“Son féminas metidas hasta el acta de defunción en el narcotráfico. Algunas de ellas obligadas por el esposo o amante, otras enroladas desde su infancia"

“Son féminas metidas hasta el acta de defunción en el narcotráfico. Algunas de ellas obligadas por el esposo o amante, otras enroladas desde su infancia en el cultivo de drogas por sus propios familiares. En ocasiones las mujeres llegan a estar al mismo nivel que los hombres que las cooptaron. Incluso los superan en seguridad, aptitud y perseverancia”, afirmaba el periodista y escritor Javier Valdés Cárdenas.

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Autor del libro “Miss Narco”, una de sus primeras obras literarias que sin ficción retrató hace algunos años lo que muchos mexicanos sabíamos de oídas por corridos como “Camelia La Texana” y crónicas periodísticas de mujeres enroladas en el narcotráfico, muchas de las cuales aparecían en la nota roja de diarios luego de morir trágicamente.

Hoy las mujeres ya ocupan las primeras líneas de fuego, como sicarias, al frente de empresas criminales. Es el éxodo de las mujeres a las cadenas productivas de la delincuencia que ha ocurrido en México en las últimas tres décadas.  Víctimas o victimarias, estas mujeres tiñen el narco de rosa mientras sortean un destino implacable, decidido por la feroz lucha de los grandes capos mexicanos.

El narco se viste de rosa. Se ha derramado mucha tinta de historias tenidas de sangre en libros como “La Reina del Sur” de Arturo Pérez Reverte que narra la vida de Teresa Mendoza, se han grabado infinidad de narco-corridos, se han filmado películas como “Miss Bala” y se han escrito historias reales de binomio del narcotráfico y las mujeres.

Lo cierto es que en  los 80’s y 90´s las cárceles mexicanas se empezaron a llenar de mujeres acusadas de posesión y tráfico de drogas. Algunas sudamericanas detenidas al llegar a México en vuelos comerciales. En el interior del país mujeres de clase media y baja, incluso de origen indígena empezaron a ser utilizadas para trasladar droga a la frontera.

Javier Valdés Cárdenas, quien fue asesinado hace unos días en su natal Culiacán, desde hace años expuso que los roles han cambiado y las féminas ya son parte de la “infantería” del narco, “pasaron de ser objeto del deseo” y acompañantes a otros eslabones de esta “cadena productiva del crimen”.

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“Hay desde víctimas, heroínas, buchonas, es decir las mujeres que vienen de la sierra y que ya tienen una tradición de familias inmersa en el cultivo y tráfico de drogas, hasta sicarias, no sólo en Sinaloa, sino también en estados como Chihuahua, Sonora, Tamaulipas, Nuevo León o Michoacán, donde se empiezan a detectar estos nuevos roles”.

De acuerdo con el Instituto Nacional de las Mujeres la presencia de mujeres en el narcotráfico creció en un 40 por ciento en la última década y se calcula que alrededor de 300 mil féminas forman parte del crimen organizado, sobre todo en estados de la frontera norte.

Asimismo, las detenciones de mujeres han crecido un 400 por ciento y actualmente 70 por ciento de las mujeres recluidas en cárceles mexicanas es por delitos de narcomenudeo y tráfico de drogas en pequeñas cantidades.

La Central de Organizaciones Campesinas y Populares, ha señalado que alrededor de 200 mil mujeres mexicanas trabajan de forma directa o indirecta para bandas del narcotráfico al argumentar que en todo el país “poco más de un millón de personas se dedican al narcotráfico a escala nacional y de éstas el 20 por ciento son féminas”.

Miss Narco

En su libro “Miss Narco”, Javier Cárdenas, quien fue corresponsal de La Jornada y fundador del Semanario Rio Doce” destacó en sus textos que Laura Elena Zuñiga, Nuestra Belleza Sinaloa 2008, detenida en Guadalajara con presuntos sicarios y después liberada; Juliana Sossa, Miss Antioquia, Colombia 2008, detenida a principios de este año y presuntamente relacionada con José Jorge Balderas alías el “JJ”, son sólo algunos de los nombres de las decenas o cientos de mujeres hermosas que se han relacionado con capos del narco y han sido detenidas junto con sus parejas sentimentales.

“Hay un imán, una búsqueda de los narcos por acercarse a las reinas de belleza, lo mismo para cortejarlas, que para hacerlas ganar como reinas de carnavales en Sinaloa”.

Casos hay muchos y casi todos con final trágico o por lo menos tras las rejas. La Miss Jalisco 1970, Irma Lizette Ibarra Navejath, fue asesinada el 29 de julio de 1997, cuando presuntamente se disponía a revelar nexos entre el Ejército y los líderes de algunos cárteles de la droga.

María Dolores Camarena González, Señorita Chihuahua 1980, fue detenida por autoridades norteamericanas en 1987, bajo cargos de lavado de dinero y vínculos con el narco. La llamada “Reina del Pacífico”, Sandra Ávila Beltrán, recientemente liberada y quien enfrentó cargos por delincuencia organizada, lavado de dinero y conspiración para el tráfico de drogas.

Autor del libro “El Culto a las Reinas en Sinaloa, Arturo Santamaría Gómez, investigador de la Universidad Autónoma de Sinaloa, destaca que “si el poder político, el militar y el del dinero no pudieron evitar el poder de los narcos, el poder de las reinas de belleza tampoco. Al contrario, con frecuencia se han unido amorosamente”.

De Buchonas y Divas a Sicarias

Su nombre completo es Renata Loaiza. De mediana estatura, morena de facciones duras y buenas formas. Plantosona dirían las señoras de antes, que quiere decir frondosa, firme,  de cuerpo hermoso”, describió Valdés en su libro “Miss Narco”.

“Tenía 30 años cuando se plantó al frente de un comando armado para rescatar a su esposo”, agrega el autor quien destaca que Renata es parte de la generación “narca” que da para damas “enfierradas” con la escuadra .380 en la mano, listas para disparar.

Sinaloense, franco en su hablar, premiado por sus investigaciones en torno al narcotráfico, Javier Valdés decía que las mujeres metidas en el narco ya no sólo son “burreras” sino venden droga, administran casas de seguridad, llevan y traen fajos de billetes y armas “y en esto no dudan en hacerse acompañar de sus hijos menores de edad, para evitar esculques o retenes policiacos.

En sus múltiples libros como “Narco Periodismo” y “Los Morros del Narco”, además de sus crónicas y reportajes, Javier Valdés reseñó lo que pocos periodistas en México han hecho. La cruda y difícil realidad de amplias regiones del país, cada vez más, invadidas y controladas por los cuatro costados por el crimen organizado, fenómeno que se recrudeció a partir de la llamada “Guerra contra el Narco” que inicio el entonces presidente Felipe Calderón y que ha crecido en el actual sexenio.

Valdés Cárdenas narró con maestría, sin aspavientos, sin ficción, sin novelas, las historias de decenas o cientos de mujeres, desde las bellezas deslumbradas por el dinero del narco, hasta quienes por “herencia” se dedicaron en la Sierra de Sinaloa al cultivo de enervantes o bien de una madre de familia que se convirtió en activista luego de que tuvo que recoger “los pedazos de su hijo” muerto en un fuego cruzado de sicarios.

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