servicios”:

  • Articulaciones temporales/espaciales: Home office, permisos parentales, bancos de horas, licencias maternas y paternas, part time, entre otras.
  • Servicios: Servicios para hijos pequeños, centros de lactancia, cunas y guarderías, empresariales, entre otras.

Por último, hay que considerar que hoy los ritmos de vida y de trabajo, el nivel de competitividad laboral y los niveles de ingresos ponen a las nuevas generaciones ante una paradoja al momento de tomar decisiones de vida donde pareciera que tienen que elegir entre un trabajo y hacer familia, inclusive cultural y laboralmente puede llegar a discriminarse a quienes optan por hacer familia… 

Es por eso que es fundamental impulsar una cultura y una agenda de balance trabajo-familia para que cada vez menos personas tengan que elegir entre ambas realidades y quienes ya tienen ambas puedan gestionar mejor sus responsabilidades y roles, además de los beneficios que reporta para la empresa y para la sociedad.

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Análisis y Opinión

Las personas en el centro

Héctor Sotero Mata Álvarez

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Siempre he pensado que si ponemos en el centro a las personas nos va a ir bien. Hemos visto recientemente el regreso de discursos radicalizados que únicamente llevan hacia la confrontación.

Y esto es lo que menos necesitamos en unos momentos como los que estamos viviendo: ricos contra pobres, pobres contra ricos, hombres contra mujeres, mujeres contra hombres; pudiéramos decir que todos contra todos… 

La pregunta es: ¿esto conduce en alguna forma a la solución de los grandes problemas que enfrentamos como sociedad? Unos, derivados de la emergencia sanitaria por el coronavirus y otros más que son cuestiones estructurales que vienen de antaño.

Desde mi punto de vista, no ayuda en nada enfrentarnos como ciudadanos; al contrario, un pueblo dividido y atomizado, además de que es fácilmente manipulable, carece de fuerza para transformar las realidades injustas.

Medir la pobreza y la riqueza resulta útil en la medida de que es un factor para llamar a la solidaridad –ayuda responsable entre iguales– y subsidiariedad –ayuda responsable entre desiguales–.

Sin embargo, la clave es poner en el centro a las personas y no las ideas; sólo así lograremos la verdadera justicia social que, más allá de dar a cada quien lo que merece, es dar a cada quién lo que necesita.

Ser responsable por el otro y responder unos por otros conforman la base humana que puede conducirnos a la solución de la crisis actual.

Hoy, más que nunca, las personas con mayores privilegios tenemos que cumplir con el pago de impuestos y fomentar la riqueza que genera empleo. El trabajo es el centro neurálgico de la cuestión social. 

Como el gobierno es el responsable de crear o mantener las condiciones idóneas para que todos tengamos trabajo estable, bien remunerado y con seguridad social, es necesario dejar atrás formas obsoletas.

El paternalismo y el asistencialismo, que buscan crear dependencia y que denigran la dignidad de quienes son considerados solamente como votos en ciernes, como objetos para ser ayudados y no como sujetos con derechos propios, ya no funcionan en nuestros días. Deberemos buscar nuevos caminos.

Si reunimos en el centro a las personas: gobiernos, legisladores, sector privado y sociedad civil y se trabaja conjuntamente, puede lograrse un fin. Divididos estamos vencidos y unidos, la fuerza se multiplica.

El respeto de la legalidad, la privacidad, la libertad de emprender y la propiedad de todos son elementos básicos para el bien común. Si el autoritarismo nunca ha sido el camino, busquemos entonces la solidaridad y la subsidiariedad, que sí lo son.

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