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Más gestos, menos palabras

De Instagram: TusRecuerdosCuentan
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El éxito también es coherencia

Hoy compartí una foto de mis hijos en las redes. Lo hice sin preguntarles si podía o no hacerlo (cosa que debería ser más frecuente). Se apoderó de mi un halo de “madre babosa” al querer decirles a todos lo orgullosa que me siento de ellos y presumirlos.

Era una imagen donde salían los cuatro juntos, espontánea. Cada uno expresaba en su rostro lo que es. El canchero, el intelectual, el alegre y el pícaro. Entre los amigos trataban de identificarlos con alguno de nosotros. Y así fue como surgió la reflexión de esta editorial.

Los hijos son fruto y parte de lo que somos. De nuestra historia, de nuestra experiencia y de nuestro ejemplo. Qué importante es trabajar la coherencia. Pensar, decir y hacer lo mismo. Genera confianza y nos da credibilidad, nos conduce al éxito.

En los tiempos que corren, ¡no perder el foco es un reto! Los chicos nos observan, nos escuchan cuando hablamos por teléfono, cuando charlamos con alguien que nos cruzamos en la calle, cuando miramos a otro con desdén, cuando comentamos en familia  los temas que salen en la tele.

Nada mejor que mirarnos, “estacionar” el celular, abrir espacios a los gestos, vivir el mundo real y abandonar un poco más ese que nos esforzamos por crear en las redes.  Hacer más que decir. En definitiva recordar más ese proverbio que tanto me gusta “Las palabras vuelan, los ejemplos arrasan”.

Por Aranxa Escribano

Ilustración de Guillermina Feijoo. Puedes seguirla en Instagram en @tusrecuerdoscuentan

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Para ser felices necesitamos ser amigos…

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especial

Siempre he tenido un gran interés en el tema de las virtudes por su impacto positivo en la persona y su conducta. Lo más interesante es que se alcanzan haciendo “bien” los deberes o trabajos, con calidad y esfuerzo.

Las virtudes se convierten en motores que nos impulsan en la lucha contra las propias limitaciones y defectos, lo que nos lleva a perfeccionarnos. Considero que necesitamos de ellas como un “escudo” que nos ayude a proteger la integridad personal en los momentos de dificultad y como un “trampolín” que lleve a superar los retos que la vida presenta con energía y entusiasmo.

Pienso que estos meses de pandemia nos han traído muchas oportunidades para crecer y desarrollarnos, y en lo personal, la virtud que más trascendencia ha tenido en mi vida es la de la amistad.

El autoconocimiento es una tarea que dura toda la vida, pero gracias a grandes amigos he podido descubrir quién soy, qué cualidades tengo y qué cosas puedo mejorar. Nuestra identidad es producto del encuentro con el otro en la convivencia y en el diálogo.

En estos amigos he podido constatar lo que grandes filósofos, como Aristóteles y Santo Tomás de Aquino, a lo largo del tiempo han escrito sobre la virtud de la amistad, he visto como en la entrega desinteresada al otro es en dónde encontramos la verdadera felicidad porque implica reconocer y valorar su dignidad y establecer una relación de “dar- dar”  en la que se termina por “recibir- recibir”. Con su ejemplo, he aprendido a ser una “mejor amiga” y una “mejor persona”.

Me atrevo a afirmar que en la amistad es donde alcanzamos nuestra plenitud, porque buscar el bien del otro expande el corazón. La amistad nos hace salir de nosotros y despierta las ganas de transmirle al otro aquel valor que descubre en su interior que le hace único, impulsándole a que se desarrolle en cualquier ámbito de su vida: personal, familiar, profesional y social.

Esta necesidad de comunicarnos de manera empática e íntima con otros individuos con los que compartimos ciertos objetivos, ideales, valores o pensamientos, nos puede resultar muy positiva porque en la identificación nos fotralecemos unos a otros.

En un verdadero amigo somos capaces de encontarnos a través de su mirada y de ayudarle a encontrarse a través de la nuestra. Es una figura que sirve de guía y referencia, nos orienta a que descubramos y tracemos nuestro proyecto de vida, pero lo más importante es que está ahí dándole soporte: sabe escuchar y observar, aconsejar y callar, pero especialmente acompañar.

La amistad no debe flaquear por la debilidad o las equivocaciones que se puedan tener, sino que debe buscar la concordia y la rectificación. El amor de amistad es de benevolencia, desinteresado, recíproco, que genera complicidad y gratitud.

Una llamada o un mensaje de alguien que nos estima en tiempos difíciles resulta muy alentador. Un detalle de cariño puede cambiar nuestra forma de ver el mundo, unas palabras de aliento o una corrección (basada en la comprensión y no en el juicio), puede redirigir nuestra brújula hacia nuestro objetivo de vida.

Compartir logros, metas y alegrías con amigos nos permite disfrutarlos más, pero compartir los fracasos, pérdidas y duelos con ellos, nos permite llevarlos con una sensación de seguridad que nutre el espíritu. Una amistad profunda nos puede llevar a una verdadera comunidad de vida, unidad de pensamiento, de sentimiento y de voluntad (Isaacs, D.: 1981, 227).

Con estas palabras quiero invitarte a que te propongas ser un mejor amigo, quiero que te abras a los demás sin ponerles etiquetas porque toda persona es valiosa, y cuando nos cerramos al otro por cualquier motivo quien acaba perdiendo, es uno mismo.

Ser un buen amigo toma tiempo y requiere atención, por lo que es probable que tengamos unos cuantos que sean cercanos, sin embargo, una actitud amistosa puede compartirse con toda persona con la que coincidas.

Te invito a que no cierres los ojos a la necesidad de los demás. Haz lo que esté en tus manos por ayudar al portero de tu casa, a tus compañeros de trabajo, a tus “cuates”, a los miembros de tu familia, a tus vecinos… y me atrevo a pedirte que pongas especial atención en apoyar a quienes se encuentran en situaciones vulnerables.

Entre más quieras a los demás, tu capacidad de amar y de ser feliz crecerá. Vivirás más ligero y te sabrás querer más a ti mismo. Siendo buen amigo serás feliz.

*Por Muma Tena

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Una niña, adolescente o mujer es capaz de transformar el mundo que le rodea

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niños y niñas
especial

Poner principal enfoque en colaborar para el desarrollo de habilidades socio emocionales y ejecutivas debe ser una misión de todas. Por lo tanto, el poder de cambiar el mundo está en nuestras manos.

Es una realidad que hombres y mujeres tenemos los mismos derechos, sin embargo, a lo largo de la historia se ha tratado tanto a los niños como a las niñas de un modo diferente, donde por medio de la cultura se han pre establecido roles que reducen la capacidad de poner en práctica todo el potencial que una niña puede tener.

Hoy se celebra el Día Internacional de la Niña, esto se debe a la necesidad que ven los diversos organismos internacionales de poder resaltar la desigualdad que existe en la actualidad.  Es un día que nos debe llevar a reflexionar nuestro rol en la sociedad, el impacto que tienen nuestras palabras, acciones y decisiones en las niñas y adolescentes que nos cruzamos. Es momento de reconocer que está en nosotras y solamente en nosotras crear conciencia y formar a cada persona, sea niño, niña, adolescente o adulto, con palabras pero sobre todo, con el ejemplo sobre la importancia de reducir barreras que se presentan a lo largo de la vida.

Debemos entender que vivimos en un mundo cambiante, donde cada día a nuestro alrededor se presentan retos y situaciones diversas que nos fortalecen y nos ayudan ser mejores. Sin embargo, hay otras situaciones que retroceden el tiempo, bloqueando los logros.  Este día de la niña debe ser un momento para pensar en como reducir esa brecha educativa, específicamente en la deserción escolar de las mujeres, ya que nos confrontamos a situaciones tan poco normalizadas teniendo como ejemplo el periodo menstrual, tan poco normalizado que las alumnas prefieren no asistir por un sentimiento de incomodidad, vergüenza y espacios insalubres (sin agua) o un reconocimiento personal y social de su “responsabilidad en las tareas del hogar”

El tiempo de Covid- 19, junto con el cierre de escuelas ha incrementado la deserción escolar y esto aumentaría en el regreso a la “nueva normalidad”, esto se debe a que las mujeres realizan tres veces más trabajos no remunerados, incluyendo el cuidado de sus hermanos. La crisis actual está orillando a las familias a enfocarse en recaudar los recursos para poder sobrevivir, siendo la mujer mayor de la casa la que, sin importar sus deberes académicos y capacidad de aprendizaje, debe ceder sus estudios para apoyar durante este tiempo.

Otro de los problemas que presenta la pandemia es que, al no tener una escuela donde poder asistir, se eleva el riesgo de embarazos adolescentes, matrimonios precoces y violencia. Lo más grave es que esto se convierte en un ciclo que no sólo afecta a la generación actual, sino al sistema cultural, el cual permea a las siguientes generaciones con un impacto económico, político y social tan grande que se convierte en un retroceso.

En otras palabras, se nos olvida que educar una niña es aportar a transformar el futuro del mundo para algo mejor. Fomentar la continuidad de las escuelas fortalece los aspectos económicos y reduce la desigualdad, aumentando oportunidades para que todos crezcan y se desarrollen, logrando de ese modo un cambio generalizado en el mundo.  Educar a una mujer es contar con personas capaces que, por su profesión, se dediquen a ayudar a los demás, es tener empresarias capaces de generar ideas para mejorar el mundo que nos rodea, pero sobre todo, es tener líderes capaces de alzar la voz para poder defender ideas. Si trabajamos juntas para motivar y dar espacios de esparcimiento, crecimiento y apoyo a esas niñas que hoy celebramos, el mundo será un mejor espacio para poder vivir.

Por Ana Luisa Gleason

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