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Opinión

Sínodo de la Amazonía, riesgos y oportunidades

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Ciudad de México.— La Iglesia católica es un cuerpo en constante adaptación, hay que comenzar desde esa convicción. Por supuesto, es principalmente una institución que resguarda bienes espirituales trascendentales y los protege desde el gobierno pastoral, el magisterio de la fe y la disciplina de los sacramentos.

Hay una fisonomía esencial pero la institución eclesial se renueva y adapta por fidelidad a Cristo, incluso acondicionándose a los más profundos cambios civilizatorios que la humanidad ha experimentado en los últimos dos milenios.

Todo parece indicar que la institución católica está frente a uno de esos complejos procesos; no por sí misma o por su voluntad, sino porque la realidad cultural, tecnológica y ambiental se lo exige. Del 6 al 27 de octubre próximos, se realizará la Asamblea Especial del Sínodo de los Obispos para la Región Panamazónica y se espera que se pongan en el debate algunas ideas que hoy podrían ser controversiales pero que probablemente se inserten en el magisterio contemporáneo y, con el tiempo, hallen un lugar en la cotidianidad de una Iglesia universal.

Por supuesto, este tremor profundo despierta dos reacciones naturales al interior de la Iglesia: de quienes desean empujar todos los cambios sin reflexionarlos mucho y de aquellos que ni siquiera desean la reflexión para que nada cambie. Como ya se ha vuelto una costumbre en el pontificado de Francisco, ciertas voces han manifestado sus preocupaciones sobre el Sínodo de la Amazonía: han llamado herético al Instrumentum laboris y al documento preparatorio del sínodo, han cuestionado la inexplicable ausencia de los misterios de la fe cristiana en la ruta del trabajo sinodal y, por tanto, han alimentado el seductor relato sobre la validez del pontificado reinante en una enfebrecida caterva de antibergoglianos. ¿Cuáles son los riesgos que este sector advierte del Sínodo?

Empecemos por el principio: El sínodo de la amazonía lleva desde su convocatoria parte de su intención: “encontrar nuevos caminos para la Iglesia y para una ecología integral”. Está orientado a atender una porción específica -hasta pequeña podríamos decir- del orbe terrestre pero cuya relevancia simbólica adquiere una importancia vital para el resto del planeta y, quizá, para el destino mismo de la humanidad.

El documento preparatorio para el sínodo adelanta que este evento busca “redefinir las líneas pastorales, adaptándolas a la actualidad”. Por su parte, el Instrumentum laboris del sínodo insiste en la necesidad de escuchar y reconocer la pluralidad de las culturas y de las diferentes formas de vida. En los textos que alimentarán la reflexión del sínodo se reconoce que la naturaleza no es homogénea, que la diversidad es riqueza en los grupos humanos que requieren adaptarse a diferentes realidades y puntualiza una autocrítica mayúscula: “repensar la presencia limitada de la Iglesia católica en relación de la inmensidad del territorio y sus diversidades culturales”. En síntesis, que la Iglesia debe encontrar un nuevo camino hacia la armonía pluriforme.

El instrumento de trabajo adelanta que se podrían recoger pareceres entorno a nuevos ministerios dentro de la Iglesia católica para los pueblos insertos en la amazonía. Los más controversiales: “La posibilidad de ordenación presbiteral para ancianos, preferentemente indígenas, respetados y aceptados por la comunidad, incluso si tienen una familia estable” e “identificar la clase de ministerio oficial que puede ser conferido a las mujeres, reconociendo el papel central que estas tienen actualmente en la Iglesia del Amazonas”.

Pero no sólo. El sínodo del amazonas -acusan sus detractores- también niega posiciones irrenunciables de la misión de la Iglesia. Según apuntan los cardenales Burke y Brandmüller, el instrumento de trabajo del Sínodo subordina la bíblica responsabilidad de evangelizar en los pueblos a lo que denomina una oportunidad de un enriquecimiento recíproco de culturas en diálogo. “Es decir -se aventura a escribir el cardenal Burke- que la cultura condiciona la verdad revelada, en vez de ser la verdad revelada la que purifica y eleva toda cultura”.

En efecto, podríamos estar frente a un salto sumamente importante en la estructura y la misión de la Iglesia católica. Una audacia ante circunstancias y tiempos muy complejos pero que no convence a los que sistemáticamente han criticado el estilo, la teología y el magisterio cotidiano del papa Bergoglio y que nuevamente han sugerido que el pontífice argentino promueve desde la cátedra de san Pedro la herejía y la apostasía.

Se comprende su temor. El largo, inmutable e inmenso depósito de la fe no puede compararse con una tendencia de hacer original lo que siempre es nuevo. Pero hay una aún más escalofriante perspectiva que quizá no alcanzan a ver desde la posición (ciertamente privilegiada) donde se encuentran: ¿Qué si el futuro de la Iglesia universal se puede atisbar en la realidad amazónica actual?

Esto lo explica el obispo Azcona, un verdadero conocedor de la región amazónica: “El Amazonas ya no es católico… en algunas de sus regiones las confesiones pentecostales superan el 80% de la población… hay fundamentalismo y proselitismo… no se vive la fe ni en la sociedad ni en la historia”. El obispo Azcona además acusa que en el Amazonas hay una prevalencia de esclavitud sexual y un verdadero “abismo” entre la fe, la celebración y la realidad social. Y, finalmente, que el Amazonas es una región de gran riqueza natural, pero cuyo equilibrio natural y humano se encuentra asediado permanentemente por intereses económicos y políticos.

¿Y si ese escenario es el diminuto espejo en el que se podría reflejar la Iglesia católica, al menos en el continente americano? Una Iglesia que ha intentado convertir y evangelizar, purificar culturas y cristianizar, pero que ha entrado en una acelerada pérdida de fieles o, peor, en la indiferencia formal y práctica de quienes se identifican como bautizados católicos.

Es evidente que la Iglesia cada vez encuentra más dificultades para realizar su misión formativa o ejercer la disciplina y el gobierno apostólico (en varios países latinoamericanos, por ejemplo, se ha intentado hacer una más prolongada formación catequética en infantes, pero son los propios párrocos quienes desconfían del proceso y simplifican el camino sacramental).

También es manifiesto que la fe católica debe convivir cada vez más con una extensa pluralidad de religiones de inspiración cristiana, pentecostal, evangélica o espiritualidades panteístas, naturalistas, espiritistas, etc. Expresiones que toman protagonismo tal que, como sucede en México, son ahora los propios obispos católicos quienes abogan por un “Estado laico”, como una llamada al equilibrio ante la desbordada influencia e injerencia de grupos religiosos no católicos en los poderes de la nación.

Y finalmente, siguiendo la reflexión del obispo Azcona, en lo que alguna vez se llamó “el continente de la esperanza” ni siquiera la abundante presencia de la Iglesia católica en las comunidades latinoamericanas ha logrado revertir procesos de violencia, pobreza, corrupción, injusticia, abuso y depredación ya fuertemente enquistados en las culturas de estos países.

Benedicto XVI lo confirmó en el Documento de Aparecida del 2007: “Vivimos un cambio de época, cuyo nivel más profundo es el cultural”. Ahora estamos frente a un sínodo que en principio habla específicamente de la región panamazónica, pero no se puede evitar ver esos guiños hacia una civilización que se advierte como una inexpugnable tierra enmarañada de identidades multiculturales donde las distancias humanas no son físicas sino simbólicas, de lenguaje, de valores, de historia.

En conclusión y para calmar los nervios: es improbable que se esté frente a un cisma de la Iglesia católica; y la principal razón es que es más probable que nos llegue antes una ruptura planetaria y civilizatoria. La buena noticia: la fisonomía de la Iglesia, si es verdadera y esencial, se renovará porque es buena y nueva.

@monroyfelipe

ebv

Opinión

Y ahora ¿Quién podrá defendernos?

Ya casi llegamos al primer año de gobierno de la 4T

Domingo Días

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Y ahora ¿Quién podrá defendernos?

Ciudad de México.— Ya casi llegamos al primer año de gobierno de Mi Viejito Lindo y por lo visto lo suyo es informar, comentar y entretener a los nietos, perdón, al pueblo bueno.

No le basta su stand-up comedy diario, nos recetó el informe de sus avances como presidente electo al tomar posesión del cargo, continuó con el avance de los 100 primeros días de su gobierno, luego la recapitulación y recuento de promesas cumplidas al año de ser electo, seguido del Primer-Tercer Informe de gobierno el 1 de septiembre y ahora amenaza con dar otro informe el 1 de diciembre al cumplir su primer año de mandato.

Y mientras por un lado nos entretiene con invitados especiales como Ovidio Guzmán, Evo Morales y el multiaclamado Marcelo Ebrard, entre otros; no pierde oportunidad de ofrecer clases de historia donde nos clarifica que México se fundó hace 10 mil años, que Benito Juárez se casó con la ex de Porfirio Díaz, poniéndole los cuernos a Margarita Maza, bueno, hasta nos hemos enterado de que Zaragoza era texano, eso sí, aclaró, que en ese entonces Texas era nuestro.

Por el otro, continúa polarizando a la sociedad entre fifís neoliberales y el pueblo bueno, él se ha dedicado a acumular y concentrar el poder en su persona.

Ante el enojo y hartazgo del pueblo, logró que este sin pensarlo, le diera carta abierta en el Congreso y si no se la dio fue comprando conciencias, si es que los políticos la tienen, y los puso de su lado, y así ahora controla ambas cámaras la de Senadores y la de Diputados.
Para muestra está por ahí la “Ley Taibo”, los nombramientos en la Comisión Reguladora de Energía y varios más.

A través de este control en las cámaras ya nombró a Juan Luis González Alcántara y a Yazmin Esquivel, esposa de su fiel paje y constructor Riobóo, como Ministros de la Suprema Corte, esto aunado a la manita de puerco que le hizo al Ministro Eduardo Medina Mora para que renunciara.

Y ahora que envió su terna de mujeres para ir igualando los números en la Suprema Corte en este año de la paridad de género, tendrá 3 incondicionales, que aunados al actual presidente del máximo órgano de justicia, Arturo Zaldívar, que ha dado clareas muestras de ser más Lopista que el propio López, le permite parar cualquier demanda de inconstitucionalidad.

Con esto, López Obrador, ya controla los tres poderes: Ejecutivo, Legislativo y Judicial.

Y siguen los organismos autónomos que en algo podrían defendernos y hacer contrapeso a la figura presidencial, como el INE, el INEGI, INAI, Banco de México y CNDH, entre otros, bueno hasta ya anda tras los huesos del Rector de la UNAM, Enrique Graue, quien por más que “Mi Viejito Lindo” quiere garantizar la educación de todos, este se resiste a quitar el examen de admisión, negando así al pueblo bueno el derecho a la educación superior, así no tengan los conocimientos mínimos necesarios para entender lo que le van a enseñar.

Por lo pronto, ya controla a la Comisión Reguladora de Energía y el Consejo Nacional de Evaluación de la Política de Desarrollo Social, este último es quien deberá de evaluar la eficacia y eficiencia de los super programas como: Jóvenes Construyendo el Futuro, Bienestar de las Personas Adultas Mayores y Sembrando Vida, entre otros.

Uno de suma importancia es el Instituto Nacional Electoral, el cual organiza y califica las elecciones en nuestro país.

Actualmente el consejero presidente del INE permanece en el cargo 9 años, lo que permite organizar 3 elecciones, pero con el clarísimo propósito de minar la autonomía de este instituto pretenden modificar los estatutos y hacer rotativa la presidencia cada tres años, con esto dejando de un lado la lógica transexenal con que fue creado. Sólo nos queda esperar a ver qué pasa.

Donde si hubo un total desastre, fue la designación del titular de la Comisión Nacional de los Derechos Humanos, donde en la Cámara de Senadores nuestros representantes se exhibieron de una manera deplorable.

Primero nos muestran al menos a 2 senadores, entre ellos al coordinador de Morena, Ricardo Monreal depositando “sus votos” en la urna transparente. Se observan “anomalías” en la caída de las papeletas, ante lo que el morenista aplicó la Zaguiña, “era un video adulterado”. No entiendo cómo le sucedió esto a quien es un máster en esto del hackeo, hasta nos mostró el chat que le hackeo a los senadores del PAN donde piden “Hay que hacerle un desmadre”, ni modo en casa del herrero azadón de palo.

Lo bueno es que aun tiene fuero, si no, no se atrevería a reconocer delitos en público o sería un “cinicazo”.

Aunado a esto, la suma de votos no cuadró con los asistentes y por ahí alguien dice que ni siquiera cumplieron con el requisito del número de votantes. No es posible que entre 128 personas no se puedan hacer una votación transparente, si no cuadraron las papeletas, que se repita, qué clase de gente son, perdón, ya me respondí antes: “los políticos no tienen conciencia”.

Después para calmar los ánimos, el senador Monreal ofreció repetir la votación, pero quien controla la mayoría de la cámara, gracias quién sabe qué arte maléfico de la oposición, pierde la votación para esto, es de chiste. Y así ante empujones y protestas muy civilizadas Rosario Piedra toma protesta utilizando al senador Madero de banquillo para llegar al micrófono.

Y días después salen los senadores opositores a Mi Viejito Lindo, léase PRIAN, a decir que la presidenta de la CNDH no cumple con los requisitos para ser candidata al puesto.
¿En manos de quién estamos? por un lado una bola de tramposos que amañan las elecciones y por otro una bola de flojos e irresponsables que ni siquiera revisan por quién van a votar a favor o en contra.

Si esa es la oposición, ya estamos más que fritos, que ni siquiera se preocupe Mi Viejito Lindo y haga lo que le venga en gana, la oposición se encuentra tragando tubérculos.

Domingo Días
domingo.dias@yahoo.com.mx
Twitter: @domingodias7
www.domingodias.com

• “Un año más para que esto cambie por completo”, AMLO 1/11/19. Qué emoción en tan sólo 344 días México será otro.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Opinión

Manipulación religiosa en la polarización política

Sólo exprimen los sentimientos más profundos de la identidad de los pueblos

Felipe Monroy

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Manipulación religiosa en la polarización política

Ciudad de México.— No importa si son textos sagrados sobre una bandera nacional, una docena de manos de pastores bendiciendo la cabeza de algún candidato o un militar depositando en Dios su castrense promesa de imponer su ley en el orden público; todos son símbolos de un nuevo lenguaje político que, aparentando convicciones religiosas, sólo exprimen los sentimientos más profundos de la identidad y cultura de sus pueblos.

Los regímenes y sus sistemas opositores (partidistas o no), al menos en América Latina, han encontrado oportunidades de éxito bajo esa narrativa. Al apelar a los símbolos y sentimientos religiosos de sus pueblos parecen legitimar sus intereses, búsquedas y opciones políticas; pero no hay nada más lejano que eso.

En realidad, las tensiones por el control y el poder en las diferentes naciones latinoamericanas en el siglo XXI saben que están obligadas a utilizar recursos emotivos o emocionales de sus potenciales votantes, simpatizantes y adversarios. Lejos del marco racional, las estrategias políticas contemporáneas no hablan de otra cosa sino de emociones. Desde el marketing político emocional hasta la segmentación psicográfica, el juego por la búsqueda, administración y conservación del poder quiere adueñarse de los sentimientos y emociones de las personas.

El documental ‘The Great Hack’ (2019) rasga apenas la superficie de estas estrategias que utilizan todos los recursos disponibles para tocar e intervenir las fibras emocionales de millones de personas; estrategias políticas que logran cambiar la confianza en duda, la duda por miedo y el miedo por odio.

Y hay que ser claros: la religión, la fe o los sentimientos de espiritualidad trascendente son las amplias arterias de la psique humana que conectan con las fibras más profundas de nuestras emociones.

Evidentemente esto no es nuevo; y a lo largo de la historia se han usado estos sentimientos a favor o en contra de proyectos políticos. Sin embargo, en la sociedad postmoderna (el cambio de época) las religiones institucionales han perdido margen de influencia con los grupos de poder, con los precursores de cambios sociales y hasta con el pueblo sencillo; y así, a la deriva de las emociones religiosas de los pueblos, los operadores políticos pescan dinamitando el lecho del mar.

Aunque parezca lejano, esto tiene todo que ver con las tensiones y resoluciones políticas en Nicaragua, Bolivia, Brasil, Chile o México (incluso en los propios Estados Unidos). A pesar de que, en casi todos estos países las instituciones religiosas llaman a la mesura, al diálogo y a la reconciliación; los operadores políticos se zambullen en cruzadas para-religiosas donde las fronteras de su particular búsqueda de poder se difuminan con la voluntad divina, la revelación mística o las promesas sagradas.

Y el peligro de todo esto no sólo es la vuelta al maurrasianismo: el utilitarismo político de los símbolos y de las instituciones religiosas sin que, ni sus afiliados ni sus simpatizantes ideológicos se comprometan a profundidad a ser interpelados por los mínimos morales de la fe que manipulan. Sino que también se acorta la distancia de las violencias político-religiosas.

Charles Maurras, fue un político francés del siglo pasado cuya estrategia para defender sus intereses políticos (la vuelta de la monarquía francesa) fue la instrumentalización de la Iglesia católica, de la que le servía su cuerpo jerárquico institucionalizado, pero no su mensaje evangélico. De hecho, Maurras – agnóstico y positivista contumaz- reconocía el papel histórico e institucional de la Iglesia católica pero sólo porque había superado la oscuridad original de los pasajes Bíblicos y Evangélicos.

Hoy, la pluralidad de nuevos o reinterpretados credos, así como la multiplicación de modernas jerarquías religiosas, vuelve más sencilla la estrategia maurrasiana. Las inmensas e indistinguibles comunidades religiosas crecientes en muchos pueblos de América (principalmente de corte evangélico-cristiano) junto a la pléyade inasible de sus modernos pastores son los nuevos instrumentos de los operadores políticos. Las pequeñas venas por donde se inoculan los catalizadores emocionales de los creyentes son recursos preciosos para el éxito de las estrategias utilitarias de perversos órdenes políticos.

¿Hay vacuna para esto? Quizá. Y es el propio Maurras quien nos ofrece una pista con este silogismo provocador: “Para que funcione la monarquía, sólo un hombre debe ser sabio; pero para que funcione la democracia, la mayoría de la gente debe ser sabia. ¿Cuál es más probable?” Sabemos qué respuesta prefería aquel; pero, por el bien común y la paz, será mejor que hagamos la segunda posible.

@monroyfelipe

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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