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Columna Invitada

¿La oposición que hay?

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Por Antonio Maza Pereda

Se dice que los pueblos tienen los gobiernos que merecen. Lo cual no deja de ser un poco injusto: si eso fuera cierto, tendríamos que concluir que la culpa de que un país tenga un mal gobierno es de su población. La realidad nos dice que no siempre es así. Y, por otro lado, también podríamos decir que el electorado tiene la oposición que se merece. Cuando en algún país la oposición no cumple las expectativas de los ciudadanos, podríamos estar concluyendo que la culpa la tienen los propios electores. O conformarnos con una oposición que no nos satisface diciendo: “Es la oposición que hay”. ¡Como si la Sociedad no tuviera derecho a algo mejor!

En nuestro caso, a punto de iniciar la campaña formal de elecciones en este año, podríamos cuestionarnos si verdaderamente tenemos la oposición que se requiere. Tenemos una alianza partidista que no está levantando gran entusiasmo entre los votantes indecisos. Entre el núcleo duro de los distintos partidos, tampoco se ve que estén muy alegres. Se puede echar la culpa a la falta de formación cívica de la población, a la pasividad del electorado. Pero es un hecho que la oposición no está dando motivos para entusiasmar a la población.

Los apasionados de la 4T lo explican con una frase de Benito Juárez que decía que la reacción estaba moralmente derrotada. Lo cual parece como un eslogan para animar a la grey Morenista. Pero hay algo raro en el modo como la oposición está tratando de convencer al votante. En la mayoría de los casos, atacan a las personas que están en el gobierno, pero no atacan el fondo de lo que están ofreciendo al electorado.

Veamos, por ejemplo, el ataque a la nueva refinería de Dos Bocas. Acusan a la señora Rocío Nahle de ser inepta. Al agrónomo que dirige a Pemex, por la misma razón. Las objeciones son muchas: que se escogió mal el sitio, que ha habido sobreprecios, que ocurrió corrupción y una larga lista de fallas. Sin embargo, no se cuestiona el fondo del asunto. Realmente, ¿se justifica una nueva refinería? ¿Es mejor crearla o modernizar las refinerías existentes? ¿Contribuirá a mejorar nuestra economía? A un plazo medio o largo, ¿conviene seguir produciendo gasolina, cuando se espera un gran desarrollo de los vehículos eléctricos? Yendo aún más a fondo: ¿no nos convendrá más seguir importando gasolina? ¿Debemos seguir teniendo un monopolio estatal o nos convendría más tener varias compañías estatales, a cargo de diferentes zonas del país y compitiendo las unas con las otras, con lo cual se verían obligadas a ser más eficientes? O, en el extremo, ¿no deberíamos de tener compañías públicas y privadas en este sector?

Esa es una discusión que podríamos tener y que nos permitiría aclarar si la oposición realmente tiene otra propuesta. Actualmente, su único ofrecimiento es que se quiten los de la 4T para que entren otros. Se cuestionan a las personas, no los orígenes de los problemas que tenemos, ni los supuestos para las soluciones que se han dado.

Por supuesto, no es fácil. Los adeptos a la oposición nos dicen que aún no es el momento para hacer propuestas. Tenemos poco más de dos semanas para que empecemos a escuchar ideas que entusiasmen a la ciudadanía. Pero, en este momento, solo estamos recibiendo una narrativa centrada en las fallas de los miembros de la 4T, pero dejando la impresión de que no se ofrece nada diferente más allá de cambiar a las personas a cargo de los distintos temas. El gobierno y su candidata no ofrecen nada radicalmente diferente. Su narrativa consiste en señalar los errores de las pasadas administraciones, y negar sus propias fallas, presentándolas como ataques infundados de aquellos que se sienten lastimados en sus privilegios. No les entra en sus cabezas que pudiera haber críticas de buena fe; cualquiera que les ve errores es, por definición, un malvado. Los casos de ineptitud se seguirán resolviendo conforme ganen experiencia sus actuales cuadros, nos dicen.

La oposición anuncia: “aún hay tiempo. Si decimos desde antes lo que pensamos hacer, nos van a copiar nuestras buenas ideas”, dicen. “Como copiaron la visita al Papa de la candidata a presidenta por la oposición”, añaden. Ambos bandos nos están pidiendo actos de fe, nos piden que confiemos en su buena voluntad. Nosotros, los ciudadanos de a pie, necesitamos más. Aunque no pidamos más detalle, pero que al menos nos den los conceptos básicos que harán diferentes a ambos bandos.

Cosas como el papel del gobierno en temas como la economía, el papel de los contrapesos que permitan a la Sociedad tener un control sobre el ejecutivo, el modo como este rendirá cuentas de manera efectiva al pueblo a través de sus representantes y sometiendo a juicio la legalidad de sus actos, a través del Poder Judicial. Sin estos aspectos básicos, podríamos llegar a tener un remedo de democracia, una simulación que permitiría dar la impresión de que tenemos democracia, como lo logró la dictadura perfecta, en muchos ámbitos internacionales. Estaríamos buscando que no nos puedan criticar. Tanto la oposición como el Movimiento en el poder tienen que buscar cuáles son las propuestas que podían entusiasmar al electorado. Con toda probabilidad, no necesitamos que esas promesas sean muchas. Necesitamos que estén bien fundadas, que sean pocas, pero que se cumplan.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx



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Columna Invitada

Primer debate: ¿Quién ganó?

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Por Antonio Maza Pereda

Una pregunta que, en principio, parece un tanto ociosa. Nadie, por supuesto, va a aceptar qué ha perdido: todos se han declarado ganadores y han presentado encuestas que, generalmente, apoyan su causa.

Habría que empezar por preguntarnos: ¿a qué le llamamos ganar? El objeto de un debate es informar, convencer y apoyar a la decisión del voto. Y si no lo logra, malamente se puede decir que fue un buen debate. La pregunta no debería de ser quién ganó, sino de qué manera ha cambiado la intención del voto a favor de los debatientes. Esto es mucho más difícil de medir. Habría que tener un grupo de votantes a los que se les midiera la intención de voto antes y después del debate y medir si realmente hubo una diferencia. Sin haber hecho algo así, no se puede decir si el primer debate contribuyó a cambiar la decisión de voto. Y aun haciéndolo así, la auténtica respuesta se sabrá hasta que se den las elecciones. Habrá que esperar para poder responder a esta pregunta.

En cuanto al tono de los candidatos, podría decirse que Xóchitl Gálvez estuvo generalmente a la ofensiva, Claudia Sheinbaum estuvo mayormente a la defensiva y Álvarez Máynez estuvo tratando de desmarcarse de ambas posiciones. Con la ventaja de que no tenía nada que defender.

El énfasis de las candidatas fue sobre el pasado, con pocas ideas a futuro. Hubo pocas sorpresas, pocas ideas realmente nuevas y una gran cantidad de generalidades. Por poner un ejemplo, para acabar la corrupción se habló de evitar la impunidad. Lo cual es una generalidad: nadie va a decir que está en favor de la impunidad. Lo importante, y nadie lo dijo, es cómo lograr que no exista la impunidad. Crear nuevas organizaciones para substituir a las que actualmente son inoperantes, sigue siendo una propuesta insuficiente. Falta más detalle y, en todo caso, hay que reconocer que se requieren estudios más profundos.

En el caso de las candidatas, la impresión es que están tratando de convencer a los que ya están convencidos. Hablaron para su núcleo duro, y muy poco para los indecisos, y mucho menos tuvieron argumentos para cambiar la intención de aquellos que ya han decidido su voto. No cabe duda de que tienen mucha confianza en los partidos que las cobijan. O al menos eso es lo que refleja su discurso.

Claro que los candidatos tienen una fe, casi religiosa, en que las soluciones a los problemas nacionales están en los partidos. Y es de esperarse. Prácticamente, hubo pocas referencias para reestructurar el gobierno dándole más participación a la sociedad civil. Obviamente, esto fue mucho más claro en el caso de la doctora Sheinbaum, que por sus convicciones de izquierda considera que el gobierno debe de tener el papel más importante posible en la conducción del país. Probablemente, a algunos nos hubiera gustado escuchar que se le dará a la sociedad civil un papel más relevante en los asuntos públicos.

Se criticó mucho el esquema para el debate, que decidió el Instituto Nacional Electoral (INE). El formato fue rígido, con un exceso de temas, y estorbó que se pudiera profundizar en muchos de ellos. A pesar de que fue un debate muy largo, de 2 horas. Hay que reconocer, por otra parte, que en nuestro país tenemos poca costumbre de debatir. Esto se ve tanto en esta clase de eventos como en la prensa, la radio, la televisión y las redes sociales. Abundancia de ataques, insultos, epítetos y una gran ausencia de argumentación lógica. Probablemente, no es nuestra culpa: hay poco debate público y pocos ejemplos de debates presidenciales. En otros países, desde la secundaria se empiezan a formar equipos de debate, se hacen torneos y el público asiste a estos, con lo cual se tiene una idea mucho más precisa de cómo se llevan a cabo estos eventos. Aún nos falta bastante por aprender.

También se puede criticar a los moderadores. De ellos se puede decir que fueron neutros en exceso y les permitieron a los participantes salirse de las reglas, negarse a contestar lo que se les preguntaba, evadir los temas y se quedaron en la administración de los tiempos. Que, por cierto, fueron bastante bien manejados.

Sin llegar a los niveles de los insultos, hubo ataques que en algún momento llegaron a lo personal. A la doctora Sheinbaum se le acusó de ser una mujer fría y sin corazón, una verdadera dama del hielo. Como si eso fuera lo importante. Grandes mujeres gobernantes, como Margaret Thatcher, la dama de hierro, y Golda Meir podrían haber sido consideradas como poco cariñosas, y eso no hizo que fueran malas gobernantes. Del otro lado, la doctora Sheinbaum evitó cuidadosamente decir el nombre de Xóchitl Gálvez y en todos los casos se refirió a ella como la candidata del PRIAN. Confiando, evidentemente, en que ese apodo le funcionó bastante bien al presidente López Obrador en su debate y durante sus famosas mañaneras. Hay algo de cierto: el lastre más importante que tiene la ingeniera Gálvez es el desprestigio de los partidos que la promueven. Y, evidentemente, doña Claudia se encargó de que no se nos olvidara quién la patrocina.

El maestro Álvarez Máynez cayó en lo mismo: hablando constantemente de la vieja política, entendiendo por ello los actuales partidos políticos y sus coaliciones, contra la nueva política representada por su partido. Todo lo cual desdice del concepto de la discusión. Se dice que en un debate cuando empiezan los insultos y descalificaciones es porque se acabaron los argumentos. El invitado de piedra en el debate fue AMLO. No se le atacó de manera directa ni se le defendió explícitamente. Pero muchas de las críticas tuvieron que ver con sus decisiones de gobierno.

Un argumento de la doctora Sheinbaum es que de los presentes en el debate ella era la única con experiencia de gobierno. Lo cual en cierto modo es verdad: ninguno de sus oponentes tiene la experiencia de gobernar una entidad con 9 millones, doscientos mil habitantes, más otros 3 millones de población flotante. Pero si eso fuera un argumento válido, significaría que solo los que pertenecen a los partidos en el poder o que participaron en ellos cuando esos partidos tuvieron cargos públicos, serían los adecuados para gobernar. De hecho, es un argumento para justificar la permanencia en el poder de la clase política. Si lo creemos, estaremos aceptando que solo los partidos nos pueden gobernar.

Pero finalmente sí se puede hablar de un ganador. Uno que, hasta donde me doy cuenta, no se ha mencionado. Y ese ganador es la sociedad civil. Las cuestiones seleccionadas entre los miles que se remitieron al INE, fueron preguntas muy válidas, que van al fondo del asunto de la mejora en nuestra situación política, económica y social. Expresadas de manera clara y contundente. Una vez más, el ciudadano de a pie, el sin poder, está demostrando que tiene más claridad en cuanto a las necesidades del país y las áreas que requieren mejora, en tanto que la clase política pretende darnos las mismas recetas que ya han fracasado una y otra vez.

¿Quiere decir todo esto, qué la idea de tener debates es inútil? ¿Es insuficiente? De ningún modo. El formato requiere una cirugía mayor, pero estamos a tiempo de modificar la forma de los debates para que sean más significativos. En cambio, tener una verdadera cultura del debate es algo que requerirá enseñanza, una práctica muy extendida y bastante tiempo. Lo cual no quiere decir que se abandone. Al contrario: urge formar a nuestros jóvenes y a la población en general en el uso de los debates en otra clase de asuntos, de manera que logremos práctica en estos menesteres.

Quedan aún dos debates por delante en esta campaña electoral. Se tienen que hacer cambios importantes, tanto en la forma como en el fondo, para que estos debates contribuyan a evitar el abstencionismo y permitan, a las grandes cantidades de indecisos, tomar una resolución informada para ejercer su voto.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Eclipse 2024, en la Arquidiócesis de Durango

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Por María de Lourdes Rodríguez

Un acontecimiento extraordinario que nunca antes había presenciado. Meses antes del día de hoy, leí en redes sociales, cómo se estaban preparando en todo el Estado de Durango, personas de la Nasa, astrónomos y aficionados. Reservando lugares privilegiados para el día 8 de abril.

Todos los periodistas, comunicadores e influencers, centrados en este acontecimiento. Invirtiendo y gastando recursos para documentar el eclipse solar 2024.

Todos vimos cómo ofrecían lentes para ver el eclipse, lugares estratégicos para observarlo. E información de qué sí y qué no se puede hacer durante el eclipse. Algunos datos científicos, asertivos y otros charlatanes y/o fake-news, sensacionalistas.

Pero en este momento quiero centrarme en lo esencial. En el fenómeno sobrenatural. Una experiencia sobrecogedora, mágica. De fuerza irresistible. Así me imagino que es el amor de Dios, un amor como el de San Pablo, un amor como el de los mártires, que se vencen a sí mismos para dar la vida por Cristo.

Es una locura, observar como paulatinamente a medio día la luz solar escapa para dar paso a la oscuridad. Y después de unos breves instantes vuelve la luz a brillar.

Cómo no creer en Dios y en su espíritu creador, cómo no voltear a ver el universo y experimentarte parte de un todo. Es la locura del amor, es la locura de la vida. Observa o recuerda esos instantes de locura y emoción antes y durante el eclipse del 8 de abril.

Podrás creer o no, podrás sentir o no, pero es innegable la fuerza de la naturaleza, así como es innegable el amor de los que dan su vida por Cristo. Por ello, admiro, contemplo y estudio la vida de los mártires. ¿Qué ven ellos? ¿Qué viven ellos? ¿qué observan ellos para dar su vida por Cristo? ¿Cómo oran? ¿Cómo viven? ¿Cómo aman?
Tendrán instantes de oscuridad, su amor se eclipsará, pero finalmente en su alma brilla la luz eterna.

Por ello te invito a documentarte y estudiar la vida de los mártires: San Mateo Correa, San Luis Batis, San David Roldan, San Salvador Lara, San Manuel Morales… entre otros.

Trae al presente el instante del eclipse y déjate sorprender por la verdadera Luz de la Resurrección de Cristo y su fuerza arrolladora… que une el día y la noche en un instante.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Unidad: ¿Un imposible?

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Por Antonio Maza Pereda

A casi 60 días de una de las elecciones más reñidas desde la Revolución Mexicana, todos los bandos se declaran triunfadores. Bueno, casi todos. Excepto los que no quisieron formar alianzas. Quienes, posiblemente, esperan vender caro su apoyo a quien resulte ser la mayor minoría, para que tenga gobernabilidad.

Muy pronto conoceremos el fruto de la siembra sistemática de odio que hemos tenido en este sexenio o, posiblemente, desde mucho antes. Una siembra en la que todos los bandos participaron y siguen participando, con singular alegría. Todos, pensando que ese es el camino para el éxito electoral. Los que, al no tener argumentos convincentes a su favor, recurren al insulto. Los que dicen a sus contrincantes conservadores y fachos o chairos y morenacos. Quienes creen el dogma de que: si demuestro que mi contrincante está mal, quiere decir que yo estoy bien. Todos, o casi todos, apostando contra la unidad de los mexicanos.

Pero ¿realmente es posible la unidad en un país? ¿O, en una familia? ¿En una organización religiosa o política? ¿O cualquier otro tipo de organización? Parecería que no, y que buscar la unidad es una lucha inútil. Y, por lo mismo, innecesaria. Si estamos convencidos de que la división está dando un lucro electoral, entonces ese es el camino a seguir. Por lo tanto, entre más insultemos al contrincante, tanto mejor. Entre más fuerte sea el insulto, más poderoso su efecto y nuestra ganancia política. Además, como el electorado parece contento con esa polarización y se une al coro de insultos, ¿por qué cambiar? ¿Qué podría salir mal?

Posiblemente, estamos confundiendo dos conceptos muy parecidos: Unidad y Unanimidad. Dos visiones diferentes. La unanimidad es tener, etimológicamente, una sola alma. Un solo pensamiento. El mismo ánimo. Sin disidencia. Nadie difiere. Todos, absolutamente todos, de acuerdo. Siempre. En todos los temas. Algo, claramente, imposible. Solo por el hecho de que tenemos libre albedrío. No somos una colonia de bacterias, una manada de ovejas, una parvada de pajarillos. Somos algo más. Somos seres humanos.

Y para lograr esa unanimidad, la receta de muchos es declarar a quien difiere como un no-humano. Quien no piensa como la mayoría, no es mexicano. O, por lo menos, no es un buen mexicano. En el extremo, es un gusano, como decía Fidel Castro de sus opositores. O eran de una raza inferior, como decía Hitler: personas que parecían humanos, pero no lo eran.

Vista de esa manera, la unanimidad tiene un fuerte tufo de tiranía. Huele a dictadura. A dictadura perfecta, como se dijo de los regímenes emanados de la Revolución Mexicana. Y a esa unanimidad hay que darle apariencia de realidad. Que parezca que hay democracia. Por ejemplo, con las votaciones a mano alzada, tan típicas de los ejidos y en algunos sindicatos. Donde el voto no es libre ni secreto. Donde quien no está de acuerdo, se pone en peligro. La aparente democracia de las asambleas, tan en boga por los líderes universitarios del pasado y que ahora nos gobiernan. Las decisiones tomadas en los mítines políticos, sujetos a la manipulación del mejor demagogo, decisiones tomadas por medio de las emociones del momento. Donde muchos no se atreven a diferir, porque no hay la salvaguardia del voto libre y secreto.

No, la unanimidad no es posible. Siempre habrá quien difiera. Y es normal. Más aún, es necesario, es útil. Nos obliga a pensar, a mejorar nuestras decisiones. A cuestionar y mejorar nuestros argumentos. Porque somos humanos, autónomos, con libre albedrío. La unidad, en cambio, si es posible. No busca la unanimidad. Acepta que existen diferencias, pero las asimila y crea mecanismos para poder llegar a acuerdos cuando no bastan los debates, las discusiones o las argumentaciones. Es estar de acuerdo con el modo de administrar las diferencias de opinión. Como es el intento, siempre mejorable, de la práctica democrática. Sobre todo, el mecanismo del voto libre y secreto. Pero también el concepto de los balances y contrapesos, hoy tan atacado en la práctica.

Eso sí es posible. Tener unidad en lo fundamental y aceptar que diferiremos en lo accesorio. Y aceptar que habrá minorías que serán incluidas en el diseño de leyes y reglamentos. Y, al mismo tiempo, aceptar que habrá que cumplir esas leyes, hacerlo porque creemos que el modo como se crearon tomó en cuenta, y se debatieron, todas las opciones. Nada fácil, pero necesario.

De fondo, podemos y debemos buscar una cierta medida de unidad, sabiendo que no tendremos unanimidad absoluta. Buscar lo mejor para nuestra nación. Porque nos queremos. Porque actuamos de buena fe y creemos que los demás, al menos la mayoría, actúan de buena fe. ¿Difícil? Claro. Décadas de sembrar el odio, dan resultados: desconfianza, división, polarización. Una gran dificultad para llegar a acuerdos. Dudar permanentemente de nuestros conciudadanos. Dudar hasta de su humanidad, y actuar en consecuencia. Tener una gran dificultad para dar marcha atrás, reconocer nuestros errores y estar dispuestos a corregirlos. Repito: algo muy difícil. Pero, si no queremos que la nación se nos desmorone entre las manos, esa es la tarea que nos queda. A todos los partidos, así como a los sin partido, los sin poder y al ciudadano de a pie.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Zacatecas: resplandor de México

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Por María de Lourdes Rodríguez

Casi 100 años han transcurrido desde la revolución Cristera, donde miles de nuestros hermanos combatieron por nuestra fe.

Al grito de ¡viva Cristo Rey! ¡viva la Virgen de Guadalupe!, fueron perseguidos.

De los primeros en dar su vida por Cristo y por su Iglesia fueron orgullosamente : San David Roldán (patrono de los jóvenes), San Salvador Lara (patrono de los charros), San Manuel Morales (patrono de las familias) y San Luis Batis. Todos ellos en Chalchihuites, Zac. (Santos Lugares), dieron su vida defendiendo la fe, el amor a la familia y a los valores cristianos.

San Juan Pablo II los beatificó en noviembre de 1992 y los canonizó el 21 de mayo del año 2000, siendo en total 25 Mártires mexicanos llevados a los altares, de esa guerra fratricida innecesaria.

Por este motivo en Chalchihuites, Zacatecas iniciamos la construcción de un Santuario en su nombre, sumándose también la memoria de otro Santo mártir de la Guerra Cristera, San Mateo Correa (Tepechitlán, Zac.) un sacerdote, humano, cercano y gran evangelizador de Cristo Rey; mártir del secreto de confesión, fusilado en la ciudad de Durango el 6 de febrero de 1927, y como les informamos en nuestra catedral zacatecana se veneran sus restos.

Zacatecas tierra de Mártires. tierra de paz y de valores muy mexicanos, como el respeto, el amor a la familia, a la dignidad humana y a nuestros hijos, etc.

Sabemos que como dice la marcha de Zacatecas: marchemos ya con valor, con fino ardor, con gran valor, hasta vencer, hasta vencer o hasta morir… Así vivieron nuestros Mártires, con gran valor, hasta morir en la raya; dieron su vida por Cristo, con gran honor, con libertad, por nuestra patria y por nuestros hermanos.

Por ello se merecen y nos merecemos este Santuario, por ello nos urge ser parte de esta historia y compartir la vida ejemplar de estas grandes personas.

Es un Santuario en los límites de nuestro Estado con el Estado de Durango. Construir un Santuario, no son sólo erigir paredes, sino cambiar mentalidades y venerar con honor a quien honor merece. Recordando también que detrás de todo mártir está Dios y él es quien nos guía para encontrar la Paz y el auténtico Amor.

Zacatecas, conoce tu historia y revive tu fe y tus valores al grito de ¡Viva Cristo Rey! ¡Viva la Virgen de Guadalupe!

Zacatecas, resplandor de México… se han escrito muchas letras de sangre, si Usted tiene información o alguna orientación, comuníquese al correo martiresduranguensessantuario@gmail.com o al WhatsApp 618 839 5000

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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