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Más que una vida sin escuela Más que una vida sin escuela

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Más que una vida sin escuela

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Ciudad de México.— Desde antes de ser mamá pensé en educar en casa como una buena opción para la educación de mis hijos, sentía que les podía ofrecer mucha más información y experiencia que los libros de texto convencionales.

Para ese entonces cree una carpeta en mi laptop llena de actividades que quería hacer con mis hijos: maquetas, líneas del tiempo, lapbooks, experimentos… un sinfín de material sobre los temas que a mí me parecían los más interesantes e importantes.

Cuando nació mi primer hija me puse a investigar aún más sobre el llamado “homeschool” y fue cuando escuché la frase “¿por qué creemos que un adulto tiene que decidir qué aprende el niño?” Algo en mi hizo click y cambió todo mi panorama.

Yo, como muchos, me imaginaba que educar en casa era ser la “miss”, que yo les iba a enseñar muchas cosas decidiendo por ellos cuáles eran los temas e incluso las materias más importantes. Me empecé a cuestionar ¿y si no les gusta la historia tanto como a mí?, ¿si ellos “sólo” quieren aprender música o física o arte?

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Luego vinieron otro tipo de preguntas ¿Están las materias realmente separadas unas de otras? ¿Hay materias más importantes que otras? ¿Es una calificación prueba de que aprendiste algo realmente o prueba de la memoria a corto plazo?

Poco a poco lo empecé a tener más claro, si yo doy la libertad a mis hijos de que ellos elijan lo que quieran aprender, como quieran aprender y cuando quieran aprender, eso va a ser significativo para ellos, no perderán el tiempo memorizando miles de datos que ya están en internet y que pueden conseguir sólo dando enter.

Si ellos se vuelven autodirigidos van a adquirir las herramientas, conocimientos y experiencias que necesitan en su vida; entonces mi papel se vuelve secundario, yo me convierto en guía y facilitadora, los puedo acercar a donde está la información o con los expertos en el tema, pero ellos son quienes dirigen su aprendizaje, su conocimiento, sus decisiones y por lo tanto su vida.

Fernanda De la Peña Limas



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El encuentro con mi propia voz

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El encuentro con mi propia voz
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Por Andrea Amozurrutia

Mi historia no es la de una feminista de toda la vida, ni de una mujer que siempre quiso ocupar una posición de liderazgo en el mundo corporativo para darle voz a la mujer. Llegué aquí como resultado de muchos años de introspección y búsqueda personal –y por muchos me refiero a más de la mitad de mi vida– dedicada a descubrir quién soy y cuál era la mujer en la que me quería convertir cuando fuera grande.

Después de algunos tropezones en la búsqueda de aquello que me provocara querer levantarme todas las mañanas, decidí dedicarme a las finanzas y en el camino descubrí que parte de mi propósito en esta vida consistía en ser un factor de cambio para el mundo que habitarán las siguientes generaciones. Hoy, lidero las finanzas y la sustentabilidad en una empresa líder en su sector, dos temas que me apasionan y que efectivamente me hacen despertar todas las mañanas, porque al ponerlas a trabajar en sincronía, me han regalado enormes satisfacciones, incluso reconocimientos que jamás hubiera imaginado.

No crecí sintiéndome discriminada por ser mujer, al contrario, mis padres nunca hicieron distinciones entre mi hermano y yo. Algo sumamente visionario de ambos, porque las tareas y responsabilidades en la familia nunca correspondieron al género sino a la individualidad de cada uno. Ahí es donde se construyeron los cimientos de mi quehacer profesional y por qué no decirlo, personal. Y esto mismo es lo que quiero inculcar en mi hijo y fomentar en mi equipo de trabajo.

El mundo corporativo de hoy en día necesita profesionistas íntegros y apasionados, que no tengan la necesidad ni sientan el impulso de fingir ser lo que no son. En un ambiente tan competido y diverso, se necesitan mujeres que estén en paz con su feminidad y que desde ese lugar ejerzan su liderazgo –sin culpa por tener o no tener hijos, sin querer imitar el liderazgo masculino o bloquear el éxito de otras mujeres–, porque eso es lo que nos hace contribuidoras únicas al negocio y sus resultados.

Estamos viviendo un momento único en cuanto a la conciencia del valor que tenemos las mujeres, afortunadamente no sólo en el plano profesional sino también en el personal, por obvio que parezca este último.

Hoy, estoy convencida de que el liderazgo de la mujer debe ejercerse desde su rol de mujer, ni más ni menos. Debemos encontrar esa armonía en nosotras mismas y con el mundo que nos rodea, sin culpas, sin máscaras, con madurez emocional para realmente hacer del entorno laboral y personal uno más equitativo y consciente de las diferencias, para así dar cabida a la riqueza de la diversidad.

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México

¿Y a ellas…quién las voltea a ver?

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¿Y a ellas…quién las voltea a ver?
Imagen de archivo tomada de video

Martha Llamas, Directora de Hogares Faustino Llamas

Tuve la fortuna de conocer a Sol, una chica de 16 años con discapacidad intelectual. Su padrastro abusó sexualmente de ella y quedó embarazada. Sol, sabiendo que no tenía la capacidad para educar y darle una vida de oportunidades a su bebé, decidió darlo en adopción.

Sol tiene una edad mental de 5 años y fue capaz de tomar una decisión llena de amor.

La mamá de Sol pagó la fianza para sacar al padrastro de la cárcel.

Hoy Sol vive segura en Granja Betania. Sabe panadería, aprendió a bordar y está aprendiendo a leer y a escribir.

Esta historia dio un giro gracias a la labor de mi papá QPD. Gracias a él, yo pude conocer un sector de la población que muy pocos voltean a ver.

En las últimas marchas feministas he buscado a aquellas que luchan por este sector olvidado, cuántas de ellas tienen discapacidad o llevan una cartulina con el nombre de alguna de ellas; quizá no he tenido suerte, pero no he visto a nadie.

¿Quién ve por ellas?

Hablo de esas niñas y mujeres que nacieron con discapacidad intelectual, en una familia de escasos recursos y que han sido víctimas de abuso, maltrato y abandono.

En Hogares Faustino Llamas viven 89 niñas y mujeres bajo estas condiciones. Hace más de 20 años un hombre quiso ver por ellas, quiso cambiar sus vidas y decidió abrir estas casas, para darles un techo seguro y una vida digna.

Las mujeres somos vulnerables, la pobreza nos hace más vulnerables, la discapacidad intelectual aumenta nuestras probabilidades de recibir algún tipo de abuso.

Hoy tengo 89 maestras de vida que con acciones de amor me dan las mejores lecciones.
¿Te gustaría sumarte y ver por ellas? Visita nuestras redes sociales Hogares Faustino Llamas

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