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¿Qué me han enseñado mis hijas?

Imagen de Lorri Lang en Pixabay
Ximena Céspedes

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Estoy a punto de llevarlas a mi destino final y, para ellas, a un inicio de vida; cada quien lo ve según el lado que juegue. Ellas comienzan ciclos y yo creo que las pierdo. Ellas crecen y yo siento que me encojo.

La vida es así. Yo las preparé para ser independientes, libres y que no vieran obstáculos en la vida, aunque a veces me arrepiento de haberlas criado tan libres; y no en el mal sentido, sino en decirles que ellas podían todo, porque realmente lo creen y se les olvida, a veces, pedir ayuda.

Esta semana oí una frase que me encantó: “la creatividad nace de la disciplina” y creo que a lo largo de estos años, precisamente mi trabajo fue eso, mostrarles el camino, no dejar que se desviaran, inculcarles valores y tratar decirles todos los días lo amadas que eran.

Llegó el día de dejarlas partir y, aunque el corazón se me hace chiquito… muy chiquito, me quedo con todo lo que he aprendido de ellas. Porque no son ellas las que saben cosas por mí, soy yo la que creció gracias a ellas.

  1. Me juzgarán por lo que hice con ellas: Esa frase me la dijo mi mamá un día en que me vio como madre y esposa ausente. Y tenía toda la razón. Somos capaces de ser madres, esposas y ejecutivas, pero todo a su tiempo y en su justa dimensión. Me costó horrores, pero lo entendí. Y la prioridad, desde ese entonces, ha sido mi familia.
  2. Siempre hay tiempo para lo importante: Me perdí de varias cosas, fiestas infantiles, festivales y desayunos con mamás. Iban mis suegros, mis amigas que me apoyaban o una mamá que siempre estaba dispuesta a mandarme la tarea. Pero para las cosas más importantes siempre estuve. El día que una se cayó del juego, otra en que se partió la nariz, el día que dejaron el pañal o el chupón, cuando tuvieron que operar a una o vacunar a otra, cuando la mordió el perro, cuando terminó con el novio o cuando, muy lamentablemente, se suicidó un amigo. Esos momentos eran en los que tenía que estar.
  3. La sinceridad es mi mejor herramienta: Mi hija chiquita me dice que no es posible pelear conmigo porque soy tan franca y tan directa que cuando algo pasa, ahí mismo se lo digo y se me pasa el enojo. Creo que es lo que ha permitido que la adolescencia pase sin dolor y que las cosas se llamen por su nombre.
  4. Soy condescendiente pero no alcahueta: Todo parte de la disciplina y los valores, y hay una línea que no se cruza pero hay pequeños detalles, como pasarse de la hora de llegada, un rato más con los amigos, una nota no tan perfecta o una falda más corta de lo permitido, que no le hace daño a nadie y que, al contrario, te vuelve más humana ante las circunstancias.
  5. La comunicación es la base de todo: Yo crecí en una familia de padres trabajadores y la hora de la cena se convertía en debate de quién había tenido más problemas en la oficina, en la escuela o en sus actividades. No era una competencia, más bien era una clase de coaching, porque cada quien opinaba de la mejor manera de afrontar el tema. Hice lo mismo con mis hijas, de tal manera que ellas se convirtieron en mis confidentes, mi soporte y mis consejeras. Son más prácticas que yo porque ven el problema del otro lado de la barrera y lo aplican en su vida diaria.
  6. Todo se puede: Las criamos sin barreras. Probamos con ellas de todo, esquí acuático y en nieve. Desde remo hasta vela, pasando por patines, bicicleta, triciclos y videojuegos. Días de campo en potreros de vacas y hoteles con lujo. Todo para que supieran que nada vale tanto como la experiencia y que todo, no importa las circunstancias, se puede disfrutar.
  7. Que el amor lo es todo: Varias semanas hemos estado lejos. Por trabajo, vacaciones o campamentos y eso nos enseñó a que no tenemos que estar presentes para sentirnos unidos. Una sonrisa del otro lado de la mesa, una llamada rápida, un regalo cuando regresas o una lágrima cuando nos despedimos, hacen que el tiempo pasado, presente y futuro valga toda la pena del mundo.
  8. Tu casa es mi casa: Por la casa han desfilado conocidos y desconocidos, nacionales y extranjeros, y todos han desayunado, comido, cenado, tomado y dormido. Ellas son anfitrionas inigualables y se preocupan por cada persona que pasa por la casa porque saben que no hay mejor manera de demostrar aprecio y empatía que siendo serviciales con los demás.
  9. La familia es el centro: No importa lo lejos o cerca, la cantidad de integrantes o la edad que nos separa, la familia es el centro, no hay nada como el hogar y hemos aprendido que lo formamos cada uno de nosotros.

Como dice la canción: “tú eres mi persona favorita”, para mí eso son mis hijas y espero que no solo lo sepan, sino que se lleven consigo esa sensación. “¡Al infinito y más allá!”.



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Pasar de la tolerancia a la aceptación

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Pasar de la tolerancia a la aceptación

En busca de la armonía interior

Si en un año común y corriente las relaciones interpersonales las convertimos en complejas… ¿qué sucedería un año si tuviésemos una pandemia mundial que nos aislara del mundo exterior, que no nos permitiera abrazar a nuestros seres queridos, que no pudiéramos tomar un café con un amigo para conversar de un tema que nos preocupa? Dificultaría, aún más, nuestras relaciones humanas.

Este año 2020 para mí, fue un año especial. Un año donde un hecho adverso a nuestra voluntad nos impuso nuevas costumbres y hábitos, pero que también nos impulsó a bucear en océanos desconocidos, descubriendo luces donde nunca hubiésemos imaginado que existía esa posibilidad de ver. Este impulso está relacionado directamente con el deseo de vivir en el presente con plenitud, de no posponer para mañana vivir con una sonrisa. Salir de nuestra zona de confort, buscar un crecimiento personal, ser mejores personas poco a poco nos permite lograr, o por lo menos nos acerca, a esa armonía interior tan deseada.

Desde el Coaching Ontológico hay una distinción muy importante que permite estar más cerca de una vida más armónica y plena; es la diferencia entre Tolerancia y Aceptación.

Antes me gustaría aclarar qué es una distinción. Saber distinguir es conocer, incorporar y poder ver algo que antes no podía ver, es sumar una nueva mirada que me permite accionar de una manera distinta a como lo hacía antes. Esta nueva capacidad de acción nos ofrece una mayor posibilidad de lograr los objetivos que ansiamos alcanzar, como en este caso, una mayor armonía interior.

Comencemos escuchando las palabras que surgen cuando buscamos la definición de “Tolerar”: llevar con paciencia, permitir algo que no se tiene por lícito, resistir, soportar… son definiciones que conllevan, a mi entender, dos ideas muy potentes que nos alejan de la armonía.

La primera es que tolerar implica un constante sufrimiento. Nosotros toleramos que alguien haga algo que nos hace sufrir ya sea física, psicológica o emocionalmente. Toleramos, resistimos, soportamos y por ende sufrimos. Es importante saber que tanto los seres humanos como los materiales tenemos un umbral de tolerancia, de resistencia y cuando lo pasamos nos quebramos como se puede quebrar un metal. Entonces… ¿tolerar nos ayuda a vivir en armonía?

La segunda idea es que, como bien nos dice el diccionario, tolerar es “permitir algo que no se tiene por lícito”, o sea inicialmente ya emitimos el juicio de que el acto que está haciendo el otro es ilícito, es erróneo, no es lo que “debería hacer”. Nuestra verdad se impone no permitiendo que el otro sea un ser legítimo y libre de opinar diferente, entonces, yo un ser superior te tolero, te soporto. Esta idea de ser superior… ¿nos ayuda a vivir en armonía?

El coaching ontológico indica que el lenguaje no es inocente y si pensamos que “toleramos a alguien” probablemente permitamos que la otra persona realice algún acto que no nos guste pero a la par, o en un futuro cercano, tendremos acciones que romperán esa relación humana.

Los invito a un camino diferente, el de la ACEPTACIÓN. Resalto dos aspectos importantes.

Primero, en la aceptación no estamos emitiendo un juicio previo, no estamos diciendo que la acción del otro es ilícita, simplemente que es diferente a la que yo desearía, pero la acepto, no estoy en una postura de ser superior.

Aceptar significa dejar de pensar que el otro debería actuar, pensar y sentir como yo. Es aceptar que las otras personas tienen otras necesidades, otros gustos, otra escala de prioridades, han vivido otras experiencias y por tanto son diferentes. Su manera de ser es tan válida como la mía.

Segundo, no estamos obligados a aceptar todo. Aceptar no implica que todo nos tiene que gustar o caer bien, o que cuando algo no nos gusta debemos ser pasivos y olvidarnos que somos un ser diferente y legítimo. No implica que nos resignemos y en forma pasiva dejemos las cosas tal cual son. Siempre tenemos la posibilidad de alejarnos o de intentar cambiar lo que no nos gusta. Pero si elegimos el camino de la aceptación significa que somos conscientes de que las cosas suceden, y luego de generar un análisis de la situación, de forma consciente, decidimos respetar y aceptar las diferencias para vivir en armonía.

Tolerar y Aceptar son términos distintos. Tener esta distinción en la vida cotidiana nos hace más capaces de encontrar la armonía interior para luego contagiar el exterior.

Ahora tienes el poder de distinguir… ¿estás tolerando o aceptando?


Alfredo Lambardi
Cofundador y Director de Experiencia Líderes.
Coach Ontológico Profesional

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La clave está en la armonía

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La clave está en la armonía

¿Cuál es el papel de la mujer hoy? Justo en medio de la situación actual donde debemos ser y estar en tantas situaciones al mismo tiempo, ¿te has parado un momento para pensar quién de todas esas versiones eres? ¿Eres mamá? ¿Eres maestra? ¿Eres profesionista? ¿Eres toda o tal vez ninguna? En realidad, no debiese de existir la necesidad de escoger.

Desde los inicios del feminismo, en donde se buscaba que la mujer fuera un ser humano con todos los derechos y las prerrogativas que debe tener cualquier persona, al feminismo de algunas corrientes que hoy en día terminan haciendo lo que critican, que hablan de que la mujer no nace sino se hace, hay un abismo enorme.

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Hoy en día la mujer no encuentra su espacio real en este mundo, luchamos hacia afuera sin tener claro lo que somos y hacia adentro. ¿Somos mujeres o nos enseñaron a serlo? ¿Nuestro lugar está en la casa o fuera de ella? ¿La maternidad nos obstaculiza o nos potencializa?

Unión Mujer nació haciéndonos estas preguntas y he aquí mis humildes respuestas, respuestas en construcción, como Unión Mujer, como este feminismo central, integral y propositivo en donde espero que te sientas representada y que, como muchas de nosotras, encuentres respuestas a tus dudas, a lo que crees que eres y lo que consideras tus ideales pero no sabes como verbalizar.

La mujer es una construcción dinámica, pero no como la presenta Simon de Beauvoir en donde todo lo hemos aprendido y nos tenemos que deconstruir de viejos paradigmas, sino donde tenemos una base real. Las mujeres somos mujeres biológicamente, neuronalmente, hormonalmente; cada una de nuestras células muestra en el ADN nuestro sexo, no es un tema genital, es un tema que nos permea en cada aspecto. Nuestra psicología diferenciada a la de los hombres se conjuga con lo social y es ahí donde formamos a la mujer que somos: en la mezcla de lo biológico, psicológico y lo social, cada una diferente, cada una ideal. No podemos dejar de lado nuestra naturaleza. Somos, como dice Boecio, genes y cultura.

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De ahí la mujer encuentra su plenitud en la armonía de sus áreas personal, familiar, profesional, laboral y trascendente y ahí está la clave, las primeras respuestas. No tendríamos que escoger si ser mamá o trabajadora, no tendríamos que seguir los patrones que nos marcan, sino buscar de manera personal equilibrar estas áreas en donde el tiempo nos dará un poco la clave. Algunas veces tendremos que estar más en casa (como cuando nace un hijo o se enferma un padre) otras veces impulsaremos más nuestra área profesional (cuando estudiamos una carrera o tenemos un proyecto relevante). Siempre dando espacio a nuestro crecimiento y estabilidad personal, porque nadie da lo que no tiene. Sin olvidar ver las cosas a eternidad profeses la religión que profeses, porque los seres humanos estamos llamados a trascender.

La mujer puede y debe ser plena, no tenemos porqué pelear con nuestra naturaleza, con nuestro ser madre, con nuestro sentido materno, con nuestra gran capacidad de darnos a los demás ni con el hombre. La clave está en el equilibrio, en el trabajo un día a la vez para lograr la plenitud.

Paulina Amozurrutia, Coordinadora Nacional de Unión Mujer.

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