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¿Ser mamá y amiga de tus hijos?

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Por Gloria Ceja Cervantes

Algunas de las cualidades y bondades de una amistad auténtica es la confianza, la buena comunicación y la empatía. Si nos ponemos a reflexionar y pensar en nuestros amigos, ellos las tienen entre otras más, pero éstas tres son fundamentales.

Quizá muchas madres de familia se pregunten el cómo se puede lograr que la confianza, la buena comunicación y la empatía se cultiven en nuestros hijos y no lo perdamos con el tiempo, sobre todo en la etapa de la adolescencia.

Para ello les compartiré 6 puntos importantes y que son clave para cultivarlos.

1. Eres su mamá.

Eres la persona que los trajo al mundo y tú, más que nadie los conoce desde que están pequeños, es por ello que debemos ser muy observadoras, intuitivas y persuasivas. El ritmo de vida actual a veces no permite que tengamos ese tiempo para estar con ellos en cuerpo y alma, necesitamos darle prioridad ya que ellos no siempre estarán con nosotros, crecen rapidísimo y algún día tomarán su camino. Este momento histórico de pandemia es una excelente oportunidad para reencontrarse con ellos. Ser una mamá presente que conoce, escucha, los form  y busca ayudarlos a crecer. Esto les dará  las bases de una relación madre e hijo fuerte e irrompible.

2. Ten tiempo a solas de convivencia con cada uno de tus hijos.

Escápate de repente con cada uno de ellos  para pasear, tomar un helado, ir a buscar un nuevo libro para leer, comer juntos su platillo favorito, etc. Aprovecha esa salida para platicar de lo que comúnmente no pueden hablar, profundicen en sus gustos, sus sueños, pregúntale que es lo que más le desagrada, oriéntalo sobre el sentido de la vida… hay un sin fin de temas de los cuales pueden hablar y qué mejor que sea contigo. Cuiden el uso de dispositivos o celulares, manténganlos apagados o silenciados de preferencia para que nada los interrumpa.

3. Escúchalos con atención.

Cuando te hablen siempre míralos  a los ojos, si son pequeñitos puedes agacharte un poco para estar cara a cara. Quizá lo que te vaya a decir es algo sin importancia o nada relevante para ti, pero para ellos hay todo un universo en sus ideas y de cómo ven las cosas, que tengan siempre ese recuerdo y certeza de que mamá siempre estará para escucharlos.  Pon pausas durante el día a tus pendientes y lista de actividades para escucharlos.

4. Busquen tener algo en común que sea diferente a sus otros hermanos.

Elijan una película, una canción, una receta… algo que es de ustedes nada más, que cada vez que lo escuchen, lo vean, lo huelan o lo saboreen pienses en tu hijo y el piense en ti, eso lo llevarán consigo para toda la vida.

5. Abrázalos mucho.

El abrazo de mamá es indescriptible y no lo pueden obtener en ningún otro lado, busca momentos en el día para abrazarlos por unos segundos y decirles cuanto los amas, que siempre estarás para ellos, que sepan que cuentan contigo, que sientan el amor y ese cobijo  de una manera física.

Estos momentos de paz son invaluables y fortalecerán el vínculo de madre – hijo.

6. Corrígelos sin enojo.

Suele pasar que cuando hacen la travesura, nos mienten o hacen algo que nos pone enojadas, al segundo podemos llamarles la atención explosivamente. El  stress, las preocupaciones económicas, de trabajo, de salud, etc. Hace que un regaño pueda ser desbordante y se salga de control. Cuando los corrijas procura estar serena y ser objetiva, esto a ellos les da mucha seguridad y reflexionan sobre lo que no se debe de hacer.

Estos cinco puntos son clave para construir una relación cercana y sólida con tus hijos, no temas el corregirlos, no trates de ser  “una amiga” que busca su aceptación, eres su mamá y nadie más podrá suplir ese rol, ser madre de familia es una labor que se construye todos los días y pueden cultivar la confianza, la buena comunicación, la empatía y más valores y virtudes al ser una mamá presente.

* Familióloga, @Familia Todo Terreno Educando en Casa

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La Pubertad: ¡una gran orquesta natural!

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La Pubertad: ¡una gran orquesta natural!
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La propuesta es mirar la pubertad como una etapa de la vida, como una “gran sinfonía”

Una mirada pedagógica holística, que permita seguir el proceso de manera coherente al desarrollo Neuro-cognitivo de ese niño o niña, de esa PERSONA, quién es protagonista estelar del espectáculo.

La pubertad no es sólo una etapa evolutiva, una fase del desarrollo, se trata de personas viviendo un momento determinado de sus vidas. Se trata de ese bebé que estuvo en tu vientre, el mismo que amamantaste y enseñaste a caminar, que un día se irá de tu lado para iniciar un viaje distinto al tuyo, que será adulto y tendrá su propio proyecto de vida, que envejecerá y tendrá nietos…siempre y en todo momento se tratará de él o ella, de tu hijo/a.

La base de esa pedagogía integral es el aspecto físico: me conozco desde mi realidad física: los órganos sexuales, funciones y relaciones, mi entorno social y mi experiencia personal.

Descartar la biología de los procesos humanos es tan nocivo como las propuestas que centran la atención en los problemas y no en las personas.

Desde la biología comienzan a sonar los acordes de la orquesta.

Hormonas que se activan, cambios físicos, características sexuales primarias y secundarias. El reconocimiento del otro y de sí mismo, desde la alteridad, distintos y complementarios. Pensamientos, actitudes, gustos, emociones y sensaciones revolucionadas. Quién era, quién soy, me busco y no me encuentro.

Hormonas, glándulas, neurotransmisores, órganos, cerebro envían constantemente mensajes que se traducen en señales especiales que indican que la orquesta inició la sinfonía..

En niñas: desarrollo de los senos, olor axilar, mayor sudoración, vello púbico y axilar, crecimiento rápido, el cuerpo acumula más grasa, caderas que se ensanchan, bello en brazos y piernas se vuelve más oscuro, granitos o acné, sensaciones vulvares de humedad, o sequedad, ovulación, menarquia

En varones: aumento de estatura, el cuerpo se ensancha y se desarrollan los músculos, vello púbico y axilar, oscurecimiento del vello en piernas y brazos, mayor sudoración, olor axilar, ranitos o acné, desarrollo genital, comienza la producción de espermatozoides.
Es un proceso dinámico y lento, puede durar entre 2 a 5 años o más.

El gran show del eje hipotálamo, hipófisis y gónadas comienza en el cerebro y atraviesa todo el cuerpo, atraviesa toda la persona en todas sus dimensiones.

Los adultos, somos protagonistas de una sinfonía natural, como padres, docentes; como adultos y podemos brindar una visión de la sexualidad como aspecto fundamental de nuestra vida que atraviesa a la persona en su integridad.

Miremos a los ojos de los niños y niñas y contemplemos su desarrollo, brindemos comprensión y contención, seamos guía y apoyo, seamos facilitadores de procesos naturales.

De ahí el interés y la necesidad del estar formados e informados y consecuentemente formar e informar a las niñas y niños que atraviesan esta etapa.

El desafío es convertirlos en jóvenes libres e informados que se reconocen, se identifican y se aceptan y desde allí pueden transformar su vida.

Crecer es una delicada sinfonía natural, el cuerpo es la dimensión más visible de la persona, su biología es base y condicionante de su existencia. Si acompañamos el proceso de desarrollo personal con naturalidad, alegría y una mirada holística de la sexualidad estaremos educando en la sexualidad de manera integral, veraz y a tiempo, conservando el misterio de la grandeza de lo humano. Una “armoniosa” manera de amar.

Por Claudia Córdoba sembrarvalores.org.ar

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La Navidad y la maternidad/paternidad

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La Navidad y la maternidad/paternidad

La época navideña es tiempo de alegría, amistad y compañía. La gente procura reunirse para celebrar y ponerse al tanto de la vida de sus seres queridos. La agenda está más apretada que nunca: cenas, comidas, intercambios, posadas y festivales, todo en un solo mes.

Y ¿el papel de los regalos?… no puede faltar. Son una bonita forma de expresar nuestro cariño, pero pueden convertirse en un obstáculo para vivir el verdadero sentido de la Navidad que es el recordar que Dios se hizo hombre para salvarnos y hacernos sus hijos. Recibir tantas cosas materiales en tan poco tiempo puede llegar a hacer que no se valoren, especialmente en el caso de los niños.

Los eventos familiares y con amistades son ocasiones especiales para agradecer lo más invaluable que tiene el ser humano: personas a quienes amar y con quienes convivir.

¿Qué virtudes podemos aprovechar en estos encuentros para formarnos como personas y familia?

LA GRATITUD: Enseñar a los hijos a agradecer, explicarles que esa emoción que sienten al recibir debe transmitirse con un “gracias”. Resulta muy formativo pedirles que seleccionen ropa y juguetes en buen estado, que los laven y envuelvan para regalar. Todavía mejor si es posible que con algo de sus ahorros puedan comprar algo para compartir con alguien en situación vulnerable. Los padres podemos hacer alguna obra de beneficencia en familia.

LA PIEDAD: Comentar con cariño y espontaneidad el hecho de que cada Navidad es una nueva oportunidad para preparar el corazón y hacer de él un pesebre cómodo en el que pueda descansar Jesús. Existen distintas maneras de lograr esto.

EL RESPETO: El ruido interior que genera el tener tantos compromisos puede dañar la convivencia, puesto que se vive de modo automático y se pierde la paciencia con mayor facilidad. Como padres debemos proponernos y exigirnos que nuestra comunicación con los miembros de la familia sea respetuosa. Para esto hay que ser prudentes y saber qué decir, cómo y dónde decirlo, seleccionar minuciosamente nuestras palabras y nuestro tono de voz, así como el lenguaje no verbal (especialmente cuando se quiere hacer una corrección). De esta manera enseñaremos con nuestro ejemplo a nuestros hijos cómo dirigirse a los demás.

EL AMOR: Dar más importancia a las manifestaciones humanas de afecto como los besos, los abrazos, las palabras cariñosas, que a los regalos. Las cartas son herramientas poderosas para hacer saber a nuestros hijos cuánto los queremos. Pedirles que hagan un dibujo a sus abuelos o tíos puede ser una manera en la que regalen algo hecho por ellos y en las que plasmen su cariño.

LA GENEROSIDAD DE TIEMPO: Es verdad que la calidad del tiempo dedicado a la familia es fundamental, pero la cantidad también lo es. El mejor regalo que le puedes dar a tus hijos es tu atención, tu presencia, tu compañía, tus consejos, tus palabras, tus brazos, tu validación y aceptación. Aprovechemos estas vacaciones para estar atentos a ellos, hay que observarlos, conocerlos, disfrutarlos y jugar con ellos. Lo demás puede esperar, pero los primeros años de los hijos pasan volando.

Que este año que va a comenzar nuestro mayor propósito sea establecer un sano apego con nuestros hijos -que les de seguridad y les haga sentirse valorados-, que sepamos divertirnos con ellos y sacar lo mejor de sí mismos a través de nuestro ejemplo y la formación que les demos. ¡FELIZ NAVIDAD Y FELIZ AÑO NUEVO!

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