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Una reflexión de la reflexión Una reflexión de la reflexión

Unión Mujer

Una reflexión de la reflexión

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Por Sofía Polidano

En el aislamiento estricto, durante la pandemia en el año 2020, surgieron muchas pasiones, hobbies y actividades que se habían perdido o nuevas. Todas esas iniciativas son interesantes para reflexionar, ¿por qué lo hicimos?, ¿por qué en esas semanas nos volcamos sobre esas actividades? ¿Fue por sobrevivir? ¿Fue algo pasajero? Creo que lo que hicimos muchos fue recuperar un fondo íntimo, más placentero de nosotros mismos, dónde estaba algo nuestro y se encontraba perdido. Navegamos mar adentro de nosotros mismos… ¿Qué pasó cuándo terminó el aislamiento?

Nunca me hubiese imaginado estas conclusiones y vivencias en mi primer encuentro del Programa de Capacitación Mujeres líderes en el s. XXI. Me encuentro con una reflexión inesperada que me da mucha luz y plenitud. Hoevel me invita a reflexionar, pensar, repensar hasta afirmarme a mí como madre e incluso, en algún punto o lugar, sanarme.

Este doctor en filosofía resignificó algo que he discutido con algún amigo o varios, que defiendo a muerte, que encarno o trato de hacerlo y que me ha premiado con el título, ni nobiliario ni académico, de antisocial o exagerada (para ser sutil y/o “políticamente correcta”).

En el transcurso de su reflexión llega a una conclusión o idea que ya me impacta: “estamos obsesionados con ver el afuera pero nos olvidamos “del adentro”, del cual depende todo lo demás”. Esto fue un bálsamo porque me recordó mi necesidad en ciertos momentos de mi vida de plegarme sobre mí y mi hogar, mi familia, mi núcleo más íntimo, para luego fortalecidos salir afuera. No desde un lugar narcisista o individualista sino desde la necesidad de un autoconocimiento y autodescubrimiento maternando que implica que ya nos eres tú, ni tampoco tú y tu pareja, sino un otro que depende plenamente de ti. Esto lo viví por tres…

Pero este profesor, un poco después, llegó al punto clave para mí que es afirmar que el acontecimiento más importante es el nacimiento. Sin este no hay futuro, no hay nada más. Todo parte de aquí; no es solo un hecho físico, desata una dinámica completa de fines, expectativas y sueños. La madre es la primera soñadora, no solo gestadora física. La primera gestadora de la sociedad es la madre.

Y acá fue donde me sentí muy identificada, especialmente con la concepción de volverse y plegarse para adentro porque en tu seno tienes, básicamente (o no tanto), el futuro de la humanidad. Entonces, estoy lejos de ser “antisocial” como me dicen algunos amigos… es lo contrario…. Yo nunca lo dije así… Nunca vi esa vuelta… Yo sentía y tenía la necesidad vital (y aun la tengo por momentos) de ser y estar en mi núcleo íntimo, entendernos, conocernos y dialogar. Yo decía, y digo siempre, que el tiempo de estar en familia y con mis hijos para educar, compartir, ser, dialogar, jugar, gritar, reír, llorar y generar es ahora porque después se van… Si yo “abandono” o salgo en el momento menos autónomo y más dependiente y vulnerable de ellos, me pierdo el único tiro (en términos quizás más Aristotélicos)… Y claro, algunos me responden con algún concepto o idea de nuevas pedagogías (que a mí me gustan y comparto en algunos casos y entendidas y vividas coherentemente o en plenitud) de que tienen que ser autónomos, libres o hasta me han dicho “tienen que hacerse solos” pero nos olvidamos que primero debemos mostrarles, enseñarles y ser con ellos para que luego vayan siendo autónomos sabiendo cómo hacerlo… y la naturaleza misma nos lo muestra: primero los tuve dentro mío, luego a upa, los sostuvimos para que se larguen a caminar y soltamos la mano hasta que ya se desprenden y despliegan su ser.… en todos los aspectos se da esto… lo vivimos lo transitamos de diversas maneras…. No importa el tiempo o el modo, de lo que estoy segura es que solos, de la nada, no pueden y que hay un momento para ser y estar, crear lazos, hábitos, valores… la autonomía no se da sin la enseñanza y el contexto apropiado (no por tenerlo todo porque estamos lejos de eso sino por estar pensado para ellos al menos hasta que manejen cualquier entorno sabiendo discernir)….

Y aquí otro sentir clave unido: amar tu hogar. Si estamos y anhelamos constantemente el afuera (físico y espiritual), ¿por qué nuestros hijos van a querer su hogar y estar en él? ¿Por qué van a querer quedarse? Creo que si no les enseñamos a amar su hogar y familia con lo que somos y tenemos, después se van a ir y no van a querer volver porque nunca estuvieron ni estuvimos… y ni la escuela, ni el estado, ni nadie podrá reemplazarlo… que obvio no implica que yo no me vaya a equivocar y a fallar en miles de cosas (que de hecho ya ha sucedido) pero quiero estar e intentar y compartir y hacer en familia…. si me equivoco no quiero que sea por no estar o por dejar en manos de otro…. Lamentablemente (y ojalá cambie) en algunos casos o momentos, no nos queda opción porque la realidad, el sistema no acompaña y con un sinfín de emociones encontradas dejamos a nuestros hijos anhelando algo distinto mas no pudiendo materializarlo… pero solo en algunos casos no hay libertad (en el sentido de posibilidad de elegir, de opciones diversas).

Muchas veces me siento un bicho raro porque estas ideas puestas en práctica van en contra de lo que muchos hacen y/o promueven; y genera incomodidades, quejas o cuestionamientos…. por decirlo de algún modo.

Escolaridades eternas (incluso mis hijos estuvieron jornada completa mucho tiempo), niñeras, clubes, casas grandes con todo tipo de entretenimiento, actividades extraescolares, idiomas, viajes… trabajar y ganar mucho para cubrir todo y no poder ni “disfrutar un segundo”… un circuito del cual queríamos huir… una ecuación que anhelábamos cambiar o invertir…. La pandemia, sin querer, nos abrió esa puerta, nos llevó a materializar, a accionar y hacer lo que nunca nos animamos ni creíamos que éramos capaces de hacer…

Y así estamos… transitando un gran cambio… un sueño grande… el de necesitar menos para dar más, ser y estar más… dialogando con nosotros mismos y nuestro núcleo familiar, dialogando con nuestro entorno; para luego salir al mundo… caminar de la mano para luego soltar y que vayan solos… en un entorno más natural, más humano, más familiar…

Así que ya sabes, si estoy para “antisocial”, “callada”, “fuera de las redes” es porque estamos queriendo ser y estar en nuestro núcleo más íntimo y prepárate cuando salga porque lo haré fortalecida, siendo yo con mis aciertos y desaciertos (para decirlo suavemente) pero habiendo tenido nuestro tiempo del adentro, de la gestación de la sociedad futura, de la cual todo lo demás depende.

“¿Qué hijos queremos para nuestro mundo y qué mundo queremos para nuestros hijos?”

@mif_mujeres

Sofía Polidano, creadora de @avephenix_crianza

Para leer más textos sobre temas relacionados a la crianza entra a www.avephenix.com

ebv



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Comiendo Emociones ¿Mi alimentación es sana o es dañina?

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Comiendo Emociones ¿Mi alimentación es sana o es dañina?

Por Gloria Ceja Cervantes

El ser humano necesita del alimento para vivir, mantenerse sano y desarrollarse en plenitud. Actualmente las estadísticas en varias partes del mundo reflejan una situación nada favorable para el ser humano respecto a sus hábitos alimenticios. Estos últimos años se ha hablado mucho sobre la conexión que hay con la comida y las emociones. En lo personal más que un tema de moda, es un tema urgente que hay que atender.

“La prevalencia de la obesidad en adultos en América Latina y el Caribe se ha triplicado desde los niveles que había en 1975 como consecuencia de un cambio en la alimentación con un mayor consumo de comida rápida y ultraprocesada, señala el nuevo informe de Naciones Unidas, el Panorama de la seguridad alimentaria y nutricional 2019, redactado por las cuatro principales agencias de la ONU con autoridad en la materia, que han hecho un llamamiento promover entornos alimentarios más saludables.” FUENTE: newsun.org

¿Cómo será el estilo de vida , hábitos alimenticios de las futuras generaciones? Cada vez hay mas alimentos procesados como fruto de la necesidad de obtener alimentos rápidos por la vida de prisa que llevamos actualmente. Con este panorama me gustaría que invitarlos a hacernos la siguiente reflexión:

Cuando tengo hambre , ¿Es hambre real (fisiológica) o hambre emocional?

Ira, tristeza, rabia, inseguridad, desaliento, frustración, culpabilidad, soledad, preocupación, decepción… por nombrar algunas emociones que a veces sentimos los seres humanos en momentos de crisis o estrés son las que nos hacen sentir el hambre emocional. Cuando tu te sientes triste o estresado , ¿Corres por algo para comer compulsivamente sin sentir saciedad? ¿Tienes deseos de comer alimentos calóricos, fritos, dulces /salados? Mucho ojo, quizá hay un exceso de cortisol presente en tu cuerpo, hormona que se activa ante el estrés crónico o por llevar vida acelerada y sin orden; el cortisol provoca este antojo de alimentos que al consumirlos pueden dañar tu salud y vida emocional lo cual hacen un círculo vicioso. El comer de esta manera lo hacemos para tratar de silenciar ciertas emociones incómodas o atoradas que necesitamos enfrentar o canalizar. Comer en exceso y subir de peso es una manera de protegernos ante las emociones de la ira, miedo, angustia, tristezas, etc. Recuerda que el hambre emocional nunca será saciada con comida. Es importante saber identificar esta realidad, pedir ayuda y ponernos manos a la obra.

¿Cómo puedo mejorar mi calidad de vida en relación con mis hábitos alimenticios?

Identificar si mi hambre es fisiológica o emocional. Pedir ayuda a un profesional.
Aprender a identificar y orientar mis emociones. Hacer ejercicio.
Tomar agua natural.
Hacer cambios alimenticios.
Meditar, hacer oración, realizar un hobbie, tocar un instrumento musical, hacer actividades de altruismo.

Sobre todo procurar actividades que liberen las hormonas de la felicidad: endorfinas, serotonina, dopamina y oxitocina , ellas ayudan a mantener un estado emocional de alegría, plenitud, enfoque, positivismo y esperanza. Las cuales te motivarán a poner en accion tu fuerza de voluntad para llevar una alimentación sana y equilibrada.

Gloria Ceja Cervantes. / #FamiliaTodoTerrenoEducandoEnCasa

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Señales del abuso sexual infantil

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Señales del abuso sexual infantil

*Contenido sensible para víctimas de abuso sexual.

Era la primera y última vez que dejaba a mi bebé de aproximadamente 7 meses con su papá mientras yo iba al supermercado. Fuí tan rápido como pude. Una hora. Cuando iba entrando a la casa, escuché llorar a mi bebé, un llanto diferente, sentí angustia y desconfianza, intenté ver por la ventana hacia dentro, pero estaba borroso. Sólo ví como, mi entonces esposo, levantaba a la bebé del piso y ella dejó de llorar. No pude explicarme qué pasaba pero presentía que la estaba abusando.

Mi niña comenzó a tener periódos donde dormida gritaba, se semi-despertaba, abría sus ojitos y parecía que veía a alguien y le daba mucho miedo, algunas veces gritaba “no”, otras “no papá”. Investigué, leí y pregunté al pediatra. Concluyeron que eran terrores nocturnos, algo pasajero y normal en los niños, pero yo sentía que algo le había pasado a mi hija. Incluso una vez le dije a mi mamá: “Si yo dejara a mi nena con alguien más, diría que algo le hicieron”.

En otra ocasión, en un despacho jurídico le iba a prestar mi celular a mi niña, al pasárselo salieron unos videos pornográficos, no entendí qué había pasado porque yo no veía pornografía, así que le pedí a mi entonces esposo que le “bloqueara” o compusiera lo que fuera para que no salieran “promocionales” indebidos. No sabía que era precisamente él quien le mostraba pornografía a nuestra hija, en los celulares y en la televisión.

Casi al cumplir tres años, al salir del baño, mi hija, se acercó y me dijo, mostrándome con sus manitas: “mamá, mi papá me hizo fuerte con su dedo en mi chuchú (vulva)”. Después de hablar con el papá, rezar, comentar con alguna persona e investigar signos de abuso, creí que mi hija había dicho eso porque yo justo había comenzado a enseñarle seguridad corporal. En ese momento no pude ver que mi hija no había repetido lo que yo le expliqué, sino que había claramente expresado un tocamiento sexual. Lo dijo dos veces más, yo sentía mucho miedo de preguntarle, pensaba que le pondría palabras en la boca si indagaba más sobre lo que decía.

Su abuela paterna me mencionó que mi hija había tomado su mano y la había puesto sobre su vulva. Tiempo después en dos ocasiones hizo lo mismo conmigo. Esta es una conducta de un niño que está siendo abusado. Yo no lo sabía, después me lo explicó una psicóloga especializada en ASI.

En una terapia de juego con una psicóloga pasante, mi hija le quiso introducir un lapicero en su vulva a una muñeca, esto es otro signo de ASI. La psicóloga, desgraciadamente no estaba capacitada para verlo. Después me fué dicho en terapia especializada.

Durante mucho tiempo, mi hija no quería que su padre al llegar de trabajar se le acercara, la abrazara o jugara con ella. El papá se molestaba, en unos minutos se le pasaba esa actitud y convivía otra vez cariñosa y cercana él. Esto me daba muy mala espina, pero al investigar encontré que eran conductas “normales”, “pasajeras” en el desarrollo del niño. Pero no era así, yo sentía bien, el papá la abusaba, física, sexual y psicológicamente.

En otra ocasión, al querer su papá abrazar a la bebé, ella empezó a gritar por un par de minutos y decirle que no la abrazara, luego todo siguió normal.

Una vez al dormir, desperté muy inquieta y mi niña estaba del otro lado de la cama (no donde yo la había acostado) y su ropita estaba como si la hubieran desvestido, yo sentía que algo le habían hecho.

Mi niña era “demasiado” resistente al dolor, no lloraba casi nunca, se portaba demasiado madura para su corta edad y no hacía travesuras. Esto me latía muy mal, pero el pediatra y las lecturas que hice decían que era algo “normal”.

Con mi segunda hija sucedió que desde el primer día en casa de recién nacida, empezó a llorar muchísimo cada vez que le cambiaba el pañal y no había sido así en el hospital. También sangró vaginalmente al segundo día de nacida. Ella no quería que su papá la abrazara, sólo se calmaba conmigo.

Esta hija perdió el habla por un año y no existió ningún impedimento físico, auditivo o cognitivo, su desarrollo fué normal. Se le practicaron los estudios y evaluaciones requeridas, la pérdida del habla la atribuyo al ASI, aunque tristemente ningún profesional puede dar ese diagnóstico porque no tienen suficiente “evidencia”. Comenzó a tener infecciones en vías urinarias muy frecuentes desde los 6 meses de edad hasta los 5 años, sin ningún diagnóstico médico o daño físico.

También notaba que no sonreía. Al decirle “sonríe” como para las fotos, ella hacía unos gestos muy forzados, no naturales.

Ella denunció el ASI por primera vez al año ocho meses de edad,  una noche al dormirlas (no hablaba), tocó su vulva con su manita, hizo un gesto de dolor y señaló hacia la sala. En una entrevista con especialista hizo lo mismo con una muñeca y asintió a las preguntas de si su papá le hacía eso.

Mi hija mayor, al ya estar separada del padre, comenzó a tener llantos inexplicables y temblar cuando yo quería ponerle crema en sus piernitas y comenzó a narrar escenas pornográficas.

Meses después, al llevar separada del padre ocho meses, y viviendo con crisis diarias de llanto con duración de no menos de 4 horas,  pudo volver a contar ahora con más detalles los abusos sexuales, físicos y amenazas demasiados violentas que sufría del papá. Esa madrugada, 8 de febrero, no me quedó duda de que el ASI era cierto y hasta el día de hoy toda esa narrativa me destroza mental y emocionalmente.

Si sospechas que a tus hijos les sucede algo malo, grave o raro, con el dolor de mi experiencia te diría que así es. Que NO escuches a quienes tratan de convencerte que estás loca o que exageras. Que cuando investigues sobre ASI, además de los documentos generales u oficiales, por favor, lee testimonios y verás que cada uno desgraciadamente, nos confirma que lo que nuestros niños narran es verdad,  por imposible que parezca.

Toma tus precauciones (los agresores sexuales de infantes pueden ser muy peligrosos) y consulta  a un profesional en ASI, NO a cualquier médico o psicólogo.

La señal o signo de abuso más clara y frecuente es cuando el niño o la niña dice (muestra) que está siendo abusado sexualmente. También es la señal más ignorada.

Créele a tus niños, por imposible que suene lo que te cuentan.

Los niños NO mienten, los perpetradores SÍ.

¡Por un mundo donde cada niño esté a salvo!

Misión AE.

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