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Hoy, Día Mundial de la Alimentación

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México.— Como cada año, este 16 de octubre se celebra el Día Mundial de la Alimentación y con el lema “Cambiar el futuro de la migración. Invertir en seguridad alimentaria y desarrollo rural”, los países buscan lograr un mundo libre de hambre y pobreza.

En esta fecha, instituida para recordar el nacimiento de la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO, por sus siglas en inglés) en 1945 ,más de 150 organizan eventos para difundir la importancia de la unión para luchar que los habitantes de todo el planeta tengan suficientes alimentos para llevar una vida activa y saludable.

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En su sitio http://www.fao.org, la FAO destaca su trabajo con gobiernos, empresas, agricultores, otras organizaciones e individuos para alcanzar el #HambreCero, con labores en zonas rurales, “donde vive la mayoría de los pobres y hambrientos del mundo”.

Señaló que el Día Mundial de la Alimentación es una oportunidad para demostrar el compromiso de las naciones organizadas con el Objetivo de Desarrollo Sostenible (ODS) 2 de alcanzar la meta del Hambre Cero en 2030.

La FAO señala que la celebración coincide este año con un momento crucial, pues el hambre ha aumentado por primera vez en más de una década, al afectar a 815 millones de personas en el mundo, lo que equivale a 11 por ciento de la población global.

Explica que el incremento obedece a la proliferación de conflictos violentos y a las perturbaciones relacionadas con el clima, principalmente, que son también las principales causas de la migración por dificultades económicas.

El reciente informe “Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional en América Latina y el Caribe 2017, publicado por la FAO y la Organización Panamericana de la Salud (OPS), muestra que el número total de personas con hambre aumentó en la región, “lo cual revierte décadas de progresos”.

Expuso que invertir en sistemas alimentarios sostenibles y desarrollo rural significa emprender algunos de los principales desafíos globales de alimentar a la creciente población mundial, proteger el clima y abordar algunas de las causas fundamentales de la migración y el desplazamiento.

“Lograr los 17 ODS no puede suceder sin acabar con el hambre y sin tener una agricultura y unos sistemas alimentarios respetuosos con el clima, sostenibles y resilientes que provean para las personas y el planeta”, indicó el organismo internacional.

Refirió que de los 129 países monitoreados por la FAO, 72 ya redujeron a la mitad la proporción de personas que sufren hambre en 2015, pues las tasas de pobreza extrema se han reducido a la mitad desde 1990.

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En este contexto, la FAO hizo un llamado a trabajar juntos y lograr la primera generación “que haga desaparecer el hambre del planeta: la Generación Hambre Cero. Todos tenemos un papel que desempeñar para acabar con el hambre”.

De ahí que la meta del segundo objetivo de Desarrollo Sostenible es poner fin al hambre y asegurar el acceso a todas las personas, en particular a lo más vulnerables, a una alimentación sana, nutritiva, y suficiente durante todo el año.

También se busca frenar todas las formas de malnutrición para lograr, a más tardar en 2025, las metas convenidas internacionalmente sobre el retraso del crecimiento de los niños y abordar las necesidades de nutrición de las adolescentes, mujeres embarazadas, lactantes y las personas de edad.

Otra meta es duplicar la productividad agrícola y los ingresos de los productores de alimentos en pequeña escala, en particular las mujeres, los pueblos indígenas, los agricultores familiares, los pastores y los pescadores.

Esto, mediante un acceso seguro y equitativo a las tierras, a otros recursos de producción e insumos, conocimientos, servicios financieros, mercados y oportunidades para la generación de valor añadido y empleos no agrícolas.

AGP



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Lo que no se cuenta

Unión Mujer

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Lo que no se cuenta
Foto pixabay.com

Por María Cecilia León Sterling

El lunes será 8 de marzo: el día internacional de la mujer. A unos cuantos cuadros que tachar en el calendario para que llegue la fecha, comienza a percibirse –entre la amalgama de ideas, opiniones y colores– un peculiar aire de añoranza. Añoranza de agradecimiento y reconocimiento, alimentada por el desfile de logros de mujeres que, según las Naciones Unidas, “han jugado un papel clave en la historia de sus países y comunidades” (2020). Como mujer, no puedo negar que me conmueve conocer la lista de nombres de mujeres que han destacado en áreas como la política, los negocios, el cine, las ciencias… Pero, me parece que dicho tabulador de éxitos femeninos se queda corto en lo que viene siendo, “cuantificar” la contribución que ha hecho la mujer.

Decía Santa Teresa Benedicta de la Cruz, que “los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia”. No lo dudo ni tantito. Y mucho menos cuando se trata de imaginar los millones de almas de mujeres que pisaron la Tierra marcando una huella profunda y permanente, característica de quienes obran bien, en silencio y en secreto. Me refiero –como ya se podrán imaginar– a mujeres reales, mujeres que fueron madres de reyes, hermanas de compositores, hijas de científicos, esposas de emperadores, musas de artistas y amigas de santos. Mujeres, en fin, que acompañaron tanto a los personajes más ilustres de la historia (y cuyos nombres sí vienen en los libros), como a los “del día a día”. Y mucho ojo, que esto no convierte a las mujeres en personajes de reparto, sino en protagonistas de la trama.

La tinta de la historia, como la conocemos, no alcanzó para detallar la intervención de un gran número de mujeres. Pero, si nos detenemos a reflexionar lo que pasa entre las líneas del pentagrama del tiempo, podría asegurar que nos sorprendería la cascada de momentos más cotidianos influenciados por la mujer. Y es que no se necesita gran conocimiento musical para saber que los silencios son tan expresivos como los sonidos. Pienso, por ejemplo, en la broma que le hiciera Maria Anna Mozart a su hermano en algún momento en el que lo único que necesitaba era una dosis de alegría. O trato de evocar la sonrisa de Mumtaz Mahal, sobre la que descansa el “monumento dedicado al amor”. O imagino las lágrimas de quien en la Iglesia Católica es Santa Mónica, y que empaparon el alma de San Agustín de Hipona.

Ahora bien, si aún resulta complejo y lejano entender el peso la mujer en la historia, basta con hacer el ejercicio anterior con la propia vida. Nos daremos cuenta que nuestros años, más allá de las experiencias, llevan impresa la cálida sonrisa de una abuela, la exigente ternura de una madre, la camaradería de una hermana o la fresca lección de una maestra. No se equivocaba Juan Pablo II cuando explicaba que “la mujer es aquella en quien el orden del amor en el mundo creado de las personas halla un terreno para su primera raíz” (1988). En definitiva, es ese el núcleo de la impagable deuda que tenemos, todos, con las mujeres que nos anteceden y rodean.

Como recolectora de metáforas, me parece que las más bellas son las que por su versatilidad y hondura de significado, evocan la luz. No por nada, llaman los historiadores a los años de exaltación de ideas y razón como “el Siglo de las Luces”. No por nada, le llamamos al milagro de dar vida como “dar a luz”. ¿Y quién, más que la mujer? ¿Quién, más que la mujer, puede experimentar lo que es llevar la vida en ella? ¿Quién, más que la mujer, puede entender lo que es nutrir de vida, de ideas, y de valores, a personas y sociedades enteras?

Me agrada la idea de saber que cada vez hay más mujeres que hoy destacan en sus carreras profesionales. También me inspiran las mujeres que con su testimonio le dan vida a los sueños que les son confiados. Me sumo a los aplausos debidos a las mujeres de la pasarela del silencio en vida, pero con eco perdurable. A lo que no me sumo –y eso hay que aclararlo– es a encasillar la grandeza de la mujer a un tabulador que mide su éxito en función del número de palabras que le son dedicadas en las páginas de un libro. Porque, después de todo, me queda claro que lo que no se ha contado es porque se ha vivido. Y lo que estamos escribiendo solo encontrará sentido hasta materializar el más mínimo acento.

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No es ayuda: es corresponsabilidad

Unión Mujer

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No es ayuda: es corresponsabilidad

Por @soymamafeminista

Mi nueva palabra favorita es CORRESPONSABILIDAD porque después de 3 años de ser mamá y convivir con otras madres escucho a diario: “mi pareja no me ayuda”.

La corresponsabilidad es la repartición equilibrada de tareas domésticas, responsabilidades familiares y el cuidado/crianza de los hijos e hijas para que haya una distribución justa.

Esto quiere decir que hombres y mujeres asuman por igual la responsabilidad y las tareas que implican mantener el hogar y el cuidado de los hijos e hijas para terminar con la división sexista que empieza desde la infancia.

Ésta inicia en casa viendo a mamá y a papá (los roles que cada uno desempeña), también con los juguetes cuando los de niños son coches, pistolas, etc.. y los de niña son bebés, muñecas, cocinas…(cuando un niño juega con un bebé está aprendiendo a paternar).

El problema es que las tareas domésticas y el cuidado no son valoradas, son invisibles y se asumen como rol de las mujeres. Asimismo no hay un reconocimiento; son tareas rutinarias, sin horarios, sin condiciones laborales, sin sueldo, sin vacaciones, sin valor curricular ni crecimiento profesional pero al final ES UN TRABAJO IMPORTANTE PARA MANTENER EL BIENESTAR DE LOS MIEMBROS DEL HOGAR.

No habrá una equidad real cuando la mujer desempeña el doble o triple de jornadas de trabajo renunciando a su tiempo libre/de ocio/descanso. En la actualidad el resultado de esto es que tenemos a mujeres exhaustas.

¿Qué podemos hacer?

Una negociación para pactar las tareas domésticas y cuidados. Es importante hablar sobre el reparto equitativo y los beneficios. Recuerda: NO ES AYUDA.

El ideal es que tengamos igualdad de tiempos y oportunidades tanto para el trabajo/estudio como para el ocio/descanso.

¿Ustedes ya hablaron sobre CORRESPONSABILIDAD en su hogar?

LEE Carta a mis hijas

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