En el marco de las renegociaciones del TLCAN, los obispos de Estados Unidos y de México lanzaron un mensaje a los negociadores

México.— En el marco de las mesas de renegociación del Tratado de Libre Comercio de América del Norte (TLCAN o NAFTA, por sus siglas en inglés), los obispos de Estados Unidos y de México lanzaron un mensaje a los operadores y negociadores económicos de ambas naciones para que, en el nuevo acuerdo comercial -de concretarse- no olviden integrar temas como pobreza, migración, cuidado del medio ambiente, pueblos originarios, campo y protección laboral.

Los obispos representantes de las oficinas de Justicia, Paz y Desarrollo en Estados Unidos, así como sus homólogos de Pastoral Social en México, expresaron sus preocupaciones morales respecto a los efectos que un nuevo tratado comercial internacional podría dejar en los pueblos y territorios de América del Norte.

Ya en el pasado, los obispos de México habían acusado directamente al diseño del TLCAN como responsable de la destrucción de comunidades rurales en su país; y en un comunicado a principios del 2008 solicitaban la renegociación del tratado: “Nos preocupa que esta apertura comercial, aunque beneficiará a unos pocos agricultores poderosos y tecnificados, traerá consecuencias dolorosas para aquellos cuya sobrevivencia depende del campo”.

Por ello ahora, de manera colegiada entre los pastores de ambas naciones, el llamado a los expertos negociadores es a mirar más la micro economía y no sólo la macro economía: “La Iglesia cree que el comercio debe beneficiar en primer lugar a las personas, además de los mercados y las economías”.

A los expertos que conducen las mesas de negociaciones para definir qué cambios requiere el TLCAN para hacerlo eficiente para las tres naciones involucradas, los obispos les advierten que no olviden a los pobres, los indígenas, los migrantes, el cuidado del medio ambiente y los derechos humanos en el sector laboral: “De no ser así, y si no se adoptan políticas económicas, políticas y sociales compensatorias que mitiguen o contrarresten los efectos negativos mencionados, se fomentaran, como ha sido el proceso hasta ahora, mayores desigualdades entre regiones, sectores y grupos, desplazamientos forzados, migraciones desordenadas, involuntarias e inseguras y las diversas formas de violencia”.

Para los pastores de los casi 200 millones de católicos que residen en México, Canadá y Estados Unidos, la migración es un tema delicado que no puede soslayarse de cualquier negociación para adecuar un nuevo tratado comercial: “Cualquier acuerdo comercial o de inversión debe diseñarse de una manera que tenga como objetivo aliviar las condiciones que impulsan a la gente a dejar sus tierras de origen.

Es crítico aprovechar esta oportunidad para mejorar los términos del acuerdo, incluyendo el abordaje de las raíces de la migración que siguen obligando a muchos mexicanos a arriesgar el peligroso viaje hacia el norte.

Ambos países necesitan atender las condiciones económicas de las familias pobres de México y de los Estados Unidos, especialmente los pequeños productores agrícolas, los servicios de baja productividad, así como el creciente desplazamiento impulsado por el cambio tecnológico y la inseguridad.

Es un fenómeno multinacional y multidimensional y como tal debe tratarse”.

JAHA