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Felipe Monroy

Prensa purulenta

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Esta semana, como indigno testimonio del periodismo mexicano, destaca la circulación de una revista cuya portada no puede sino llenar de vergüenza a todos quienes intentamos hacer de este oficio un servicio en la clarificación de las perennes tinieblas de la sociedad. El problema de aquella desgracia no es su exageración sino la actitud detrás de la línea editorial del semanario, suficientemente ignominiosa como para siquiera calificarla de ‘mal periodismo’.

Ahora bien, tampoco es un tema que se resuelva con la superficialidad argumentativa de que el periodismo debe garantizar toda libertad de expresión; porque tan importante resulta defender la libertad de expresión como contribuir a enriquecerla en su nobleza. Y evidentemente, la dirección editorial de la revista ha hecho todo lo contrario.

Así que no es un momento para eufemismos, este tipo de prensa es el ejemplo paradigmático de un periodismo pelandusco; no sólo un erial, un yermo abandonado o un terreno infértil donde nada tiene provecho, sino un sitio purulento donde sólo crece maleza ponzoñosa y hierbajos miserables, un pozo envenenado donde se alimentan los encolerizados. No podemos sino preguntarnos cómo llegaron, aquellos colegas, hasta tal oquedad.

Tampoco quiero reducir esta crítica a un simple moralismo, el propósito no es señalar los desaciertos de la portada o la línea editorial desde una petulancia altanera sino contribuir a la reflexión sobre el papel del periodismo en esta “rebeldía contra la pasiva aceptación de nuestros actos vanos”. No importa desde dónde nos aproximemos a la ética periodística, invariablemente se hace necesario recordar por qué son imprescindibles los principios de respeto y de no instrumentalización de los humanos y sus dramas en el oficio informativo.

Para ello, es usual que la ética periodística –siempre dinámica– sea observada desde una de las muchas formulaciones kantianas del imperativo categórico: “Obra como si la máxima de tu acción fuese a convertirse por tu voluntad en una ley universal de la naturaleza”.

Es decir, casi impúdicos, los periodistas solemos publicitar y evidenciar nuestros errores en la desnudez del juicio social; muy pocas veces los corregimos o nos hacemos cargo de las consecuencias derivadas de ellos. Por ello, antes de publicar lo que, invariablemente será una sutil aportación a la historia inmediata y al breve relato historiográfico de nuestro tiempo, debemos preguntarnos si sentiremos orgullo de nuestras diatribas, nuestras obsesiones, los insultos y las infamias a las que dimos voz.

¿Qué sucedería si el insulto fácil se torna la norma para toda la información y opinión mediática en el futuro, incluida la que se vuelva contra nosotros? ¿Una portada tan infame o los infaustos adjetivos sobre la apariencia de una persona son el legado que dejaremos de nuestra profesión en los anales de la historia? ¿Mereceríamos y fomentaríamos entre los colegas que se nos agrediera con el mismo vómito cáustico?

Es cierto que la política (sus intereses, sus mundanas obsesiones) genera escenarios dramáticos en donde se juegan crudamente los límites del poder; en ella, dicen, se permite el grito al desesperado, el clamor al abatido, la revuelta al oprimido e incluso la mentira y la maledicencia a los propagandistas. Y aunque mentir y maldecir siempre han tenido un espacio entre las tácticas de control desde el poder o de la rebelión contra el poder, debemos preguntarnos permanentemente si aquellas deberían ser la norma de nuestra conducta para con el prójimo y viceversa.

Hay otra reflexión importante que exige este desafortunado episodio del semanario autodefinido como ‘opositor’ y tiene que ver con el origen de la diatriba. En el marco político, siempre estarán los excluidos del poder, los marginados, incluso los humillados. No importan las altas cualidades democráticas del sistema político, siempre habrá sectores no representados, desoídos y hasta despreciados. El periodismo tiene allí una alta responsabilidad para hacer público lo acallado, un deber para con la minoridad en resistencia pero con una distinción: El periodismo debe estar inclinado sobre los abismos de los que sufren objetiva y auténticamente, se conmueve con el grito atávico de una madre ante la pérdida de su criatura y con la indignación de quien contempla los derechos de los humildes mancillados desde el poder; pero el periodismo no debe hacer campañas de terror desde los poderes formales o fácticos, no puede participar del relato perturbado de quien, teniendo poder, desea tener aún más privilegios.

No se puede ser más enfático, el periodismo representa siempre una decisión y un activismo político; pero su oficio exige distancia de esa visceralidad ignominiosa que raya en la locura. El periodismo debe respetar los derechos de los débiles y discriminados, comenzando por el respeto a su inteligencia; debe evitar toda opinión discriminatoria que incite a la violencia o a las prácticas inhumanas o humillantes; debe evitar alusiones peyorativas; debe evitar expresiones o manifestaciones desagradables o hirientes sobre la condición personal de las personas o sobre su integridad física o moral. En conclusión, no se debe tratar a los demás como medios para nuestros propios propósitos, no importa lo urgentes o necesarios que nos parezcan.

*Director Siete24.mx @monroyfelipe



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Felipe Monroy

Dignidad humana y la polémica que no fue

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A inicios de abril el Dicasterio para la Doctrina de la Fe de la Santa Sede liberó un nuevo documento orientador sobre inquietudes globales respecto a la práctica de la fe en la sociedad contemporánea; es la segunda Declaración oficial presentada bajo el liderazgo del cardenal argentino Víctor Manuel Fernández y se publica apenas cuatro meses después de la polémica declaración Fiducia Supplicans en la que se autorizan las bendiciones a parejas homosexuales bajo discreción y discernimiento de los ministros de culto.

El nuevo documento denominado Dignitas Infinita habla sobre un tema realmente toral en la cultura actual que es la valoración, el reconocimiento y el respeto irrestricto a la dignidad humana y, sin embargo, a diferencia de su antecesor, ni los medios de comunicación ni los colectivos defensores de derechos humanos e incluso tampoco los recurrentes vociferadores eclesiásticos decidieron hablar de este documento o polemizar respecto a lo que plantea. Y quizá sólo haya una explicación razonable: la declaración vaticana sobre la dignidad humana no les sirve a sus propios intereses y se prefiere callar para no evidenciar lo mucho que se ha normalizado el relativizar la dignidad humana propia y de los demás. Veamos:

En el preámbulo, la Declaración parte de un principio irrenunciable de la doctrina cristiana el cual no siempre ha sido asumido ni respetado, incluso por los propios católicos: “la dignidad humana existe más allá de toda circunstancia”. Esto quiere decir que sin importar los contextos históricos o culturales y sin distingo de las diferencias físicas, psicológicas, sociales y morales de las personas, cada una de ellas –cada uno de nosotros miembros de la raza humana desde el momento del inicio de nuestra existencia individual e irrepetible y hasta el final de la misma– goza de una dignidad infinita e irrevocable.

La Declaración distingue diversas aserciones sobre la dignidad humana (ontológica, existencial, moral o social) pero esencialmente cuestiona ciertas condiciones contemporáneas que han logrado relativizar o redefinir las fronteras de la dignidad inherente de cada ser humano. La Santa Sede reconoce que, en no pocas ocasiones en el pasado y aún en nuestros días, algunas doctrinas filosóficas, políticas, ideológicas y religiosas han permitido ‘ensombrecer’ la dignidad humana autorizando o avalando actos contrarios a ella, como la esclavitud, el genocidio, la persecución racial, la discriminación, la promoción sistemática al aborto o a la eutanasia; pero también apoyando modelos sociales, leyes y mecanismos que favorezcan o perpetúen condiciones infrahumanas de vida, detenciones arbitrarias, deportaciones, prostitución, trata de blancas y de jóvenes, condiciones laborales degradantes, la instrumentalización del ser humano, la mercantilización del cuerpo y de la vida humana, la renta de mujeres para embarazos de terceros y un largo etcétera.

Todas estas realidades e inquietudes sociales contemporáneas obligan a mirar aquellas realidades fronterizas de la experiencia humana donde hoy se regatean aspectos esenciales de la dignidad: la invisibilización del ser humano en gestación; el descarte social de los ancianos, los marginados y los enfermos; la manipulación médica, quirúrgica u hormonal innecesaria a niñas, niños y adolescentes; la mercantilización del cuerpo o de alguna de sus partes; las terapias de desapego materno; la explotación, despojo e, incluso, la vulneración de la identidad, privacidad, seguridad a través de herramientas tecnológicas intrusivas, engañosas o crematísticas.

El documento debería haber causado tanta polémica y discusión como su precedente; sin embargo, su invisibilización revela lo que la sociedad contemporánea prefiere callar. En este 2024, por ejemplo, se publicó el estudio académico sobre el “Alquiler de vientres como explotación reproductiva de mujeres rurales de Tabasco”, un trabajo de Pilar Alberti y un equipo de investigadores que evidencian los efectos nocivos tanto en las personas como en las comunidades donde se autoriza o promueven modelos de ‘vientre subrogado’. El tema por supuesto que abre un debate importante sobre cómo ciertas justificaciones económicas o utilitarias son legalizadas para intervenir indolentemente tanto en el cuerpo de las mujeres como en la dignidad intrínseca del ser humano en gestación.

También hace unos pocos días se revelaron los resultados del Estudio Cass en Gran Bretaña, un análisis de largo aliento sobre los efectos nocivos y hasta criminales producidos a adolescentes y jóvenes por haberles facilitado intervenciones de cambio de sexo y hormonización durante su infancia. En este caso, el discurso ideológico de organismos internacionales promovido a través de voceros de gran impacto mediático (actores, actrices, deportistas, comunicadores, etcétera) y sustentado bajo teorías del género, género fluido y trangénero se impusieron frente a las necesidades médicas y psicológicas de los infantes provocándoles graves afectaciones en su salud física y mental.

Ahora, el Sistema Nacional de Salud Pública del Reino Unido exige que toda atención a niñas, niños y adolescentes con disforia de género comience con terapias psicológicas para explorar y comprender detonantes sobre sus inquietudes (que pueden ser desde problemas de salud mental hasta abusos sexuales subyacentes) antes de que siquiera que sugiera cualquier modelo de ‘transición’. Un tema que nos compete a México porque justo por el repudio comprensible a las llamadas ‘terapias de conversión’ –las cuales deben estar prohibidas debido a sus actos violatorios de la dignidad humana– se ha metido en el mismo saco a todo tipo de terapia profesional para analizar y atender la disforia de género dejando a las infancias vulnerables a que sistemas comerciales, tecnocapitalistas e ideológicos del género les provoquen las mismas afectaciones que las denunciadas en Inglaterra.

Y una última inquietud que se vincula a la actual contienda política-electoral en México: ¿Acaso las candidaturas presentan discursos o plataformas a favor de la visibilidad, respeto y promoción de la dignidad humana, en todas sus condiciones y en todas sus circunstancias? ¿O quizá sólo se limitan a decir que ‘lo que ya aprobó la Corte’ es todo el margen posible de los magistrados han impuesto a la dignidad humana? ¿Y eso, será suficiente?

*Director VCNoticias.com @monroyfelipe

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Felipe Monroy

Claudia y Xóchitl, segunda aduana episcopal

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Tanto el ambiente como el salón de la plenaria episcopal lucieron colmados de expectativas y ansiedad política; los obispos de México recibieron a las dos candidatas a la presidencia de la República, Claudia Sheinbaum y Xóchitl Gálvez, para escrutar algo más que sus proyectos políticos. Como se sabe, este encuentro de los aspirantes con los líderes católicos de México no define el rumbo de las intenciones electorales pero sí adelanta el tipo de relación que se sostendrá entre el poder político y el poder eclesiástico durante el sexenio.

Hace seis años, los obispos comentan que Andrés Manuel López Obrador utilizó todo el tiempo del encuentro para prolongar, en su monomanía, su discurso y planteamiento político; al final quedó muy poco tiempo para el diálogo (y eso que era su tercera ocasión frente al pleno episcopal). Como se sabe, López Obrador arrasó indubitablemente en la elección pero, una vez en el poder, la falta de diálogo entre el poder civil y el eclesiástico fue construyendo una animadversión mutua; la cual, a pesar de la diplomacia, moderación y templanza del presidente del episcopado, Rogelio Cabrera, ha motivado a no pocos obispos, sacerdotes, laicos católicos y estructuras eclesiales a operar política y discursivamente contra todos los aliados del movimiento cuatroteísta.

Quizá por eso mismo y consciente de la desventaja heredada, Sheinbaum llegó con puntualidad y apertura. Intercambió un breve diálogo con el presidente de la CEM y después dirigió al pleno un discurso de alrededor de 30 minutos donde presentó los ejes principales de su plataforma y el proyecto para la Presidencia; el diálogo fue un poco más abundante pero –a decir de los presentes– no necesariamente esclarecedor. Como se ha dicho en otros foros, algunos obispos consideran que la candidata de Morena, PT y PVEM tiene dificultades para empatizar y cautivar a sus interlocutores: su discurso es estructurado y claro, pero monótono y técnico.

Con Sheimbaun había un tema ineludible: la violencia y el fracaso de las estrategias de seguridad. La candidata firmó semanas atrás, con reservas, el Compromiso por la Paz compendiado por el episcopado y las comunidades religiosas junto a varios sectores de la sociedad civil. En ese entonces dijo no compartir el panorama pesimista y calamitoso de la Iglesia; sin embargo, a pesar de tener justo frente a ella al cardenal emérito Norberto Rivera y al obispo de Orizaba, Eduardo Cervantes –primero y último de los obispos que sufrieron asaltos armados tras el triunfo de López Obrador– continuó sin reconocer la ausencia de avances en materia de seguridad ciudadana. Sin duda Sheinbaum navegó contra muchos prejuicios pero tampoco logró cimentar una nueva relación con los líderes católicos.

La historia fue muy diferente con Xóchitl Gálvez. El episcopado la recibió sin solemnidades y como a una vieja conocida; en sus diez minutos de presentación, Gálvez no habló de política ni de proyectos sino de su sabida historia personal que ha sido su principal herramienta mercadológica en esta elección. Después saludó e interactuó con algunos obispos periféricos con los que ya había establecido contacto durante el sexenio de Vicente Fox y también con el arzobispo de Tulancingo con quien se presentó como candidata estatal al gobierno de Hidalgo en 2010.

Los cardenales activos se acercaron solícitos a saludarla y la única pregunta incómoda que recibió fue por parte del obispo emérito, Raúl Vera, por la supeditación de su campaña y potencial gobierno no sólo a las estructuras del PRI, PAN y PRD sino a los acuerdos de sus dirigencias para colocarse de forma ominosa a ellos mismos en las principales curules plurinominales. Gálvez respondió como siempre, desmarcándose de los partidos cuyas cúpulas la colocaron en la candidatura; de ese modo, la oficina de prensa del Episcopado le hizo justo el favor de no mencionar en su comunicado a sus partidos políticos que, se ha demostrado, son algunos de los principales lastres que afectan sus intenciones de voto.

Finalmente, en ambos encuentros, emergió un tema que los obispos cuestionaron a las dos candidatas: el asunto de la libertad religiosa y en particular de la libertad de expresión política de los ministros de culto. Tanto a Claudia como a Xóchitl se les cuestionó especialmente sobre este derecho ya que, debido a la falta de actualización de las leyes reglamentarias sobre asociaciones religiosas y culto público, aún existen mecanismos poco claros respecto a los márgenes de censura y sanción contra los ministros religiosos que participen indirecta o disimuladamente en el juego político. La candidata de Morena, PT y PVEM se comprometió a garantizar la libertad religiosa pero continuó diferenciando las esferas de actuación del Estado y de las organizaciones religiosas.

Por su parte, la candidata del PRI, PAN y PRD acusó la falta de libertad de expresión política de los ministros en México con un dato que ni siquiera la propias instituciones religiosas han divulgado o confirmado: dijo que sesenta ministros de culto son investigados directamente por el Estado debido a actividades políticas propagandísticas explícitas o tácitas. Delitos que aún permanecen en la legislación mexicana y que no se persiguen de oficio sino a través de querellas y denuncias de terceros.

Respecto al candidato Maynez de Movimiento Ciudadano: su visita al plenario episcopal quedó agendada un día más tarde e incluso después que se realizó el conversatorio entre obispos sobre las plataformas políticas. No es, sin embargo, sólo una visita de cortesía; en el fondo –como explica a esta columna un destacado diplomático y hombre cercano al papa Francisco– la Iglesia católica debe eludir la tentación de operar a favor o en contra de opciones o facciones políticas concretas en una democracia; debe evitar hacer propaganda política directa o indirectamente, puesto que en el pueblo reside la decisión de quiénes van a gobernar y ahí debe estar la Iglesia para “acompañar a quienes van a ser servidores del pueblo, ayudarlos en esa difícil labor que no está exenta de compromisos y presiones”. Veremos.

*Director VCNoticias.com @monroyfelipe

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Felipe Monroy

Asamblea del Episcopado Mexicano: dos elecciones

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La Conferencia del Episcopado Mexicano (CEM) sostendrá en días próximos su 116 Asamblea Plenaria en medio de un momento especialmente agitado y relevante para la sociedad mexicana. Como cada semestre, los obispos católicos se reúnen para escuchar, discernir, dirimir y votar las cuestiones que el Consejo de Presidencia y la Comisión Permanente han preparado para la reunión.

Estas asambleas plenarias por regla general abordan cuestiones de índole interno respecto a la estructura, operación, proyectos y programas de mediano y largo plazo para la Iglesia católica peregrina en México. De hecho, desde el trienio 2015-2018 se comenzó un largo itinerario tanto reflexivo como operativo para responder a los desafíos sociales y religiosos del siglo XXI; el documento denominado Proyecto Global de Pastoral (PGP 2031+2033) fue aprobado por el voto mayoritario de los obispos y ha sido puesto en acción (con no pocas dificultades) a través de seis opciones pastorales y más de treinta compromisos concretos en los últimos años.

Sin embargo, para esta próxima reunión, los obispos de México llegan a la asamblea con una agenda eminentemente aderezada tanto por los recientes acontecimientos sociales como por los inminentes político-electorales. Como cada seis años, la CEM programa la visita de los aspirantes a la presidencia de la República para conocerlos, escucharlos y para plantearles inquietudes tanto personales como respecto a los planes y programas de trabajo que, de ser electos, implementarían desde el Ejecutivo.

Hay que recordar que –hasta el momento y fuera de los debates programados por el INE– la Iglesia mexicana ha sido la única instancia intermedia de la sociedad que ha logrado reunir presencialmente a los tres candidatos a la presidencia de la República en el mismo evento y con un objetivo común: la firma del Compromiso por la Paz resultado del itinerario de trabajo organizado por el propio episcopado, los superiores de congregaciones religiosas presentes en el país y los jesuitas de México en el que se convocó a liderazgos del sector empresarial, activistas de derechos humanos, representantes de medios de comunicación y de diversas organizaciones de la sociedad civil y participación ciudadana.

Sin duda, la participación pública de los líderes eclesiásticos en México respecto a la situación de violencia y criminalidad ha sido la más visible y activa desde que la llamada ‘Guerra contra el Narco’ –iniciada en el sexenio de Felipe Calderón– provocó el crecimiento exponencial en los homicidios dolosos, desplazamientos forzados, desapariciones, secuestros y ejecuciones extrajudiciales. Tras tres gobiernos de signos políticos distintos, la situación se agravó hasta permanecer en una especie de ‘estancamiento’ que normaliza e inscribe en la cultura los niveles de agresividad, violencia, desprecio por la vida y abuso.

La preocupación de los obispos por el tema de la violencia y la falta de resultados claros de las tres distintas estrategias ha sido expresada permanentemente a través de los comunicados oficiales de la CEM pero ha sido especialmente importante la función del vocero del organismo y obispo de Morelos, Ramón Castro Castro, quien ha revelado la vinculación del crimen organizado con el ejercicio de la política, tanto con los partidos como con los líderes políticos: “Algunas organizaciones de delincuentes están pidiendo: ‘Te dejo de pedir el derecho de piso, pero tú me tienes que votar por tal partido’… Eso nos preocupa, ¿cómo es posible que haya esta alianza y que los partidos pidan a estos grupos que les apoyen?”

No ha sido el único; obispos en Michoacán, Guerrero, Estado de México y Guanajuato han declarado explícita o implícitamente que los grupos criminales operan en sus territorios gracias a la connivencia, corrupción o interés de las autoridades civiles.

Al episcopado no le ha convencido la respuesta del presidente López Obrador sobre los resultados de su estrategia contra la violencia, la cual –como asegura el mandatario– si no ha disminuido por lo menos no ha continuado la tendencia de crecimiento de los sexenios anteriores. Y no los ha convencido porque, como le dijeron en la última oportunidad en la que se reunieron con el tabasqueño en noviembre pasado, ellos constatan “otros datos” en sus territorios y cuentan con los testimonios de sus sacerdotes, religiosas y fieles.

Por ello, el encuentro con Gálvez, Sheinbaum y Álvarez resulta crucial para la toma de actitud de los obispos frente al próximo sexenio: no se pueden recomendar viejas estrategias que provocaron el vertiginoso incremento de la criminalidad pero tampoco se pueden aceptar fatuos triunfalismos en esta materia. Y una última cosa esperarán los obispos: que la próxima gestión de la federación mantenga abiertos los canales de diálogo y trabajo conjunto, respetuoso e integrador, sin autosuficiencias ni indefiniciones ideológicas.

Porque en esta próxima Asamblea Plenaria no sólo está el análisis de la elección de la Presidencia de México sino de la próxima elección del presidente de la CEM. La asamblea será una aduana para valorar los perfiles más idóneos para representar a los obispos en el Consejo de la Presidencia para el cual se evaluará el temple, las habilidades, la prudencia y la fortaleza de los candidatos, requerirá de perfiles esencialmente dialogantes, atemperados en sus pasiones políticas y con probadas cualidades de gestión; pues la próxima presidencia de la CEM tendrá que acompañar el arranque de un sexenio intensamente complejo sin dejar de mirar que, desde el Vaticano, la condición de salud del papa Francisco (uno de los pontífices más longevos de la historia) supondrá desafíos para la estructura y funcionamiento de la Iglesia católica universal.

*Director VCNoticias.com @monroyfelipe

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Felipe Monroy

El problema de los tres cuerpos, la ciencia y Dios

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En vísperas de la Semana Santa, fue estrenada en la famosa plataforma de streaming la serie ‘El problema de los tres cuerpos’, una nueva adaptación a la televisión de la novela de ciencia ficción del mismo nombre escrita por Liu Cixin en 2006. La historia es compleja y está construida sobre todavía más difíciles teoremas de la astrofísica; sin embargo, tanto la novela como la serie televisada toman como uno de sus marcos referentes lo acontecido durante la Revolución Cultural china cuando los grupos paramilitares de estudiantes denominados Guardia Roja sometían o eliminaban cualquier pensamiento fuera de su doctrina científica y política.

La escena es cruda pero inteligente porque evidencia algo contraintuitivo: el pensamiento científico no sólo ha sido perseguido por dogmas religiosos o ideológicos sino principalmente por dogmas de cierta ciencia “consumada” que se consideran pilares de la realidad absoluta. De hecho, tanto en la novela como en la serie se repite como un absoluto la imposibilidad de tener pensamiento científico y, al mismo tiempo, ser creyente. En un momento, uno le pregunta a otro: “¿Crees en Dios?” y el aludido sólo responde: “Soy científico”. En su respuesta está implícita la negativa: no se puede ser científico y ser creyente; pero ¿debería ser así de simple? ¿Quién lo ha sentenciado así y por qué?

Durante muchos siglos, los avances tecnológicos y científicos fueron aparentemente revelando una distancia insalvable entre lo natural y lo teológico. La ciencia, toda la ciencia (la natural, la social, la biológica y hasta la humanística), y su tecnología con todos sus prodigios podían avanzar sin necesitar la idea de lo divino o de lo trascendente; es más, estos pensamientos espirituales, casi siempre dominados bajo narrativas religiosas específicas, eran los principales obstáculos para el desarrollo del pensamiento. ¿Quién no ha escuchado, por ejemplo, que la Edad Media cristiana ‘detuvo’ el desarrollo científico de la civilización occidental durante siglos, sin reparar en que tanto la reproducción del conocimiento como su instrucción en universidades se debió esencialmente al trabajo de monjes y clérigos?

Y aunque hay algo de cierto, esa ‘distancia absoluta’ o esa relación inversamente proporcional (“más ciencia, menos fe; más fe, menos ciencia”) se radicalizó en formas insospechadas en los últimos dos siglos, como la expresada no sólo en la Revolución Cultural sino en la indolente secularización occidental, en la proscripción de la moral, la ética y la espiritualidad del espacio público, en el descrédito humanístico de la reflexión teológica y hasta en la desnaturalización de las religiones modernas. Estas últimas, religiones cómodas y asépticas que no son sino ficciones narrativas lógicas que viven separadas de las experiencias naturales más ineludibles de la existencia humana como su ser histórico, sexuado y libre, que goza y padece del amor, la enfermedad y la muerte.

Y, a pesar de ello, la indomable curiosidad de la humanidad sigue ofreciendo abismos para nuestro insaciable vértigo. Lo explica así Cortada Reus en su análisis filosófico sobre los avances científicos del siglo pasado (la mecánica cuántica, el modelo espacio-tiempo relativista, la radiación cósmica de fondo, el cambio de comportamiento onda-partícula con la observación experimental, etcétera): “La Ciencia natural llegó a penetrar en aquella zona fronteriza en que los fenómenos muestran su doble faz y empieza a perfilarse la posibilidad de integrarlos en una síntesis… La física nueva estaba descubriendo contrariedades donde la física clásica sólo alcanzaba a ver identidades”.

En un punto de la novela, una mujer hace la siguiente plegaria: “Buda, permite a mi Dios escapar del mar de la miseria”; quien la escucha pide consejo a un abad para explicar si puede existir una religión cuya deidad necesita que sus adoradores hagan plegarias a los dioses de otras religiones para salvarla. Y el abad responde que sólo hay una respuesta: que esa deidad exista, aunque Buda no.

De hecho, ese es el corazón del “problema de los tres cuerpos”. Según han explicado los científicos: cuando dos cuerpos celestes orbitan relativamente cercanos, sus respectivas fuerzas gravitacionales hacen predecibles sus movimientos en el cosmos (como el sol y la tierra; o la tierra y la luna); sin embargo, cuando a esa relación dual se inserta un “tercer cuerpo”, los movimientos se vuelven caóticos, impredecibles, prácticamente incalculables. Por eso cobra sentido la fábula anterior: El ser humano –como único ser consciente de su absoluta contingencia– puede estar en relación con la divinidad plena, infinita y eterna; y esa relación se agota en la narración lógica (en su mecánica clásica). Sin embargo, la mera posibilidad de la existencia de otro ser idénticamente infinito y eterno, pleno y absoluto, vuelve caótico el destino de sus interacciones tanto en lo contingente como en lo trascendente.

Pero esa dificultad no tiene por qué reducirse a dos entidades reales mutuamente excluyentes (fe-ciencia) sino a una realidad sintética integradora de funciones antagónicas. Una realidad inasible pero anhelada, comprobable pero casuística; el ‘espíritu absoluto’ hegeliano para quien “lo verdadero es el todo. Pero el todo es solamente la esencia que se completa mediante el desarrollo. De lo absoluto hay que decir que es esencialmente resultado, que sólo al final es lo que es en verdad, y en ello estriba su naturaleza, que es la de ser real, sujeto o devenir de sí mismo”.

*Director VCNoticias.com @monroyfelipe

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