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Ciencia

Así fue el último día de los dinosaurios

Julio Alberto Hortiales

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Madrid.— Hace 65 millones de años, una enorme roca de diez kilómetros impactó contra la Tierra y desencadenó la quinta extinción masiva. Ese día, el último de los dinosaurios y el primero de una nueva era dominada por los mamíferos -y por el hombre-, ha sido reconstruido en un estudio que se publica hoy en la revista Pnas.

La investigación, liderada por científicos del Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas, se basa en el análisis de las muestras de rocas extraídas de la “zona cero” del impacto, el cráter Chicxulub, de la península de Yucatán.

El estudio, en el que han participado investigadores del Centro de Astrobiología (CSIC-INTA), reconstruye los procesos geológicos, químicos y biológicos generados por el impacto del asteroide que cayó sobre la Tierra con una potencia equivalente a diez mil millones de bombas atómicas como la de Hiroshima.

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En un primer momento, la explosión quemó la vegetación que había en varios miles de kilómetros a la redonda y desencadenó un tsunami gigante que arrastró sedimentos hasta el interior de Norteamérica -más de 2 mil kilómetros tierra adentro- pero lo peor vino después.

El impacto liberó tanto azufre a la atmósfera que bloqueó la luz solar y causó un enfriamiento global que acabó con los dinosaurios y con el 75 por ciento de las formas de vida del planeta.

Fue un infierno local de corta duración, seguido de un largo periodo de enfriamiento global: los dinosaurios “se achicharraron y luego se congelaron”, aunque “no todos murieron ese día”, resume Sean Gulick, profesor de investigación en el Instituto de Geofísica de la Universidad de Texas y autor principal del estudio.

Los análisis indican que la mayor parte del material que rellenó el cráter en las horas posteriores al impacto se originó en el mismo lugar del impacto o fue arrastrado por el agua del océano que fluyó de nuevo hacia el cráter desde el Golfo de México circundante.

En un solo día se depositaron unos 130 metros de material, una tasa de acumulación vertiginosa que se encuentra entre las más altas jamás encontradas en el registro geológico y que ha permitido reconstruir los sucesos que tuvieron lugar dentro y fuera del cráter desde el momento del impacto hasta varias horas después.

Jens Ormö, investigador del Centro de Astrobiología y coautor del estudio, analizó las muestras para tratar de determinar cómo había sido transportado y depositado el material acumulado en el lugar del impacto -y a veces también su procedencia-, algo esencial para entender la cantidad de agua que fluía en el cráter y los procesos que ocurrieron cuando se estaba llenando.

“Los sedimentos revelan enormes energías de transporte que son mucho más grandes que cualquier otra inundación catastrófica conocida en el planeta. El agua densa y llena de escombros se movía con velocidades que equivalían a la velocidad del viento de los huracanes”, detalla Ormö.

Pero quizá el hallazgo más importante de la investigación está relacionado con el azufre, el elemento químico que originó el enfriamiento global y el cambio climático que causó la extinción masiva; “el verdadero asesino”, según Gulick.

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Los análisis de las muestras de roca desvelan que el impacto del asteroide vaporizó, al menos, 325 mil millones de toneladas métricas de minerales ricos en azufre presentes en el lugar del impacto, suficiente para hacer que la luz solar se volviera opaca y provocar un drástico enfriamiento en toda la Tierra.

La cantidad de azufre que se liberó ese día a la atmósfera es unas 10 mil veces superior a la que expulsó el volcán indonesio de Krakatoa en 1883, que provocó un descenso promedio de 2,2 grados en la temperatura global durante cinco años.

Para Ormö, “todo lo que se puede deducir de los sedimentos depositados en esos primeros instantes nos permite saber cómo fue el primer día del Cenozoico, el primer día de una nueva era dominada por los mamíferos y eventualmente por nuestra propia especie.

Una especie que ahora, por otras causas como la contaminación masiva de los océanos y de la atmósfera, ha iniciado la sexta y última de las extinciones masivas. Tal vez todavía estamos a tiempo de aprender algo del pasado”. EFE

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Aceite de coco virgen destruye el Covid-19

Emanuel Mendoza Cancino

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DE PIXABAY

México.- Una investigación desarrollada en Filipinas descubrió que el aceite de coco virgen destruye el Covid-19, por lo que puede ser útil como antiviral.

El Consejo Filipino para la Investigación y el Desarrollo de la Salud (PCHRD, por sus siglas en inglés) realiza ensayos clínicos con 56 pacientes con aceite de coco y sus efectos.

“Los resultados son muy prometedores, ya que no solo muestran que el aceite de coco, por sí mismo, puede destruir el virus, sino que también puede ser un mecanismo clave para regular al alza la respuesta inmune contra el Covid-19”, dijo el centro de investigación.

Los compuestos del aceite de coco descomponen hasta en 90% la carga viral del coronavirus, generando una respuesta inmune de los humanos.

Aunque el PCHRD advirtió que aún se necesitan más estudios para determinar si una mayor concentración de compuestos de aceite de coco puede reducir la tasa de replicación del virus.

Fortunato de la Peña, secretario de la Ciencia en Filipinas indicó hoy en una entrevista con una radio local que el primer análisis del aceite de coco virgen como posible agente antiviral podría estar disponible para la segunda semana de noviembre. (Agencias)

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La Tierra, responsable de oxidación de suelo lunar

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La Tierra, responsable de oxidación de suelo lunar

Ciudad de México.— La Luna se oxida, no de forma acelerada como ocurre en la Tierra o Marte, pero tiene óxidos de fierro en su superficie que pueden ser aprovechados por astronautas como fertilizante, aseguró Julieta Fierro Gossman, del Instituto de Astronomía de la UNAM.

A inicios de septiembre pasado un equipo internacional de científicos reveló en la revista Science Advances el hallazgo de hematita (óxido ferroso, Fe2O3) en el satélite natural de la Tierra, gracias a una serie de observaciones realizadas por el satélite Chandrayaan-1.

“Hasta ahora sabemos que está en la tierra de Marte; es decir, esta hematita sirve como fertilizante. En la NASA ya lograron con esta tierra hacer invernaderos donde crecen rábanos, así que al menos los astronautas van a poder comer esto y, por eso, están buscando otros alimentos que puedan hacer crecer”, precisó la ganadora del Premio Kalinga, considerado el Nobel de la divulgación científica.

En la Tierra, precisó, para que el hierro se oxide requiere de la atmósfera y oxígeno y se pensaba que no había agua en la Luna porque la gravedad superficial es muy baja; si existiera, debido a que el satélite no tiene atmósfera escaparía al espacio.

Sin embargo, en 2008 Chandrayaan-1 reveló hielo de agua que, hoy se sabe, tiene fuentes en la Luna, en primer lugar las regiones polares donde se impactan fragmentos de cometas.

“Los cometas se van desintegrando y dejando pedacitos a lo largo de su órbita, y cuando la Tierra pasa por esos pedacitos caen y producen lluvias de estrellas. También chocan en la Luna y cuando los alcanza la luz del Sol producen micro géiseres”, comentó la astrónoma.

Antes se pensaba que en la Luna no había óxido de hierro porque el viento solar (que son átomos de hidrógeno) hace que el oxígeno se combine inmediatamente con el hidrógeno formando agua.

El óxido de hierro encontrado no hará que el satélite se vuelva “rojo como Marte, como un paisaje marciano; se siguen viendo las rocas blanquitas que son las elevaciones ricas en calcio y en aluminio y por eso son tan brillantes”, aclaró la reconocida divulgadora.

¿Cómo es posible entonces que el hierro se oxide en la Luna?

“Cuando la Luna no está expuesta al viento del Sol, sino que pasa por la cola magnética de la Tierra, puede oxidar el hierro y, por supuesto, que si caen de estos micrometeoritos que producen los géiseres, con más razón se oxida el hierro de la Luna”, destacó Fierro Gossman.

La investigadora recordó que hay intereses económicos cuando se produce ciencia básica, por lo que las grandes naciones invierten tanto en megaproyectos como el regreso del hombre al satélite natural de la Tierra.

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ebv

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