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Columna Invitada

Muerte digna sin dolor

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Por Ivette Laviada

Es lastimoso tener que reconocer que vivimos en una sociedad en decadencia y esto se intensifica cuando vemos legisladores más preocupados por el exterminio de la población que por velar por el ejercicio verdadero de los derechos humanos y el goce de los mismos.

Al parecer no les preocupa mucho cómo garantizar la salud de los mexicanos, cómo hacer para que vivan y puedan disfrutar de los privilegios que una vida sana conlleva, entendemos que es caro, pero las cosas que valen la pena cuestan y para ello no tenemos presupuesto suficiente; pero, ¿Qué tal para ayudar a facilitar la muerte de nuestros compatriotas? En Morena, una y otra vez han insistido en tratar de llamar derecho a terminar con la vida inocente del bebé concebido, el aborto es y sigue siendo un delito en el país. Ahora van por la eutanasia, y a las pretensiones de los morenistas se han sumado unos pocos de otros partidos.

La iniciativa de “muerte digna sin dolor” es completamente contraria a los derechos humanos; en México la eutanasia y el suicidio asistido están expresamente prohibidos en el Art. 166 de la Ley General de Salud y en el Art. 312 del Código Penal Federal (CPF).

El disfraz que le quieren poner a la eutanasia activa, considerándola como un acto de piedad a solicitud del enfermo para evitarle sufrimiento ante una enfermedad terminal, tiene muchas aristas que hay que considerar.

No es lo mismo regular la voluntad anticipada, cómo ya se hace en varios estados -Yucatán tiene una de las mejores en este ámbito- en la cual un enfermo terminal puede en el ejercicio de su libertad disponer qué medios, terapias o procedimientos quiere o no recibir durante el proceso de su enfermedad a solicitar que el personal médico o incluso un familiar le procure la muerte para “aligerar su dolor”, ya que como lo establece el CPF comete homicidio quien le procure la muerte a otro.

En esta iniciativa se invoca como máxima el libre desarrollo de la personalidad y la dignidad de la persona, pero sesgan lo que entienden por uno y otra, tratando de justificar que es algo bueno que alguien quiera morir para dejar de sufrir, y no se trata de contravenir la libertad de una persona con derecho a elegir qué quiere para su vida, aquí lo que está en juego es que se requiera de un agente externo con permiso para matar y que esto sea legal.

Invocan también el que otros países considerados avanzados ya cuentan con estas leyes, por cierto tan sólo son 7 en Europa y 1 en América, y para nadie es desconocido el invierno demográfico que vive ese continente, y con estas leyes favorecen su extinción, eso sí, tendrán un ahorro considerable ya que mantener enfermedades catastróficas, terminales, etc. le cuestan mucho al estado.

Favorecer la eutanasia nos haría una sociedad utilitarista, condenan a médicos en hospitales públicos a no ser objetores de conciencia si quieren mantener el empleo, se habla de un pequeño comité para aprobar el ejercicio de la eutanasia para un paciente y para nada del decreto de diciembre de 2011 que obliga a los hospitales a contar con Comités Hospitalarios de Bioética, que prestan un invaluable servicio como instancia de análisis, discusión y apoyo en la toma de decisiones respecto a los dilemas éticos que surgen en la práctiva clínica y la atención médica.

A los legisladores les pedimos que mejor se ocupen en cómo garantizar la salud tan cacareada “como en Dinamarca”, que dicho sea de paso allí la eutanasia no es permitida.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx



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¿La oposición que hay?

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Por Antonio Maza Pereda

Se dice que los pueblos tienen los gobiernos que merecen. Lo cual no deja de ser un poco injusto: si eso fuera cierto, tendríamos que concluir que la culpa de que un país tenga un mal gobierno es de su población. La realidad nos dice que no siempre es así. Y, por otro lado, también podríamos decir que el electorado tiene la oposición que se merece. Cuando en algún país la oposición no cumple las expectativas de los ciudadanos, podríamos estar concluyendo que la culpa la tienen los propios electores. O conformarnos con una oposición que no nos satisface diciendo: “Es la oposición que hay”. ¡Como si la Sociedad no tuviera derecho a algo mejor!

En nuestro caso, a punto de iniciar la campaña formal de elecciones en este año, podríamos cuestionarnos si verdaderamente tenemos la oposición que se requiere. Tenemos una alianza partidista que no está levantando gran entusiasmo entre los votantes indecisos. Entre el núcleo duro de los distintos partidos, tampoco se ve que estén muy alegres. Se puede echar la culpa a la falta de formación cívica de la población, a la pasividad del electorado. Pero es un hecho que la oposición no está dando motivos para entusiasmar a la población.

Los apasionados de la 4T lo explican con una frase de Benito Juárez que decía que la reacción estaba moralmente derrotada. Lo cual parece como un eslogan para animar a la grey Morenista. Pero hay algo raro en el modo como la oposición está tratando de convencer al votante. En la mayoría de los casos, atacan a las personas que están en el gobierno, pero no atacan el fondo de lo que están ofreciendo al electorado.

Veamos, por ejemplo, el ataque a la nueva refinería de Dos Bocas. Acusan a la señora Rocío Nahle de ser inepta. Al agrónomo que dirige a Pemex, por la misma razón. Las objeciones son muchas: que se escogió mal el sitio, que ha habido sobreprecios, que ocurrió corrupción y una larga lista de fallas. Sin embargo, no se cuestiona el fondo del asunto. Realmente, ¿se justifica una nueva refinería? ¿Es mejor crearla o modernizar las refinerías existentes? ¿Contribuirá a mejorar nuestra economía? A un plazo medio o largo, ¿conviene seguir produciendo gasolina, cuando se espera un gran desarrollo de los vehículos eléctricos? Yendo aún más a fondo: ¿no nos convendrá más seguir importando gasolina? ¿Debemos seguir teniendo un monopolio estatal o nos convendría más tener varias compañías estatales, a cargo de diferentes zonas del país y compitiendo las unas con las otras, con lo cual se verían obligadas a ser más eficientes? O, en el extremo, ¿no deberíamos de tener compañías públicas y privadas en este sector?

Esa es una discusión que podríamos tener y que nos permitiría aclarar si la oposición realmente tiene otra propuesta. Actualmente, su único ofrecimiento es que se quiten los de la 4T para que entren otros. Se cuestionan a las personas, no los orígenes de los problemas que tenemos, ni los supuestos para las soluciones que se han dado.

Por supuesto, no es fácil. Los adeptos a la oposición nos dicen que aún no es el momento para hacer propuestas. Tenemos poco más de dos semanas para que empecemos a escuchar ideas que entusiasmen a la ciudadanía. Pero, en este momento, solo estamos recibiendo una narrativa centrada en las fallas de los miembros de la 4T, pero dejando la impresión de que no se ofrece nada diferente más allá de cambiar a las personas a cargo de los distintos temas. El gobierno y su candidata no ofrecen nada radicalmente diferente. Su narrativa consiste en señalar los errores de las pasadas administraciones, y negar sus propias fallas, presentándolas como ataques infundados de aquellos que se sienten lastimados en sus privilegios. No les entra en sus cabezas que pudiera haber críticas de buena fe; cualquiera que les ve errores es, por definición, un malvado. Los casos de ineptitud se seguirán resolviendo conforme ganen experiencia sus actuales cuadros, nos dicen.

La oposición anuncia: “aún hay tiempo. Si decimos desde antes lo que pensamos hacer, nos van a copiar nuestras buenas ideas”, dicen. “Como copiaron la visita al Papa de la candidata a presidenta por la oposición”, añaden. Ambos bandos nos están pidiendo actos de fe, nos piden que confiemos en su buena voluntad. Nosotros, los ciudadanos de a pie, necesitamos más. Aunque no pidamos más detalle, pero que al menos nos den los conceptos básicos que harán diferentes a ambos bandos.

Cosas como el papel del gobierno en temas como la economía, el papel de los contrapesos que permitan a la Sociedad tener un control sobre el ejecutivo, el modo como este rendirá cuentas de manera efectiva al pueblo a través de sus representantes y sometiendo a juicio la legalidad de sus actos, a través del Poder Judicial. Sin estos aspectos básicos, podríamos llegar a tener un remedo de democracia, una simulación que permitiría dar la impresión de que tenemos democracia, como lo logró la dictadura perfecta, en muchos ámbitos internacionales. Estaríamos buscando que no nos puedan criticar. Tanto la oposición como el Movimiento en el poder tienen que buscar cuáles son las propuestas que podían entusiasmar al electorado. Con toda probabilidad, no necesitamos que esas promesas sean muchas. Necesitamos que estén bien fundadas, que sean pocas, pero que se cumplan.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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¿Hay que temer a la Inteligencia Artificial?

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Por Antonio Maza Pereda

Una discusión importante en este año 2024, a nivel mundial, con mucha probabilidad, será sobre la Inteligencia Artificial. Ya ha sido propuesta por el Papa Francisco como el tema de reflexión para la Jornada Mundial de las Comunicaciones Sociales. Sin duda, también habrá otros muchos que sigan este camino. En las discusiones del Foro Económico de Davos, a principios de este año, la mayor parte de los líderes estuvieron de acuerdo en que la Inteligencia Artificial es una gran oportunidad para el desarrollo económico… Siempre y cuando pueda ser utilizada de una manera responsable. Ellos hablaron de la necesidad de crear salvaguardas, para evitar que su uso dañe a algunos sectores de la población mundial.

Comentaba en estas páginas que algunas de las grandes firmas de consultoría mundiales consideran que, en los próximos años, la Inteligencia Artificial agregará valor a la economía mundial de una manera impresionante. No falta quien habla de que cada año se generará un valor económico como el que genera Estados Unidos en dos años. Lo cual es algo realmente enorme; difícilmente se puede hablar de alguna tecnología que haya producido tanto valor tan rápidamente.

Esto, sin embargo, tendría que balancearse, viendo cuál sería el efecto de la Inteligencia Artificial en el empleado y su remuneración. Esas mismas compañías de consultoría estiman que, cuando la Inteligencia Artificial esté plenamente aplicada, los trabajadores dedicados a labores repetitivas, y que no tienen que ver con tecnologías informáticas, dejarán de ser indispensables. Y calculan que, en algunos años, los ingresos de este tipo de personal habrán disminuido en un 30 %. Los entusiastas de la Inteligencia Artificial hacen las suposiciones de que ese personal podrá ocuparse en otros tipos de trabajo, que por definición serían aquellos que requieren de capacidades de manejo de las tecnologías informáticas en tareas que no sean repetitivas.

Guardando las distancias, eso fue lo que ocurrió durante la Revolución Industrial. Los artesanos, en términos generales, fueron sustituidos por maquinaria que generaba productos bastante aceptables, pero tal vez no tan buenos como los que generaban los artesanos. En cambio, los obreros no requerían capacitación, porque el trabajador se volvía alguien que no requería de habilidades especiales y se ocupaba en actividades repetitivas, como la de alimentar a las máquinas con la materia prima que requerían. Y ese personal no necesitaba de un intenso entrenamiento, por lo que era fácil de sustituir y, en consecuencia, recibía una remuneración mucho menor. Es en esa época en la que se crea el proletariado y se empieza a hablar de la explotación del obrero por el capital.

Tuvieron que pasar decenas de años para que, en los países desarrollados, se recuperara el salario de los obreros, en buena parte gracias a la especialización de los mismos. Y todavía quedan grandes cantidades de personal muy mal pagado en los países con escaso desarrollo. Un tema tan importante que dio lugar a documentos papales como la encíclica Rerum Novarum, que se ocupó entonces de un asunto que anteriormente no significaba un problema agudo.

La cuestión de la Inteligencia Artificial ya ha sido tratada anteriormente, aunque de una manera sensacionalista. Como en la película “2001, Odisea del Espacio”, donde una computadora inteligente trata de acabar con un ser humano y solo en el último momento este se salva. O más recientemente, las películas con los argumentos del “Terminator”, donde las máquinas inteligentes se escapan del control y amenazan a la humanidad.

Probablemente, estamos muy lejos de llegar a una amenaza tan exagerada. Pero ya están ocurriendo algunos conflictos que preocupan. El año pasado, entre las huelgas que hubo en la industria cinematográfica, un tema relacionado directamente con la Inteligencia Artificial fue la huelga de los así llamados “extras”, actores poco sofisticados cuyo papel es completar escenas donde aparecen cantidades importantes de personas. Usando la Inteligencia Artificial, empezó a ocurrir que se captaban las imágenes de esos extras, se les hacía alguna ligera modificación a sus imágenes y se aprovechaba en otras películas haciendo el papel de los “extras” originales, a los cuales ya no había que pagarles. Y esto provocó una parálisis en esa industria de la cual todavía no se terminan de reponer.

Los entusiastas de la Inteligencia Artificial dicen que esos trabajadores desplazados podrán encontrar trabajo en las nuevas tareas que genere la Inteligencia Artificial. Pero aquí hay la situación de que esos actores, poco especializados y que solo saben hacer trabajos repetitivos, no podrán adquirir rápidamente las destrezas necesarias para convertirse en un trabajador que haga labores no repetitivas y que estén relacionadas con el manejo de la informática. No queda claro cómo se sostendrán las familias de esos trabajadores durante el período que necesiten para adquirir las habilidades necesarias para volver a ser empleables.

Probablemente, la Inteligencia Artificial tiene mucho sentido en los países que, por un lado, tienen una natalidad muy baja y un invierno demográfico, donde una parte importante de la población está jubilada y deberá ser sostenida por un número cada vez menor de trabajadores en edad laboral. En los países en desarrollo, en los países pobres, no solamente no hay esos problemas, sino que, además, no existen los recursos necesarios para tener el reentrenamiento masivo del personal que la Inteligencia Artificial desempleará, y el impacto puede ser severo.

¿Qué podemos esperar? Es pronto para pronosticar. Pero no cabe duda de que, si los líderes empresariales están hablando de la necesidad de controlar y hacer un uso responsable de la Inteligencia Artificial y, por otro lado, el pontífice de la religión más extendida del mundo dice algo parecido, cada uno desde su particular punto de vista, es que están viendo la necesidad de estudiar el asunto más a fondo. Y procurar que la Inteligencia Artificial también tenga corazón, como dice el Papa Francisco. Hay que revisar esta cuestión intensamente. Ciertamente, es el corazón quien tiene la capacidad de entender que no se trata nada más de generar mayor competitividad, a base de tecnologías que contribuyan a dar salarios cada vez más escasos a la gente que no tiene posibilidades de una educación avanzada.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Inteligencia artificial: ¿qué significa?

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Por Antonio Maza Pereda

La inteligencia artificial se ha vuelto el tema de moda, no únicamente en términos empresariales, económicos y tecnológicos, sino también en aspectos sociales. Podría verse la inteligencia artificial como una reacción ante lo que muchos llaman la era de la confusión, causada porque la creación de información se ha acelerado de tal manera que mucha no llega a ser aplicada y ni siquiera es reconocida como útil, ya que su absorción y utilización no sigue el ritmo de la innovación.

Claramente, estamos hablando de un gran negocio, con un fuerte impacto: el McKinsey Global Institute calcula que para el año 2030 la inteligencia artificial agregará a la economía mundial 13 billones (millones de millones) de dólares. Para ponerlo en perspectiva, eso equivale a que cada 2 años se agregue a la economía mundial el equivalente a un país como Estados Unidos. O el equivalente de 10 economías como la de México cada año. Un asunto enorme.

Tan importante que hasta el Papa Francisco hecho una profunda reflexión sobre el tema. En su mensaje anual para la Jornada de las Comunicaciones Sociales, habla de las luces y sombras de este desarrollo, reconociendo que pueden esperarse grandes beneficios, pero también el riesgo de llegar a una sociedad rica en tecnología y pobre en humanidad. Para lo cual, el Papa afirma que es necesario recuperar la sabiduría del corazón, que de alguna manera se pone en riesgo.

Claro, habría que empezar por aclarar de qué tipo de inteligencia estamos hablando. Y es que, de acuerdo con algunos especialistas, existen varios tipos de inteligencia: lógico-matemática, lingüística, espacial, musical, kinestésico-corporal, intrapersonal, interpersonal y naturalista. De las cuales, al parecer, la llamada inteligencia artificial es mayormente de tipo lógico-matemático. Tampoco se habla mucho de que la inteligencia artificial se aplique a los conceptos de inteligencia emocional.

El tema de crear una inteligencia basada en computación no es algo nuevo: ya IBM en el año 2006 generó una computadora llamada Watson que es capaz de jugar al ajedrez y que en algún momento derrotó a algunos de los maestros mundiales en este deporte-ciencia. Pero claramente tenía una aplicación sumamente limitada. Más recientemente se le han encontrado algunos usos en temas como la abogacía y la medicina. En general, se le conoció como un sistema de toma de decisiones apoyado en computadora. También existe desde 1970 el concepto de inteligencia de negocios (business intelligence), muy publicitado. Pero que tiene una falla fundamental: supone que, para tener una toma de decisiones correcta, solamente basta tener capturada y sistematizada la información interna de la empresa, sin considerar información de los competidores, los proveedores y la tecnología. Con lo cual no se logra lo que se prometía.

Habría también que estar de acuerdo en qué entendemos por inteligencia. Para algunos estudiosos, podemos hablar de diferentes modos de agregarle valor a la información. Partimos de datos, muchos en cantidad, pero de poco valor. Cuando se les agrega un sistema, podemos recuperarlos a voluntad y se les llama información. Una vez validados y analizados, se les llama conocimiento. Con proyección de su impacto y sus tendencias, se les llama inteligencia. Todavía hay otro nivel: el de la sabiduría, que pocos realmente alcanzan. Hay pocos sistemas de computo que llegan a un nivel realmente inteligente. Y, por supuesto, es muy posible que tengamos información antigua, poco conocida y que no se ha considerado digna de ser digitalizada. Y también se dan retrasos: en algunas aplicaciones populares de Inteligencia artificial, hay preguntas que te responden diciendo: “Solo tenemos datos hasta el 2021”.

Hay otro tema: nos hablan de algoritmos que analizan la información, la agrupan de manera lógica, ven las frecuencias, las correlaciones y generan conclusiones. Pero nadie nos habla de algoritmos que tengan la capacidad de tener curiosidad. Y la ciencia avanza precisamente saliendo de lo conocido, encontrando campos donde las correlaciones no explican los fenómenos, encontrando discontinuidades en el razonamiento y en los datos.

Posiblemente, el gran riesgo de la inteligencia artificial es que lleve a un crecimiento del conocimiento, pero al mismo tiempo de una homogeneización del mismo, donde solo se opine sobre los aspectos en donde hay una gran cantidad de datos. Con lo cual, después de ese crecimiento del conocimiento, vendría un estancamiento. Claramente, hay muchos más impactos y vale la pena analizarlos con más detalle. Por lo cual habrá que tratarlo en otra ocasión.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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Líneas de la batalla

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Por Antonio Maza Pereda

En estas semanas previas al inicio formal de la campaña presidencial, los equipos de las competidoras están dedicados a preparar las líneas para la batalla que se avecina. Podría decirse que las precampañas fueron una prueba piloto para probar diferentes conceptos y ver cuáles son los más exitosos. En el caso de una competencia electoral, en primer lugar, hay que ganarse a los indecisos, los que aún no han tomado una opción en firme. De ahí seguiría convencer a quienes votaron por nuestro partido, pero que no forman parte de nuestro núcleo duro. Y el último, el más difícil: lograr que miembros del núcleo duro del contrincante se pasen a nuestro bando.

Este modo de actuar, por supuesto, requiere mucho más de preparación y entender cuáles son las razones de los indecisos, que podrían conducirlos a votar. Los miles o posiblemente centenares de miles de votantes haciendo cola para obtener su credencial de elector, nos está diciendo algo: los vacilantes ya han tomado la primera decisión: la de participar. ¿Qué llevó a esos ciudadanos a dar el primer paso: el de tener la capacidad y el derecho al voto? Hasta este momento, no tenemos total claridad.

La oposición está ofreciendo más de lo mismo, de dos maneras: los ofrecimientos que hicieron cuando estuvieron en el poder y repetir una parte del programa de la 4T, tratando de convencer al votante de que las fallas fueron por ineptitud. Pero si se les confía el gobierno a personas más honestas y capaces, esos apoyos serán eficaces. Claramente, estamos viendo una ausencia de ofertas novedosas que puedan entusiasmar al votante. Se está apostando al hartazgo de la sociedad. De ser así, nos encontraríamos con una campaña para desprestigiar a la 4T. Algo que ya lleva cinco años y que no parece suficiente.

Los modos para desprestigiar seguirían siendo los mismos: encontrar nuevos ejemplos de corrupción, medir la ineficiencia y convencer al votante de que el País está en riesgo, de qué se juega la existencia de la democracia y que se avecina una crisis económica sin precedentes. A la oposición le urge recuperar la iniciativa mediante nuevos argumentos. Volver a ganar prestigio, aceptando las fallas del pasado y demostrando que se tienen ideas claras y nuevas. Por otro lado, esto significa deshacerse del lastre de desprestigio que tienen los partidos que forman la alianza opositora. No es fácil de convencer a los indecisos de que se tiene algo realmente nuevo. Una estrategia de auto ataque requiere de poder mostrar nuevas caras.

La 4T está apostando al prestigio del señor presidente. Hasta el momento su campaña se ha centrado en la continuidad, en magnificar los logros, tratar de explicar las fallas y los retrasos en los resultados que se han prometido, culpando a la oposición: encontrar excusas para las fallas mediante el ataque a los conservadores.

Los temas que importan a los ciudadanos y en particular a los que no forman parte del núcleo duro, los indecisos y quiénes en otro momento votaron por el gobierno actual, pero están decepcionados, son bastante claros. La seguridad, el nivel de vida, y la posibilidad de progreso, porque nadie quiere ser pobre, por más que nos traten de convencer de que con dos zapatos y un par de pantalones se puede tener una vida más feliz, que siendo un miembro de la clase media. Un número importante de electores a los que hay que ganarse son quienes llamaríamos los nuevos pobres, aquellos que, por la pandemia o por los cambios en el Gobierno, dejaron de pertenecer a la clase media. Ciertamente, los apoyos del Gobierno han reducido en parte la pobreza, pero, en términos absolutos, aumentó la pobreza extrema, según los datos del CONEVAL. También es cierto que la disminución de esta no ha sido homogénea: Chiapas y Oaxaca siguen teniendo índices muy altos de pobreza, y todavía no se mide el impacto de los desastres naturales en Guerrero.

Las remesas, un paliativo importante para la pobreza, ahora le rinden menos a quienes las reciben debido a la apreciación del peso. Si antes al recibir 100 USD se tenían 2000 pesos, ahora por esa misma cantidad reciben 1690. Y aunque todavía no tenemos una inflación catastrófica, esa remesa rinde bastante menos que lo que significaba antes de la depreciación del peso.

Tradicionalmente, los pobres en México, a diferencia de lo que ocurre en otros países, tienen esperanza. Muchos de ellos aspiran a que sus hijos tengan estudios y salgan de la pobreza, mientras en otros países la desesperanza les hace que ya no luchen por una situación mejor. En nuestra sociedad, posiblemente, quienes ya no tienen esperanza son los ancianos, quienes ya solamente esperan alguna medida de mejora basada en los apoyos asistenciales.

Y, naturalmente, el tema de salud y la falta de medicamentos son algo a considerar. La famosa mega farmacia no ha mejorado las cosas todavía, en buena parte, porque se ha hecho el supuesto de que el problema de falta de medicamentos es un problema de distribución. Uno que las poderosas farmacéuticas, se dice, no han podido resolver. Los resultados han sido verdaderamente decepcionantes. Se han surtido 67 recetas en cuatro semanas, que es más o menos lo que una pequeña botica puede surtir en un día. Y habría que conocer cuál ha sido el costo de distribución por receta surtida.

Hacen falta propuestas novedosas y diferentes de ambos bandos sobre cómo atraer inversión que genere nuevos empleos, cómo mejorar la seguridad más allá de la presencia de las fuerzas armadas y, sobre todo, cómo reducir la impunidad, qué probablemente lastima más a la Sociedad que la misma inseguridad. Para lo cual, hace falta invertir fuertemente en capacitación y equipamiento del personal técnico de las fiscalías en todos los niveles.

En fin, que la Sociedad está esperando propuestas muy concretas que no estén basadas en la imagen de las contrincantes o en el prestigio de sus partidos y mandatarios en los sexenios anteriores. Las candidatas están frente a una Sociedad decepcionada de la política y de los políticos, un electorado que ya no cree en nadie y que, en muchos casos, emitieron un voto de castigo a las dos grandes corrientes de la clase política. El gran tema es cómo recuperar la confianza y el entusiasmo del electorado.

La opinión emitida en este artículo es responsabilidad del autor y no necesariamente refleja la postura de Siete24.mx

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