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Opinión

El testimonio católico en política y el mainstream media

Rodrigo Iván Cortés

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Chesterton, el reconocido escritor inglés converso católico, decía que cuando entraba a una iglesia se quitaba el sombrero, no la cabeza. El hombre de fe también es un hombre de razón. La encíclica Fides et Ratio afirma que las dos alas que elevan al ser humano son la fe y la razón, lo cual nos recuerda el adagio agustiniano, creer para entender, entender para creer.

La encíclica Veritatis Splendor advierte de “el riesgo de la alianza entre democracia y relativismo ético, que quita a la convivencia política cualquier punto seguro de referencia moral, despojándola más radicalmente del reconocimiento de la verdad” (n. 101), lo cual nos lleva a lo dicho en la Centesimus Annus cuando se afirma que “si no existe una verdad última la cual guía y orienta la acción política, entonces las ideas y las convicciones humanas pueden ser instrumentalizadas fácilmente para fines de poder.

Una democracia sin valores se convierte con facilidad en un totalitarismo visible o encubierto, como demuestra la historia” (n. 46). Por tanto, un católico congruente, que busca vivir la libertad y la caridad en la verdad y que busca cuidar que una democracia no se instrumentalice al servicio del totalitarismo, debería ser apreciado en su contribución al bien común, no debería haber elementos valederos para descalificar o excluir a un católico en la esfera pública, y sin embargo…

En estos tiempos donde la intensidad de la competencia política de la democracia más importante de Occidente se vive por primera vez en medio de una pandemia se da un suceso que me llega al corazón.

Un católico al cual conozco desde hace varios años y del cual he recibido un gran testimonio de lo que es ser un católico congruente, que da su testimonio desde la política, ha venido siendo atacado por el hecho de ser católico y lo que esto conlleva en la esfera pública. Hombre de razón y de fe, Dan Lipinski es un político demócrata, miembro de la House of Representatives (1) desde el 2005.

Con sólida formación académica, es ingeniero mecánico con maestrías en Ingeniería y Economía así como doctor en Ciencia Política, ha servido desde los Comités de Ciencia, Espacio y Tecnología, así como en el Comité de Transporte e Infraestructura.

Haciendo uso de razón y dando un gran testimonio de su fe, Dan ha defendido y promovido la vida, la familia y las libertades fundamentales, con tal congruencia que en ocasiones ha sido prácticamente el único demócrata en hacerlo.

Un católico congruente, que busca vivir la libertad y la caridad en la verdad, y que busca cuidar que una democracia no se instrumentalice al servicio del totalitarismo, debería ser apreciado, y sin embargo…

Como ejemplos de su solidez en estos importantes temas, Dan tiene un impresionante record de iniciativas y votos en estas materias, como la iniciativa presentada junto con otro estimado legislador católico, Chris Smith, la iniciativa No Taxpayer Funding for Abortion Act.

Votó por la prohibición del aborto a la semana 20, votó en contra del incremento del financiamiento de la embryonic stem cell research, votó en contra del reconocimiento del llamado matrimonio del mismo sexo así como del Obamacare y a favor de la Defense of Marriage Act (DOMA).

Obama aprovechó su presidencia, teniendo a Biden de vicepresidente, para ir sacando de las filas de su partido a los legisladores demócratas que defendían vida, familia y libertades. Este activismo arreció con la presión adicional de liderazgos demócratas como la del Senador Bernie Sanders –dos veces aspirante a la candidatura presidencial demócrata, quien considera que es admirable el gobierno comunista de los Castro en Cuba–, que en la cima de su poder declaró publicamente que en el partido demócrata no debe haber espacio para los pro vida y que ser demócrata implicaba ser pro choice (2).

Se sumó la legisladora Alexandria Ocasio-Cortez y los Justice Democrats (3) . Pero la fuerza más importante para impedir que siguiera siendo legislador Dan Lipinsky fue el de potentes maquinarias del aborto, “una coalición de grupos a favor del derecho al aborto, entre los que se encuentran EMILY’s List, NARAL, Pro-Choice America y Planned Parenthood, que aportaron cerca de $1 millón de dólares en spots de TV atacando a Lipinski”, y con lo cual terminaron imponiendo a Marie Newman – exactamente contraria a los valores de Lipinski– para ocupar su puesto en la candidatura al cargo de elección que le correspondía.

Dan ejerció su vocación política en oración y trabajo. Su divisa como legislador fue “been Catholic first” (4) , poner siempre primero lo primero. Eso me recuerda tanto a otro político católico, Tomás Moro, que siempre dijo que era un buen servidor del rey, pero Dios va primero, y que siguió su conciencia bien formada hasta el martirio, dando al Cesar lo que es del Cesar y a Dios lo que es de Dios. Le dijo a su esposa, que le pedía firmar lo que el Rey quería para recuperar su estatus y propiedades, “no serías buena negociadora, ya que no se da lo más por lo menos”, refiriendose a que no se da su conciencia y la vida eterna por un estatus y unas propiedades que son pasajeras.

Dan suele fundamentar con ciencia y buena argumentación el derecho a la vida desde la concepción hasta la muerte natural, la institución matrimonial conformada por hombre y mujer y la libertad religiosa.

“Nuestra prioridad debe ser proteger la vida desde su inicio, nadie es desechable, cada uno es único desde el día uno; hay que proteger a la mujer y su bebé como actos de amor, porque eso es de lo que se trata el movimiento pro vida”, dijo Dan Lipinski, con lo cual provocaba la ira de los líderes “progresistas” así como la industria y el lobby más poderoso que definitivamente no permitirían que siguiera en la House of Representatives.

De la misma manera, la jueza Amy Coney Barett, nominada por Trump para ser la nueva carta para integrar la Suprema Corte de Justicia, desata la ira anti cristiana, anti vida, logrando que en el mainstream, junto con los senadores demócratas, descalifiquen a Amy por ser “muy” católica, es decir, que realmente quiere ser congruente con su fe a la par de ejercer a cabalidad su razón.

Amy cuenta con una sólida trayectoria académica, licenciada en literatura inglesa y en derecho, graduada con los más altos reconocimientos, magna cum laude y Juris Doctor Summa cum laude, profesora universitaria en Notre Dame, con carrera judicial y actualmente jueza de la Corte de Apelaciones en el Séptimo Circuito.

Es de destacar los cuestionamientos de la Senadora demócrata Dianne Feinstein que considera que Amy, por ser tan católica, no debe ser ni jueza ni llegar a la Suprema Corte.

Tomás Moro siempre dijo que era un buen servidor del rey, pero puso a Dios primero, y siguió su conciencia bien formada hasta el martirio.

En el Magisterio de la Iglesia Católica destacan algunos documentos como guías que pueden iluminar el camino de un católico en la política.

En primer lugar la Evangelium Vitae de Juan Pablo II, que en su número 19 sostiene que “Hay un aspecto aún más profundo que acentuar: la libertad reniega de sí misma, se autodestruye y se dispone a la eliminación del otro cuando no reconoce ni respeta su vínculo constitutivo con la verdad. Cada vez que la libertad, queriendo emanciparse de cualquier tradición y autoridad, se cierra a las evidencias primarias de una verdad objetiva y común, fundamento de la vida personal y social, la persona acaba por asumir como única e indiscutible referencia para sus propias decisiones no ya la verdad sobre el bien o el mal, sino sólo su opinión subjetiva y mudable o, incluso, su interés egoísta y su capricho”.

Lo cual nos lleva a ubicar en el punto 20 lo siguiente “Así, desaparece toda referencia a valores comunes y a una verdad absoluta para todos; la vida social se adentra en las arenas movedizas de un relativismo absoluto. Entonces todo es pactable, todo es negociable: incluso el primero de los derechos fundamentales, el de la vida.”

Con esto la conclusión que en el mismo punto 20 se expresa así: “Reivindicar el derecho al aborto, al infanticidio, a la eutanasia, y reconocerlo legalmente, significa atribuir a la libertad humana un significado perverso e inicuo: el de un poder absoluto sobre los demás y contra los demás. Pero ésta es la muerte de la verdadera libertad: «En verdad, en verdad os digo: todo el que comete pecado es un esclavo» (Jn 8, 34)”.

La libertad enloquecida lleva a la esclavitud, de ahí la imporancia de ubicar bien la libertad y lo que puede significar la liberación.

El documento que me parece más iluminador, inspirador y que nos da a entender de una manera profunda lo que resulta ser lo más clave en lo que es el ser católico en la política es Sacramentum Caritatis de Benedicto XVI, en el cual aborda, en su numero 83, el concepto de “Coherencia eucarística… a la cual está llamada objetivamente nuestra vida”. El Papa nos dice: “el culto agradable a Dios nunca es un acto meramente privado, sin consecuencias en nuestras relaciones sociales: al contrario, exige el testimonio público de la propia fe” (n. 83).

Y nos enfatiza la importancia que esta coherencia eucarística tiene en quienes participan de manera más protagónica en la esfera pública: “Obviamente, esto vale para todos los bautizados, pero tiene una imporancia particular para quienes, por la posición social o política que ocupan, han de tomar decisiones sobre valores fundamentales”.

Entonces, ¿cuáles son esos valores? Pues son “el respeto y la defensa de la vida humana, desde su concepción hasta su fin natural, la familia fundada en el matrimonio entre hombre y mujer, la libertad de educación de los hijos y la promoción del bien común en todas sus formas. Estos valores no son negociables. Así pues, los políticos y los legisladores católicos, conscientes de su grave responsabilidad social, deben sentirse particularmente interpelados por su conciencia, rectamente formada, para presentar y apoyar leyes inspiradas en los valores fundados en la naturaleza humana.”

Y nos recuerda que “esto tiene además una relación objetiva con la Eucaristía (cf. 1Co 11, 27-29)”, y hace un llamado a la máxima autoridad en cada diócesis: “Los Obispos han de llamar constantemente la atención sobre estos valores. Ello es parte de su responsabilidad para con la grey que se les ha confiado”.

Tomando esto en cuenta, es de llamar la atención que en el mainstream los católicos como Lipinski o Amy sean descalificados, vituperados en la esfera pública, justo por ser congruentes. Y es de llamar también la atención que hay otro tipo de católicos que son admirados, reconocidos y promovidos en la esfera pública justo por lo contrario.

Políticos como Joe Biden, con más de 4 décadas como legislador y 8 años como vicepresidente cuando Barack Obama fue presidente, que tiene una fuerte trayectoria de defensa, promoción y financiación del aborto, del “matrimonio” del mismo sexo, de la ideología de género y de atentar contra la libertad religiosa. “I suport Roe (5), I suport woman right to choose, and quite frankley, I always will” (“Yo apoyo Roe, apoyo el derecho de las mujeres a decidir, y francamente, siempre lo haré”) ha dicho el propio Biden.

Y que además elige como su compañera de fórmula, como candidata a la vice presidencia a la senadora –y antes jueza– Kamala Harris, que coincide con él en los temas en contra de la vida, la familia y la libertad religiosa. Más grave es que ella considera como criterio para excluir a alguien de un cargo público

El hecho de ser católico, pro vida y miembro de un movimiento eclesial como los Caballeros de Colón. Y por si fuera poco Biden también elige para ser su nominado para Attorney General –fiscal general de los EUA–, a su amigo de años y también “católico” Andrew Cuomo, que como gobernador de Nueva York tuvo a bien meter una iniciativa de aborto durante los nueve meses e incluir el partial birth abortion (6).

Tras conseguir que la mayoría demócrata lo apoyase y el congreso del Estado de Nueva York aprobase la infame legislación, Cuomo festejó iluminando de rosa los principales monumentos y edificios de la Gran Manzana y llamó “derecho” al asesinato del más inocente en su etapa más vulnerable.

En esta lista puede haber muchos otros, pero la que tiene una relevancia superior es la legisladora Nancy Pelosi, speaker of the house (7) y la tercera en línea de mandos y algo le pasa al presidente de los EUA, quien también apoya exactamente lo contrario a lo que indica la doctrina social de la Iglesia Católica y va en contra de los no negociables, aunque se ufana de ser católica y hasta usa esto en sus campañas.

Llama la atención que católicos como Lipinski o Amy sean descalificados en la esfera pública por ser congruentes. Y otro tipo de católicos como Biden son admirados, reconocidos y promovidos justo por lo contrario.

En campaña se puede ver cómo se intenta secuestrar el voto católico, instrumentalizándolo para justo la agenda más contraria a las enseñanzas de la Iglesia. Al ver dos anuncios oficiales de la actual campaña de Biden, donde se dice católico y usa la imagen del Papa Francisco, del rosario, de las monjas, y dice que la fe católica “inspira todo su proceder como político” (sic), incurre en la más fuerte incongruencia, eucarística y pública.

No cabe duda que en este rubro, Biden se maneja como muchos políticos que consideran que el fin en –obtener el poder presidencial–, justifica los medios –instrumentalizar lo católico, a pesar de promover constantemente exactamente lo opuesto a lo que la Iglesia enseña y propone a todo católico–.

En fin, Biden, apoyado política y económicamente por la industria del aborto (8), por el lobby de la ideología de género y con un record ominoso de atentar contra la libertad religiosa y de los padres en temas como la educación de sus hijos, propone un gobierno de alianza entre la “democracia” y el relativismo.

Él propugna un gobierno netamente totalitario cuyo poder va más allá de las fronteras de los EEUU y que aspira a fortalecer y promover esta agenda globalmente, en plena consonancia con lo que la principal instancia intergubernamental promueve.

En estos últimos cuatro años el gran dique que impide que la ONU imponga su agenda de aborto e ideología de género – bajo los nombres bien sonantes de “nuevos derechos sexuales y reproductivos”–, es precisamente la actual administración de los EEUU.

Orwell decía que “el lenguaje político está diseñado para hacer que las mentiras suenen verdaderas, el asesinato respetable y dar una apariencia de solidez a lo que es puro viento”. Esto aplica plenamente al lenguaje que utiliza el señor Biden.

El impulso que le daría a los llamados “nuevos derechos sexuales y reproductivos” tendría unos efectos de alcance global en el más puro y duro sentido orwelliano. Lamentablemente esto se haría en nombre de un catolicismo incongruente promovido desde el mainstream media abonando a la más grande masacre infringida a los más inocentes y vulnerables.

Espero en verdad que la gente pueda ver, a tiempo, que el rey está desnudo y actúen en consecuencia.

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Te compartimos el link para que puedas descargar desde la Biblioteca del Frente Nacional por la Familia el libro Pandemonium II – La Cura:

Link de Descarga: https://capacitate.frentenacional.mx/biblioteca/

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(1) Equivalente a la Cámara de Diputados de muchos otros países.

(2) Es la forma de decir “pro aborto” en los Estados Unidos. Choice es elección en inglés: eufemísticamente estos partidarios del aborto disfrazan su postura con una supuesta libertad que estarían promocionando para las personas.

(3) Grupo radical de izquierda en el seno del partido demócrata creado luego de la derrota del Partido en 2016. Entre otras cuestiones, abogan por aumentar el dinero a Planned Parenthood y a los derechos reproductivos.

(4) Ser católico primero.

(5) Se refiere al famoso caso Roe vs. Wade, que despenalizó el aborto en los EEUU en 1973. Es una alusión inequívoca del apoyo al aborto legal.

(6) Aborto por nacimiento parcial, una técnica que se aplica a niños y niñas a los 9 meses de gestados, a punto de nacer.

(7) Equivalente a Presidente de la Cámara de Diputados en otros países.

(8) “Abortion is the esential health care service” (“El aborto es un servicio de salud esencial).”Abortion is an procedure that can not be delate”, (“El aborto es un procedimiento que no puede ser demorado”). Dos frases textuales de Joe Biden que claramente comparte la prisa por matar bebes con muchos funcionarios de la ONU.



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Análisis y Opinión

Y hubo templos sobre el llano

Felipe Monroy

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Ya había muerto el viernes, pero para los futbolistas de llano en el populoso barrio de El Rosario la tibia madrugada sólo les ofrecía una certeza: la reta continuaba. Casi dos centenas de pamboleros amateurs celebraban una especie de liturgia; sobre el revuelto terregal se realizaba el baile hipnótico de 22 servidores del balón mientras el resto, detrás de la metafísica línea de cal, exclamaba las preces conocidas: ‘¡Sube! ¡Pasa! ¡Guárdala! ¡Ya lo viste! ¡Tira! ¡Tira!”

El barrio está mal iluminado, pero cada centímetro de la cancha tiene luz, color y definición, por eso se ven con claridad las playeras repetidas de la selección de Argentina, del Boca o del Nápoles que han sacado los aficionados y que portan con orgullo. Tienen -en pecho y espalda- el nombre de Maradona, de ‘D10S’, y parece que, nada más ponérsela, el jugador se cree más hábil, más audaz, más eficiente, pletórico. Conmueve más quizá aquel niño desvelado que ha puesto con cinta adhesiva el número diez en el dorso de la única armadura que vale para el héroe que busca la epopeya mítica de llevar el balón a la portería.

Es el primer fin de semana después de Maradona. El astro argentino falleció en miércoles y muchos de los devotos tuvieron que esperar al viernes por la tarde para celebrar la liturgia futbolera. Quizá la iglesia maradoniana sea una parodia religiosa; pero a ras del futbol llanero, la pasión por ese humildísimo deporte no es ninguna simulación.

La experiencia sería sumamente atractiva para la profesora en antropología y religión, Sabina Magliocco, quien considera que las características fisiológicas y neurológicas de las experiencias espirituales son una parte fundamental y compartida de la naturaleza humana: “Todas las percepciones humanas de la realidad material pueden documentarse como reacciones químicas en nuestra neurobiología… No es racional asumir que la realidad espiritual de las experiencias centrales es menos real que la realidad material más científicamente documentable”. El gol o la derrota, se sabe, guardan un sentido de trascendencia superior al de las endorfinas que segrega el cuerpo y por eso, el llano pambolero festivo y trágico, se hace templo.

Había apuntado el escritor Eduardo Sacheri: “Somos tan ingenuos que seguimos viendo el futbol como un juego”. La muerte de Maradona nos lo ha recordado con un balonazo en la cara con los ‘Diegos metafísicos’ centuplicados en la cancha de barrio. Cierto, con la mercadotecnia y el acceso tecnológico han crecido las hazañas del ‘Pelusa’ en el césped; sin la televisión -o el internet- las fenomenales habilidades del argentino se reducirían a un par de líneas y una fotografía en los diarios deportivos o en la siempre inexacta narrativa oral de quienes pudieran decir: ‘Yo estuve allí y esto fue lo que viví’.

El genial Fontanarrosa en su cuento ‘¡Qué lástima Cattamarancio!’ nos comparte la narración apasionada y febril del cronista de un partido que se interrumpe con los odiosos patrocinios publicitarios mientras en el cielo comienzan a verse los fulgores desastrosos de una guerra nuclear; esto último, no obstante, es irrelevante para el fanático, no importa mientras el partido siga caliente. En el futbol llanero, sucede igual, la pandemia se suspende hasta que alguien tosa y caiga de fiebre días más tarde, en silencio y culpando a todo menos al juego: “Porque se equivoque uno no tiene que pagar el futbol… la pelota no se mancha”, dijo Maradona.

¿Es el futbol una religión? Me atrevo a opinar que no. Pero esto no les debe importar a los hinchas apasionados de veras. Les debe interesar a los fieles de las religiones cuyos signos, más profundos y reales, se diluyen en reglas y no en experiencias personales y comunitarias. Para los predicadores y exégetas del juego-comunidad, del equipo-congregación, el futbol es una experiencia cuya plenitud es grupal, gremial, compartida: “Si perdemos seremos los mejores, si ganamos seremos eternos” (Pep Guardiola), “Ningún jugador es tan bueno como todos juntos” (Alfredo Di Stefano).

No son sólo palabras; forman parte de una realidad que comprenden los jugadores y aficionados al balompié junto a la certeza interpelante de que un partido sin goles es como un domingo sin sol.

En el barrio se jugó todo el sábado, hubo una pausa para ver el partido de la noche, y se continuó con la fiesta la mañana del domingo. Maradona había muerto y hubo quienes dijeron que estaban allí por él, por el futbol; y brillaron el sol y los goles; y hubo llanos que se transformaron en templos.

LEE Un cierre doloroso pero necesario

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Entre el escándalo y la prevención. El mejor camino para las víctimas de abuso

Felipe Monroy

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En esta semana un par de acontecimientos renovaron la atención sobre los avances en el combate a los abusos sexuales cometidos por ministros de culto contra menores o personas vulnerables; sin embargo, ambos hechos guardan entre sí relación y distancia: uno enfocado más en querellas legales contra presuntos culpables; y otro, en la construcción de cultura y espacios donde la prevención y la protección es el objetivo central.

En primer lugar, de alto impacto mediático, fue la resolución de la Suprema Corte de Justicia de la Nación (SCJN) para que la fiscalía revise “la posibilidad de conocer las investigaciones contra el arzobispo emérito de México, Norberto Rivera Carrera”. Se trata de un amparo interpuesto por el exsacerdote Alberto Athié contra una decisión previa que le impide acceder a carpetas de investigación de casos de pederastia clerical supuestamente encubiertos por el cardenal. Casos en los que, por otra parte, el activista no está involucrado, no es parte interesada directa ni querellante.

Sin duda, el principal y más importante factor que obligó a la Iglesia católica a emprender un viraje absoluto contra los casos de abuso sexual entre sus clérigos y las prácticas institucionalizadas de encubrimiento fue la presión mediática. Hasta antes que los casos de abuso adquirieran dimensión global y cultural, hoy se sabe -y gracias a la propia Santa Sede que ha revelado buena parte de sus dinámicas precedentes- que el clamor de las víctimas era minimizado, que el lenguaje relativizaba la gravedad de los actos y que, para evitar el ‘escándalo’ se prefería el arreglo extrajudicial, el silencio y una somera vigilancia interna a los criminales.

La extensa publicación y divulgación de las voces de las víctimas, así como de las evidencias de protección institucionalizada de ministros culpables, cambió para siempre la actitud de la Iglesia católica frente a los casos de abuso sexual contra menores o personas en condición de vulnerabilidad. Este cambio ha sido radical; a tal grado que no es poco decir que la Iglesia católica es hoy una de las instituciones que más ha avanzado en asumir medidas de prevención de abusos y en la configuración de mecanismos orientados a la protección de menores.

Lo principal ha sido asumir en plena conciencia los yerros autorreferenciales que perpetuaban las actitudes de conservación de la institución antes de cuidar o siquiera escuchar a las víctimas y sus necesidades. Y la Iglesia lo ha comprendido profundamente. Ninguna otra institución u organización ha publicado libremente el proceso de investigación de alguno de sus más encumbrados miembros, exponiendo los errores y complicidades que, por desgracia, acentuaron la agresión y ofensa contra las víctimas.

Y en ese tenor de responsabilidad se encuentra el segundo acontecimiento relevante: El Centro de Protección de Menores de la Universidad Pontificia de México participó en la creación de una nueva Alianza Global de Salvaguarda (GSA, por sus siglas en inglés), para promover acciones de prevención y protección de menores. Un esfuerzo intercontinental en el que participan organizaciones especializadas en la atención de víctimas y en la creación de protocolos de actuación frente a casos de abuso.

La Alianza busca desarrollar estándares globales para programas académicos, certificados y sistemas de protección para menores. Se trata de un esfuerzo sumamente relevante desde la Iglesia que no recibió atención mediática pero que podría hacer mucho por un futuro más seguro para todos y en el que las instituciones asuman su responsabilidad en el cuidado integral de los menores.

Ambos acontecimientos son complementarios, pero deben valorarse por el horizonte real que puedan alcanzar. Insisto, la denuncia pública y el señalamiento de los responsables directos o indirectos de un problema tan complejo como la pederastia clerical ha sido, hasta ahora, la única herramienta de presión para lograr cambios culturales necesarios sobre este flagelo; pero no se puede limitar el horizonte a las dolorosas historias del pasado, se requiere compromiso e imaginación para mejorar el mundo. Y eso es lo que estará intentando la Alianza Global de Salvaguarda, esperamos buenos y muchos resultados.

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*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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