Y el “sueño americano” se convirtió en el “sueño mexicano” para miles de haitianos y africanos que son parte de los daños colaterales de Donald Trump.

México.— Y el “sueño americano” se convirtió en el “sueño mexicano” para miles de haitianos y africanos que son parte de los daños colaterales de la política migratoria de Donald Trump que provocó que este éxodo caribeño y extrafronterizo se estén convirtiendo en parte del paisaje común de ciudades como Tijuana y Mexicali.

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En Tijuana dicha población migrante ya se está adaptando a la vida fronteriza y lo mismo trabajan como empacadores en centros comerciales, que de albañiles, como obreros en empresas maquiladoras, cargadores en mercados e incluso de vendedores informales.

“Pásele, Pásele güerita, acá tenemos mejores frutas”, dice en un español afrancesado Gérard, quien trabaja como ayudante de en un puesto en el mercado “Miguel Hidalgo, enfundado en una playera de Los Xolos de Tijuana, lo que le ha ganado fama, ya que muchos visitantes, por el color de su piel, piensan que es un jugador profesional de futbol proveniente de Colombia o Ecuador.

La niña Diulka fue la primera haitiana que ingresó al sistema educativo de Baja California desde el pasado 14 de febrero al nivel preescolar en un jardín de niños del centro de Tijuana. Llegó a esta ciudad fronteriza junto a su familia con la idea de cruzar hacia Estados Unidos. Sin embargo, el endurecimiento de las políticas migratorias impulsadas por Donald Trump los obligaron a quedarse aquí ante la falta de visas o de una residencia en calidad de asilado

Destiny Pierre, la madre de Diulka, comentó a The Exodo que llegaron provenientes de Brasil, donde su esposo trabajó como albañil durante tres años en la construcción de estadios e instalaciones para el Mundial del 2014. Pero el empleo se terminó y decidieron emigrar a Estados Unidos porque en Haití no hay trabajo.

Enfundada en el uniforme de pants azul marino, con un gran moño blanco y rojo en cabello chino, Diulka, de cinco años, habla perfectamente el francés y portugués. Está aprendiendo rápidamente español. No ha tenido problemas para adaptarse a sus nuevos compañeros de clase, entre los cuales no sólo hay mexicanos, sino también salvadoreños, chinos, guatemaltecos e incluso niños estadunidenses que han regresado a México porque deportaron a sus padres mexicanos.

Jean, un haitiano que lleva cinco meses en Tijuana aún no se acostumbra al frio de esta frontera trabaja como albañil seis días a la semana. Ya tiene algunos amigos en la obra que le están enseñando un poco de español y hasta algunos piropos y albures. Está convencido de que cruzar a San Diego por la vía legal es imposible y está decidido a iniciar una nueva vida en esta ciudad.

El sacerdote Felipe de Jesús Fernández, encargado del desayunador salesiano del Padre Chava, calcula que a la fecha en Tijuana cerca de 2 mil haitianos se han podido incorporar a la vida productiva, tratando de forjarse un nuevo futuro en México.

Border Angels, coordinada en Baja California por Hugo Isaac Castro Vásquez, calcula que los haitianos conforman el mayor grupo de población migrante actualmente en Tijuana, con entre 7 mil 10 mil personas. Al menos unas mil personas ya están trabajando en diversas áreas de la economía local.

La mayoría de los migrantes haitianos cuenta con permiso temporal de estadía legal, que van de tres a seis meses, con posibilidad de renovarse hasta buscar la ciudadanía mexicana; los que han decidido comenzar a trabajar lo están haciendo en el comercio informal y en la industria maquiladora.

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En Rosarito, en un lavado de autos, trabaja Ethan, haitiano de 22 años que salió a los 17 de su país rumbo a Brasil y tiene ya tres meses estacionado en Baja California, en espera de una visa estadunidense que ya le fue rechazada.

“Tengo que trabajar duro aquí en México. Nos han recibido bien y yo espero comenzar de nuevo aquí. Quiero estudiar y casarme con una mexicana. Aún no tengo novia, pero las mujeres aquí son muy bonitas”, comenta mientras lava una camioneta.

El religioso Felipe de Jesús Fernández, destacó la disposición de los haitianos y africanos para adaptarse a su nueva realidad laboral, social y económica, pero advierte que ni las autoridades estatales, ni federales tienen programas públicos para atender esta faceta de la migración caribeña y extra continental.

Incluso, comentó, que ya se están detectando casos de explotación laboral ya que muchos de los haitianos que se han incorporado a las plantas maquiladoras de la zona ganan menos del 70 por ciento en relación a los salarios establecidos para los mexicanos.

Watson tiene 24 años. Es electricista y hasta hace unos días soñaba con llegar a Estados Unidos. El viaje le ha costado mucho. Ha gastado más de 6 mil dólares, cruzó por 12 países, vivió un secuestro, dos asaltos e infinidad de extorsiones de la policía de Guatemala, Honduras, Nicaragua y Panamá.

De una cosa está seguro: ya no quiere regresar a Haití. Allá –dice- ni siquiera se puede soñar con las oportunidades que se pueden tener en México.

En este contexto de “Little Haití” es un proyecto de Organizaciones civiles y religiosas buscan crear una colonia con pequeñas casas para las familias de haitianos que están viviendo en albergues saturados o a la intemperie en Tijuana.

Encabezado por la iglesia "Embajadores de Jesús", ubicada en el Cañón Alacrán, el proyecto contempla la construcción de pequeñas casas en un terreno cercano a la iglesia.

Para este proyecto se pide a la comunidad la donación de materiales para la edificación de casas, ya que el albergue se encuentra saturado atendiendo actualmente a 225 personas de los cuales un 80 por ciento  ha decidido establecerse en Tijuana.

Personas que apoyan la construcción de Little Haití en Tijuana han recibido amenazas por parte de otros ciudadanos ya que no están de acuerdo con la presencia de los migrantes en la zona, sin embargo el proyecto sigue en marcha.

"Todos los días hay gente que me está insultado por teléfono, a mi familia por lo que estamos haciendo, ellos argumentan que no deberían estar ellos aquí, yo pienso que son gente racista y hablan todo tipo de insultos porque los estamos ayudando", explicó Kiko, el pastor de la Iglesia Embajadores de Jesús, Gustavo Banda Aceves.

De acuerdo con Uniradio Informa, en el terreno del cañón del Alacrán, en la Colonia Divina Providencia, estaba destinado para construir canchas deportivas, pero debido a la falta de apoyo gubernamental y al ser una propiedad que el pastor de la iglesia está pagando, se construirán 22 casa en el lugar.

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