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Opinión

Ante los Herodes del S.XXI y la amenaza a la vida en Argentina

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Hoy conmemoramos a las víctimas de un gobernante que, por su afán de poder, ordenó una masacre de infantes inocentes.

Vemos con profundo dolor que esto no quedó en el pasado, vemos hoy cómo en el norte y en el sur de nuestro continente hay nuevos Herodes como Joe Biden, que, en Estados Unidos, en campaña prometió usar los impuestos de los estadounidenses para volver a financiar a instancias como la International Planned Parenthood Federation y promover e implementar políticas de aborto dentro de su territorio y fuera de este.

En el sur del continente, vemos como un presidente, ya en ejercicio, como Alberto Fernández, apoyado también por la misma instancia, prometió en campaña el aborto y ahora lo quiere hacer valer a través de una iniciativa sumamente lamentable de aborto durante los 9 meses de embarazo.

Vemos también que ambos gobernantes se dicen católicos y no dudan en usar la imagen del Papa Francisco, no dudan en aducir su catolicismo públicamente, aunque lo contradigan de manera crasa y expresa, ya que el Papa Francisco de manera reiterada ha afirmado la enseñanza de la Iglesia Católica con respecto a lo terrible que es el crimen del aborto, comparándolo con sicarios.

Pues bien, estos dos sicarios, en el norte del continente y en el sur, hermanados por esta International Planned Parenthood Federation, que con desparpajo usan la cuestión de un supuesto catolicismo, están promoviendo este crimen.

En el caso específico de Argentina, esta iniciativa de matanza de inocentes esta por votarse y ante la inminencia de una probable aprobación, tenemos que activarnos, tenemos que apoyar a nuestros hermanos argentinos, y, por lo tanto, tenemos que mandar mensajes, arrobando sobre todo a esos legisladores que están indecisos. Siete en concreto, de los cuales, muy seguramente dependerá el resultado de esa votación.

El infame presidente Alberto Fernández está tras de ellos presionándolos de manera insistente, así que es urgente activarse, a mandarles mensajes en las redes sociales pidiéndoles que que salven las dos vidas, la de las madres y las de los hijos.

En este día, precisamente, tenemos que volver a alzar la voz por los inocentes, por los infantes que pueden ser eliminados por los nuevos Herodes del siglo XXI.

Envía tu mensaje con el hashtag #SalvemosLas2Vidas al Instagram de los Senadores Indecisos
@albertoweretilneck @senadorastellaolalla; @edgardokueider; @laurarmachado; @castillosenadornacional; @osoleavy.

Twitter de Senadores indecisos
@Martinez_EF @SergioLeavy2 @Oacastillo @laurmachado @Weretilneck @LucilaCrexell @EdgardoKueider @Senadora_Olalla @sergiounac @CaserioCarlos SenGLarraburu



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Análisis y Opinión

¿Quién frena las pérdidas en Pemex?

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Conversando

El sexenio de Andrés Manuel López Obrador ha sido complicado en muchos temas, pero hay uno al que hay que poner especial atención: el energético.

Y es que para nadie son una sorpresa las pérdidas que registra Petróleos Mexicanos (Pemex), sólo por poner algunos datos sobre la mesa, la paraestatal reportó pérdidas de 224 mil 363 millones de pesos (mdp) durante 2021, pero estas fueron 56 por ciento menores a las que presentó en 2020, cuando alcanzaron los 509 mil 052 mdp.

Durante todo este sexenio desde Palacio Nacional se ha hecho eco una y otra vez de la austeridad que ha implementado este gobierno que significa ahorros para la administración pública, pero con esas pérdidas que maneja la petrolera mexicana, no se entiende para qué se quien los ahorros.

Es menester decir que otras empresas estatales, como CFE, también registran pérdidas año con año, pero por ahora podemos (y tenemos suficiente) con el dinero que entra en saco roto a través de Pemex.

Y es que esas pérdidas tienen diferentes explicaciones, pero una de ellas es que el dinero que se pierde y el daño que se hace al erario público, viene a través de un delito que el Gobierno de López Obrador ha tratado de erradicar, pero que a cuatro años de distancia simplemente no ha podido: el huachicoleo.

Poco después de que López Obrador entró al poder en 2018, emprendió una campaña de combate al robo de huachicol en enero de 2019, de la que muchos mexicanos seguimos teniendo memoria, pues conforme pasaron los primeros días del año fueron comunes las largas filas de vehículos en estaciones de servicio, en espera de que sus dueños pudieran abastecer sus autos de gasolina, pues el Gobierno federal decidió dejar de utilizar ductos que estaban ordeñados, para dar paso al transporte del energético en pipas.

Con el paso del tiempo, y como suele suceder en muchos otros temas que implican decisiones del Gobierno federal de este sexenio, expertos concluyeron que la 4T no previó el desabasto que habría en el país con el cierre de los ductos y mucho menos el daño económico y social que se tuvo con tal decisión.

Pese a que la medida impactó a la mayoría de los mexicanos, el gobierno logró reducir el número de barriles robados de huachicol pues en noviembre del 2019 se hurtaban 81 mil litros de combustible, mientras que para enero del 2022 bajó hasta 18 mil.

Ello supondría una buena noticia para la sociedad, de no ser porque el huachicoleo sólo se frenó unos meses y nuevamente va en aumento, cosa de ver que según datos de Pemex en 2019 y 2020, Pemex perdió 4.6 mil millones y 4.2 mil millones de pesos, respectivamente, mientras que en 2021 la merma se disparó a 7.3 mil millones de pesos.

Hasta el segundo trimestre del 2022, las pérdidas por huachicoleo para Pemex alcanzaban ya 8 mil 633 millones de pesos y aún faltan por cuantificar los últimos 6 meses del año.

Todo mundo sabe que uno de los principales beneficiados con el robo de huachicol, es el crimen organizado, pues ese negocio ilegal deja ganancias millonarias a través del mercado negro -en complicidad con autoridades y empresas- por lo que combatir el robo de huachicol implica directamente combatir a los delincuentes organizados, pero si el delito va en aumento, es claro que esta batalla dejó de ser prioridad para la 4T, aún y con lo costosa que fue le decisión de cerrar los ductos en 2019.

Y no sobra decir que la proliferación de un delito como el huachicoleo, es el caldo de cultivo para la delincuencia organizada en el que criminales terminan por apropiarse de áreas completas entre los Estados, doblegan a autoridades y someten a la población.

Dicho lo anterior, ¿quién frena las pérdidas en Pemex?

Twitter: @campudia

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Análisis y Opinión

2024: de la indefinición a la importación ideológica

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En las últimas semanas han saltado al espacio mediático en México voces y movimientos politizados que afirman promover un espectro ideológico que definen como ‘conservador’ o ‘de derecha’. El fenómeno sin duda requiere de un profundo diálogo y un análisis sobre las razones que han detonado estas nuevas franjas ideológicas y que con frecuencia son difíciles de definir y categorizar con seriedad.

El presidente López Obrador literalmente inició su mandato con una singular definición sobre quiénes son los ‘conservadores’ en México: “Haré cuanto pueda para obstaculizar las regresiones en las que conservadores y corruptos estarán empeñados”, dijo en su discurso de toma de posesión el 1 de diciembre del 2018; y, desde entonces, mediante la intensísima comunicación presidencial, los ‘conservadores’ y ‘corruptos’ han sido definidos como los dos lados de una misma moneda, dos cualidades inseparables. Así, si se es conservador se es corrupto y viceversa.

Evidentemente hay una falacia primordial en aquello, pero no podemos echarle la culpa a la política que suele estar construida de retórica. El problema derivado de aquella afirmación ha sido cómo se ha asimilado por parte de ciertos grupos políticos. Especialmente por dos extremos que, en el fondo, movidos sólo por el oportunismo no han querido sino aprovechar la mercadotecnia que el eslogan presidencial sugiere:

Los primeros son un grupo de personajes arribistas que afirman ser ‘de izquierda’ o ‘progresistas’ pero no son sino ventajistas del silogismo presidencial. Es decir que -y siguiendo la afirmación del presidente sólo para fines didácticos-: Si los conservadores son invariablemente corruptos y la esencia de la corrupción es exclusivamente conservadora; por lo tanto, sólo basta autonombrarse ‘progresista’ para vacunarse de corrupción.

Esta gente -ya lo ha demostrado- es capaz de violar leyes, vivir del cohecho o el soborno y actuar con cinismo pragmático aduciendo que, sólo por ‘ser de izquierda’ o ‘progresista’ los actos de corrupción en los que participan son distintos, son ‘diferentes’. Se trata de personajes que hoy están tan protegidos de privilegios y fueros que sin rubor aceptan realizar actos ilícitos o inmorales porque gozan de la clásica impunidad que otorga el poder.

Los segundos son otros personajes idénticamente oportunistas que, para evitar el siempre complejo panorama económico, social y político, se aferran al silogismo presidencial para usufructuar el simplismo: “Si el presidente dice que sus opositores son conservadores, entonces lo soy”. Esta gente vive agradecida con López Obrador por definirles un espacio en el espectro político; en realidad, por crearlos. Porque sin el discurso presidencial en realidad no existirían; estos nuevos grupos políticos sólo pueden ser, en función de lo que alguien más es o dice ser. Se trata de grupos y personajes sin propuestas ni definiciones ideológicas claras, tan confundidos y tan afectos a la polarización discursiva como el propio mandatario.

Este es el verdadero éxito de López Obrador, no sólo ha logrado definir a ‘los suyos’ sino a ‘sus contrarios’; ha categorizado los valores de los propios tanto como de los otros. Y esto, aunque políticamente recompensa, también supone un riesgo que no se había presentado en México hace muchos años: la importación ideológica.

Es verdaderamente riesgoso que la esencia de un movimiento opositor se construya de los residuos retóricos del presidente porque tarde o temprano buscará los cimientos que le den identidad más allá de ‘ser los otros’. Idealmente, la oposición debería voltear al pueblo, a sus reales dinámicas sociales, entender y visibilizar sus clamores; al final, sería al pueblo al que le solicitarían su confianza para aspirar por poder o representación.

Y, sin embargo, grandes sectores de la oposición voltean al extranjero para crear y entender su propia ideología. Miran en el populismo post-republicano de Trump, en el ultra-nacionalismo liberal de Abascal o el anti-colectivismo meritocrático de Bolsonaro las respuestas que no encuentran en México. Y no las encuentran, sencillamente porque no las buscan.

Los grupos políticos emergentes en México que se autodefinen hoy como conservadores o de derecha suelen padecer una confusión teórico-ideológica abismal. Optan por un conservadurismo político pero promueven el extremo del neoliberalismo económico; hablan de apertura globalista pero sostienen actitudes anti inmigrantes; defienden instituciones centralistas pero apelan por regionalismos diferidos; buscan mayor dureza de un ‘Estado de derecho’ pero recurren al garantismo cuando se trata de sus derechos fundamentales; critican al corporativismo haciendo uso de figuras históricas del sindicalismo; reclaman libertad religiosa pero -desde cierto pseudo-cristianismo estructuralista- regatean valor a otras expresiones religiosas (algo en lo que por cierto, los católicos y el papa Francisco están en desacuerdo).

Ojalá estos grupos emergentes se den la tarea de voltear realmente al pueblo mexicano, a caminar y a luchar por sus reales necesidades, porque allí están los valores que verdaderamente les darán carta de ciudadanía. Y porque, efectivamente, el pueblo los necesitará cuando se harten de las huestes que gozan hoy de los privilegios y la impunidad del poder.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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