Ciudad de México.— Las lluvias recientes transformaron los patios escolares en charcos y los salones en espacios vacíos. En cientos de comunidades de Hidalgo, Puebla, Querétaro, San Luis Potosí y Veracruz, miles de niñas y niños quedaron sin clases tras los daños provocados por las tormentas. De acuerdo con datos oficiales de la Secretaría de Educación Pública, 821 escuelas resultaron afectadas, aunque todas cuentan con un seguro que permitirá su rehabilitación.
Paredes dañadas, pupitres rotos interrumpen la rutina educativa de más de 743 mil estudiantes. En muchos casos, los planteles también funcionan como puntos de refugio comunitario, por lo que su recuperación se vuelve urgente.
Magnitud del daño
Las afectaciones alcanzan niveles distintos según el estado. Veracruz encabeza la lista con 303 escuelas dañadas y suspensión de actividades en 6 mil 599 planteles. Le sigue Hidalgo con 209 afectaciones y 3 mil 650 cierres temporales. En Puebla, 176 escuelas sufrieron daños y más de 2 mil 300 suspendieron clases. San Luis Potosí reporta 62 planteles con daños y Querétaro 71, además de cierres parciales en algunos municipios.
Ante el panorama, se implementó un sistema digital de registro de siniestros para que cada escuela pueda reportar sus daños y agilizar la respuesta institucional. También se determinó la suspensión preventiva de actividades en zonas con riesgo para garantizar la seguridad de alumnos y personal docente.
Educación que busca caminos entre el lodo
Mientras se evalúan las reparaciones estructurales, equipos educativos y comunitarios realizan valoraciones en campo para cuantificar los daños. En algunas localidades, las clases se mantienen a distancia, lo que permite continuar el aprendizaje pese a la emergencia.
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El secretario de Educación, Mario Delgado Carrillo, anunció el envío de Libros de Texto Gratuitos a las zonas más afectadas para evitar el rezago académico. Sin embargo, en muchas comunidades rurales la conectividad sigue siendo un reto, lo que obliga a buscar soluciones locales, desde clases al aire libre hasta la organización de grupos reducidos en espacios improvisados.
Fuerza invisible de la comunidad escolar
Madres, padres, maestras y alumnos han sido los primeros en volver a las escuelas, no para tomar clases, sino para limpiar, desazolvar y rescatar lo que se pueda. Con escobas, palas y cubetas, las comunidades han convertido la reconstrucción en una tarea colectiva.
Entre el lodo y los escombros, resurgen historias de cooperación. En algunos municipios, los vecinos ofrecen agua, herramientas o alimentos a quienes trabajan en la limpieza. La solidaridad ha permitido sostener la esperanza de que los niños regresen pronto a sus salones.
Continuidad educativa frente a la adversidad
Las tormentas dejaron claro que la educación también necesita planes de contingencia ante desastres naturales. La protección de los planteles y la rapidez de respuesta se vuelven esenciales para garantizar la seguridad escolar y la continuidad de la enseñanza.
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ebv
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