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¿Resultados o clima laboral?, he ahí el dilema ¿Resultados o clima laboral?, he ahí el dilema

Análisis y Opinión

Antes de cambiarlo, asegúrate de que se ejecuta bien

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Un error muy común en muchas empresas es rediseñar o modificar algo de su modelo de trabajo tratando así de resolver alguna problemática que se presenta. No importa si estamos hablando solo de cambiar una política o el proceso completo e incluso si realizan un ajuste en la estructura organizacional o deciden cambiar alguna de las herramientas tecnológicas que manejan, pareciera que en automático se emite hacia el modelo de trabajo el veredicto de culpable y se le condena a ser rediseñado o substituido, sin antes haber hecho un juicio justo para conocer la razón real de que las cosas no salgan como la organización espera.

Lamentablemente muchos procesos, estructuras organizacionales y soluciones tecnológicas han sido cambiadas inútilmente a lo largo de los años, ocasionando a las organizaciones pérdidas importantes de dinero, tiempo y esfuerzo, ya sea porque tiraron una inversión a la basura o porque invirtieron innecesariamente, ya que la causa real no estaba en el diseño sino en la ejecución.

Cuando se diseña un proceso, se definen las actividades que se deben realizar y quiénes son los responsables de hacerlas. También se define la manera en que deben ser realizadas y los equipos o herramientas que deben utilizarse. El diseño debe especificar perfectamente la manera de trabajar. Cuando el resultado no es el esperado, antes de pensar en contratar a un consultor experto para que venga a rediseñar el proceso o a cambiar las herramientas tecnológicas, las organizaciones deberían de revisar antes si los procesos se están ejecutando tal y como fueron diseñados originalmente.

En mi experiencia, la gran mayoría de las veces, las organizaciones terminarían dándose cuenta de que los procesos no son ejecutados de manera adecuada, es decir, las actividades que están definidas no se hacen del todo o algunas se ejecutan pero de manera distinta o son ejecutadas por puestos o personas que no son las que en el diseño se definieron. Muchas veces las personas que ejecutan las actividades no cuentan con el perfil adecuado y por ello los procesos terminan arrojando resultados poco adecuados o se generan problemas en la operación.

En estas circunstancias, pretender cambiar los procesos, la estructura o las herramientas que se utilizan para operarlo no resolverá la problemática porque el problema no está en la manera en que está diseñado, sino en la manera en que se ejecuta o, a veces, en la manera en que no se ejecuta.

Para darse cuenta si el problema se genera por un tema de diseño o de ejecución, lo primero que debe hacer una organización es lograr una disciplina operativa que le genere indicadores de que los modelos de trabajo se cumplen tal y como fueron definidos. Deben medir que las actividades se realizan tal y como dice el diseño del proceso, que las políticas se respetan, que los puestos ejecutan sus responsabilidades tal y como está definido y que los sistemas se utilizan adecuadamente.

Si al verificar esto, los resultados no son los adecuados, entonces sí, el problema es el diseño y se deberá trabajar en un rediseño del proceso incluyendo roles, responsabilidades y herramientas tecnológicas utilizadas; pero si al hacer la verificación, lo primero que se identifica es que el proceso o modelo de trabajo no se respetan, entonces antes de invertir recursos en el rediseño del modelo, las organizaciones deberán invertir en asegurar la ejecución bajo el modelo actual.

Las causas de la falta de cumplimiento pueden estar relacionadas con el desconocimiento del personal sobre la manera oficial de ejecutar el trabajo (comunicación), relacionado al perfil del personal (no tienen las competencias necesarias) o finalmente, a un tema de actitud que se deberá resolver a través de otros mecanismos (evaluación del desempeño, incentivos, sistemas de consecuencias).

Hacer un diagnóstico de ejecución y corregirlo es mucho más rápido y barato que pensar en hacer un proyecto de transformación que requiera un rediseño de procesos, cambios en las estructuras y nuevas herramientas tecnológicas.

En mi opinión, si las organizaciones hicieran ese ejercicio, estoy seguro de que muchos proyectos de reingenierías, reestructuras o implementación de soluciones tecnológicas no existirían, y las organizaciones ahorrarían muchísimo tiempo, dinero y esfuerzo en tratar de implementar esas nuevas formas de trabajo cuando quizá, la forma de trabajo que habían definido originalmente sea precisamente la más adecuada. ¡Claro!, siempre y cuando, fueran capaces de ejecutarla.

LEE ¡Cuidado!, no existe el cliente interno



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Análisis y Opinión

La contrarreforma eléctrica y sus riesgos

Ricardo Homs

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Ni todo es bueno, ni todo malo en la reforma energética aprobada en el sexenio pasado.
Es cierto que ha habido abusos y opacidad en la aplicación de la reforma energética del presidente Peña Nieto y evidentemente los ha habido por parte de muchas empresas concesionadas, así como de funcionarios a cargo de supervisar los proyectos.

Sin embargo, aun reconociendo que pueda haber corrupción, también debemos aceptar que hay muchos aciertos en esa reforma que no debemos destrozar para iniciar de cero y regresar a las limitaciones de antes.

Primeramente, reconozcamos que para regresar a la CFE el monopolio de la generación y distribución de la energía eléctrica se requiere tanto dinero que no es posible que este gobierno lo invierta en este proyecto y descuide otros importantes rubros de alto impacto social.

Juan Pablo Castañón, importante líder empresarial que presidió el Consejo Coordinador Empresarial (CCE) así como Coparmex, dijo en un tweet: “corregir abusos y distorsiones en el sistema de generación privada de electricidad, ok,…Sí al abasto a precio accesible para todos, pero no derogar los avances ya logrados!!!! Si insisten, habrá escasez. Recordemos el INSABI y el desabasto de medicinas”.

Definitivamente, sin el apoyo de la iniciativa privada en la generación de energía y descansando el mayor peso en el volumen de sus inversiones con el mayor porcentaje, el escenario podrá ser el desabasto de energía eléctrica y con ello, apagones en todo el territorio nacional.

Parece ser que tanto el presidente López Obrador, como el director de la CFE Manuel Bartlett y Rocío Nahle, secretaria de energía, no están enterados del grave problema de desabasto que se vivió durante el invierno pasado en el sur de Estados Unidos, en los estados con los que compartimos frontera, como Texas.

El mayor productor de gas del mundo es nuestro vecino estado de Texas pero aun así no tuvo el suficiente gas para surtir a su propio territorio durante varios días y este importante producto básico para la generación de calor dejó a millones de norteamericanos sin posibilidad de controlar la temperatura de su hogar durante una de las mayores tormentas de nieve de los últimos tiempos.

Además, al tenerlo restringido para el consumo interno en su país, las empresas texanas que eran proveedoras de gas para CFE fueron incapaces de suministrar este importante producto a nuestro país. CFE lo utiliza para generar electricidad y al no recibirlo oportunamente se generaron apagones en Tamaulipas y cortes de luz en Sinaloa, Sonora, Durango y Nuevo León.

Es importante recordar la experiencia del INSABI, pues es fundamental para entender el riesgo de una contrarreforma radical, pues igual que sucedió con la destrucción del sistema de salud que ya tenía experiencia y era eficiente, -aunque haya existido corrupción-, el resultado de empezar de cero con el INSABI fue el desabasto de medicinas.

Igual puede suceder con el abasto de energía eléctrica si el monopolio lo llegase a tener CFE, aunque dejasen un porcentaje minoritario del mercado en manos de la iniciativa privada, pues CFE como actor dominante impondría las reglas, con base en el control de la oferta.

El manejo de las verdades a medias ha sido determinante para cabildear temas de la agenda presidencial como la contrarreforma eléctrica, aunque sean verdades a media.

Utilizar como ejemplos del manejo fraudulento del consumo de luz a varias grandes empresas famosas es un manejo de verdades a medias, pues si bien pagan menos en proporción que otros consumidores particulares, es porque estas compañías invirtieron en su propio equipo de generación de energía eléctrica, para su autoconsumo.

En cuanto al precio de la energía, Carlos Urzúa quien fuera el primer secretario de Hacienda de este gobierno y además lo fue durante la gestión de Andrés Manuel López Obrador como jefe de gobierno de la Ciudad de México explica los parámetros.

Urzúa publicó en El Universal su artículo “Ocurrencias sobre la electricidad”, que desmitifica el tema del precio de consumo de electricidad a partir del kilovatio/hora y lo describe como un sistema dinámico que tiene relación con el volumen de consumo y las variables climatológicas regionales, como siempre ha sido.

Además, explica que el caso de la cadena Oxxo, mencionada como deshonesta por el presidente, su tarifa tiene que ver con el hecho de que produce por medio de energías limpias las dos terceras partes de lo que consume.

Definitivamente, lo que conviene al país no es deshacer y destruir lo que se hizo antes, sino perfeccionarlo a partir de la experiencia cotidiana y castigar a quienes abusaron de las oportunidades de modo doloso, pues no debe existir impunidad.

Sin embargo, la política destructiva representa un grave daño patrimonial para México, pues significa dilapidar grandes inversiones ya realizadas y quizá recibir demandas costosas que tendrán que dirimirse en tribunales internacionales, que seguramente favorecerán a nuestro demandante.

El costo de las demandas internacionales puede ser altísimo.
Además, empezar de cero no garantiza eficiencia ni eficacia y menos aún un ahorro, pues representa un despilfarro injustificable.

¿A usted qué le parece?

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Análisis y Opinión

El Juego del Calamar: La farsa del cristal y el acero

Felipe Monroy

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No es simple coincidencia que la popular serie ‘El Juego del Calamar’ (Hwang Dong Hyuk, 2021) y la multipremiada cinta ‘Parásitos’ (Bong Joon Ho, 2019) provengan del mismo ambiente y entorno: una sociedad asfixiada por las dinámicas del capital, la desigualdad, el utilitarismo y el mercado. Son oscuras representaciones de la comedia humana esclavizada por los imperativos del dinero y la crispación.

Es cierto que ambas producciones (junto al poderoso fenómeno K-Pop) han puesto a Corea del Sur en el radar del mainstream cultural; sin embargo, sus historias no sólo reflejan los perfiles de la nación asiática; por el contrario, con sagacidad, desnudan la naturaleza más oscura del neoliberalismo ideológico sobre la persona humana: las consecuencias de una doctrina de satisfacción y autopreservación sustentada en el deseo individual.

Quizá por ello, ‘El Juego del Calamar’ ha sido tan rápidamente adoptada por la gran audiencia. Es fácil empatizar con todo lo que allí ocurre, el espectador se ha identificado tan rápido que la producción de disfraces y parafernalia de la serie se comercializa prácticamente en cada crucero citadino; niños y adolescentes practican en los patios los juegos de la historia; y, casi todas las culturas han recreado con sátira cómo serían los juegos en su propio contexto. Así, una matrioshka gigante asesina aniquila rusos en el juego ‘luz verde, luz roja’ o un mexicano casi sufre un colapso de ansiedad desenvolviendo un mazapán sin romperlo como en el juego de las galletas de azúcar y los británicos han sugerido que uno de estos juegos mortales podría ser su famoso ‘Bulldog’.

Que tanta gente se sienta identificada sólo puede significar que compartimos las angustias del mismo sistema. Un régimen neoliberal de autoexplotación que el filósofo Byung-Chul Han ha criticado ácidamente: “La explotación a la que uno mismo se somete es mucho peor que la externa, ya que se ayuda del sentimiento de libertad… La gente está volviendo su agresión contra sí misma. Esta autoagresividad hace que los explotados no estén tan inclinados a la revolución como a la depresión”.

En la serie, casi todos los personajes podrían encajar en aquella descripción: La libre elección de cada jugador los conduce una y otra vez a intentar remediar sus singulares conflictos sometiéndose a pruebas autodestructivas cuyo improbable y casi inaccesible escenario final es la cúspide de cierto privilegio que les permiten los dueños del dinero. Nadie los ha obligado, por eso no hay contra qué rebelarse; nadie habrá de morir con virtud o indignación ante el sistema, por el contrario, perecerán sorprendidos por la súbita conciencia de su deprimente existencia. Dice Byung-Chul Han: “Resulta muy difícil rebelarse cuando víctima y verdugo, explotador y explotado, son la misma persona”.

‘El Juego del Calamar’ es una pequeña muestra de lo grave y profundo que la esencia del ser humano puede ser trastocada bajo el neoliberalismo y el sistema tecno-capitalista. La desigualdad se muestra ostentosamente sin que nadie repare en ella; la muerte de uno se reduce a la acumulación de bienes en otro; al nombre lo sustituye el número y el uniforme; el éxito individual conduce inexorablemente a hacerse verdugo del prójimo; la insatisfacción provoca hartazgo en el débil y aburrimiento en el poderoso, al primero lo obliga a sobrevivir mientras el segundo crea distracciones obscenas. En todo caso, nos identificamos en la asfixia que provocan las deudas o la búsqueda de inalcanzables, en la salvaje competencia por la supervivencia, en el inconsciente y anónimo canibalismo con el que nos descuartizamos permanentemente en las redes sociales o en nuestros personales ‘campos de trabajos forzados’.

La reclusión en ‘El Juego del Calamar’ parece una prisión de cristal y acero: sólida y diáfana. Y a lo largo de la serie, estos dos elementos irán mostrándose como sutiles símbolos de este nuevo sistema de opresión. A veces evidentes y otras más figurativas, las características del acero y el cristal (versatilidad y resistencia; transparencia y pureza) irán acompañando el drama pero también revelando su farsa. Acero y cristal se encuentran en la cruel muñeca robótica y su implacable juicio a través de sus prístinas pupilas; en los cristales de azúcar que ceden ante el punzón de la aguja; en los pesados grilletes y la guillotina; en las dramáticas canicas; en el puente de vidrio; en el cuchillo homicida; en el cofre transparente donde se acumula la vida de los perdedores en forma de dinero; en el ventanal voyerista donde se asoman las desgracias ajenas o en la máscara del verdugo mayor.

La cúspide de estos elementos son, sin embargo, las máscaras de impenetrable cristal dorado que sólo los poderosos pueden usar; dueños de la cárcel figurativa, cárcel de metal y cristal donde los miserables persiguen la subsistencia de sus sueños.

Sólo dos personajes evitan casi todo el tiempo ‘jugar ese juego donde todo el mundo hace trampa’, aunque en la frontera del miedo ceden a su posición original de debilidad y de poder. El primero y el último concursantes son quienes, paradójicamente, al final de la travesía se reconocerán como último y primero del juego; reconocerán que ni el cristal es siempre transparente y ni el acero siempre sólido; y eso los conduce a su actitud final: el cinismo o la resiliencia.

La resiliencia conlleva actos heroicos tan sutiles que el héroe casi no se distingue: Un hombre que auxilia y se permite recibir ayuda, que ante la impaciencia no usa el filo del metal sino la más suave de las armas, que protege al anciano y al débil, que que confía en el liderazgo de otro sin dejar de reconocer y cuidarle sus debilidades humanas. Es un hombre que se indigna frente a la injusticia pero se comprende incapaz de ciertas decisiones morales, es un jugador que perdona, que expresa ternura, que sufre por su propia monstruosidad, que recapacita y tiende la mano. Es, será, el único personaje que se sacrificará sin cálculos ni venganzas sino con el honesto deber de ayudar al desconocido.

Frente a la farsa tecno-capitalista, el héroe promueve la colaboración; frente a la sociedad de autoexplotación, se permite la contemplación y la moderación; frente al cristal y el acero, el héroe abraza la lágrima y la piel, la sangre y el sudor; frente al miedo, la esperanza; frente a la autopreservación, el sacrificio; frente al cinismo, la caridad.

Pero, como apuntó Byung-Chul Han “la era de la prisa no tiene acceso a la belleza ni a la verdad. Sólo en una contemplación prolongada, incluso en una moderación ascética, las cosas descubren su belleza, su esencia fragante”. Por ello, el héroe requerirá un año entero para contemplar y privarse de todos los bienes para finalmente sentir el peso de su deber en la realidad que sigue sufriendo injusticias en la jungla de cristal y acero. Su última elección es esa ‘esencia fragante’ que revela el incuestionable camino hacia la ardua virtud.

@monroyfelipe

Director VCNoticias

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