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Análisis y Opinión

Tecnología, clave en la transformación organizacional

Andrea Villamizar

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Uno de los principales retos al implementar una estrategia de manejo del cambio en una organización es la adopción de nuevas e innovadoras maneras de hacer negocios con base en los avances tecnológicos, indispensables en todos los sectores. Si bien en la actualidad casi ninguna es ajena a esta transformación, la transformación digital ha demostrado tener una visión integral sobre el cumplimiento de metas y estrategias del área, con grandes resultados, por ejemplo, en la gestión de los recursos humanos.

Durante la pandemia, algunas empresas han respaldado su modelo de negocio y evaluado nuevas oportunidades precisamente en la tecnología. Por ejemplo, según un estudio de la consultora Gartner, el 28% de los directivos ven la actual crisis como una oportunidad para revaluar procesos, mientras que un 19% piensa que una digitalización más rápida es otro de los lados positivos del actual contexto.

Además de ampliar las capacidades y potencial productivo, y de hacer más eficientes algunas operaciones, las herramientas tecnológicas han permitido tener una visión integral sobre el cumplimiento de metas y estrategias del área, con grandes resultados en la gestión de los de recursos humanos, tomando decisiones predictivas, eliminando errores, evitando retrasos y duplicación de tareas o procesos a la hora de atraer, seleccionar, retener y desarrollar mejor talento brindando experiencias de valor.

La tendencia indica que las áreas de recursos humanos están desarrollando una cultura digital basada en la innovación y orientada a situar al empleado en el centro de sus estrategias, de esa forma se apalancan plataformas tecnológicas que garantizan un proceso ágil e innovador, así las empresas logran compromiso y un rendimiento más enfocado a los objetivos organizacionales, con talento altamente competente.

La tecnología es clave porque facilita a los líderes de capital humano la alineación de la gestión del talento con los objetivos del negocio, al garantizar la administración del área, obtener alertas tempranas frente al compromiso de los colaboradores, detectar posibles fugas de talento y analizar su potencial para generar una estrategia o planes de acción basados en un conocimiento individual.

Herramientas tecnológicas: aliadas en la gestión del talento humano

Así como esta imprescindible variable ha permitido proveer de información operativa integrada en tiempo real y llevar el control de los negocios a cualquier hora y desde cualquier lugar, también ha logrado llegar más allá en la relación con los empleados para identificar sus fortalezas, para potenciarlas, y sus debilidades, para trabajarlas.

Incluso, contar con información de cada empleado a través de algún software de gestión del talento humano, orientado a facilitar el proceso de administración de recursos humanos, mejora la experiencia tanto del colaborador, como del área en general, utiliza la base en favor de un óptimo desarrollo y facilita trazar su plan de carrera en la organización.

Dada la gran cantidad de datos e información que las empresas actuales se ven obligadas a gestionar, afortunadamente existen herramientas y plataformas tecnológicas enfocadas a la administración del talento humano, capaces de cuantificar las habilidades de los empleados y parámetros tales como su eficiencia, motivación, satisfacción y productividad, entre otros.

Algunas de ellas son People Analytics o HR Analytics (denominadas también análisis de talento o análisis de Recursos Humanos), se trata de metodologías encargadas de estudiar procesos, funciones, retos y oportunidades de los colaboradores; así como extraer el valor de la analítica de datos para tomar decisiones organizacionales estratégicas referidas a Recursos Humanos.

Por supuesto, estas herramientas tecnológicas deben estar enfocadas en cumplir con las necesidades del negocio e ir alineados con cada uno de los objetivos de la organización para sostener su actividad; de lo contrario, no podrán ser aprovechados al máximo para conseguir el éxito en el futuro.

Fundadora y CEO de Grupo Soluciones Horizonte (GSH)
www.gsh.mx
www.gsh.com.co
www.linkedin.com/in/andrea-villamizar-giraldo/



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Análisis y Opinión

La mujer no es moneda de cambio

Columna Invitada

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Por Paz Fernández Cueto

La semana pasada se presentó a discusión, en la Comisión de Puntos Constitucionales de la Cámara de Diputados, un proyecto de decreto de reforma a diversos artículos bajo el slogan de “Igualdad Sustantiva y Género”. El paquete de 48 reformas a nuestra Carta Magna pretendía ser urgente, discutirse al vapor para subirlo al pleno y ser aprobado – fast track-, esa misma semana. Resultaba ideal disfrazar la verdadera pretensión de las reformas con la conmemoración del Día Internacional de la Eliminación de la Violencia contra la Mujer, decretado por la ONU el año 2000.

Pero la burra no era arisca; la hicieron. Resulta que diversas organizaciones de la Sociedad Civil que dan marcaje personal a la agenda legislativa descubrieron que, en la llamada “Igualdad Sustantiva y Género”, se escondía una caja de pandora: más de 40 cambios a la Constitución redactados en un lenguaje ambiguo, cargado de términos indefinidos, inexistentes y confusos que buscaban adelantar agendas ideológicas concretas. Entreveradas con algunas iniciativas favorables a las mujeres, lo que en el fondo buscaba el paquete de reformas era la imposición, de manera burda y arbitraria, de la ideología de género, adoptada por Morena desde que ocupa la presidencia, en el 2018.

Se trata de la misma agenda ideológica trazada en Pekín hace más de treinta años, impuesta desde fuera y respaldada por fuertes intereses económicos y políticos radicales, que no ha dejado de avanzar pese la resistencia de quienes defienden la libertad. Una agenda que pretende imponer la exaltación de los nuevos dogmas culturales por encima de la ciencia y de la capacidad de juzgar las situaciones de la vida con base en la razón.

La manipulación del lenguaje es el arma favorita de los apóstoles de la ideología de género para esconder sus verdaderas intenciones. Es la trampa perfecta en el que caen de igual manera mujeres que hombres e, ingenua o dolosamente, legisladores de todos los partidos políticos. Es la misma gata revolcada presentada una y otra vez con distintos nombres, a través de distintas iniciativas.

Debo reconocer que, en su obsesión por impulsar la ideología de género los ministros de esta nueva religión pagana sacan a relucir técnicas altamente creativas: lo que en su momento era “salud sexual”, ha evolucionado a “salud sexual y reproductiva”, pasando por el “libre desarrollo de la personalidad, libertad reproductiva, o autonomía reproductiva…”. Ahora pretenden esconderse detrás de algo que parece no sonar tan mal: “igualdad sustantiva”, si no fuera porque en el fondo, lejos de buscar una igualdad con base en nuestra sustancia como personas, se busca imponer la idea de que la solución de todos nuestros males depende de la normalización del aborto, incluyendo en el paquete, el ejercicio perverso de la sexualidad, hasta el punto de considerar al asalto a los menores como una opción más en del catálogo de identidades.

¿En realidad estas reformas benefician a las mujeres o representan un retroceso? ¡Ya basta de usar a la mujer como moneda de cambio, ofreciéndole algunas mejoras, con tal de impulsar una ideología radical sostenida desde la ONU! Habrá que analizar, con pausa y sin prisa, cuál de estas reformas beneficia realmente su desarrollo integral, su inclusión en la vida social y política, su incorporación a la vida laboral, la retribución justa y equitativa de su trabajo y el respaldo de una seguridad social que garantice su salud y la de sus hijos.

Esta vez fue la Junta de Coordinación Política junto con algunos diputados sensatos quienes lograron frenar el paquete sorpresa. ¿Cuál era la prisa? Exigimos un espacio en el que se abra un debate en el que participen voces distintas y den el tiempo adecuado para su consulta; exigimos también, que las iniciativas sean redactadas en términos jurídicos y científicos, de manera que se traduzcan en oportunidades reales de mejoría para todos y no en imposiciones ideológicas.

Paz@fernandezcueto.com

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Análisis y Opinión

Iglesia renovada para un nuevo continente

Felipe Monroy

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Esta semana se realiza en México la primera Asamblea Eclesial de América Latina y el Caribe, un inédito encuentro de la pluralidad del catolicismo americano cuya motivación fue una recomendación del papa Francisco a los obispos del continente para que, en lugar de retornar al camino conocido de cumbres episcopales celebradas desde 1955, se emprendiera ‘ad experimentum’ la audacia de integrar, escuchar y corresponsabilizar a todo el espectro socio-religioso, popular y comunitario latinoamericano para que sus voces y sus compromisos revitalicen el papel, la identidad y la acción de la Iglesia en las emergencias contemporáneas de la región.
Si bien la elección de Francisco como el primer papa latinoamericano significó ‘una bocanada de aire fresco’ a la Iglesia universal, esta Asamblea Eclesial tiene la oportunidad de recordar por qué san Juan Pablo II llamó a América ‘El Continente de la Esperanza’.

Las novedades de este encuentro (además de su evidente realización virtual-presencial que ha agilizado, conectado, simplificado y economizado una asamblea continental donde hay participantes de más de 22 naciones) se explican en la actitud e itinerario de preparación: largos y profundos procesos de escucha para que muchas de las diversas voces eclesiales latinoamericanas tuvieran oportunidad de alzarse, ser valoradas y reconocidas sin pasar por el tamiz institucional, teológico o de control al que las conferencias generales episcopales se enfrentaron históricamente.

En la presente Asamblea Eclesial de AL y el Caribe no se ha dejado de recordar cómo diferentes fuerzas (a veces provenientes del Vaticano) controlaron, sancionaron e intervinieron los trabajos continentales de la Iglesia para acallar las voces que siempre han ‘anunciado y denunciado’ desde el Evangelio las realidades de la región. Una práctica del siglo XX que no sólo silenció voces proféticas de un catolicismo comprometido con los excruciantes dramas del pueblo sino que, incluso se valió de inconfesables arreglos con el poder político y económico para sostener privilegios cupulares mientras se continuaba engañando, sacrificando, manipulando y despreciando a los últimos y a los pobres.

Es claro que, incluso ahora, este riesgo no está conjurado; sin embargo, la apuesta del papa Francisco es abrir la Iglesia, desterrar el ‘clericalismo’ (que no es sino la fascinación por el poder y el influyentismo) para que esto no ocurra nuevamente, favorecer el diálogo horizontal, motivar el encuentro aunque en ocasiones sea ríspido y, sobre todo, que la Iglesia misione, camine con humildad junto a la riqueza cultural y espiritual de todos los pueblos del continente para defender, conservar y promover la paz, la justicia y el bien común en cada uno de sus territorios. Al respecto, la doctora Emilce Cuda, capo ufficio de la Comisión de América Latina del Vaticano, ha recordado que buscar la justicia social “es constitutiva de la práctica evangélica”.

Los problemas continentales son muchos: migración, pobreza, violencias, polarización política, manipulación del orden social y, claramente, la devastación sistemática y consumista de la Creación, de la ‘Casa Común’. Problemas que conducen inexorablemente al sufrimiento e incluso la desaparición de pueblos enteros; de allí la urgencia de una renovación de las comunidades cristianas para ofrecer la esencia de su fe encarnada, comprometida con el “proyecto del amor de Dios donde cada criatura tiene un valor y un significado”, decidida a denunciar los efectos del egoísmo utilitarista, del tecno-capitalismo depredador, del relativismo ético y de los vicios del poder privilegiante.

Sin duda, un desafío enorme; un reto que sólo puede hacerse desde un compromiso integral, desde la ternura y el contacto personal, con audacia y esperanza, con la suficiente indignación y con desbordante creatividad para alcanzar la justicia y el bien común; pero, sobre todo, mediante la participación plural, a ras de suelo y horizontal de todos, todos, todos. ‘Sinodalidad’, le llaman en la Iglesia.

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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