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Análisis y Opinión

Teletrabajo, la nueva realidad en el mundo laboral

Andrea Villamizar

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Desde hace meses, hay quienes siguen en espera de regresar a su oficina, estar en su lugar de trabajo, utilizar su computadora, convivir con sus compañeros y hasta interactuar con los jefes. Sin embargo, lo que nos ha traído la pandemia de Covid-19 no es una nueva normalidad, sino una nueva realidad con grandes cambios que transformaron la forma de trabajar, con un paradigma laboral distinto y un cambio mindset desde el liderazgo.

El trabajo pedía a gritos evolución. Sin embargo, la contingencia aceleró el proceso y el modo tradicional cedió su lugar al teletrabajo, una modalidad atípica que llegó con muchas interrogantes y por la premura, no permitía vislumbrar los enormes beneficios que trae consigo la flexibilidad en el trabajo, desde la necesidad de una economía sostenible que contribuye al cuidado del medio ambiente -con menores gastos de energía, papelería y recursos para trasladarse- hasta la horizontalidad, donde los espacios colaborativos fomenten relaciones, cooperación y sinergias.

Nadie estaba preparado para un escenario como el actual, pero hoy, un año después, muchas organizaciones están logrando su adaptación y reinvención, revolucionando la forma de interactuar y de comunicarse de manera eficaz, con gente que no está físicamente en un mismo espacio y que, incluso, son de países y/o culturas diversas.

El trabajo remoto llegó para quedarse, por lo que las compañías y sus líderes deben entender que flexibilidad no es desaparecer las oficinas, sino lograr eficiencias importantes aprovechando mejor los espacios y recursos; la nueva “mentalidad corporativa” debe entender los beneficios de facilitar la conciliación de la vida laboral con lo personal, donde se tome en cuenta el bienestar del trabajador y pueda atender asuntos personales en cualquier momento sin sentirse el peor elemento por ello.

Si la tecnología permitía desde hace tiempo trabajar vía remota, ¿por qué esta revolución laboral no llegó antes? Tal vez porque el obstáculo además de las herramientas, era un pensamiento anticuado y modelos obsoletos, intransigentes para el home office. El escenario actual demanda organizaciones dinámicas, que olviden el presentismo y que se apoyan en expertos y tecnologías para convertir esta nueva forma de trabajar en una ventaja competitiva, alineada a los objetivos estratégicos, pues al final también los negocios quieren aumentar las ventas, crecer e innovar para afrontar la hipercompetitividad.

Por ejemplo, en Grupo Soluciones Horizonte (GSH), empresa colombiana especialista en Soft Landing y Desarrollo y Gestión del Talento, con operaciones México, Brasil y Estados Unidos, creamos un servicio denominado Más Cerca de Ti para responder a la ubicuidad digital en la contemporaneidad a través de 3 vertientes:

La primera, mapear a los colaboradores para tener una verdadera conexión; no es solo que cuente con los implementos sino comprender cuales son sus necesidades de forma y de fondo. También es muy importante cómo está frente a las nuevas competencias y habilidades requeridas y así construir un plan de formación y desarrollo que ayude a cerrar las brechas y de verdad contribuya en el cuidado de la salud mental y bienestar de las personas.

Segundo, aplicar herramientas de gestión para definir y direccionar el crecimiento de las actividades de la mano de los indicadores claves de rendimiento, es decir los Key Performance Indicator (KPI), métricas que se utilizan para ver cómo el departamento de Recursos Humanos está contribuyendo al resto de la organización y miden su éxito en la estrategia global de la empresa.

Y por último, adaptar los nuevos puestos de trabajo en home office garantizando el cuidado de la salud física, entendiendo la importancia del derecho a la desconexión digital y otras medidas para prevenir los riesgos en los trabajadores, lo que sin duda aumenta la productividad de manera significativa, sin que esto implique más trabajo y más horas.

Hoy la cultura organizacional contempla experiencias para que disfruten los colaboradores y que, además, les permite ahorrar esfuerzos y dinero de transporte para ir y venir de la oficina, disfrutar de un entorno seguro, y más tiempo para estar en su hogar, con la familia o para hacer otras actividades, entre otros beneficios.


Fundadora y CEO de Grupo Soluciones Horizonte (GSH)
www.gsh.com.mx
www.gsh.com.co
www.linkedin.com/in/andrea-villamizar-giraldo/



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Análisis y Opinión

No naciste líder, pero te crees uno

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Si de algo he visto que se ha escrito más en los últimos 25 años es sobre liderazgo. También podría apostar que es el tema del que más cursos y talleres existen, y sobre el que más libros se han escrito.

La mayoría de los grandes líderes nacieron con las condiciones biológicas necesarias para que sus comportamientos innatos les facilitaran influir en las personas que los rodearon a lo largo de sus vidas. Esas mismas condiciones biológicas determinaron sus emociones y fueron la fuente de sus actitudes y de su capacidad para adquirir los conocimientos y desarrollar las habilidades necesarias para ser líderes. En pocas palabras, nacieron líderes.

No dudo que alguno que otro de los grandes líderes de la historia y del mundo organizacional no haya nacido con esas mismas condiciones biológicas, pero lo lograron gracias a mucho trabajo, preparación y esfuerzo constante a lo largo de muchos años. Es decir, se hicieron líderes aunque estoy seguro de que fueron los menos.

En mi opinión ser un buen líder es un proceso constante que requiere mucha preparación, disciplina y sacrificio, y aun así, nada te garantiza que lo logres. Lamentablemente sigo viendo todos los días a grandes ejecutivos con posiciones estratégicas en compañías muy importantes que carecen de esta competencia lo cual, por supuesto, repercute negativamente en los resultados de negocio de sus organizaciones. El problema es que ni se dan cuenta ni les agobia.

Si no tienes la suerte de nacer líder, lamento decirte que para llegar a serlo no te bastará con leer todos los libros sobre liderazgo que encuentres; tampoco te serán suficientes varios cursos o incluso un diplomado o postgrado sobre liderazgo. Mucho menos te lo dará una promoción o el simple título de tu puesto, por más que diga Gerente, Sub Director o Director. Tampoco te lo dará tu apellido.

No estoy de acuerdo con las instituciones educativas y las empresas de capacitación que siguen vendiendo castillos en el aire, ofreciendo a los ejecutivos cursos, talleres y programas de liderazgo cuando, en realidad, se requiere mucho más que eso para que una persona que no nació líder lo llegue a ser.

El liderazgo requiere, en primer lugar, adquirir una serie de conocimientos de aspectos de negocio, psicológicos y del comportamiento humano. No puedes liderar si no conoces técnicas para mantener una buena comunicación, para ofrecer retroalimentación, para establecer objetivos, para identificar el estilo de trabajo de cada persona a tu cargo. No puedes influir en las personas si no conoces los fundamentos del comportamiento humano, las emociones, las motivaciones y la manera de impulsarlos y gestionarlos.

También necesitarás desarrollar y perfeccionar distintas habilidades para persuadir, influir, convencer o negociar. Recuerda que debemos partir de la idea de que no nacimos con esas habilidades instaladas, por lo tanto, debemos entrenarnos todos los días para lograr los niveles que requerimos para liderar.

Finalmente necesitarás trabajar mucho en el manejo de tus emociones, comenzando por aprender la auto observación y hacerte consciente de tus sentimientos ante determinados estímulos para posteriormente lograr controlar las reacciones y fortalecer tu inteligencia emocional. Solo así podrás asumir las actitudes requeridas para poder ejercer un buen liderazgo.

Adquirir los conocimientos, desarrollar las habilidades y lograr las actitudes adecuadas es un proceso que lleva tiempo, disciplina y mucho trabajo; solo así podrá alguien desempeñar de una manera decorosa una posición de liderazgo en una empresa, sobre todo cuando no nacimos líderes.

El problema es que muchos ejecutivos se creen líderes por el simple puesto que ocupan y se conforman, en el mejor de los casos, con leer un libro o tomar un programa de liderazgo en algunos de los institutos de moda, donde más que a aprender van a socializar y a ampliar su red de contactos.

Las empresas, y en general el país, requieren de mejores líderes, capaces de llevar a sus equipos de trabajo a utilizar al máximo su potencial y lograr mejores resultados de negocio. Líderes que logren y gestionen equipos de alto desempeño conformados por personas con un equilibrio emocional adecuado y con los alicientes necesarios para sacar lo mejor de sí mismos día con día.

Me parece muy soberbio y una falta de respeto que un ejecutivo con el título de Jefe, Supervisor, Gerente, Director o cualquiera de sus variantes, deje de trabajar todos los días en seguir preparándose y fortaleciendo sus conocimientos, habilidades y actitudes para servir como líder a su equipo de trabajo. Pero tranquilo, estoy seguro que no es tu caso.

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Análisis y Opinión

Periferias postmodernas, perfiles para una nueva política

Felipe Monroy

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La terrible advertencia del genio Dante Alighieri: “Los confines más oscuros del infierno están reservados para aquellos que eligen mantenerse neutrales en tiempos de crisis moral”, ha suscitado incontables lecturas e infinitas reflexiones sobre la gravedad en la falta de compromiso político ante los siempre desafiantes retos de la convivencia humana. Y, si bien, la sentencia parece sencilla de entender, su sentido se enturbia cuando nos cuestionamos qué comprendemos por ‘crisis moral’.

En primer lugar, la polarización política y cultural que se experimenta casi en todos los rincones del mundo vemos que termina expresándose en agresivas campañas de odio y en mapas electorales cuyos colores evidencian la división. Los aguerridos ciudadanos seducidos por esta tensión y partícipes de dichas batallas podrían parecer satisfechos de no pertenecer a la esfera de la neutralidad porque, para ellos, la ‘crisis moral’ sería caer en el extremo opuesto de sus creencias e idiosincrasias.

Pongamos el ejemplo de la reciente tensión política en México: para un grupo de ciudadanos, el acto moral concreto significó apoyar la resistencia contra lo que creen simboliza un gobierno autoritario y dictatorial; en contraparte, otros ciudadanos consideraron que el acto moral justo era apoyar a un inusitado y largamente reprimido proyecto político por lo menos en su primer mandato. Sin embargo, la confusión entre política y moral podría estar nublando el juicio de ambos extremos.

Los actos políticos -nos recuerda Todorov en su imperdible Insumisos- tiene un fin específico y concreto, busca resultados inmediatos y tangibles; mientras, los actos morales se asocian a una dimensión universal de intenciones. Explica: “Un acto generoso, aunque no ofrezca un resultado inmediato sigue siendo un acto de virtud. En cambio, un acto político tiene un proyecto concreto que complacerá objetivamente si se realiza”.

Esta es la razón por la que las fuerzas políticas en México están tan complacidas con los resultados de la jornada electoral. Ambos extremos se congratulan de haber ganado, de sus particulares triunfos que no son sino resultados concretos de actos políticos. Por el contrario, el desazón y desconcierto de muchos de los partícipes de la polarizante batalla moral (es decir, quienes compraron y asimilaron uno u otro de los proyectos por considerar antiético o inmoral su opuesto) refleja que su pretendido ‘acto de virtud’ no fue sino la ignominiosa instrumentalización de la buena voluntad.

Los desgastados territorios políticos siguen exigiendo a los individuos fundirse con la misión que creen llevar a cabo; aunque su finalidad sea más pragmática que trascendente. Por ello, la naturaleza de las campañas y actos políticos permiten no sólo la resistencia o la promoción, sino la mentira y la agresividad, la trampa y el abuso.

Sin embargo, buena parte del electorado simplemente no desea involucrarse en dicha tensión ni por responsabilidad política ni por exigencia moral.

Y en ese gris y casi desconocido conjunto social podrían explicarse fenómenos tan peculiares como la elección de un vilipendiado humorista involuntario de la élite social y digital o el moderado éxito de un negocio político que vende integridad moral mediante ilícitos evidentes de influencers. Debemos ir reconociendo estos extraños perfiles políticos que parecen alucinantes despropósitos entre la preclara narrativa de héroes contra villanos y que, sin embargo, conectan con ese electorado que contempla de lejos la polarización.

Son, sin duda, indeseables ejemplos de la -permítase el terminajo- ‘despolarización’ que tantos anhelamos; no para reproducirlos sino para reconocer las narrativas que hablan de esa conversión política en la que los individuos opuestos y hostiles pueden integrarse en el espíritu de comunidad. Narrativas que van de la seducción a la parodia, pasando por la teatralidad, la autenticidad y el entretenimiento.

Es decir, fuera de la polarización política hay todo un horizonte de posibilidades, no sólo la dimensión de políticos tratando de obtener el poder con discursos demagógicos, hegemónicos o incendiarios. Diría el propio Tódorov: “Aún hay un lugar para una política que ofrezca un ideal que todos podamos compartir”. Concluyo con una intuición: Es sumamente probable que haya una generación de electores cuya idea de ‘crisis moral’ no se encuentra en los opuestos de las batallas políticas de sus mayores sino en la misma polarización en la que viven cómodamente sus padres y abuelos.

LEE El sentido de la nota roja

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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