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Unión Mujer

Mi primer acercamiento al feminismo

Siete24

Publicada

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Por Edith Gallardo

Es cierto que cuando escuchamos la palabra feminismo pensamos en unas características específicas. Pensamos, en primera instancia, en la mujer. Luego se desprenden distintas ideas, en mi caso eran ideas con las que no estaba de acuerdo del todo; sin embargo me gustaba la idea del feminismo, del reconocimiento de la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado.

Me encontraba constantemente con la interrogante “¿cómo un movimiento que defiende el valor intrínseco de la mujer puede ser algo con lo que no me identifico?”. Me conflictuaba mucho porque considero que la persona tiene dignidad, que es el valor intrínseco por antonomasia, y, creo además, que la mujer tiene un valor extra y una perspectiva distinta que agregar a la vida, en todos los aspectos.

Después de intentar ignorar esta cuestión que acechaba mi conciencia, decidí darme a la tarea de involucrarme un poco más en el feminismo. Al principio sólo me atreví a meter un poco el pie al mar de información.

Me topé con muchos artículos, notas, diálogos, infografías, videos… que no me llenaban, no me convencían de llamarme feminista a pesar de suscribir la idea principal: que la mujer tiene dignidad de facto. Después de escuchar a una gran feminista, con un pensamiento crítico y muy abierta al diálogo, después de oírla decir lo que necesitaba escuchar, me autodenominé feminista.

Lo que dijo esta feminista me convenció. No sólo compartía con ella la indignación ante las violaciones y asesinatos a niñas y mujeres, sino que estábamos de acuerdo con que el feminismo no es un movimiento limitado a mujeres que defienden una sexualidad desenfrenada o que se sienten oprimidas por los hombres, por mencionar algunas posturas. Yo no me identificaba, ni me identifico, con eso.

Después de escuchar a Diana entendí que hay un estereotipo fijado a la palabra feminismo; que, en general, se le identifica con un tipo de feminismo en particular, en especial cuando el único contacto que se ha tenido con este movimiento es el de las masas, el que propagan los medios. Un feminismo sin matices.

Después de eso no hubo vuelta atrás y, para terror de mis papás, integré el feminismo a mi vida. Creo que es muy importante describir y reconocer los distintos tipos de feminismo, con sus distintos matices. Hay feminismos para todos, nadie puede apropiarse de un movimiento tan universal y limitarlo a cierto grupo.

El feminismo es compatible con cualquier estilo de vida que respete la dignidad de la mujer; puede vivirse en el desarrollo profesional o en la formación de una familia, en el matrimonio o en la soltería, es aplicable prácticamente en cualquier proyecto de vida.

Hay que reconocer que hay ciertas ramas del feminismo con las que uno no se identifica completamente, sin embargo no hay que ignorar lo que nos une: el reconocimiento de la dignidad de la mujer. Este punto de convergencia es, en mi opinión, lo más importante del feminismo. Creo que cualquier persona que reconozca en la mujer un ser humano que merece respeto se podría considerar feminista, en mayor o menor grado.



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Unión Mujer

¿Qué me han enseñado mis hijas?

Ximena Céspedes

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Imagen de Lorri Lang en Pixabay

Estoy a punto de llevarlas a mi destino final y, para ellas, a un inicio de vida; cada quien lo ve según el lado que juegue. Ellas comienzan ciclos y yo creo que las pierdo. Ellas crecen y yo siento que me encojo.

La vida es así. Yo las preparé para ser independientes, libres y que no vieran obstáculos en la vida, aunque a veces me arrepiento de haberlas criado tan libres; y no en el mal sentido, sino en decirles que ellas podían todo, porque realmente lo creen y se les olvida, a veces, pedir ayuda.

Esta semana oí una frase que me encantó: “la creatividad nace de la disciplina” y creo que a lo largo de estos años, precisamente mi trabajo fue eso, mostrarles el camino, no dejar que se desviaran, inculcarles valores y tratar decirles todos los días lo amadas que eran.

Llegó el día de dejarlas partir y, aunque el corazón se me hace chiquito… muy chiquito, me quedo con todo lo que he aprendido de ellas. Porque no son ellas las que saben cosas por mí, soy yo la que creció gracias a ellas.

  1. Me juzgarán por lo que hice con ellas: Esa frase me la dijo mi mamá un día en que me vio como madre y esposa ausente. Y tenía toda la razón. Somos capaces de ser madres, esposas y ejecutivas, pero todo a su tiempo y en su justa dimensión. Me costó horrores, pero lo entendí. Y la prioridad, desde ese entonces, ha sido mi familia.
  2. Siempre hay tiempo para lo importante: Me perdí de varias cosas, fiestas infantiles, festivales y desayunos con mamás. Iban mis suegros, mis amigas que me apoyaban o una mamá que siempre estaba dispuesta a mandarme la tarea. Pero para las cosas más importantes siempre estuve. El día que una se cayó del juego, otra en que se partió la nariz, el día que dejaron el pañal o el chupón, cuando tuvieron que operar a una o vacunar a otra, cuando la mordió el perro, cuando terminó con el novio o cuando, muy lamentablemente, se suicidó un amigo. Esos momentos eran en los que tenía que estar.
  3. La sinceridad es mi mejor herramienta: Mi hija chiquita me dice que no es posible pelear conmigo porque soy tan franca y tan directa que cuando algo pasa, ahí mismo se lo digo y se me pasa el enojo. Creo que es lo que ha permitido que la adolescencia pase sin dolor y que las cosas se llamen por su nombre.
  4. Soy condescendiente pero no alcahueta: Todo parte de la disciplina y los valores, y hay una línea que no se cruza pero hay pequeños detalles, como pasarse de la hora de llegada, un rato más con los amigos, una nota no tan perfecta o una falda más corta de lo permitido, que no le hace daño a nadie y que, al contrario, te vuelve más humana ante las circunstancias.
  5. La comunicación es la base de todo: Yo crecí en una familia de padres trabajadores y la hora de la cena se convertía en debate de quién había tenido más problemas en la oficina, en la escuela o en sus actividades. No era una competencia, más bien era una clase de coaching, porque cada quien opinaba de la mejor manera de afrontar el tema. Hice lo mismo con mis hijas, de tal manera que ellas se convirtieron en mis confidentes, mi soporte y mis consejeras. Son más prácticas que yo porque ven el problema del otro lado de la barrera y lo aplican en su vida diaria.
  6. Todo se puede: Las criamos sin barreras. Probamos con ellas de todo, esquí acuático y en nieve. Desde remo hasta vela, pasando por patines, bicicleta, triciclos y videojuegos. Días de campo en potreros de vacas y hoteles con lujo. Todo para que supieran que nada vale tanto como la experiencia y que todo, no importa las circunstancias, se puede disfrutar.
  7. Que el amor lo es todo: Varias semanas hemos estado lejos. Por trabajo, vacaciones o campamentos y eso nos enseñó a que no tenemos que estar presentes para sentirnos unidos. Una sonrisa del otro lado de la mesa, una llamada rápida, un regalo cuando regresas o una lágrima cuando nos despedimos, hacen que el tiempo pasado, presente y futuro valga toda la pena del mundo.
  8. Tu casa es mi casa: Por la casa han desfilado conocidos y desconocidos, nacionales y extranjeros, y todos han desayunado, comido, cenado, tomado y dormido. Ellas son anfitrionas inigualables y se preocupan por cada persona que pasa por la casa porque saben que no hay mejor manera de demostrar aprecio y empatía que siendo serviciales con los demás.
  9. La familia es el centro: No importa lo lejos o cerca, la cantidad de integrantes o la edad que nos separa, la familia es el centro, no hay nada como el hogar y hemos aprendido que lo formamos cada uno de nosotros.

Como dice la canción: “tú eres mi persona favorita”, para mí eso son mis hijas y espero que no solo lo sepan, sino que se lleven consigo esa sensación. “¡Al infinito y más allá!”.

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Unión Mujer

¿Y los hombres, qué?

Unión Mujer

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especial

POR Mariana Amozurrutia

Ahora que se empodera a la mujer, necesitamos también plantearnos rescatar al varón que sale del hogar a ganar el sustento, a tener el estómago para afrontar problemas, que cuida la vulnerabilidad de la mujer y que junto con ella, busca el desarrollo de cada uno.

“El nuevo hombre” o “el nuevo varón”.

Éste no ha de negar su fuerza física, que hace que pueda trabajar largas jornadas, que soporte lo que sólo es posible para alguien con sus características, como labores específicos de trabajo manual; reconoce la fuerza mental que le lleva a ser práctico y esquematizado, a poder dejar fuera de casa los problemas, a proteger a la mujer y los hijos en la vulnerabilidad que presentan, y que en el hogar pone el toque de disciplina y de humor.

El varón de hoy busca el desarrollo de las mujeres sin pedir perdón por ser varón, sino que pide perdón por las injusticias que pudiera cometer todo ser humano y, que en su desarrollo y actuar, ha tenido que luchar contra su propia educación por ver este nuevo papel de las mujeres.

En el ámbito trascendental, ha de complementarse con la espiritualidad de la mujer que es más sensible, más inmersa en el tiempo por los ciclos que le acontecen naturalmente y donde él aporta una ruta, una disciplina, una visión de conjunto.

En el ámbito familiar, ha de igualar las labores domésticas, así como el cuidado de los hijos, teniendo en cuenta que son necesarias las dos áreas que cada uno aporta, tanto la exigencia como el amor incondicional, el microcosmos de los sentimientos de los hijos, y el macrocosmos de los objetivos propuestos como familias. En todo esto, tomará en cuenta las necesidades que las mujeres tienen por naturaleza, como la vulnerabilidad en la maternidad y la protegerá.

En el ámbito laboral, comprendería que él es diferente a ella, que no rinden igual porque no es necesario ni justo que sea así, que no se trata de rendir, y que ello no es una desventaja, sino una reciprocidad porque tienen visiones y capacidades complementarias y que no hay límites establecidos, sino que cada quien en su área roza la del otro le aporta, y le completa.

En el área social política, ha de encontrarse con la mujer y hacer alianzas que resulten en una complementariedad de las características necesarias para la gobernanza: ir a los corazones y a las mentes, a la plenitud de todos y cada uno, no sólo de ellos, no sólo de ellas, pues ambos tienen compromisos y amores que no deben descuidar.

Por tanto, si queremos el surgimiento de un feminismo justo, tendrá que ser en relación a la masculinidad y no deberá existir una filosofía que no contemple a ambos, porque es justamente en la relación con el otro como pueden existir.

En otras palabras: reconozcamos a aquellos que son grandes hombres, respetémoslos y agradezcámosles.

Enseñemos a los demás qué es lo que esperamos, qué es lo que hace falta para bien de la familia y de ellos mismos.

Y seamos mujeres que aportemos lo mismo que exigimos porque, como dijimos, no queremos en unos años, pedir perdón por ser mujeres de estos tiempos.

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