Historias que Conectan
“Pan de Vida”: desde la cocina hasta los hospitales, el proyecto que une manos para servir
Alimento de cuerpo y alma
Atizapán de Zaragoza.— La noche en que más de 250 hamburguesas sobraron tras un concierto cristiano marcó el inicio de una historia que hoy reúne a decenas de voluntarios y alimenta cada semana a cientos de personas.

Aquella experiencia, encabezada por el pastor Josué Álvarez, se convirtió con el tiempo en “Pan de Vida”, un proyecto que va más allá de repartir comida: busca acompañar, escuchar y devolver esperanza.

Pastor de la Iglesia Cristiana 24/7 desde hace más de dos décadas, Álvarez recuerda que su camino no comenzó en el ministerio, sino en el sector financiero.
“Yo trabajaba en el sector financiero, iba muy bien, pero el Señor me llamó y no fue nada difícil dejar todo por servirle a Él”, compartió en entrevista con Siete24 Noticias.
Lo que inició como una decisión personal pronto se transformó en una misión colectiva que hoy involucra a familias completas, voluntarios y beneficiarios que también participan en la construcción del proyecto.
El origen: una madrugada que cambió el rumbo
Tras un concierto con la banda argentina Rescate, el equipo organizador se encontró con un excedente inesperado de comida. En lugar de guardarla para otro día, decidieron salir esa misma madrugada a buscar personas que realmente la necesitaran.
El recorrido terminó en el Zócalo de la Ciudad de México, donde una escena impactó profundamente al pastor y a quienes lo acompañaban.
“Empezaron a salir niños de las coladeras y nos decían: ‘¿no nos das de comer?’ Ahí nos dimos cuenta que hay un mundo que no conocíamos”, recordó.
Ese momento marcó el nacimiento de una labor constante enfocada en atender necesidades inmediatas sin perder el acompañamiento espiritual.

Pan de Vida: una red de servicio que nace desde la mesa
Hoy, esa experiencia se ha convertido en una red de servicio que reúne a voluntarios, cocineros, líderes y beneficiarios que, desde la Iglesia Cristiana 24/7, unen esfuerzos para llevar alimento, cercanía y esperanza a personas en situación vulnerable, dentro del comedor “Pan de Vida”, en hospitales públicos y en distintos espacios donde surge la necesidad.
Cada semana se reparten entre 250 y 300 comidas gratuitas gracias a donaciones y al trabajo organizado de la comunidad.
El chef César Rocha, encargado de la cocina, explicó a Siete24 Noticias que el proceso comienza desde temprano y requiere planeación constante.

“Somos alrededor de cinco a ocho servidores directamente en la cocina. Procuramos que todo sea fresco y preparado el mismo día”, señaló.
Los jueves, la cocina se convierte en el corazón operativo del proyecto: compras, preparación y organización se combinan para recibir a quienes llegan en busca de alimento y compañía.

Familia, fe y servicio compartido
El proyecto también tiene una dimensión profundamente familiar. Adriana Alfaro Rodríguez, esposa del pastor y líder dentro de la Iglesia, destacó que la motivación surge del agradecimiento espiritual y del deseo de compartir con otros.
“Es el agradecimiento a Dios por todo lo que nos da, el poder compartir con otros y que Dios tiene cuidado de cada uno de nosotros”, expresó a Siete24 Noticias.
La participación familiar no es casual. Según explicó Josué Álvarez, la vocación de servicio viene desde generaciones anteriores.
“Mis padres tienen más de 50 años sirviendo al Señor y desde antes ya existía ese deseo de ayudar. Mi abuelo también llevaba esperanza a comunidades necesitadas”, comentó.
Esta herencia ha permitido que el proyecto crezca con una visión integral que combina asistencia social, fe y participación colectiva.
De la cocina a los hospitales
Además del comedor, el equipo realiza visitas frecuentes a hospitales públicos, donde reparten alimentos a familiares que esperan noticias de pacientes y, en muchos casos, pasan la noche afuera.

“El alimento es un vehículo que nos lleva a la gente. La torta o la comida que damos es el pretexto; realmente queremos anunciar un mensaje de esperanza”, afirmó el pastor.
Estas jornadas han permitido escuchar historias difíciles, pero también presenciar momentos que refuerzan la convicción de continuar.

Tania Flores, coordinadora del comedor, explicó que el objetivo principal es recordar a cada persona que tiene un lugar.
“Queremos transmitir que todos tienen un lugar en la mesa. Queremos transmitir amor”, dijo a Siete24 Noticias.
Una mesa abierta para todos
El impacto del proyecto también se refleja en quienes reciben el apoyo. Algunos beneficiarios se integran como voluntarios o colaboran según sus posibilidades.
Ramón Prado Espinosa, comensal, miembro de la Iglesia y voluntario, destacó el ambiente que se genera cada semana.
“Estar en un ambiente con amigos que te quieren. Es bonito saber que preparan los alimentos pensando en nosotros”, compartió.
Para Josué Álvarez, esa dinámica demuestra que el proyecto no pertenece a una sola persona, sino a toda la comunidad.
“Gente que viene a comer cada semana llega con una bolsa de frijoles para colaborar, ellos se sienten parte”, explicó.
Una historia que sigue creciendo
Lo que comenzó como una decisión improvisada en una madrugada se ha convertido en un modelo de servicio constante que combina fe, acción social y trabajo colectivo.
Desde la cocina hasta las calles y hospitales, “Pan de Vida” continúa creciendo gracias a la participación de quienes encuentran en el servicio una forma de transformar realidades y construir vínculos que alimentan algo más que el cuerpo.
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GDH
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