Connect with us
Lo que no se cuenta Lo que no se cuenta

Estilo

Lo que no se cuenta

Foto pixabay.com
Unión Mujer

Publicada

on

Por María Cecilia León Sterling

El lunes será 8 de marzo: el día internacional de la mujer. A unos cuantos cuadros que tachar en el calendario para que llegue la fecha, comienza a percibirse –entre la amalgama de ideas, opiniones y colores– un peculiar aire de añoranza. Añoranza de agradecimiento y reconocimiento, alimentada por el desfile de logros de mujeres que, según las Naciones Unidas, “han jugado un papel clave en la historia de sus países y comunidades” (2020). Como mujer, no puedo negar que me conmueve conocer la lista de nombres de mujeres que han destacado en áreas como la política, los negocios, el cine, las ciencias… Pero, me parece que dicho tabulador de éxitos femeninos se queda corto en lo que viene siendo, “cuantificar” la contribución que ha hecho la mujer.

Decía Santa Teresa Benedicta de la Cruz, que “los acontecimientos decisivos de la historia del mundo fueron esencialmente influenciados por almas sobre las cuales nada dicen los libros de historia”. No lo dudo ni tantito. Y mucho menos cuando se trata de imaginar los millones de almas de mujeres que pisaron la Tierra marcando una huella profunda y permanente, característica de quienes obran bien, en silencio y en secreto. Me refiero –como ya se podrán imaginar– a mujeres reales, mujeres que fueron madres de reyes, hermanas de compositores, hijas de científicos, esposas de emperadores, musas de artistas y amigas de santos. Mujeres, en fin, que acompañaron tanto a los personajes más ilustres de la historia (y cuyos nombres sí vienen en los libros), como a los “del día a día”. Y mucho ojo, que esto no convierte a las mujeres en personajes de reparto, sino en protagonistas de la trama.

La tinta de la historia, como la conocemos, no alcanzó para detallar la intervención de un gran número de mujeres. Pero, si nos detenemos a reflexionar lo que pasa entre las líneas del pentagrama del tiempo, podría asegurar que nos sorprendería la cascada de momentos más cotidianos influenciados por la mujer. Y es que no se necesita gran conocimiento musical para saber que los silencios son tan expresivos como los sonidos. Pienso, por ejemplo, en la broma que le hiciera Maria Anna Mozart a su hermano en algún momento en el que lo único que necesitaba era una dosis de alegría. O trato de evocar la sonrisa de Mumtaz Mahal, sobre la que descansa el “monumento dedicado al amor”. O imagino las lágrimas de quien en la Iglesia Católica es Santa Mónica, y que empaparon el alma de San Agustín de Hipona.

Ahora bien, si aún resulta complejo y lejano entender el peso la mujer en la historia, basta con hacer el ejercicio anterior con la propia vida. Nos daremos cuenta que nuestros años, más allá de las experiencias, llevan impresa la cálida sonrisa de una abuela, la exigente ternura de una madre, la camaradería de una hermana o la fresca lección de una maestra. No se equivocaba Juan Pablo II cuando explicaba que “la mujer es aquella en quien el orden del amor en el mundo creado de las personas halla un terreno para su primera raíz” (1988). En definitiva, es ese el núcleo de la impagable deuda que tenemos, todos, con las mujeres que nos anteceden y rodean.

Como recolectora de metáforas, me parece que las más bellas son las que por su versatilidad y hondura de significado, evocan la luz. No por nada, llaman los historiadores a los años de exaltación de ideas y razón como “el Siglo de las Luces”. No por nada, le llamamos al milagro de dar vida como “dar a luz”. ¿Y quién, más que la mujer? ¿Quién, más que la mujer, puede experimentar lo que es llevar la vida en ella? ¿Quién, más que la mujer, puede entender lo que es nutrir de vida, de ideas, y de valores, a personas y sociedades enteras?

Me agrada la idea de saber que cada vez hay más mujeres que hoy destacan en sus carreras profesionales. También me inspiran las mujeres que con su testimonio le dan vida a los sueños que les son confiados. Me sumo a los aplausos debidos a las mujeres de la pasarela del silencio en vida, pero con eco perdurable. A lo que no me sumo –y eso hay que aclararlo– es a encasillar la grandeza de la mujer a un tabulador que mide su éxito en función del número de palabras que le son dedicadas en las páginas de un libro. Porque, después de todo, me queda claro que lo que no se ha contado es porque se ha vivido. Y lo que estamos escribiendo solo encontrará sentido hasta materializar el más mínimo acento.



Dejanos un comentario:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Estilo

Clases en línea deben convertirse una experiencia personal

Quien no tenga habilidades digitales, no tendrá opciones profesionales

Freya Mendoza

Publicada

on

clases en linea cómo lograr atención y motivación

Ciudad de México.- En la conferencia “clases en línea” organizada por Red Familia se explicó cómo lograr la atención y motivación de los alumnos y cuál será el papel de los maestros en un mundo automatizado.

En la 4ta jornada de formación, participó el mentor virtual y conferencista, Héctor Sampieri.

El especialista enfatizó que la pandemia obligó a los maestros a dar un salto “cuántico” para usar la tecnología en clases. Pero después de un año, todas esas habilidades adquiridas, tienen que ser actualizadas y renovadas.

Lo más importante, aunque sea a distancia, es la interacción y la determinación de los profesores. Que el alumno vea que el profesor se está esforzando por ellos, pues esto activa un comportamiento reflejo de generosidad.

El mentor virtual señaló que las clases en línea tienen que convertirse en una experiencia personal, donde haya una visión general, no sólo pedacitos de información, todo debe tener una lógica, “un regalo que brindar”.

De este modo el también productor de Coaching Lab México exhortó a los maestros a analizar su propio comportamiento digital.

Tomar conciencia de la Huella digital, es un detalle crucial para los próximos 10 años. Donde los educadores también deben construir su “identidad digital”, como la misma identidad real.

Por este motivo, invitó a los maestros a configurar su identidad profesional y digital, porque lo virtual, es real.

Todo profesional de la educación debe tener una identidad digital. 

Quien no tenga habilidades digitales, no tendrá opciones profesionales, porque el mundo va hacia la automatización.

Además los maestros deben empezar a involucrar a los padres en la digitalización.

Finalmente expresó que para lograr atención y motivación en sus clases, deben describir el papel del alumno y maestro en la clase.

Seguir leyendo

Estilo

El encuentro con mi propia voz

Unión Mujer

Publicada

on

El encuentro con mi propia voz
Foto pixabay.com

Por Andrea Amozurrutia

Mi historia no es la de una feminista de toda la vida, ni de una mujer que siempre quiso ocupar una posición de liderazgo en el mundo corporativo para darle voz a la mujer. Llegué aquí como resultado de muchos años de introspección y búsqueda personal –y por muchos me refiero a más de la mitad de mi vida– dedicada a descubrir quién soy y cuál era la mujer en la que me quería convertir cuando fuera grande.

Después de algunos tropezones en la búsqueda de aquello que me provocara querer levantarme todas las mañanas, decidí dedicarme a las finanzas y en el camino descubrí que parte de mi propósito en esta vida consistía en ser un factor de cambio para el mundo que habitarán las siguientes generaciones. Hoy, lidero las finanzas y la sustentabilidad en una empresa líder en su sector, dos temas que me apasionan y que efectivamente me hacen despertar todas las mañanas, porque al ponerlas a trabajar en sincronía, me han regalado enormes satisfacciones, incluso reconocimientos que jamás hubiera imaginado.

No crecí sintiéndome discriminada por ser mujer, al contrario, mis padres nunca hicieron distinciones entre mi hermano y yo. Algo sumamente visionario de ambos, porque las tareas y responsabilidades en la familia nunca correspondieron al género sino a la individualidad de cada uno. Ahí es donde se construyeron los cimientos de mi quehacer profesional y por qué no decirlo, personal. Y esto mismo es lo que quiero inculcar en mi hijo y fomentar en mi equipo de trabajo.

El mundo corporativo de hoy en día necesita profesionistas íntegros y apasionados, que no tengan la necesidad ni sientan el impulso de fingir ser lo que no son. En un ambiente tan competido y diverso, se necesitan mujeres que estén en paz con su feminidad y que desde ese lugar ejerzan su liderazgo –sin culpa por tener o no tener hijos, sin querer imitar el liderazgo masculino o bloquear el éxito de otras mujeres–, porque eso es lo que nos hace contribuidoras únicas al negocio y sus resultados.

Estamos viviendo un momento único en cuanto a la conciencia del valor que tenemos las mujeres, afortunadamente no sólo en el plano profesional sino también en el personal, por obvio que parezca este último.

Hoy, estoy convencida de que el liderazgo de la mujer debe ejercerse desde su rol de mujer, ni más ni menos. Debemos encontrar esa armonía en nosotras mismas y con el mundo que nos rodea, sin culpas, sin máscaras, con madurez emocional para realmente hacer del entorno laboral y personal uno más equitativo y consciente de las diferencias, para así dar cabida a la riqueza de la diversidad.

LEE Familia y Políticas Públicas: La familia como objeto de la política pública

Seguir leyendo

Te Recomendamos