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Ciencia

La neurociencia encuentra el vínculo entre generosidad y felicidad

Emanuel Mendoza Cancino

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Londres.— La interacción entre las áreas del cerebro responsables de la generosidad y la felicidad explicaría por qué la gente es altruista incluso cuando conlleva un coste personal, según una investigación de la Universidad de Lubeck, en Alemania, publicada en la revista científica Nature.

Todas las sociedades y culturas valoran el comportamiento generoso de sus individuos, pero la teoría económica siempre ha fracasado al buscar una explicación cuando la generosidad conlleva invertir los recursos propios en beneficio de otro.

La psicología, en cambio, había sugerido que el motivo para el comportamiento altruista es el incremento de felicidad que provoca, pero no ofrecía un entendimiento del mecanismo de los procesos neuronales que los vinculan.

Para investigar esos procesos del cerebro, la profesora Soyoung Park, del Departamento de Psicología de la Universidad de Lubeck, dirigió un estudio que analizaba la actividad cerebral de 50 participantes.

Los sujetos del experimento recibieron una suma de dinero durante cuatro semanas, aunque la mitad recibió la instrucción de gastarlo en ellos mismos y la otra mitad de gastarlo en otra persona.

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Los investigadores descubrieron que los participantes que habían gastado su dinero en otros también se mostraron más generosos a la hora de realizar otras tareas independientes y sus cerebros mostraron más actividad en un área vinculada con el sentimiento de felicidad.

Utilizando imágenes por resonancia magnética, vieron que las decisiones generosas involucraban más el área cerebral conocida como la unión temporoparietal (TPJ, por sus siglas en inglés) y modulaban la conectividad entre esa región y el núcleo estriado relacionado con los cambios en la felicidad.

De hecho, algunas lesiones en el núcleo estriado han sido asociadas con casos de “generosidad patológica” y ruina económica personal, sugiriendo que esa zona estaría encargada de inclinar la balanza hacia el interés propio en situaciones en que el altruismo supone un coste personal.

Las conclusiones del estudio podrían tener importantes implicaciones no solo en la neurociencia, sino en la educación, la política, la economía y la salud, ya que, actualmente, según los investigadores, la sociedad subestima los beneficios sociales e individuales del comportamiento generoso y sobrestima el efecto en de los motivos egoístas para alcanzar la felicidad. 

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emc



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Descubren en Quintana Roo la mina de ocre más antigua de América

Siete24

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Descubren en Quintana Roo la mina de ocre más antigua de América
Fotos INAH

Tulum, Q. Roo.- El laberíntico subsuelo de la península de Yucatán prueba continuamente ser fuente de importantes hallazgos científicos.

El más reciente de ellos, se ha registrado en una cueva inundada de Quintana Roo en la cual, arqueólogos subacuáticos y espeleobuzos han encontrado evidencia irrefutable de actividad minera prehistórica.

Se trata, de acuerdo con expertos de la Subdirección de Arqueología Subacuática (SAS) del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) y del Centro Investigador del Sistema Acuífero de Quintana Roo AC (CINDAQ), de un contexto arqueológico cuya antigüedad oscila entre los 12,000 y 10,000 años antes del presente, lo que la convierte en la mina de ocre más antigua conocida en América.

En el marco de la campaña “Contigo en la Distancia”, de la Secretaría de Cultura del Gobierno de México, el titular de la SAS, el doctor Roberto Junco Sánchez, informa que La Mina (como se denomina al proyecto de investigación) guardaría en sus fechamientos —mismos que se definieron mediante análisis en laboratorio— un paralelismo con “Naia”, nombre con el que se conoce al antiquísimo esqueleto de una joven encontrado, en 2014, dentro del sitio arqueológico de Hoyo Negro, ubicado en las cercanías de Tulum.

La Mina, agrega el especialista, es una continuación de Hoyo Negro, no solo por la relativa cercanía geográfica de ambos contextos, sino porque el primero complementa en gran medida el conocimiento que se tiene acerca del segundo.

Si bien, el descubrimiento de “Naia” contribuyó a la comprensión de la ascendencia, la expansión y el desarrollo de estos primeros americanos, “ahora sabemos que los humanos antiguos no solo se arriesgaban ingresando al laberinto de cuevas para buscar agua o huir de los depredadores, sino que también entraron a ellas para realizar minería, alterándolas y generando modificaciones culturales al interior”.

Lo anterior ha podido constatarse mediante la localización —a lo largo de seis kilómetros de pasajes inundados que no habían sido explorados, ya que permanecían ocultos detrás de restricciones de rocas y estrechos pasajes de 70 centímetros de diámetro— de diversos espacios y acomodamientos de materiales que evidenciaron ser resultado de una arcaica intervención humana.

Los espeleobuzos Fred Devos y Sam Meacham, codirectores del CINDAQ, explican que durante sus primeros recorridos en el sistema subterráneo, en 2017, notaron la existencia de estalactitas y estalagmitas rotas por la mitad, así como piedras acomodadas en pequeños montículos triangulares, los cuales no habrían podido formarse naturalmente.

Entre los elementos que más llamaron la atención de los exploradores estaban cúmulos de carbón en el suelo, hollín en el techo de la cueva y, principalmente, la presencia de pequeñas cavidades excavadas en ese mismo suelo, dentro de las cuales había restos de un mineral que, luego de su análisis, resultó ser ocre.

“El paisaje en esta cueva está notablemente alterado, lo que nos lleva a pensar que los seres humanos prehistóricos extrajeron toneladas de ocre de ella, quizá, viéndose en la necesidad de prender fogatas para iluminar su espacio”, apunta Fred Devos.

Hasta el momento, no se han encontrado restos óseos humanos; sin embargo, se localizaron herramientas rudimentarias de excavación, señales —que habrían usado para no perderse— y cúmulos de piedras vinculados con este primigenio quehacer minero. La abundancia de las oquedades con ocre lleva a los expertos a teorizar que las rocas eran, en sí mismas, las herramientas que se usaban para excavar y romper la piedra.

“Ahora podemos imaginarnos a ‘Naia’ —ejemplifica Roberto Junco— entrando a las cuevas por ocre, un elemento que hasta hoy, en comunidades de África, es la pintura corporal inorgánica más usada para crear pigmento rojo. Esto abre la posibilidad de que el mineral tuviera no sólo importancia decorativa sino incluso una carga identitaria, o que se usara para crear manifestaciones artísticas, entre muchas otras hipótesis”.

Analizan evidencia material

De cara a nuevas inmersiones que el Proyecto La Mina realizará en los próximos meses dentro del sistema de cuevas, cuya localización se mantiene reservada por cuestiones de conservación del contexto, se continúa con estudios de laboratorio, mediante reconstrucciones computarizadas conducidas por expertos de México, Estados Unidos y Canadá.

Gracias a tecnologías como la fotogrametría y cámaras submarinas de 360 grados, señala Dominique Rissolo, investigador de la Universidad de California, en San Diego, se han tomado más de 20 mil fotografías durante 600 horas de buceo y casi 100 inmersiones, para generar un modelo 3D del sitio y facilitar a los arqueólogos el acceso virtual al mismo.

Siete24.mx

ebv

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Ciencia

Nuevo virus porcino podría generar otra pandemia

Siete24

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DE PIXABAY

Tokio.— Científicos chinos alertaron el descubrimiento de un nuevo virus, se trata de una gripe porcina que se puede transmitir a humanos y tiene potencial de lograr otra pandemia.

El estudio fue divulgado en la revista científica Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS) y habla de un alto contagio.

La cepa llamada G4 es una variación de la gripe porcina H1N1 que causó una pandemia y conmoción en 2009.

“En este momento estamos distraídos con el nuevo coronavirus y con razón. Pero no debemos perder de vista los nuevos virus potencialmente peligrosos”, afirmó Kin-Chow Chang, profesor de la Universidad de Nottingham, en el Reino Unido, a la ‘BBC’.

En un estudio realizado entre 2011 y 2018 se recolectaron unas 30 mil muestras en hisopos nasales en criaderos de cerdos y centros veterinarios en 10 provincias chinas.

Se hallaron 179 virus de influenza porcina, la mayoría no registraron preocupación para los científicos ya que disminuyeron rápidamente.

Pero el virus G4 siguió apareciendo en los cerdos, año tras año, e incluso mostró un fuerte aumento en la población porcina después de 2016.

James Wood, jefe del Departamento de Medicina Veterinaria de la Universidad de Cambridge, afirmó en la ‘BBC’ que las personas tienen que implementar en su diario vivir costumbres saludables para que el cuerpo humano esté más protegido de virus y gripas.

Incluso notaron la posibilidad de contagios en varias personas que trabajaron en dichas granjas porcinas.

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emc

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