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Trabajo y plenitud Trabajo y plenitud

Unión Mujer

Trabajo y plenitud

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El éxito enfocado en la carrera profesional es un ideal difundido en todas las personas. Todas queremos ser exitosas, lo natural es querer ganar. Sin embargo, a ese deseo se le suma un terror al fracaso pues, socialmente, parece que quien no trabaja y tiene cierto estatus, ha fracasado en su camino hacia la plenitud. Como personas, como mujeres, ¿Cuál es la respuesta que debemos de dar ante esta presión?

La plenitud es completamente individual. Cada una de nosotras es distinta. Así como cada una es única e irrepetible, cada una también encuentra en esa vida individual, su propia plenitud. Nadie puede imponer la verdadera receta para la plenitud, porque es propia de cada una. La realización de la propia vida es única, como única es la persona. Los patrones que se impongan, limitando la libertad individual, estorban el desarrollo pleno, el desarrollo libre que guía hacia la felicidad.

Sin embargo, vivimos en sociedad. No se pueden negar realidades como la presión social, los estándares que parece debemos cumplir, o el aparente vacío que podemos sentir si no cumplimos con lo que la sociedad nos exige. La presión existe, las expectativas están muy altas. ¿Qué hacer? ¿Cómo responder? Cada una como se sienta cómoda y plena, considerando que el vivir en sociedad requiere una actitud de apertura y servicio a los demás.

Al aceptar el supuesto de que vivimos en sociedad por nuestra naturaleza sociable, la familia cobra una especial importancia en el camino hacia la plenitud individual.

Como mujeres, ¿el tener una familia entorpece necesariamente el desarrollo profesional? ¿Desarrollarse profesionalmente implica la incapacidad o imposibilidad de vivir en una familia estable? No.

La palabra «desarrollo» se refiere a cualquier cambio o transformación, pero también tiene una connotación de crecimiento. Entonces, ¿la familia entorpece el desarrollo profesional o viceversa? Si se trata de un verdadero desarrollo profesional que implique un crecimiento, la familia no estorba. ¿Por qué? Porque el crecimiento personal debe incluir todas las esferas de la vida, incluyendo la familiar y la profesional. En el momento en el cual el trabajo o la carrera profesional impida que la persona pase tiempo con su familia, entonces no se está teniendo un verdadero desarrollo profesional sino un desempeño de actividades que se vuelven dañinas.

El crecimiento es vital para la persona. El estancarse durante toda una vida no llevará a la plenitud sino a la pasividad y a la soledad interior, perdiendo cualquier sentido anímico o vital. Todo lo natural, toda la vida, tiende al crecimiento. Así como cada persona tiene un crecimiento físico por medio del paso del tiempo, también existen otros crecimientos que fortalecen a la persona, tales como el crecimiento social, espiritual, profesional, familiar, intelectual, emocional, sentimental, pasional, y un largo etcétera. Muchas veces, en nuestra vida, el no crecer no significa simplemente estancarse, sino algo peor: significa decrecer. Retroceder pasos en nuestro camino a la plenitud puede ser muy doloroso, más si eso se nos escapa de las manos y es controlado por otros. ¡Solo yo soy quien me dirijo hacia la plenitud! Sin embargo, aunque a la que más le debe de importar el crecimiento es a mí misma, no estoy sola. Tengo mucha gente a mi alrededor que me quiere bien y me quiere ver crecer. En lugar de rechazar esa ayuda, debo abrazarla. ¿Para qué? ¿Para cumplir con esas expectativas? No. ¿Para responder ante la presión? No. Para corresponder en el amor: mi máximo alcance de plenitud.

Ana Fernández Núñez



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México

Unión Mujer lanza campaña #JuntasSomosMasFuertes

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Unión Mujer lanza la campaña #JuntasSomosMasFuertes

Ciudad de México.— El movimiento Unión Mujer anunció el lanzamiento de la campaña #JuntasSomosMasFuertes con el objetivo de generar un espacio de encuentro entre mujeres; dejando atrás las diferencias ideológicas para luchar juntas contra las diversas problemáticas que vive este sector de la población en el día a día.

Algunas de estas situaciones se han acentuado con la crisis sanitaria ocasionada por el COVID- 19.

La campaña #JuntasSomosMasFuertes consta de tres acciones principales:

La difusión de diversos temas tales como seguridad, salud, economía entre otros por medio expertas en diferentes medios con el objetivo de visibilizar los problemas de la mujer mexicana.

El lanzamiento en diferentes medios y plataformas de un video que muestra la realidad de la mujer y la invita a buscar la plenitud por medio de la aceptación personal

La presentación de cuatro acciones de gobierno a fin de sumar a las candidatas y candidatos en campaña a un esfuerzo real y concreto para la mujer mexicana.

Esta campaña, comentó Paulina Amozurrutia, coordinadora nacional de Unión Mujer, busca hacer conciencia en la sociedad sobre los problemas que les afectan en el marco de la pandemia a través de un grupo de mujeres especialistas en diferentes temas.

LEE Hablan las mujeres que trabajan por las mujeres, Paulina Amozurrutia

Paulina Amozurrutia indicó que Unión Mujer impulsa la promoción y respeto de la dignidad de la mujer en todas las áreas de la vida, desde una narrativa propositiva y científica, en el marco de la familia como el espacio natural para el desarrollo y por tanto detonador de un cambio cultural.

Creemos en todas las formas de libertad desde el respeto para la paz, afirmó la especialista en educación, familia, feminismo y promoción de valores.

“Dentro del marco del Día de la Mujer buscamos impulsar la campaña #JuntasSomosMasFuertes. No queremos confrontarnos por nuestras posturas; sino poner en común los problemas que afectan a la mayoría de las mujeres, impulsando un feminismo para todas”, aseguró.

“Estamos atravesando la peor crisis de nuestra historia moderna, como país y como humanidad; por lo que es fundamental que entendamos que debemos unirnos entre nosotras para darnos un rol fundamental en la nueva sociedad, ¿estaremos a la altura de la historia?”, cuestionó la especialista.

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Lo que no se cuenta

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Lo que no se cuenta
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Por María Cecilia León Sterling

El lunes será 8 de marzo: el día internacional de la mujer. A unos cuantos cuadros que tachar en el calendario para que llegue la fecha, comienza a percibirse –entre la amalgama de ideas, opiniones y colores– un peculiar aire de añoranza. Añoranza de agradecimiento y reconocimiento, alimentada por el desfile de logros de mujeres que, según las Naciones Unidas, “han jugado un papel clave en la historia de sus países y comunidades” (2020). Como mujer, no puedo negar que me conmueve conocer la lista de nombres de mujeres que han destacado en áreas como la política, los negocios, el cine, las ciencias… Pero, me parece que dicho tabulador de éxitos femeninos se queda corto en lo que viene siendo, “cuantificar” la contribución que ha hecho la mujer.

Decía Santa Teresa Benedicta de la Cruz, que “los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia”. No lo dudo ni tantito. Y mucho menos cuando se trata de imaginar los millones de almas de mujeres que pisaron la Tierra marcando una huella profunda y permanente, característica de quienes obran bien, en silencio y en secreto. Me refiero –como ya se podrán imaginar– a mujeres reales, mujeres que fueron madres de reyes, hermanas de compositores, hijas de científicos, esposas de emperadores, musas de artistas y amigas de santos. Mujeres, en fin, que acompañaron tanto a los personajes más ilustres de la historia (y cuyos nombres sí vienen en los libros), como a los “del día a día”. Y mucho ojo, que esto no convierte a las mujeres en personajes de reparto, sino en protagonistas de la trama.

La tinta de la historia, como la conocemos, no alcanzó para detallar la intervención de un gran número de mujeres. Pero, si nos detenemos a reflexionar lo que pasa entre las líneas del pentagrama del tiempo, podría asegurar que nos sorprendería la cascada de momentos más cotidianos influenciados por la mujer. Y es que no se necesita gran conocimiento musical para saber que los silencios son tan expresivos como los sonidos. Pienso, por ejemplo, en la broma que le hiciera Maria Anna Mozart a su hermano en algún momento en el que lo único que necesitaba era una dosis de alegría. O trato de evocar la sonrisa de Mumtaz Mahal, sobre la que descansa el “monumento dedicado al amor”. O imagino las lágrimas de quien en la Iglesia Católica es Santa Mónica, y que empaparon el alma de San Agustín de Hipona.

Ahora bien, si aún resulta complejo y lejano entender el peso la mujer en la historia, basta con hacer el ejercicio anterior con la propia vida. Nos daremos cuenta que nuestros años, más allá de las experiencias, llevan impresa la cálida sonrisa de una abuela, la exigente ternura de una madre, la camaradería de una hermana o la fresca lección de una maestra. No se equivocaba Juan Pablo II cuando explicaba que “la mujer es aquella en quien el orden del amor en el mundo creado de las personas halla un terreno para su primera raíz” (1988). En definitiva, es ese el núcleo de la impagable deuda que tenemos, todos, con las mujeres que nos anteceden y rodean.

Como recolectora de metáforas, me parece que las más bellas son las que por su versatilidad y hondura de significado, evocan la luz. No por nada, llaman los historiadores a los años de exaltación de ideas y razón como “el Siglo de las Luces”. No por nada, le llamamos al milagro de dar vida como “dar a luz”. ¿Y quién, más que la mujer? ¿Quién, más que la mujer, puede experimentar lo que es llevar la vida en ella? ¿Quién, más que la mujer, puede entender lo que es nutrir de vida, de ideas, y de valores, a personas y sociedades enteras?

Me agrada la idea de saber que cada vez hay más mujeres que hoy destacan en sus carreras profesionales. También me inspiran las mujeres que con su testimonio le dan vida a los sueños que les son confiados. Me sumo a los aplausos debidos a las mujeres de la pasarela del silencio en vida, pero con eco perdurable. A lo que no me sumo –y eso hay que aclararlo– es a encasillar la grandeza de la mujer a un tabulador que mide su éxito en función del número de palabras que le son dedicadas en las páginas de un libro. Porque, después de todo, me queda claro que lo que no se ha contado es porque se ha vivido. Y lo que estamos escribiendo solo encontrará sentido hasta materializar el más mínimo acento.

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