Análisis y Opinión

Las personas en el centro

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Siempre he pensado que si ponemos en el centro a las personas nos va a ir bien. Hemos visto recientemente el regreso de discursos radicalizados que únicamente llevan hacia la confrontación.

Y esto es lo que menos necesitamos en unos momentos como los que estamos viviendo: ricos contra pobres, pobres contra ricos, hombres contra mujeres, mujeres contra hombres; pudiéramos decir que todos contra todos… 

La pregunta es: ¿esto conduce en alguna forma a la solución de los grandes problemas que enfrentamos como sociedad? Unos, derivados de la emergencia sanitaria por el coronavirus y otros más que son cuestiones estructurales que vienen de antaño.

Desde mi punto de vista, no ayuda en nada enfrentarnos como ciudadanos; al contrario, un pueblo dividido y atomizado, además de que es fácilmente manipulable, carece de fuerza para transformar las realidades injustas.

Medir la pobreza y la riqueza resulta útil en la medida de que es un factor para llamar a la solidaridad –ayuda responsable entre iguales– y subsidiariedad –ayuda responsable entre desiguales–.

Sin embargo, la clave es poner en el centro a las personas y no las ideas; sólo así lograremos la verdadera justicia social que, más allá de dar a cada quien lo que merece, es dar a cada quién lo que necesita.

Ser responsable por el otro y responder unos por otros conforman la base humana que puede conducirnos a la solución de la crisis actual.

Hoy, más que nunca, las personas con mayores privilegios tenemos que cumplir con el pago de impuestos y fomentar la riqueza que genera empleo. El trabajo es el centro neurálgico de la cuestión social. 

Como el gobierno es el responsable de crear o mantener las condiciones idóneas para que todos tengamos trabajo estable, bien remunerado y con seguridad social, es necesario dejar atrás formas obsoletas.

El paternalismo y el asistencialismo, que buscan crear dependencia y que denigran la dignidad de quienes son considerados solamente como votos en ciernes, como objetos para ser ayudados y no como sujetos con derechos propios, ya no funcionan en nuestros días. Deberemos buscar nuevos caminos.

Si reunimos en el centro a las personas: gobiernos, legisladores, sector privado y sociedad civil y se trabaja conjuntamente, puede lograrse un fin. Divididos estamos vencidos y unidos, la fuerza se multiplica.

El respeto de la legalidad, la privacidad, la libertad de emprender y la propiedad de todos son elementos básicos para el bien común. Si el autoritarismo nunca ha sido el camino, busquemos entonces la solidaridad y la subsidiariedad, que sí lo son.

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