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De Yucatán a Zacatecas: el viaje de tres albañiles rumbo al Santuario del Santo Niño de Atocha De Yucatán a Zacatecas: el viaje de tres albañiles rumbo al Santuario del Santo Niño de Atocha

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De Yucatán a Zacatecas: el viaje de tres albañiles rumbo al Santuario del Santo Niño de Atocha

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Ciudad de México.— Sin equipo profesional, con sandalias, bolsas de plástico y un puñado de fe, tres albañiles de Popolá recorren el país rumbo al Santuario de Plateros.

Promesa sobre dos ruedas

A la orilla de lacarretera, bajo el sol de mediodía, tres bicicletas humildes avanzan lentamente. En sus portabultos, bolsas de plástico cargan ropa, comida y esperanza. Son Pedro Pablo, de 24 años; Ángel Jesús, de 21; y un adolescente de 15. Los tres viajan desde Popolá, Yucatán, con rumbo a Plateros, Zacatecas, para cumplir una promesa familiar.

Luis García, creador del canal de YouTube Radio Mojarra, los encontró durante su trayecto. Asombrado por su sencillez, detuvo el vehículo para conversar con ellos. “Me llamó la atención su forma tan sencilla de viajar”, dijo al iniciar la charla. Sin cascos, sin guantes, sin bicicletas especializadas, los jóvenes pedalean impulsados por la fe.

Fe, familia y sacrificio

“Venimos desde Yucatán”, explicó Pedro Pablo, el mayor del grupo. Su ruta atraviesa estados y climas, desde el calor tropical hasta el frío del altiplano. “Nos vamos quedando donde nos agarra la noche”, agregó. A veces recorren más de 150 kilómetros diarios, incluso 200 cuando el terreno lo permite.

No llevan patrocinadores ni apoyo logístico. Su alimento principal es maseca disuelta en agua, una mezcla que les da energía y calma el hambre. “Tomamos maseca con agua, a veces con café”, comentó Pedro Pablo. “Mi papá trabaja en la milpa y así lo hace también”. Desde Tabasco no se han bañado; los recursos son escasos y cada gramo de peso en la bicicleta cuenta.

Su vestimenta es sencilla: playeras con la imagen de la Virgen de Guadalupe, sandalias, bolsas y botellas de plástico amarradas al portabultos. En el pecho, portan su Rosario y un propósito firme: llegar al Santuario del Santo Niño de Atocha, en Plateros, Zacatecas. “Es una manda por nuestra familia”, explican.

La fe que mueve montañas

Durante la conversación, Luis García se sorprendió por la austeridad del viaje. Les contó que en Estados Unidos ha visto bicicletas que cuestan miles de dólares, equipadas con tecnología y materiales profesionales. “Pero los ciclistas profesionales no hacen esto”, les dijo. “Ustedes cruzan el país con lo mínimo, sólo con fe”.

Los jóvenes respondieron con una sonrisa, a recordar que han enfrentado la pérdida de una bicicleta, robada en Villahermosa mientras descansaban unos minutos. Aun así, no se desanimaron. “Con fe venimos”, repiten.

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El conductor decidió apoyarlos: les regaló una batería solar portátil para cargar sus teléfonos y una lámpara recargable. También les dio dinero para que pudieran comprar comida caliente. Antes de despedirse, les pidió enviar un mensaje a sus familias.

Los recuerdos se remontaron a la familia, a la mamá, al papá, a los hermanos, a los sobrinos. El más joven guardó silencio unos segundos antes de hablar. “Extraño mucho a mi familia”.

Son tres rostros marcados por el sol y la fe, que avanzan entre trailers y curvas con la mirada fija en el horizonte.

Una historia de esperanza

Su travesía durará alrededor de dos meses y medio. Planean llegar a Zacatecas, cumplir su manda y regresar en bicicleta a su pueblo. No buscan fama ni reconocimiento, solo cumplir la palabra empeñada ante Dios y la Virgen.

Luis García se despidió conmovido. “He comprobado que los verdaderos ciclistas son los que traen menos equipo y más corazón”, expresó antes de verlos alejarse.

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