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Análisis y Opinión

Convivencia con los hijos en el hogar…

Javier Chávez de Icaza

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En estos días en que tenemos que evitar los contactos con personas fuera del hogar lo más posible, debemos de aprovechar para crear y desarrollar vínculos individuales con cada uno de nuestros hijos. Como bien dice el dicho toda crisis es también una oportunidad, así que podríamos sacarle provecho a la crisis del Coronavirus COVIT-19 y generar actividades en las que podamos convivir de uno a uno con cada hijo(a) y crear actividades que podamos ir desarrollando o recordando con el correr del tiempo.

En la actualidad, con el avance de la tecnología y la penetración de esta en las actividades diarias, no es tan fácil, a veces, poder interactuar con nuestros hijos en sus terrenos y el sacarlos de sus actividades preferidas para hacer algo con su papá tampoco.

Cuando tenemos afinidades con nuestros hijos, es más sencillo, por ejemplo si les gusta el deporte y a nosotros también, podemos practicar algo juntos y eso va creando la afinidad, pero el problema se presenta cuando tratamos de participar con ellos en juegos electrónicos que muchas veces exceden nuestra capacidad manual para operar, digamos los controles de los videojuegos y la interacción se complica.

Si bien las afinidades en los gustos que tengan nuestros hijos nos ayudan, tenemos que encontrar temas o situaciones que nos permitan acercarnos a ello, aun cuando parezca que no tenemos mucho en común. En mi caso, yo he comentado que con mi hija, aunque obviamente no tengo afinidades de género, si hemos desarrollado actividades en común, que nos permiten replicarlas en el tiempo, aun cuando ella ya es mayor de edad, independiente y con temas propios.

Con mi hijo, durante su infancia le gustaban los deportes y aprovechábamos ese gusto para crear afinidades entre él y yo, pero conforme fue creciendo, su pasión por la música, superó cualquier otra afición y al ser yo un absoluto neófito en este tema, las actividades afines se me complicaron más, sin embargo, si encontré dentro de ese tema, acciones que podíamos hacer juntos y que me ayudaban a crear vínculos con él.

Antes de escribir este artículo, platique con mis hijos y les pregunté si ellos se acordaban de lo que habíamos hecho en el 2009 durante la contingencia por la Influenza H1N1, pero ninguno de los dos tenía una anécdota especial que me sirviera para compartir, así que recurriré a otras anécdotas que si bien no fueron desarrolladas por contingencias externas, si nos permitieron crear vínculos entre nosotros.

Ya he contado varias anécdotas con cada uno de mis hijos, pero esta vez, trataré de contar algunas otras, que me permitan explicar más claramente la forma de crear vínculos individuales con cada hijo y la importancia de eso vínculos para los padres y los hijos.

Iniciaré con una anécdota con mi hija que si bien fue cuando ya era mayor de edad, la actividad que hicimos fue una que habíamos desarrollado desde que era muy pequeña. Entre ella y yo, tenemos cierta afinidad en series de televisión, ella conoce mis gustos y generalmente las series que me recomienda son del tipo de series que a mí me gustan, así que normalmente sigo todas sus recomendaciones en series. Sin embargo, desde que era muy chiquita, fuimos seleccionando programas que veíamos juntos y antes de que hubiera opciones como Netflix, Amazon y demás opciones de streaming, donde puedes ver series de corrido, te tenías que conformar con ver los episodios como iban saliendo en la tele, pero en los canales para niños de la televisión de paga, si pasaban episodios prácticamente diario de las caricaturas o series para niños.

Así que fuimos desarrollando una rutina para que después de hacer la tarea, viéramos nuestras series preferidas juntos y esas generalmente las veíamos solo ella y yo.

Y justo esa actividad (ver series juntos) que nos ayudó a acercarnos cuando ella era niña, fue la que, en un momento difícil para ella (Acababa de tronar con su novio de muchos años) me permitió estar con ella, en un tema de uno a uno y (al menos eso espero) haberla ayudado a sobrellevar mejor este tema.

Resumiendo, en esos días, habían subido a Netflix las 8 temporadas de la serie How I met your mother y ella ya la había visto, pero me dijo, tenemos que verla juntos, porque ya viene la temporada 9, que será la última y tenemos que “echarnos” las 8 primeras para ver la final juntos, porque sé que te va a encantar. Y como dije antes, sus recomendaciones prácticamente siempre me funcionan. La vimos juntos y en verdad, no solo me encantó (Es una de mis 3 series favoritas de todas las que he visto) sino que dio, hasta el día de hoy una serie de comentarios o situaciones exclusivas entre ella y yo. Ahora que ella ya no vive conmigo, aún conservamos esa costumbre de tener series que solo vemos juntos, así que nos esperamos hasta que estemos juntos para verlas y no se vale adelantarse.

Lo importante de esto, no es que tengamos que forzar el tener una serie que nos una, sino el hecho de tomar una actividad simple, como lo es ver la televisión y la convirtamos en una actividad de padre-hijo(a), porque esto nos hace permanecer vigentes en la vida de nuestros hijos.

En el caso de mi hijo, cuando él era pequeño, le encantaban las películas de Disney y era impresionante que las veía una y otra vez durante varios días, al grado incluso que se aprendía los diálogos y luego él iba actuando mientras la veía las diferentes escenas de las películas. Cuando fue creciendo y empezaron las primeras películas de Harry Potter, fue lo máximo para él y las representaba durante todo el día. Con él, Harry Potter fue un motivo de actividades entre nosotros, ver que accesorios encontrábamos en las tiendas para completar su atuendo y como además le encantaba disfrazarse, pues nos obligó a salir juntos a buscar todo lo que hubiera para que pudiera interpretar todos los papeles de la película.

Con mi hijo, la tradición de ver juntos la tele, si bien inició con las películas de Disney en Videocasetes VHS y luego en CD, la verdad es que era insostenible, porque las veía tanto, que era imposible seguirle el ritmo. Porque además esas películas a él, le gustaba más verlas solo, así que aunque su hermana, su mamá o yo, las veíamos con el algunas veces, al final, acababa viéndolas él solo. Sin embargo cuando aún era muy pequeño tenía unos 7 años, un día yo estaba viendo una película que se llamaba algo así como “Invasión de Marte” que trataba de que en marte había unos seres “arácnidos” que eran liderados por un gusano mente maestra y los terrícolas luchaban contra estos arácnidos para evitar que conquistaran la tierra. La verdad es un inicio yo pensé que era una película muy agresiva para un niño de su edad, sin embargo a él le encantó y cada vez que salía esa película, le llamaba y la veíamos juntos y creo que la última vez que la vimos fue cuando él tenía unos 15 o 16 años.

Sin embargo, hoy en día, no tenemos algún tipo de serie o película que definamos como para “verla juntos” aunque que estoy seguro que si vuelven a poner esa película, la disfrutaríamos mucho juntos y recordaríamos las veces que la hemos visto juntos.

Pero la actividad que me hizo poder desarrollar un fuerte vínculo con mi hijo fue el Yo-yo. Durante la primaria, le compré un yo-yo y por alguna razón, le agarró un gusto como a ninguna otra actividad, a mí me gustó la idea, porque era algo de lo que yo si conocía y que no había sido malo en mi infancia, así que podía ayudarle a mejorar la técnica. Investigando encontré que en la Parque México en la Condesa, había gente que promocionaba este juego y a partir de ese momento, los sábados en la mañana se volvió “obligatorio” ir al Parque México a ver los nuevos yo-yos, a aprender las nuevas suertes y a convivir con el mundo de “jugadores de yo-yos”. Mi hijo, se hizo un experto y conocía a los más importantes del mundo y veía sus videos y luego me los enseñaba y los comentábamos.  Durante casi dos años, el tema central de nuestra relación fue el yo-yo, incluso una vez fuimos hasta plaza Satélite (Nosotros vivíamos hasta el Sur en esos días) a ver una exhibición del campeonato nacional.

Yo creo que una de las principales diferencias de mis hijos es que mi hija es generadora de vínculos individuales por naturaleza, ya en otro escrito les contaré su teoría sobre no mezclar amigos, sino tener amigos diferentes para las diferentes actividades que realiza, pero mi hijo es más afín a vínculos grupales y si mezcla a todos sus amigos en los mismos eventos.

Resumiendo, la creación de vínculos individuales con cada uno de los hijos(as) que tengamos es fundamental para poder permanecer cerca de sus vidas durante todas las etapas pero no tenemos que buscar acciones complicadas, sino que dentro de las acciones más simples, las podemos llevar a ser actividades padre-hijo(a) exclusivas.

Hola a todos, ya está disponible la nueva entrada de mi blog ¡Padre de Verdad! En esta ocasión se titula: Convivencia con los hijos en el hogar en la cual incluyo algunas anécdotas personales, que pueden ser de interés para aprender a crear vínculos individuales con los hijos. ¡Espero que lo disfruten!

https://www.padredeverdad.com/post/convivencia-con-los-hijos-en-el-hogar


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Análisis y Opinión

La perspectiva religiosa en la elección de EU

Felipe Monroy

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Nunca como antes, la perspectiva religiosa de los votantes será decisiva en el proceso electoral en los Estados Unidos. No me refiero al credo en sí (católico, cristiano, evangélico, pentecostal, etcétera); sino a la perspectiva que cada creyente tenga sobre la responsabilidad moral que le imprime su religión a la hora de elegir un candidato a la máxima magistratura.

En un escenario menos polarizado, los procesos electorales en las naciones democráticas suelen enfocarse en áreas de discusión muy generales; básicamente los electores esperan que los contendientes contrasten sus modelos de gobernanza y las propuestas económicas de su prioridad: seguridad pública, promoción del empleo, atención de sectores marginados, política exterior y conservación de la estabilidad en el clima social.

Por desgracia, no estamos en aquellos escenarios y la polarización social obliga tanto a candidatos como a electores a llevar más profundamente sus preocupaciones sobre sus certezas y sus prejuicios. Tomemos el caso de los Estados Unidos, aunque buena parte de Europa y América Latina viven procesos semejantes. Independientemente del credo al que pertenezcan, los norteamericanos viven un cuestionamiento sobre qué tanto sus convicciones morales deben reflejarse en su voto y, por tanto, en las políticas públicas promovidas por sus candidatos preferidos.

Quizá como expresión, la ‘polarización’ muestra sólo los negativos del distanciamiento irracional incapaz de diálogo, pero también revela -a la mala- las ideas que se asientan en el fondo de la conciencia social, las acalladas por la prudencia o por la corrección política. Quizá no nos guste, pero la polarización conduce indefectiblemente a un estrato más profundo del razonamiento que no debemos minimizar.

Los electores polarizados ya no quieren escuchar propuestas de la ‘mejora en la educación’ sino de la ‘naturaleza de la educación’; no quieren ideas sobre el ‘bienestar económico’ sino del ‘tipo de justicia en la distribución de los bienes’; no les bastan propuestas de ‘seguridad pública’ sino sobre la ‘identidad de la justicia’. Es decir, las campañas tradicionales que se mantenían en el margen de lo políticamente correcto son trágicamente superficiales para un votante que busca, como nunca, que los políticos se comprometan más allá de su función pública, que hundan sus pies en el mismo fango de su existencia.

Y allí es donde no sólo las instituciones religiosas sino la apropiación individual del credo tiene mucho que ver en los procesos electorales. En las actuales elecciones presidenciales de los Estados Unidos, tanto el partido Demócrata como el Republicano han querido utilizar esta dimensión específica en los votantes que -independientemente de su identidad partidista- podrían decantarse por un candidato en las antípodas de su opción política pero tolerable respecto a su apropiación religiosa.

Hay que mencionar que apenas un puñado de católicos han sido candidatos a la presidencia de los Estados Unidos; por ello, se hace evidente que Joe Biden (Demócrata) no sea afecto a usar esa carta de presentación con regularidad. Sin embargo, cuando los temas polarizantes para los norteamericanos salen a flote (migración, aborto, justicia social), Biden apela a la tradición institucional católica para tratar de convencer a ese 59% de católicos blancos que apoyan a Trump. Quizá por eso, entre los católicos hispanos, a Biden le vaya mejor: 65% de católicos latinos se decanta por el demócrata.

Biden parece tener segura la elección en el sector de protestantes afroamericanos (92% de las preferencias) y, aunque también tiene una alta aceptación entre los evangélicos blancos, un gran porcentaje de ambos grupos parece que no le dará su voto principalmente por la política proabortista del Partido Demócrata. En un estudio del Pew Research Center se asegura que más del 61% de los ciudadanos identificados en alguna denominación cristiana no católica definirán su voto por aquel que defienda la vida de los no nacidos; mientras que un promedio del 40% de los católicos les costaría votar por su correligionario Biden precisamente por la cercanía de su partido con las empresas y organizaciones promotoras de abortos.

Esto lo sabe muy bien el equipo de Donald Trump quien, más allá de la campaña, durante su gestión presidencial no ha traicionado al sector antiaborto pues ha facilitado los recortes presupuestales a empresas dedicadas a la promoción y realización de abortos; aunque, a todas luces, su identidad anticristiana con el prójimo (migrantes, mujeres, descartados, pobres, etcétera) también le resta apoyos de muchas instituciones religiosas, de los católicos, de los cristianos con perspectiva social y, principalmente, por los afectos al humanismo agnóstico o no religioso.

El voto religioso contra Trump puede emerger de otras preocupaciones morales de los creyentes: el racismo, la crisis ambiental, la pobreza, la pena de muerte y las amenazas a la dignidad humana. Temas en los que a Trump se le califica como ‘u mal cristiano’. Y por ello no es coincidencia que el mismo mandatario critique Joe Biden (‘Quizá sea católico, pero no es cristiano’) por apoyar el aborto.

En conclusión, la polarización muestra descarnadas las fibras morales de los votantes; pero, más que la pertenencia a una institución religiosa, su decisión electoral se fundamentará en cómo interpretan su identidad religiosa en las coincidencias identitarias con el candidato más afín a sus certezas y a sus prejuicios.

Lo explican en un párrafo los obispos católicos norteamericanos en su subsidio de ‘Formación de Conciencias para una Ciudadanía Creyente’ del 2015: “Puede haber ocasiones en las que un católico que rechaza por principio las inaceptables posiciones de un candidato, incluso en políticas que promueven un acto intrínsecamente maligno, pueda razonablemente votar por ese candidato debido a otras razones moralmente graves. Votar de esta manera sería permisible sólo por razones morales verdaderamente graves, no para avanzar intereses mezquinos, preferencias partidistas o ignorar un mal moral fundamental”. La verdadera elección hoy en Estados Unidos reside en ese profundo sustrato que no veríamos sin polarización: ¿Cuál de los candidatos representa el mal moral fundamental?

LEE Felipe Arizmendi, el cardenal constructor de puentes

*Analista y consultor de información religiosa. Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Interpretaciones políticas al Papa

Felipe Monroy

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Debemos recordar que bastaron los dos primeros segundos del pontificado de Francisco para demostrar que su estilo y su particular método de transmitir las enseñanzas del Evangelio y de la Iglesia católica iban a provocar todo tipo de lecturas en el mundo menos una: la indiferente.

Sólo con esta certeza en mente es que se puede entender lo que sucede con su tercera y más provocadora encíclica papal ‘Fratelli tutti’ (Hermanos todos). En el texto, el Papa hace una feroz crítica a diferentes sistemas sociales, culturales, económicos y, principalmente, políticos contemporáneos que agreden y atentan permanentemente contra el ser humano, contra su naturaleza, su esencia, su dignidad y, sobre todo, contra su horizonte trascendente.

La dureza de sus palabras contra “el dogma de fe neoliberal” o el “insano populismo”, ha provocado airados comentarios de quienes justamente defienden o usufructúan algunos beneficios de ambos espectros. En algunos círculos, por ejemplo, se ha llamado ‘comunista’ al texto del Papa por insistir en el destino común de los bienes expresado con radicalidad por san Juan Cristóstomo (“No compartir con los pobres los propios bienes es robarles y quitarles la vida. No son nuestros los bienes que tenemos, sino suyos”) o san Gregorio Magno (“Cuando damos a los pobres las cosas indispensables no les damos nuestras cosas, sino que les devolvemos lo que es suyo”).

A quienes defienden el neoliberalismo como dogma, el Papa les reclama: “Se trata de un pensamiento pobre, repetitivo, que propone siempre las mismas recetas frente a cualquier desafío que se presente. El neoliberalismo se reproduce a sí mismo sin más, acudiendo al mágico derrame o goteo -sin nombrarlo- como único camino para resolver los problemas sociales. No se advierte que el supuesto derrame no resuelve la inequidad, que es fuente de nuevas formas de violencia que amenazan el tejido social”.

Y, del lado de los liderazgos populistas cerrados -como los llama Francisco-, su vergonzoso silencio ante las reflexiones del Papa refleja justo la cerrazón, el endiosamiento, la arrogancia y la vanidad en la que viven los caudillos del populismo: “Hay líderes populares capaces de interpretar el sentir de un pueblo… el servicio que prestan puede ser la base para un proyecto duradero de transformación… pero deriva en insano populismo cuando se convierte en la habilidad de alguien para cautivar en orden a instrumentalizar políticamente la cultura del pueblo, con cualquier signo ideológico, al servicio de su proyecto personal y de su perpetuación en el poder. Otras veces busca sumar popularidad exacerbando las inclinaciones más bajas y egoístas de algunos sectores de la población”.

Esta tensión expresada con claridad por Francisco pudo corroborarse gracias al panel de reflexión sobre ‘Fratelli tutti’ organizado por la Conferencia del Episcopado Mexicano el 14 de octubre. En el panel participaron políticos aparentemente ubicados en las antípodas del espectro ideológico pero cuyas reflexiones revelan con claridad la defensa a ultranza de sus visiones sin la capacidad de escuchar al otro, que es por cierto el centro de toda la encíclica del pontífice.

Para unos, la incapacidad de reconocer la terrible apuesta hecha por un neoliberalismo dogmático y radical que profundiza las brechas sociales a niveles ignominiosos; para otros, la inexplicable adoración a un estilo político cuyos gestos se acercan riesgosamente al populismo insano.
Sin embargo, la encíclica no se queda en un lamento ni en una mera provocación; Francisco propone la fraternidad como un primer e indispensable paso de mutuo reconocimiento para emprender caminos de perdón, reconciliación, desarrollo y bien común. La propuesta está conectada con su primera encíclica ‘Lumen fidei’ (en donde también se reconoce mucho del pensamiento del papa emérito Benedicto XVI): La búsqueda de “la verdad grande, la verdad que explica la vida personal y social en su conjunto” es la expresión de la fe que ilumina la historia, la realidad y el futuro.

Y esa verdad es el amor. Mencionada 65 ocasiones en la encíclica, Francisco aporta esta lectura: “El amor al otro por ser quien es, nos mueve a buscar lo mejor para su vida. Sólo en el cultivo de esta forma de relacionarnos haremos posibles la amistad social que no excluye a nadie y la fraternidad abierta a todos”.

El amor para francisco es origen y destino, pero también camino y programa. Y sin esa mirada, todas las interpretaciones políticas sobre la encíclica del pontífice pecan de parcialidad. ‘Fratelli tutti’ es una encíclica orientada radicalmente hacia una conversión política (el Papa enuncia 110 veces la palabra ‘política’) iluminada por el Evangelio. Una conversión para evitar la indiferencia y para recordar que se puede dar buen ejemplo como actor político en un mundo que demanda más fraternidad que ideologías.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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