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Análisis y Opinión

Desconectarse del trabajo al tomar vacaciones

Gerardo Medina Romero

Publicada

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Terminando la Semana Santa, en la que muchos trataron de tomar vacaciones, fue curioso observar cómo la delgada línea entre trabajar a distancia y vacacionar fue borrada por completo por la pandemia.

Antes de la cuarentena, para muchos ejecutivos tomar vacaciones implicaba trasladarse a algún lugar de descanso o turístico, pero mantenerse conectado por si surgía algún pendiente en el trabajo. Incluso sus jefes les pedían que estuvieran disponibles.

Este pedido de estar disponible “por si acaso” en realidad era mayormente una falacia ya que todos los días surgían pendientes y, por lo tanto, la gente aun y cuando andaba de vacaciones, se mantenía atenta a su celular, buscando lugares donde tuvieran buena recepción para responder correos, tomar llamadas y mantener conversaciones de trabajo a través del chat. Al menos quedaba el consuelo de que durante ese tiempo, alcanzaba a convivir con su familia o seres queridos.

Bueno, eso de convivencia es un decir, ya que solo terminan compartiendo la misma localización geográfica pues desde la aparición de los teléfonos inteligentes, cada miembro de la familia se pierde en la más amplia soledad de su dispositivo móvil. De lo que sí descansaban los ejecutivos era de su rutina diaria –levantarse, arreglarse e irse a su trabajo. Descansaba de sus oficinas, de llevar su almuerzo o de comer en los restaurantes cercanos, descansaban de tener que vestirse bien y del tráfico.

¿Pero ahora? Ellos mismos llevan más de un año descansando de todo lo referente al traslado, la oficina y el arreglo personal con código de vestimenta Godín, aunque conectados 7×24. Me pregunto: ¿cuál entonces es la diferencia entre tomar vacaciones o no? ¿Vale la pena pedir vacaciones cuando en realidad, no va a cambiar nada de la rutina diaria actual?

En realidad, parece que el problema es que no sabemos respetar las vacaciones como un período de descanso que resulta necesario para cualquier persona. Las vacaciones deben ser para descansar tanto física como mentalmente, por lo que resulta necesario desconectarse del trabajo, dejar de pensar en los pendientes, hacer las cosas que no se pueden hacer comúnmente, reflexionar y reencontrase con uno mismo y con los seres queridos.

Esa mala costumbre o paradigma de creer que las personas deben mantenerse conectadas todo el tiempo ha evitado, desde antes de la pandemia, que la gente pueda disfrutar de unas vacaciones reales; lo más sorprendente de todo es que esto a veces ya no es provocado por los jefes sino por los propios empleados que por voluntad propia deciden mantenerse pendientes de lo que sucede y participar activamente en las conversaciones, por cualquier medio.

El argumento que todos ponen es que “no se pueden desconectar o que no se ve bien que uno se desconecte por completo”; los jefes tomarán represalias; el mundo girará más rápido en una semana y cuando el empleado regrese a trabajar, todo habrá cambiado a tal grado que al empleado será un completo extraño y no le quedará más remedio que renunciar. Así tan dramática es la creencia de muchas personas.

Yo dudo que la mayoría de las veces sea así, pero es un paradigma que resulta difícil de eliminar y, mientras tanto, causa un daño brutal para la vida de muchos.

La presencia física con ausencia mental es la principal causa de la ruptura de las relaciones de pareja así como del desarrollo de jóvenes que crecen con problemas psicológicos o de adicciones. La falta de un buen descanso es la principal fuente de estrés, que a su vez es la principal causa de problemas de salud en un ejecutivo y de la gran mayoría de los infartos que se presentan en personas jóvenes.

No poder “desconectarse” es para mí un gran paradigma que cobra altos costos para los ejecutivos de hoy en día y para sus seres queridos. Y no hablemos del costo que tiene para la empresa, por el impacto negativo en su desempeño.

Los que me conocen pueden confirmar que por supuesto se puede y se debe desconectar de los temas laborales durante los períodos de descanso. Respetar todos los días el horario de inicio y término de la jornada laboral y no responder ni atender ningún asunto, ni al jefe ni al cliente, mucho menos conectarse en fines de semana y ni se diga en los períodos vacacionales.

Antes de buscar en tu mente la mejor justificación de por qué te resulta imposible desconectarte del trabajo, te invito a que mejor busques un argumento para hacerlo. Podrás comprobar que es lo mejor para ti, y también es lo mejor que puedes exigirle a tu equipo de trabajo.

Tu empresa será la primera en agradecértelo al ver el impacto en tus resultados.

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Análisis y Opinión

Espionaje, entre el servicio y la ignominia

Felipe Monroy

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Aunque el espionaje se ha especializado y tecnificado a niveles infamantes, sus funciones más simples (que nunca honestas) se pueden reducir a las mencionadas por Kautilya hace veintitrés siglos: recolección de noticias, comprobación de lealtades y manejo de propaganda. Desde la perspectiva del gobernante, se entiende su utilidad para lograr lo único que interesa al poder: conservar el que se tiene y aumentarlo en lo posible.

Al contrario de lo que hoy se quiere insistir, el espionaje nunca es aséptico ni impersonal; el espionaje no son sólo datos y programación. Por tanto, ‘Pegasus’ no es sólo un programa, un software o un sistema: son hombres y mujeres que con mayor o menor poder han utilizado recursos técnicos de la forma más innoble. Además, los efectos del espionaje tampoco son inocentes, la historia refleja que aquel va acompañado invariablemente de la mentira política, la persecución de opositores, la desestabilización de pueblos, la inoculación de ideologías de ocasión y, por supuesto, de los crímenes de Estado, las insurrecciones fratricidas y la guerra total.

Lo que se ha ido revelando esta semana sobre la operación del ya famoso software ‘Pegasus’ es alarmante porque no se trata de un ‘sistema de inteligencia para el combate del terrorismo o ciberterrorismo en países democráticos’ sino un verdadero ‘sistema de espionaje israelí vendido por particulares a regímenes autoritarios que desean investigar a periodistas, activistas de derechos humanos y a potenciales opositores políticos’.

Desde hace años se tenía sospecha de que los recursos tecnológicos de estas empresas de ciberseguridad no sólo se adquirían para el combate al crimen, sino para las funciones que los regímenes y los poderes fácticos que buscan controlar a toda costa: tener información de sus adversarios políticos, verificar la lealtad de los ciudadanos y eliminar los potenciales riesgos para la estabilidad de su poder.

Esta es la razón por la cual, cuando se habla de espionaje no puede haber neutralidad. Es una práctica ignominiosa y cruel cuando se está vulnerable a ser espiado; pero es un servicio de seguridad y estabilidad para aquellos que detentan el control. Desde el poder, un mundo sin las intrincadas redes de espionaje básicamente se hundiría en el caos; mientras, desde las estructuras intermedias de la sociedad, el espionaje es una herramienta del autoritarismo.

En el fondo no hay ninguna sorpresa en que las nuevas herramientas digitales hayan hipertecnificado el espionaje al grado en que los clientes de NSO Group puedan ver y escuchar a sus ‘objetivos’ de interés; tampoco es realmente una noticia que diferentes gobiernos o poderes (con diversas problemáticas) hayan echado mano de esta herramienta. Sin embargo, no por ser un mecanismo casi natural de autopreservación del poder no debiera inquietarnos. Especialmente porque, es altamente probable que, derivado del espionaje a ciertos personajes junto a la exposición y vulneración de periodistas, opositores o líderes comunitarios, se haya provocado la muerte de alguno de ellos, la intimidación o el silenciamiento de sus voces. Y todavía peor, al existir la evidente sospecha de que el gobierno israelí de Netanyahu ha espiado a líderes mundiales a través de la herramienta de ciberseguridad, se encienden las alarmas de desastre geopolítico.

Ahora, mientras el mundo redescubre la diplomacia para salir del entuerto en el que lo ha sumido el software ‘Pegasus’, no hay que perder de vista la sospechosa parsimonia y tranquilidad con la que los líderes políticos echar a andar a sus fiscalías y ministerios de defensa contra el espionaje que ellos mismos sufrieron. Quién sabe, quizá no tienen intensión de correr por completo las cortinas del misterio.

LEE Quema de templos y efigies: indignación sin respuesta

*Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Estrategias pro aborto falaces

Columna Invitada

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Por: Ivette Laviada

Ahora es en Veracruz donde se pretende presionar al gobierno con estrategias pro aborto; tan viejas, tan usadas y tan falaces que resultan un insulto a las personas que con dos dedos de frente ven con claridad todo este asunto.

El viejo truco del aborto espontáneo, un argumento que simplemente no funciona cuando las acciones que siguieron a la muerte del bebé en gestación contradicen todos los dichos de la supuesta víctima.

Quienes pretenden que el aborto se legalice a como de lugar -sean feministas, funcionarias e incluso instituciones- no les importa mentir y manipular los casos para conseguir su afán.

El caso de Oluta, en Veracruz de Diana “N” es un claro ejemplo: la Fiscalía encontró que no sufrió un aborto “espontáneo” la chica cometió infanticidio, su bebé fue alumbrado vivo en un baño público a los 7 meses de gestación y posteriormente lo abandonó en un bote de basura, donde falleció por anoxia por sofocación como consta en el expediente por lo cual se le sigue un proceso.

No es la pretensión de esta reflexión el juicio de Diana (las autoridades lo harán conforme a derecho), sino todo el aparato que se mueve con este pretexto para que se presione a un estado a legalizar la muerte de los bebés en gestación.

El discurso utilizado por la CNDH y por la Comisión de Derechos Humanos de Veracruz es ¡de no creerse! primero atacan a la Fiscalía General del Estado porque no emplearon perspectiva de género en la investigación, añaden que el caso lo han llevado violando gravemente sus derechos sexuales y reproductivos, que ha sido doblemente revictimizada y que le negaron el acceso a la justicia por las condiciones de precariedad económica y social en la que vivía.

Por otro lado, la diputada Mónica Robles aprovecha la coyuntura de manipulación mediática para meter su iniciativa pro aborto y los colectivos feministas celebran estas acciones para empujar con más fuerza esta agenda.

Estrategias que hemos visto en tantos lugares y países que por increíble que parezca siguen sin quitar el dedo del renglón.

¿Acaso los delitos se pueden considerar derechos según cada quién? Las falacias no surten efecto, por ello tanta violencia para imponer estas mentiras, la sociedad no se deja engañar.

No existen derechos sexuales y reproductivos, este es el poderoso antifaz que le han puesto al aborto para que dicho tantas veces y por tanto tiempo se perciba como algo bueno, como lo que su nombre pretende “un derecho”; pero no, la sociedad no compra este cuento, lo que existe es el derecho a la salud que incluye la salud sexual, física, mental, etc. Salud implica vida no muerte, justificar el aborto es totalmente contrario a lo que la salud persigue.

La verdad no se puede ocultar, siempre sale a la luz. Seguiremos trabajando para que chicas como Diana antes de pensar en el aborto puedan tener acceso a instituciones o personas que les ayuden verdaderamente como lo han demostrado La Vida por Delante, VIFAC o AME.

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