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Unión Mujer

Más gestos, menos palabras

De Instagram: TusRecuerdosCuentan
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El éxito también es coherencia

Hoy compartí una foto de mis hijos en las redes. Lo hice sin preguntarles si podía o no hacerlo (cosa que debería ser más frecuente). Se apoderó de mi un halo de “madre babosa” al querer decirles a todos lo orgullosa que me siento de ellos y presumirlos.

Era una imagen donde salían los cuatro juntos, espontánea. Cada uno expresaba en su rostro lo que es. El canchero, el intelectual, el alegre y el pícaro. Entre los amigos trataban de identificarlos con alguno de nosotros. Y así fue como surgió la reflexión de esta editorial.

Los hijos son fruto y parte de lo que somos. De nuestra historia, de nuestra experiencia y de nuestro ejemplo. Qué importante es trabajar la coherencia. Pensar, decir y hacer lo mismo. Genera confianza y nos da credibilidad, nos conduce al éxito.

En los tiempos que corren, ¡no perder el foco es un reto! Los chicos nos observan, nos escuchan cuando hablamos por teléfono, cuando charlamos con alguien que nos cruzamos en la calle, cuando miramos a otro con desdén, cuando comentamos en familia  los temas que salen en la tele.

Nada mejor que mirarnos, “estacionar” el celular, abrir espacios a los gestos, vivir el mundo real y abandonar un poco más ese que nos esforzamos por crear en las redes.  Hacer más que decir. En definitiva recordar más ese proverbio que tanto me gusta “Las palabras vuelan, los ejemplos arrasan”.

Por Aranxa Escribano

Ilustración de Guillermina Feijoo. Puedes seguirla en Instagram en @tusrecuerdoscuentan



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Unión Mujer

La familia, el puerto seguro

Katia Robles

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DE PIXABAY

Nunca me sentí limitada por ser mujer, nunca sentí que eso fuera algo que me impidiera lograr mis objetivos; por el contrario, en mi casa donde éramos cuatro mujeres y dos hombres, mi papá y mi hermano fueron los que más confiaron en mí, mi papá nunca me dijo que no podía hacer las cosas, siempre me impulsó, en cada loca idea que se me ocurría, en cada proyecto o aventura a la que quería lanzarme, era el primero en preguntarme, ¿Ya lo pensaste bien? Y cuando escuchaba mi “sí” decidido, entonces me contestaba, “pues haz lo necesario y cuenta con mi apoyo”.

La familia para mí siempre fue el puerto seguro al que podía llegar cada vez que me sentía fatigada o con ganas de rendirme, ahí encontraba un consejo, palabras de consuelo y de aliento.

Es verdad, la familia es la primera escuela, es el lugar donde damos nuestros primeros pasos, donde decimos nuestras primeras palabras, donde aprendemos las normas de convivencia y donde empezamos a entender el mundo. Pero también es el lugar de nuestras primeras heridas, nuestras primera lágrimas y nuestros primeros regaños. Con todo y eso, la familia es, o al menos debería de ser, nuestro lugar seguro, nuestro mejor refugio, nuestro hogar.

Una vez me preguntaron qué me gustaría que dijera mi lápida a la hora de mi muerte… Después de reflexionarlo un momento dije, “quiero que diga esposa y madre” y es que, cuánto nos falta conocer y reconocer el trabajo que realizan las mujeres tanto en el ámbito público como privado para poder valorarlas de verdad, cuánto nos falta contemplar los sacrificios de madres y esposas que lo dan todo por su familia.

Yo no soy madre, pero he visto a mis abuelas, a mi madre y a mis hermanas desvivirse por sus familias, yo vi a mi madre convertirse en otra persona cuando se convirtió en abuela, pues afloró su lado más dulce y consentidor, conocí otra versión de mis hermanas cuando se convirtieron en madres pues quién se iba a imaginar todo el sacrificio que, por amor iban a ser capaces de realizar.

Mi meta siempre fue y hasta la fecha es, llegar al final de mi vida y sentarme con mi esposo, en el jardín de nuestra casa a contemplar a nuestros nietos jugando, sabiendo que cuando me vaya, ellos se quedarán a vivir en un mundo mejor y que yo en algo contribuí a que así fuera, esa para mí sería la definición de una vida exitosa.

Y es que, si pensamos a dónde van dirigidos todos nuestros esfuerzos, cuál es el motor por el que hacemos las cosas, cuál es tu motor para levantarte temprano todos los días, para salir a trabajar, para prepararte y ser una mejor persona. Creo que la mayoría de las personas responderían: “Mi familia”.

Katia Robles
@KatiaRoblesS

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Unión Mujer

Mi primer acercamiento al feminismo

Siete24

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celular, smartphone, evolución, humano

Por Edith Gallardo

Es cierto que cuando escuchamos la palabra feminismo pensamos en unas características específicas. Pensamos, en primera instancia, en la mujer. Luego se desprenden distintas ideas, en mi caso eran ideas con las que no estaba de acuerdo del todo; sin embargo me gustaba la idea del feminismo, del reconocimiento de la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado.

Me encontraba constantemente con la interrogante “¿cómo un movimiento que defiende el valor intrínseco de la mujer puede ser algo con lo que no me identifico?”. Me conflictuaba mucho porque considero que la persona tiene dignidad, que es el valor intrínseco por antonomasia, y, creo además, que la mujer tiene un valor extra y una perspectiva distinta que agregar a la vida, en todos los aspectos.

Después de intentar ignorar esta cuestión que acechaba mi conciencia, decidí darme a la tarea de involucrarme un poco más en el feminismo. Al principio sólo me atreví a meter un poco el pie al mar de información.

Me topé con muchos artículos, notas, diálogos, infografías, videos… que no me llenaban, no me convencían de llamarme feminista a pesar de suscribir la idea principal: que la mujer tiene dignidad de facto. Después de escuchar a una gran feminista, con un pensamiento crítico y muy abierta al diálogo, después de oírla decir lo que necesitaba escuchar, me autodenominé feminista.

Lo que dijo esta feminista me convenció. No sólo compartía con ella la indignación ante las violaciones y asesinatos a niñas y mujeres, sino que estábamos de acuerdo con que el feminismo no es un movimiento limitado a mujeres que defienden una sexualidad desenfrenada o que se sienten oprimidas por los hombres, por mencionar algunas posturas. Yo no me identificaba, ni me identifico, con eso.

Después de escuchar a Diana entendí que hay un estereotipo fijado a la palabra feminismo; que, en general, se le identifica con un tipo de feminismo en particular, en especial cuando el único contacto que se ha tenido con este movimiento es el de las masas, el que propagan los medios. Un feminismo sin matices.

Después de eso no hubo vuelta atrás y, para terror de mis papás, integré el feminismo a mi vida. Creo que es muy importante describir y reconocer los distintos tipos de feminismo, con sus distintos matices. Hay feminismos para todos, nadie puede apropiarse de un movimiento tan universal y limitarlo a cierto grupo.

El feminismo es compatible con cualquier estilo de vida que respete la dignidad de la mujer; puede vivirse en el desarrollo profesional o en la formación de una familia, en el matrimonio o en la soltería, es aplicable prácticamente en cualquier proyecto de vida.

Hay que reconocer que hay ciertas ramas del feminismo con las que uno no se identifica completamente, sin embargo no hay que ignorar lo que nos une: el reconocimiento de la dignidad de la mujer. Este punto de convergencia es, en mi opinión, lo más importante del feminismo. Creo que cualquier persona que reconozca en la mujer un ser humano que merece respeto se podría considerar feminista, en mayor o menor grado.

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