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Unión Mujer

Mi primer acercamiento al feminismo

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Por Edith Gallardo

Es cierto que cuando escuchamos la palabra feminismo pensamos en unas características específicas. Pensamos, en primera instancia, en la mujer. Luego se desprenden distintas ideas, en mi caso eran ideas con las que no estaba de acuerdo del todo; sin embargo me gustaba la idea del feminismo, del reconocimiento de la mujer, tanto en el ámbito público como en el privado.

Me encontraba constantemente con la interrogante “¿cómo un movimiento que defiende el valor intrínseco de la mujer puede ser algo con lo que no me identifico?”. Me conflictuaba mucho porque considero que la persona tiene dignidad, que es el valor intrínseco por antonomasia, y, creo además, que la mujer tiene un valor extra y una perspectiva distinta que agregar a la vida, en todos los aspectos.

Después de intentar ignorar esta cuestión que acechaba mi conciencia, decidí darme a la tarea de involucrarme un poco más en el feminismo. Al principio sólo me atreví a meter un poco el pie al mar de información.

Me topé con muchos artículos, notas, diálogos, infografías, videos… que no me llenaban, no me convencían de llamarme feminista a pesar de suscribir la idea principal: que la mujer tiene dignidad de facto. Después de escuchar a una gran feminista, con un pensamiento crítico y muy abierta al diálogo, después de oírla decir lo que necesitaba escuchar, me autodenominé feminista.

Lo que dijo esta feminista me convenció. No sólo compartía con ella la indignación ante las violaciones y asesinatos a niñas y mujeres, sino que estábamos de acuerdo con que el feminismo no es un movimiento limitado a mujeres que defienden una sexualidad desenfrenada o que se sienten oprimidas por los hombres, por mencionar algunas posturas. Yo no me identificaba, ni me identifico, con eso.

Después de escuchar a Diana entendí que hay un estereotipo fijado a la palabra feminismo; que, en general, se le identifica con un tipo de feminismo en particular, en especial cuando el único contacto que se ha tenido con este movimiento es el de las masas, el que propagan los medios. Un feminismo sin matices.

Después de eso no hubo vuelta atrás y, para terror de mis papás, integré el feminismo a mi vida. Creo que es muy importante describir y reconocer los distintos tipos de feminismo, con sus distintos matices. Hay feminismos para todos, nadie puede apropiarse de un movimiento tan universal y limitarlo a cierto grupo.

El feminismo es compatible con cualquier estilo de vida que respete la dignidad de la mujer; puede vivirse en el desarrollo profesional o en la formación de una familia, en el matrimonio o en la soltería, es aplicable prácticamente en cualquier proyecto de vida.

Hay que reconocer que hay ciertas ramas del feminismo con las que uno no se identifica completamente, sin embargo no hay que ignorar lo que nos une: el reconocimiento de la dignidad de la mujer. Este punto de convergencia es, en mi opinión, lo más importante del feminismo. Creo que cualquier persona que reconozca en la mujer un ser humano que merece respeto se podría considerar feminista, en mayor o menor grado.



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Pasar de la tolerancia a la aceptación

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Pasar de la tolerancia a la aceptación

En busca de la armonía interior

Si en un año común y corriente las relaciones interpersonales las convertimos en complejas… ¿qué sucedería un año si tuviésemos una pandemia mundial que nos aislara del mundo exterior, que no nos permitiera abrazar a nuestros seres queridos, que no pudiéramos tomar un café con un amigo para conversar de un tema que nos preocupa? Dificultaría, aún más, nuestras relaciones humanas.

Este año 2020 para mí, fue un año especial. Un año donde un hecho adverso a nuestra voluntad nos impuso nuevas costumbres y hábitos, pero que también nos impulsó a bucear en océanos desconocidos, descubriendo luces donde nunca hubiésemos imaginado que existía esa posibilidad de ver. Este impulso está relacionado directamente con el deseo de vivir en el presente con plenitud, de no posponer para mañana vivir con una sonrisa. Salir de nuestra zona de confort, buscar un crecimiento personal, ser mejores personas poco a poco nos permite lograr, o por lo menos nos acerca, a esa armonía interior tan deseada.

Desde el Coaching Ontológico hay una distinción muy importante que permite estar más cerca de una vida más armónica y plena; es la diferencia entre Tolerancia y Aceptación.

Antes me gustaría aclarar qué es una distinción. Saber distinguir es conocer, incorporar y poder ver algo que antes no podía ver, es sumar una nueva mirada que me permite accionar de una manera distinta a como lo hacía antes. Esta nueva capacidad de acción nos ofrece una mayor posibilidad de lograr los objetivos que ansiamos alcanzar, como en este caso, una mayor armonía interior.

Comencemos escuchando las palabras que surgen cuando buscamos la definición de “Tolerar”: llevar con paciencia, permitir algo que no se tiene por lícito, resistir, soportar… son definiciones que conllevan, a mi entender, dos ideas muy potentes que nos alejan de la armonía.

La primera es que tolerar implica un constante sufrimiento. Nosotros toleramos que alguien haga algo que nos hace sufrir ya sea física, psicológica o emocionalmente. Toleramos, resistimos, soportamos y por ende sufrimos. Es importante saber que tanto los seres humanos como los materiales tenemos un umbral de tolerancia, de resistencia y cuando lo pasamos nos quebramos como se puede quebrar un metal. Entonces… ¿tolerar nos ayuda a vivir en armonía?

La segunda idea es que, como bien nos dice el diccionario, tolerar es “permitir algo que no se tiene por lícito”, o sea inicialmente ya emitimos el juicio de que el acto que está haciendo el otro es ilícito, es erróneo, no es lo que “debería hacer”. Nuestra verdad se impone no permitiendo que el otro sea un ser legítimo y libre de opinar diferente, entonces, yo un ser superior te tolero, te soporto. Esta idea de ser superior… ¿nos ayuda a vivir en armonía?

El coaching ontológico indica que el lenguaje no es inocente y si pensamos que “toleramos a alguien” probablemente permitamos que la otra persona realice algún acto que no nos guste pero a la par, o en un futuro cercano, tendremos acciones que romperán esa relación humana.

Los invito a un camino diferente, el de la ACEPTACIÓN. Resalto dos aspectos importantes.

Primero, en la aceptación no estamos emitiendo un juicio previo, no estamos diciendo que la acción del otro es ilícita, simplemente que es diferente a la que yo desearía, pero la acepto, no estoy en una postura de ser superior.

Aceptar significa dejar de pensar que el otro debería actuar, pensar y sentir como yo. Es aceptar que las otras personas tienen otras necesidades, otros gustos, otra escala de prioridades, han vivido otras experiencias y por tanto son diferentes. Su manera de ser es tan válida como la mía.

Segundo, no estamos obligados a aceptar todo. Aceptar no implica que todo nos tiene que gustar o caer bien, o que cuando algo no nos gusta debemos ser pasivos y olvidarnos que somos un ser diferente y legítimo. No implica que nos resignemos y en forma pasiva dejemos las cosas tal cual son. Siempre tenemos la posibilidad de alejarnos o de intentar cambiar lo que no nos gusta. Pero si elegimos el camino de la aceptación significa que somos conscientes de que las cosas suceden, y luego de generar un análisis de la situación, de forma consciente, decidimos respetar y aceptar las diferencias para vivir en armonía.

Tolerar y Aceptar son términos distintos. Tener esta distinción en la vida cotidiana nos hace más capaces de encontrar la armonía interior para luego contagiar el exterior.

Ahora tienes el poder de distinguir… ¿estás tolerando o aceptando?


Alfredo Lambardi
Cofundador y Director de Experiencia Líderes.
Coach Ontológico Profesional

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La clave está en la armonía

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La clave está en la armonía

¿Cuál es el papel de la mujer hoy? Justo en medio de la situación actual donde debemos ser y estar en tantas situaciones al mismo tiempo, ¿te has parado un momento para pensar quién de todas esas versiones eres? ¿Eres mamá? ¿Eres maestra? ¿Eres profesionista? ¿Eres toda o tal vez ninguna? En realidad, no debiese de existir la necesidad de escoger.

Desde los inicios del feminismo, en donde se buscaba que la mujer fuera un ser humano con todos los derechos y las prerrogativas que debe tener cualquier persona, al feminismo de algunas corrientes que hoy en día terminan haciendo lo que critican, que hablan de que la mujer no nace sino se hace, hay un abismo enorme.

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Hoy en día la mujer no encuentra su espacio real en este mundo, luchamos hacia afuera sin tener claro lo que somos y hacia adentro. ¿Somos mujeres o nos enseñaron a serlo? ¿Nuestro lugar está en la casa o fuera de ella? ¿La maternidad nos obstaculiza o nos potencializa?

Unión Mujer nació haciéndonos estas preguntas y he aquí mis humildes respuestas, respuestas en construcción, como Unión Mujer, como este feminismo central, integral y propositivo en donde espero que te sientas representada y que, como muchas de nosotras, encuentres respuestas a tus dudas, a lo que crees que eres y lo que consideras tus ideales pero no sabes como verbalizar.

La mujer es una construcción dinámica, pero no como la presenta Simon de Beauvoir en donde todo lo hemos aprendido y nos tenemos que deconstruir de viejos paradigmas, sino donde tenemos una base real. Las mujeres somos mujeres biológicamente, neuronalmente, hormonalmente; cada una de nuestras células muestra en el ADN nuestro sexo, no es un tema genital, es un tema que nos permea en cada aspecto. Nuestra psicología diferenciada a la de los hombres se conjuga con lo social y es ahí donde formamos a la mujer que somos: en la mezcla de lo biológico, psicológico y lo social, cada una diferente, cada una ideal. No podemos dejar de lado nuestra naturaleza. Somos, como dice Boecio, genes y cultura.

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De ahí la mujer encuentra su plenitud en la armonía de sus áreas personal, familiar, profesional, laboral y trascendente y ahí está la clave, las primeras respuestas. No tendríamos que escoger si ser mamá o trabajadora, no tendríamos que seguir los patrones que nos marcan, sino buscar de manera personal equilibrar estas áreas en donde el tiempo nos dará un poco la clave. Algunas veces tendremos que estar más en casa (como cuando nace un hijo o se enferma un padre) otras veces impulsaremos más nuestra área profesional (cuando estudiamos una carrera o tenemos un proyecto relevante). Siempre dando espacio a nuestro crecimiento y estabilidad personal, porque nadie da lo que no tiene. Sin olvidar ver las cosas a eternidad profeses la religión que profeses, porque los seres humanos estamos llamados a trascender.

La mujer puede y debe ser plena, no tenemos porqué pelear con nuestra naturaleza, con nuestro ser madre, con nuestro sentido materno, con nuestra gran capacidad de darnos a los demás ni con el hombre. La clave está en el equilibrio, en el trabajo un día a la vez para lograr la plenitud.

Paulina Amozurrutia, Coordinadora Nacional de Unión Mujer.

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