Hablar de Valentín Pimstein es hablar de la historia de las telenovelas mexicanas. ¿Se acuerdan de Gutierritos (1958), la segunda telenovela...

Ciudad de México.- Hablar de Valentín Pimstein es hablar de la historia de las telenovelas mexicanas. ¿Se acuerdan de Gutierritos (1958), la segunda telenovela que se hizo en nuestro país? Con este melodrama, protagonizado por Rafael Banquells y María Teresa Rivas que contaba la historia de un oficinista temeroso, Pimstein logró hacer que la gente comprara televisión.

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Un año después, realizó 'Teresa' (1959). Ahí comienza verdaderamente la carrera de Valentín Pimstein. Un productor audaz y vanguardista que competía directamente con Ernesto Alonso, el otro productor de Telesistema Mexicano (Televisa) que hacía novelas más elegantes.

En cambio, Pimstein tenía un sentido popular, fue para el pueblo. No era elitista, no hacía telenovelas de cultura; nunca hizo una novela histórica. Él hacía 'populacheras', relató el periodista Alfredo Gudinni.

Para este precursor de las telenovelas, lo más importante era entretener al público. Sus novelas nunca fueron aburridas, siempre tuvieron suspenso, acción, amor, y nunca hizo una novela violenta.

Las historias de Valentín provocaron que no sólo las personas encargadas de la limpieza en las casas se reunieran todas las tardes para ver las telenovelas, en las noches las familias enteras se sentaban frente al televisor, ubicado en la sala, para mirar las intrigas de 'El amor tiene cara de mujer' (1971) o 'Mundo de Juguete' (1974).

Pimstein se aventaba. Cuando Ernesto Alonso tenía a Verónica Castro como actriz de segunda y 'La Vero' estaba cansada de 'papelitos', Valentín le ofreció trabajo.

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De hecho, una de las telenovelas más exitosas de este productor fue 'Los ricos también lloran' (1979), que se exportó a más de 150 países y se dobló a más de 25 idiomas. De esta manera, logró que el mundo volteará los ojos hacia México.

Más allá de la internacionalización de la telenovela, el éxito para Pimstein era ofrecer al público un buen libreto protagonizado por verdaderas estrellas. Creía en la gente. Él hace de Thalía una estrella; canta bonito pero lo que le dio la popularidad fueron las telenovelas. Thalía le debe la carrera a Valentín Pimstein.

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Él es el que cree en Yolanda Vargas Dulché. Le compró 'María Isabel' (1966) en tres pesos. Yolanda lo acepta para comprobar que sus historias, aparte de venderlas en los puestos de periódicos, podían ser un éxito en televisión. Y sí, él es el que hace grandes mitos de la televisión como el de 'Rubí', que después se replicó. Él cree en la realización de las telenovelas divertidas, con melodrama, al estilo la 'Rosa Salvaje' (1987).

Tanto le importaba el contenido, más que la forma, que en las telenovelas de Pimstein no había grabación en locaciones. Todo se trabajaba en el Foro 1 de Televisa. Lo importante eran las grandes historias. Él dejaba hacer a los escritores lo que quisieran, por eso se hacían esos grandes melodramas.

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Un día de trabajo con Pimpstein podría empezar desde muy temprano. Ensayaba las escenas a las 8 de la mañana. A las 9 empezaba a grabar y a las 3 de la tarde terminaba tres capítulos. Así trabajaba este hombre difícil e insistente. Impenetrable; que tenía fichadas a sus estrellas favoritas. Por ejemplo, una Irma Lozano sólo trabajaba con Valentín Pimstein.

A pesar de lo grandioso e interesante que resultaba su trabajo, era un hombre de pocas palabra con la prensa. Él decía que las que tenían que platicar eran las artistas, para eso trabajaba. Pimstein no vivió dándose publicidad, no le gustaba. Él pensó en el público, pensó en entretener. Sus novelas tenían que tener ritmo. Él no quería que dijeran Valentín Pimstein.

La grandeza de este productor se construyó con el apogeo de la televisión en nuestro país. Después, vino la época de la decadencia. Al final hizo cosas muy feas, aburridas. No supo retirarse a tiempo, como lo hizo María Félix. Perdió la noción de lo que había sido lo suyo. La empresa no creyó en él, fue cuando decidió irse.

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Habrá que recordar a este productor como un ejemplo de que los que hacemos televisión tenemos que entretener, no estar pensando en nosotros mismos. La gente prende la televisión para entretenerse, no para aburrirse, ni para escuchar mariguanadas que uno trae en el alma. Él sabía muy bien entretener, fue el gran entretenedor a través del melodrama.

Si la telenovela tiene algo que contar de su historia en estos 60 años, son Valentín Pimstein y Ernesto Alonso. Con esta pérdida, se cierra un ciclo muy importante de la televisión mexicana, un ciclo que no va a tener reparación.

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Esta es parte de la vida de Valentín Pimstein a través de los ojos de Alfredo Gudinni, periodista de espectáculos que ha destacado por más de 20 años frente a cámaras y micrófonos. El intenso Maestro Gudinni tuvo la fortuna de convivir muchos años con el productor chileno, incluso, trabajó con él.

apc Pimstein