Ante el chiste de mal gusto de definir al Macron Mexicano, corremos el riesgo de dejar de lado las enseñanzas del proceso francés, para el nuestro en 2018

Durante la campaña por la Presidencia de Francia, Emmanuel Macron, rompiendo todas las reglas que conforman la vieja forma de hacer política -no únicamente en Francia sino en todas las democracias-, hizo algo que a no pocos pareció un suicidio político: Le habló a los electores con la verdad; les dijo, crudamente y sin eufemismo alguno, que de no llevar a cabo reformas que pondrían a Francia en la realidad del presente y los próximos años, lo que les esperaría a los franceses, y al país y su economía, sería una debacle de pronóstico reservado.

Esa elección, no únicamente la ganó Macron sino que además, lo hizo arrolladoramente. Aun cuando su partido y aliados no obtuvieron la mayoría calificada -385 diputados de 577-, si obtuvieron la absoluta: Alrededor de 360 y para esa mayoría, únicamente requerían 289.

Estas cifras, de acuerdo con todos los análisis, le daría al partido de Emmanuel Macron, una mayoría increíble para quien jamás había participado anteriormente en la política, tal y como solemos entenderla: militar en un partido político y haber participado, en calidad de candidato, en alguna elección.

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Las cifras proyectadas publicadas, otorgaban para La République en Marche y aliados, de 390 a 440 diputados; esta cantidad de diputados, de haberla obtenido como dije arriba, le habría asegurado al presidente Macron la mayoría calificada que le permitiría -sin necesidad de voto alguno de otros partidos-, concretar las reformas constitucionales necesarias con miras a poner al día el osificado sistema político francés y modernizar su economía.

Por otra parte, hay que mencionar en esta segunda vuelta, el alto porcentaje de abstencionismo: Por encima del 55%. Esta cifra que, según algunos, refleja la confianza excesiva en la victoria arrolladora pronosticada, la cual llevó a muchos a no acudir a votar, redujo aquél 390 a 440 a una cifra menor -360- la cual, si bien asegura la mayoría absoluta y el control de la Asamblea, no da para la mayoría calificada -385 diputados- como dije ya.

Sin embargo, el partido más cercano a del presidente Macron: Les Républicains y sus aliados, parecen haber obtenido una cifra que ronda los 130 diputados con los cuales, en caso de establecer una alianza entre ambas fuerzas, más que les sobraría para reformar la Constitución.

¿Cuál sería el costo para Macron, o el precio que el partido de Nicolás Sarkosy y sus aliados le exigirían pagar, para darle los votos necesarios que permitirían concretar las reformas constitucionales proyectadas?

Sin embargo, por encima de estas cifras, la pregunta a hacernos es, más que obvia, obligada: ¿Podrá Emmanuel Macron concretar las reformas propuestas durante su campaña por la Presidencia de Francia?

De no ser así, ¿qué futuro le esperaría, más que a su gobierno y gobernación, a Francia y su economía, y al papel que Macron vislumbra para su país en las actuales condiciones internacionales?

Eso es lo que nos debe interesar de los resultados de la segunda vuelta de las elecciones legislativas en Francia. El interés, además, deberá ser elevado porque, ante el chiste de mal gusto de definir al Macron Mexicano, corremos el riesgo de perdernos en las anécdotas, y dejar de lado las enseñanzas centrales del proceso electoral francés, para el proceso nuestro a celebrar el año próximo.

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agch