Connect with us

Análisis y Opinión

Luchas o contrastes de generaciones

Javier Chávez de Icaza

Publicada

on

Yo creo que la generación de padres actuales y más los que tenemos hijos en edades de adolescencia y superiores, somos la primera generación que estamos aprendiendo de nuestros hijos y no sólo enseñándoles. Por supuesto que como en todas las reglas, habrá sus excepciones pero en contexto general, si estoy convencido que así es.

Y me refiero a los padres que tenemos hijos que ya no son niños porque normalmente estos padres estarán por arriba de los 40 años y nos tocó ser una generación que si bien, como todas, en la infancia teníamos nuestros sueños y aspiraciones, la vida se fue encargando de que los dejáramos en un segundo plano para acometer los compromisos que no íbamos encontrando en nuestro camino y de repente, cuando nos dábamos cuenta, ya estábamos tan sumergidos en el día a día que no le dábamos la oportunidad a los sueños e ilusiones seguir siendo una opción ni siquiera de futuro, mucho menos de presente.

Fuimos una generación donde el trabajo mandaba, incluso sobre la familia y lo social. Lo justificábamos pensando que lo que hacíamos era para el bien de nuestra familia y eso justificaba cualquier sacrificio y tal vez por eso, nunca le prestamos atención a los mensajes que la naturaleza o los científicos nos advertían, porque lo relevante era que el trabajo que teníamos, no se podía dejar a menos que tuviéramos otro mejor ya asegurado y nos fuimos desarrollando en esos trabajos (muchas veces ni siquiera nos gustaban) porque era “lo que se debía hacer”. Ya habría oportunidades para disfrutar pero lo importante era seguir creciendo tanto económicamente como en posiciones dentro del mismo.

Como decía, estábamos creciendo como personas y todo lo nuevo era “necesario” tenerlo, sin importar lo que estas novedades pudieran afectar a la naturaleza o incluso a la humanidad. Como toda nueva generación creíamos tener más opciones y más capacidad para explotarlas que las anteriores generaciones pero no nos dimos cuenta o no quisimos darnos cuenta que estábamos cumpliendo más las expectativas de nuestros padres que las nuestras o estábamos tan enfocados en conseguir éxitos laborales dentro de donde estábamos, aunque no fuera nuestro trabajo ideal, que no se nos ocurría o no permitíamos que se nos ocurriera, buscar nuestro trabajo soñado para a partir de ahí, empezar a construir nuestro éxito. Yo diría que fue el boom de la era “Godin”, aunque no lo llamábamos así, pero los empleos más buscados y apreciados eran trabajar ara grandes corporativos en oficinas llenas de gentes, que es la descripción que hoy en día usamos para definir a los “Godínez”.

Toda esta explicación después del primer párrafo, me sirve para poder retomar, justo con lo que comentaba en él y es el hecho de que hoy, si bien la función de los padres es enseñar y guiar a nuestros hijos(as) también podemos aprender de ellos(as). Sobre todo debemos de aprender a que en la actualidad los adolescentes y adultos jóvenes que son nuestros hijos, han tenido una oportunidad que no tuvimos nosotros y mucho menos nuestro padres y demás ancestros. Me refiero a la oportunidad de cuestionar la autoridad, pero no por el hecho de quien tiene el poder y la experiencia para la toma de decisiones sino en el aspecto que hoy el conocimiento está mucho más al alcance de la mano y eso nos permite evaluar los temas no solo desde la perspectiva del conocimiento adquirido y la experiencia desarrollada, sino desde la ilusión y los sueños de nuestros hijos. Algo que las generaciones de antes nunca tuvieron, porque también nunca lo permitieron. Nosotros si podemos contrastar las visiones de futuro desde, al menos, dos ópticas y eso hace que esas visiones tengan dos escenarios que son diferentes, algunas veces incluso hasta opuestos y contrastar cual realmente quisiéramos y/o en cual realmente creemos, pero esto no hace más que enriquecernos y algunas veces, hasta sorprendernos.

Los padres que tienen hijos(as) que aún son niños, prepárense, porque la complejidad de la paternidad para ustedes será aún mayor, pero en contraparte será aún más enriquecedora también.

Tratando de evitar caer en el encasillamiento de las generaciones por años de nacimiento, si quiero comentar que lo normal es que la nueva generación se crea superior a la de sus padres y busquen esquemas que rompan los paradigmas o reglas que marcaban la conducta de la generación anterior (la de sus padres). Pero eso hace también que cuando llegamos a que ambas generaciones (la de hijos y la de sus padres) sean adultas haya grandes brechas difíciles de solucionar.

En épocas anteriores estas diferencias se resolvían relativamente fácil, se imponía la generación de más edad y la de menor edad, asumía su rol, hasta que estuviera en posibilidad de estar al mando y entonces sí, impulsar sus ideas. Porque la realidad era que tampoco la generación de hijos, tenía una forma fácil o sencilla de demostrar su teoría e incluso cuando la pudiera hacer, la autoridad del de más edad, simplemente se imponía.

Por eso ahora para nosotros los que somos padres de hijos pertenecientes a la generación llamada Millennial (Ahora si usaré el nombre de la generación para poder abreviar la descripción de los que perteneces a ella) nos sorprendió a veces agradablemente y otras no tanto, el hecho de ser tan cuestionados por nuestros hijos(as), algo que generalmente nosotros no hicimos con nuestro padres y para la cual no estábamos preparados pero si fuimos los responsables de desarrollarles o permitirles desarrollar esa capacidad de cuestionamiento.

Y el asunto va aún más allá, cuando nos encontramos con los Millennials en la vida laboral y vimos que su actitud ante el trabajo se sale de lo que “se debe de hacer” nos genera más conflicto. Nos sorprendimos cuando cuestionaban a sus jefes, sin tener la experiencia laboral necesaria para hacerlo, criticamos que ellos valoren casi en la misma proporción la parte social que la laboral, cuestionamos que seamos nosotros los que tengamos que aprender a dirigirlos, cuando lo “normal” es que el subalterno se tenga que adaptar al jefe. Los presionamos para que “sienten cabeza” tanto en lo social como lo profesional a la edad en que nosotros lo hacíamos. Seguimos buscando justificaciones para nuestras acciones que han causado tanto daño a la ecología, a la naturaleza, a actuar con “normalidad” a tener la humildad de reconocer lo que dicen los mayores, porque ellos tienen la experiencia y de repente nos damos cuenta que sus hábitos de consumo y comida son más saludables e incluso más amigables con el medio ambiente.

Pero ellos, recibieron de sus padres el derecho a réplica, desde que eran niños, tuvieron acceso a la información incluso desde antes de comprenderla, por lo que fueron capaces de juntar información con sueños y crear futuros muy diferentes a los que hubiéramos imaginado. Pudieron convivir con los mayores en situaciones de igualdad y aprender incluso en reuniones familiares y sociales. Desarrollaron habilidades adicionales por el manejo de la tecnología y todo esto les permitió ver el mundo desde mucho antes con otros ojos, no solo con los ojos de lo que “debe ser” sino con los ojos de lo “puede ser”.

Por ejemplo en mi caso particular, mi hija, desde niña fue muy inquisitiva, para todo lo que le decías, oía o veía venía un ¿Por qué? Y conforme fue accediendo a la tecnología, cada vez los ¿Porqués? Eran más difíciles de responder y no se podía improvisar, porque entonces ella lo consultaba y regresaba con una nueva pregunta. Si bien ella en su infancia no tenía tan claro que quería hacer de grande, al llegar a la adolescencia si empezó a enfocarse mucho más y perseguir lo que quería sin importar que los demás (incluidos sus padres) pensaran que era posible, viable o recomendable. Algo, que al menos dentro de entorno familiar, no era algo común, los padres te daban ciertas libertades en la elección pero dentro de “ciertos límites”.

En el caso de mi hijo, durante la infancia, tampoco es que tuviera muy claro que le interesaba de futuro, aunque el sí, al final de su infancia ya sentía gran afinidad con la música, fue hasta la secundaria cuando esta se convirtió en una vacación, más importante aún que la académica. Si yo le hubiera demostrado a mi padre que la música me importaba más que la escuela, me habría dejado muy claro mi error y me habría tenido que regresar al “buen camino”.

En un artículo posterior, quiero platicar del apoyo a los sueños de nuestros hijos, como ayuda al crecimiento como personas, no solo de ellos sino también de nosotros, los padres que va de la mano con este tema de contraste de generaciones.

Ya está lista la nueva publicación de tu blog ¡Padre de Verdad! esta vez titulada LUCHA O CONTRASTE DE GENERACIONES. Es un tema que da para reflexionar
https://www.padredeverdad.com/post/luchas-o-contrastes-de-generaciones



Dejanos un comentario:

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *

Análisis y Opinión

La fuerza desnuda

Felipe Monroy

Publicada

on

Antes de todo, dos ideas. La primera: Si no hay fuerza, por lo menos debe haber ingenio. La segunda la dijo san Francisco de Sales: “Nada es tan fuerte como la gentileza, nada tan gentil como la verdadera fortaleza”.

Sucede que, en nuestros días, se ha evidenciado que cierta fuerza productiva guarda paradójica correspondencia con la fuerza destructiva: hay absoluta vinculación entre cierto tipo de desarrollo económico con la devastación de la naturaleza; y, por supuesto, hay un vergonzoso rastro de miserables y desposeídos sobre las losas del privilegiado ascenso de algunos grupos de poder.

En la pasada cumbre teológica-pastoral por el futuro del Amazonas, por ejemplo, varios católicos denunciaron que la extracción, refinación y comercio del oro no sólo provoca laceración de bosques, selvas y ríos; también contamina de mercurio los lagos y mares, mientras impone una salvaje cultura crematística entorno al metal precioso. Por lo tanto, son incontables los pueblos cuyos niños, mujeres y jóvenes mueren doble y lentamente envenenados. Sus cuerpos enferman por el mercurio en sus venas mientras su espíritu se corrompe en un mercado de ambición y ganancias donde la explotación, el engaño, el crimen y el poder arrancan toda la riqueza cultural original de esas comunidades (su lenguaje, su espiritualidad y su cosmogonía) y la suplantan por la vil adoración al dinero.

Pero el problema no sólo sucede en la densidad de la selva amazónica, en realidad es allí donde con más claridad se advierte esta paradoja de ‘producción destructiva’ que se ha incrustado en todas nuestras relaciones sociales, económicas, comerciales y de poder.

Según lo han explicado filósofos y teólogos contemporáneos, en nuestro mundo actual es prácticamente imposible llegar al ‘éxito’, la ‘realización’ o a la ‘abundancia’ sin treparse sobre las espaldas heridas de cientos de ingenuos, ignorantes, pobres, marginados, precarizados y suplicantes hermanos humanos nuestros.

Parece que vivimos en un canibalismo tolerado donde ‘el fuerte’ recurre lo mismo a la elegante evasión de impuestos que al brutal y sanguinario crimen; un sistema de engaños donde triunfa quien precariza el trabajo honesto o condiciona el acceso a derechos elementales de los demás, quien roba impunemente y sin pudor ya sea mediante un arma en la mano o a través de un complejo modelo de pseudo inversiones que no son sino estafas legales del bien personal o público; un fétido ambiente donde gana quien domina la corrupción en la búsqueda de privilegios inconfesables. El colmo de este sistema es que, en la persecución de nuestras ambiciones, muchos somos capaces de la autofagia o la autoexplotación; ponemos en riesgo nuestro bienestar, nuestra salud, nuestra tranquilidad y hasta nuestra identidad con tal de arañar el solitario y fraudulento éxito.

Por ello son importantes las dos ideas iniciales, pues son la creatividad y la ternura las respuestas frente a este sistema corroído de frívolas ambiciones. Por ejemplo, la fuerza de una auténtica denuncia contra el sistema depredador del extractivismo de oro en la selva amazónica no se encuentra en el poder de los argumentos, en el músculo social o en el control de los hilos del poder; la fuerza está en la congruencia y, particularmente en este caso, en una radical humildad y renuncia a la apariencia. Se trata de una aparente contradicción: la fuerza está en la debilidad, pero sólo en su aspecto, porque el núcleo de la congruencia es una fuerza indómita.

El verdadero remedio contra un mundo enfermo de poder es una fuerza desnuda, ingeniosa y gentil, tan congruente como un hombre puede ser, tan sólida como su humildad, tan perenne como su virtud.

Director VCNoticias.com

@monroyfelipe

Seguir leyendo

Análisis y Opinión

¿Qué explicarle a mis hijos sobre el vapeo?

Columna Invitada

Publicada

on

Por Gerardo Rivadeneyra

Todos hemos visto últimamente a los jóvenes, a los amigos de nuestros hijos, o a ellos mismos usando unos productos electrónicos. Son aparatos que parecen USBs o cilindros de colores. Son el aparatito de moda, cómo negarlo. Sacan un montón de humo. Algunos tienen luces, otros son de colores. Hay de sabores: desde los clásicos hasta frutas, pastel y galletas. Los venden en las esquinas, en los altos, en máquinas en centros comerciales y nunca con control de edad.

Estos aparatos son cigarros electrónicos, aunque algunos les dicen “vapes”, y se supone que están prohibidos en el país. Sin embargo, cualquiera los puede conseguir sin mayor problema.

Como padres o familiares, obviamente estamos preocupados y por eso quise entender qué son y por qué no hay controles. Investigué y lo que encontré fue muy interesante:

Estos productos de los que hablo son ilegales. Los importan a escondidas y no tienen licencia sanitaria, ni pagan impuestos. Su venta es parte de un mercado negro que se ha creado por una prohibición a las alternativas al cigarro.

Resulta que hay un millón y medio de personas que usan estos dispositivos. Pero como están prohibidos, y no regulados, no hay reglas.

Las alternativas al cigarro son tres. Los vapeadores, que, como su nombre indican, hacen vapor. No contienen tabaco pero sí nicotina. Los cigarros electrónicos se parecen mucho, pero a diferencia de los vapeadores son desechables. Estos son los más comunes. Por último existen los calentadores de tabaco. Se parecen al cigarro pero no se encienden.

Ningún producto es libre de riesgo. Las autoridades de Estados Unidos tienen una categoría que llaman “riesgo modificado” y para entrar en ella debe entregarse mucha evidencia científica y verificarla. Que algo sea de riesgo modificado quiere decir que causa daño pero menos que un cigarro porque no generan combustión, que es donde sale la mayoría de las sustancias tóxicas.
Hay países donde las alternativas ya han sustituido al cigarro. En Japón, donde la gente fuma mucho, la aparición de alternativas ha disminuido el consumo del cigarro drásticamente. En Reino Unido los doctores del servicio nacional de salud, el NHS, están ofreciendo alternativas a los fumadores para que dejen de consumir cigarros.

La historia nos dice que la prohibición no funciona. En Estados Unidos prohibieron el alcohol hace un siglo y la mafia se hizo rica. Hoy pasa algo similar: fabricantes de productos ilegales, que quién sabe qué contienen, están aprovechando la cerrazón de las autoridades.

Como no hay regulación, nuestros hijos están desprotegidos. Nadie revisa nada, nadie se hace cargo. Por eso hay maquinitas en centros comerciales que les venden estos cigarros electrónicos sin control de edad, por eso hay tantos productos en todos lados. Ojo, no se trata de fomentar su consumo, pero con regulación este mercado se haría chiquito y nuestros niños estarían más protegidos.

También descubrí que nos hace falta mucha más información sobre cómo funcionan y qué riesgos tiene usarlos. Ojalá las autoridades hicieran la misma investigación y regularan estos aparatos. Creo que prohibir nunca lleva a nada bueno, pero tampoco está bien que no haya reglas y que se puedan comprar en puestos de periódicos o afuera de las escuelas como si nada.

Así que, como padre, les recomiendo hablar con sus hijos para que sepan que mientras que sean menores de edad, lo mejor será que no usen estos aparatos. Y cuando sean mayores de edad, lo mejor sea no usarlos pero que tengan información de qué son.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

Seguir leyendo

Te Recomendamos