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Confinamiento, un reto para el amor, dice experto de la UNAM

especial
Emanuel Mendoza Cancino

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México.- Es quizá el sentimiento más anhelado por los seres humanos. Surge a veces sin pensarlo ni desearlo; estremece, eriza la piel, embriaga y transforma a las personas, las hace reír, soñar despiertas: es el amor. 

Pensar en ella o en él reconforta, alienta a vivir. Las horas se hacen eternas si no está el uno con el otro, aunque hoy la tecnología permite acortar las distancias y mantener comunicación constante. 

Atrás quedaron las cartas escritas en papel y de puño y letra, el enamoramiento persona a persona también tomó otros rumbos, pues la comunicación es, con frecuencia, a distancia, por medio de mensajes telefónicos, el uso de las redes sociodigitales.

Aunado a ello la emergencia sanitaria influye de manera sustancial en esos cambios, y también es un factor determinante para fortalecer las relaciones o, en ocasiones, mermarlas. 

Rolando Díaz Loving, académico de la Facultad de Psicología (FP) de la UNAM, comenta en ocasión del 14 de febrero, Día del amor y la amistad: más que preocuparnos por un día debemos dedicarnos a conformar relaciones duraderas positivas, constructivas y emocionantes el resto de los 364 días del año. 

“Vivir en confinamiento estos últimos meses ha sido un gran reto para todos, ya que algo fundamental en la vida de los seres humanos es poder interactuar con otros seres humanos. Investigaciones que he realizado afirman que para los mexicanos lo más importante es el estilo de la comunicación; es decir, cómo se dicen las cosas dejando de lado hablar sobre los gustos, deseos, necesidades o intereses de cada quien”, indica. 

El especialista universitario refiere los cambios en las relaciones interpersonales actuales en comparación con generaciones pasadas: 

“La época en la que antes se acostumbraba cortejar a una persona, el tiempo que tardaban en llegar las cartas de amor o los acuerdos matrimoniales ya pasó; lo que hoy en día gobierna es la inmediatez, con la aparición de las redes sociodigitales la vida se mueve a una mayor velocidad y sobre todo, se presenta ansiedad y enojo cuando alguien no recibe de inmediato un mensaje”. 

Incluso, señala que la aparición de nuevas prácticas para alentar la sensualidad y el erotismo se hacen visibles en medios digitales, como el “sexting” (envío de mensajes con contenido de tipo sexual); los grupos más vulnerables son niños y adolescentes.  

No obstante el uso de nuevas tecnologías digitales para comunicarse, Díaz Loving destaca que siempre es un buen momento para conocer a la otra persona, sentarse y conversar porque existen acuerdos que son implícitos, pero hay temas en los cuales se creía que el otro pensaba lo mismo, pero no es así.  

Asevera que la pandemia puede servir para reencontrarse a sí mismo, con la pareja, incluso con la familia a través del buen humor y la comunicación. Sugiere buscar actividades que se puedan compartir, como leer información novedosa y valiosa para conversar en la mesa, tomar clases conjuntas de algún tema de interés común, hacer un crucigrama, practicar los juegos de mesa, e incluso repartir tareas domésticas.   

El universitario afirma que en las relaciones de pareja se presentan  diversos conflictos que modifican la dinámica, como puede ser el factor económico, espacio, muestras de afecto, incluso cuestiones de sexualidad; sin embargo, esta situación puede disminuir cuando se restablecen las reglas para dejar de pensar que el otro es el enemigo. 

Uno de los asuntos importantes que se deben atender es cuando las personas sienten ansiedad o preocupación, ya que transmiten esas emociones a quienes tienen más cerca. En ese sentido, la búsqueda de herramientas que permitan tener y construir relaciones más armoniosas ayudará a lograr una visión positiva de la convivencia. 

Amor, desamor y el Derecho 

“El amor es un compromiso en el cual dos personas de común acuerdo y en forma libre manifiestan que quieren estar juntas basadas sobre todo en el respeto, la ayuda mutua y en la sana convivencia. Existen varias uniones de pareja dentro de nuestro Derecho  y según la forma en que deciden vivir su relación es como las conoceremos tanto social como jurídicamente, llámese matrimonio, concubinato o sociedad en convivencia”, afirma Alejandra Macías Estrella, catedrática de la Facultad de Derecho (FD) de la UNAM. 

En este contexto, recordó que el Instituto Nacional de Estadística y Geografía (INEGI) reportó que en el 2000 hubo 707 mil 422 matrimonios, mientras que en 2019, 504 mil 923; es decir, los casamientos disminuyeron en los últimos años.  

En comparación, los divorcios se incrementaron pues de acuerdo con el INEGI en el 2000 hubo 52 mil 358; mientras que en 2019 se registraron 160 mil 107. La jurista comenta que -derivado del confinamiento- las principales razones de las separaciones pueden ser de índole económica y, sobre todo, por violencia familiar.  

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emc



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Lo que no se cuenta

Unión Mujer

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Lo que no se cuenta
Foto pixabay.com

Por María Cecilia León Sterling

El lunes será 8 de marzo: el día internacional de la mujer. A unos cuantos cuadros que tachar en el calendario para que llegue la fecha, comienza a percibirse –entre la amalgama de ideas, opiniones y colores– un peculiar aire de añoranza. Añoranza de agradecimiento y reconocimiento, alimentada por el desfile de logros de mujeres que, según las Naciones Unidas, “han jugado un papel clave en la historia de sus países y comunidades” (2020). Como mujer, no puedo negar que me conmueve conocer la lista de nombres de mujeres que han destacado en áreas como la política, los negocios, el cine, las ciencias… Pero, me parece que dicho tabulador de éxitos femeninos se queda corto en lo que viene siendo, “cuantificar” la contribución que ha hecho la mujer.

Decía Santa Teresa Benedicta de la Cruz, que “los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia”. No lo dudo ni tantito. Y mucho menos cuando se trata de imaginar los millones de almas de mujeres que pisaron la Tierra marcando una huella profunda y permanente, característica de quienes obran bien, en silencio y en secreto. Me refiero –como ya se podrán imaginar– a mujeres reales, mujeres que fueron madres de reyes, hermanas de compositores, hijas de científicos, esposas de emperadores, musas de artistas y amigas de santos. Mujeres, en fin, que acompañaron tanto a los personajes más ilustres de la historia (y cuyos nombres sí vienen en los libros), como a los “del día a día”. Y mucho ojo, que esto no convierte a las mujeres en personajes de reparto, sino en protagonistas de la trama.

La tinta de la historia, como la conocemos, no alcanzó para detallar la intervención de un gran número de mujeres. Pero, si nos detenemos a reflexionar lo que pasa entre las líneas del pentagrama del tiempo, podría asegurar que nos sorprendería la cascada de momentos más cotidianos influenciados por la mujer. Y es que no se necesita gran conocimiento musical para saber que los silencios son tan expresivos como los sonidos. Pienso, por ejemplo, en la broma que le hiciera Maria Anna Mozart a su hermano en algún momento en el que lo único que necesitaba era una dosis de alegría. O trato de evocar la sonrisa de Mumtaz Mahal, sobre la que descansa el “monumento dedicado al amor”. O imagino las lágrimas de quien en la Iglesia Católica es Santa Mónica, y que empaparon el alma de San Agustín de Hipona.

Ahora bien, si aún resulta complejo y lejano entender el peso la mujer en la historia, basta con hacer el ejercicio anterior con la propia vida. Nos daremos cuenta que nuestros años, más allá de las experiencias, llevan impresa la cálida sonrisa de una abuela, la exigente ternura de una madre, la camaradería de una hermana o la fresca lección de una maestra. No se equivocaba Juan Pablo II cuando explicaba que “la mujer es aquella en quien el orden del amor en el mundo creado de las personas halla un terreno para su primera raíz” (1988). En definitiva, es ese el núcleo de la impagable deuda que tenemos, todos, con las mujeres que nos anteceden y rodean.

Como recolectora de metáforas, me parece que las más bellas son las que por su versatilidad y hondura de significado, evocan la luz. No por nada, llaman los historiadores a los años de exaltación de ideas y razón como “el Siglo de las Luces”. No por nada, le llamamos al milagro de dar vida como “dar a luz”. ¿Y quién, más que la mujer? ¿Quién, más que la mujer, puede experimentar lo que es llevar la vida en ella? ¿Quién, más que la mujer, puede entender lo que es nutrir de vida, de ideas, y de valores, a personas y sociedades enteras?

Me agrada la idea de saber que cada vez hay más mujeres que hoy destacan en sus carreras profesionales. También me inspiran las mujeres que con su testimonio le dan vida a los sueños que les son confiados. Me sumo a los aplausos debidos a las mujeres de la pasarela del silencio en vida, pero con eco perdurable. A lo que no me sumo –y eso hay que aclararlo– es a encasillar la grandeza de la mujer a un tabulador que mide su éxito en función del número de palabras que le son dedicadas en las páginas de un libro. Porque, después de todo, me queda claro que lo que no se ha contado es porque se ha vivido. Y lo que estamos escribiendo solo encontrará sentido hasta materializar el más mínimo acento.

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No es ayuda: es corresponsabilidad

Unión Mujer

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No es ayuda: es corresponsabilidad

Por @soymamafeminista

Mi nueva palabra favorita es CORRESPONSABILIDAD porque después de 3 años de ser mamá y convivir con otras madres escucho a diario: “mi pareja no me ayuda”.

La corresponsabilidad es la repartición equilibrada de tareas domésticas, responsabilidades familiares y el cuidado/crianza de los hijos e hijas para que haya una distribución justa.

Esto quiere decir que hombres y mujeres asuman por igual la responsabilidad y las tareas que implican mantener el hogar y el cuidado de los hijos e hijas para terminar con la división sexista que empieza desde la infancia.

Ésta inicia en casa viendo a mamá y a papá (los roles que cada uno desempeña), también con los juguetes cuando los de niños son coches, pistolas, etc.. y los de niña son bebés, muñecas, cocinas…(cuando un niño juega con un bebé está aprendiendo a paternar).

El problema es que las tareas domésticas y el cuidado no son valoradas, son invisibles y se asumen como rol de las mujeres. Asimismo no hay un reconocimiento; son tareas rutinarias, sin horarios, sin condiciones laborales, sin sueldo, sin vacaciones, sin valor curricular ni crecimiento profesional pero al final ES UN TRABAJO IMPORTANTE PARA MANTENER EL BIENESTAR DE LOS MIEMBROS DEL HOGAR.

No habrá una equidad real cuando la mujer desempeña el doble o triple de jornadas de trabajo renunciando a su tiempo libre/de ocio/descanso. En la actualidad el resultado de esto es que tenemos a mujeres exhaustas.

¿Qué podemos hacer?

Una negociación para pactar las tareas domésticas y cuidados. Es importante hablar sobre el reparto equitativo y los beneficios. Recuerda: NO ES AYUDA.

El ideal es que tengamos igualdad de tiempos y oportunidades tanto para el trabajo/estudio como para el ocio/descanso.

¿Ustedes ya hablaron sobre CORRESPONSABILIDAD en su hogar?

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