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Análisis y Opinión

¿Debemos pagar impuestos para financiar ocurrencias ?

César Ruiz

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En la columna anterior, escribíamos sobre la obligación que tenemos todos de pagar contribuciones. Éstas son necesarias para financiar el gasto público. Pero ¿cómo debe ejercerse éste?

El destino del gasto público no depende de las ocurrencias del gobernante en turno. Afortunadamente, los artículos 25 y 26 constitucionales establecen una serie de principios, parámetros y objetivos que se deben seguir.

Entre otras cosas, señalan que el gobierno debe fomentar el crecimiento económico, proteger el empleo, velar por la justa distribución de la riqueza y el ingreso para promover la dignidad y el ejercicio de la libertad de los gobernados. Además, el Plan Nacional de Desarrollo, al que se deben sujetar los programas de la administración pública, debe recoger las aspiraciones y demandas de la sociedad.

¿Qué pasa si un gobierno falla en detectar esas aspiraciones y demandas? ¿Qué pasa si un gobernante deliberadamente decide desatender el sector salud y usa el dinero de los contribuyentes para construir una Torre de Babel?

Ingenuamente podríamos creer que el Juicio de Amparo nos protege ante estas acciones. No obstante, la Suprema Corte señaló que el artículo 25 constitucional no establece garantías individuales (derechos humanos). Además, reiteradamente ha sostenido la imposibilidad de impugnar la indebida integración del gasto público.

Con ello, pareciera ser que estamos indefensos ante el abuso y el inepto uso de nuestros recursos económicos. Pareciera que la Corte ha reducido al artículo 25 constitucional a una carta de buenos deseos, a una norma sin vida.

Al respecto, la propia Corte ha indicado que sí existe un mecanismo de control sobre el ejercicio del gasto público: el control democrático. La ineficacia o insolencia de una mala administración pública se castiga mediante el voto popular en la próxima elección.

Pero esta medida es insuficiente. No atiende el problema de fondo ni incentiva a corregir ni redireccionar el presupuesto adecuadamente. Es necesario encontrar otras alternativas a esta problemática. Y ésta puede estar en un control político. Veamos.

Una lectura sistemática de los artículos 25 y 31 fracción IV de la Constitución, nos lleva a concluir que la obligación de contribuir es legítima cuando el gobierno destina la recaudación a la satisfacción de los intereses de la sociedad.

Por el contrario, si los Poderes Ejecutivo y Legislativo no establecen un presupuesto orientado a satisfacer las necesidades, aspiraciones y demandas de la sociedad que los eligió; su legitimidad para recaudar se ve severamente trastocada. Nuestra obligación a contribuir se torna endeble.

Entonces, ¡no tenemos que esperarnos al castigo electoral! Unidos como sociedad, podemos construir una poderosa herramienta para exigir la rendición de cuentas sobre la forma cómo se están usando nuestras contribuciones. Y esa es, negándonos a pagarlas.

Cortando el suministro financiero, podemos presionar al gobierno, que está a nuestro servicio, para que cumpla con su deber de representación, para que atienda nuestras necesidades y no los caprichos de un gobernante.

La prioridad del gobierno debe ser, de acuerdo con el artículo 25 constitucional, el crecimiento económico, el empleo, la distribución adecuada de la riqueza, la salud, educación y seguridad.

Sólo cuando esas necesidades están cubiertas en un mínimo aceptable, el gobierno puede destinar recursos a áreas menos prioritarias.

Pero si un gobierno decide que es más importante invertir en vías de tren que en medicamentos, que es más importante construir refinerías que hospitales, que es más importante edificar un aeropuerto frente a un cerro que destinar recursos a la atención de una pandemia; entonces, los contribuyentes pueden empezar a plantearse seriamente si están legítimamente obligados a pagar impuestos.

Quizás la estrepitosa caída en la recaudación sea la única forma para despertar a un gobierno cuando éste ha decidido abandonar a su suerte a la sociedad que lo eligió. Quizás sea la única posibilidad de dar vida al artículo 25 constitucional.

EN EL ÁGORA: La semana pasada, un Tribunal Federal con sede en Cancún ordenó detener la reducción del 75% de presupuesto a la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas, con la finalidad de salvaguardar el derecho al Medio Ambiente del quejoso. Ojalá está decisión sea acatada por el Ejecutivo Federal. Ello abona al equilibrio de poderes y al fortalecimiento de nuestra democracia.



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Análisis y Opinión

Elecciones, pseudo religión y radicalización

Felipe Monroy

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El peligro de la radicalización política por vía de ciertos grupos o líderes pseudo religiosos se acrecienta en medio de una larga crisis social, sistémica y cultural. Prácticamente en todos los rincones del mundo emergen personalidades y grupos disruptivos de ambiguos valores humanos y ambivalentes principios espirituales que, desde el empíreo de sus certezas, dinamitan tanto a las instituciones democráticas como a las propias organizaciones religiosas a las que dicen pertenecer o a las que aseguran querer salvar.

Donald Trump, por ejemplo, es el epítome de este complejo fenómeno en el que también reconocemos a otros líderes como Recep Erdogán (Turquía), Jair Bolsonaro (Brasil), Jeanine Áñez (Bolivia) o al propio López Obrador. Aunque no sólo a ellos, sus más férreos malquerientes también se encuentran en el mismo espectro de radicalización pseudo religiosa de intenciones pragmáticas y electorales.

El pasado 4 de agosto, mientras daba una entrevista a la cadena de televisión católica EWTN, el presidente Trump -en plena campaña de reelección- cerró su intervención con el siguiente comentario: “Creo que cualquiera que tenga que ver francamente con la religión, especialmente con la Iglesia católica, debería estar con el presidente Trump. Cuando se trata de ser provida, cuando se trata de todas esas cosas. Porque esa gente va a quitarles todos sus derechos, incluida la Segunda Enmienda; porque, ya sabes, a los católicos les gusta su Segunda Enmienda, así que la rescaté. Si no hubiera estado yo aquí, ustedes no tendrían una Segunda Enmienda. Y si ser provida es para ustedes importante no van a estar en ese lado del tema. Les garantizo que, si la izquierda radical, porque van a hacerse cargo, lo empujarán como si no fuera nada”.

La intención del mensaje compensa la falta claridad. Trump básicamente asegura que, de ganar las elecciones, la izquierda radical empujaría temas como ‘quitarles el derecho a los norteamericanos de portar armas de fuego’ (la Segunda Enmienda); por ello, para el mandatario, los creyentes -especialmente los católicos- deberían apoyarlo porque son pro armas.

De inmediato y ya casi como costumbre, han sido las instituciones católicas formales las que han salido a rechazar la idea de que la cristiandad o la catolicidad busquen en sus principios la portación de armas. El problema, sin embargo, no es que los líderes formales católicos se desmarquen de las ideas de Trump sino que ciertas bases pseudo católicas radicalizadas ya no confían ni escuchan ni siguen a sus obispos o pastores, y son capaces de amenazar con un arma de fuego a decenas de manifestantes pacíficos desde el patio de su casa después de haber pasado 45 minutos en misa, como sucedió el 29 de junio durante una marcha de Black Lives Matter en Missouri.

Cuando las instituciones sociales y formales modernas comienzan a fallar, las raíces emocionales e irracionales toman un papel preponderante en la vida comunitaria, en especial el sustrato religioso que se encuentra en el fondo de la identidad, la psique y la realización del ciudadano promedio. Para estos grupos pseudo religiosos de intereses mundanamente políticos parece no importarles la carga racista de sus candidatos mientras gobiernen con la Biblia en mano, ni el desprecio por la vida de los migrantes si son activistas antiaborto, ni la falta de transparencia si se porta un ‘detente del Sagrado Corazón’, ni el lenguaje vindicativo y pendenciero si se externa desde lo que entienden como su ‘misión profética’.

Para estos nuevos grupos pseudo religiosos no importa que las representaciones icónicas más importantes del puente civilizatorio entre el cristianismo de oriente y occidente sean vergonzosamente cubiertas mientras ellos puedan tornar en mezquita un recinto que les trasciende; no les importa que las mujeres negras embarazadas corran dos veces más riesgo que las mujeres blancas embarazadas gracias al racismo estructural cuyo presidente apoya aunque se declare provida; no ven contradicción en un liderazgo cristiano que dice buscar la democracia dando la espalda a la asamblea popular mientras cede el poder a los militares; ni ven conflicto en que se utilice la figura de Jesús como un promotor de la portación de armas o al cristianismo como precursor del eslogan para la transformación de la vida pública de la nación.

En México debería importarnos este fenómeno porque se acerca un proceso electoral sumamente complejo. En primer lugar, debilitado por la vulnerabilidad de las instituciones de promoción y defensa democrática; y en segundo, porque las instituciones religiosas formales no conectan ni pueden atemperar a la grey radicalizada que utiliza cierto lenguaje religioso para promocionar sus peculiares y antievangélicas agendas políticas.

Es el caso de uno de los liderazgos más visibles del movimiento antilopezobradorista, Gilberto Lozano, quien ha dicho sin pudor al mandatario: “La fe va a hacer que lo quitemos a usted del puesto muy pronto”; al tiempo de mostrar ‘la cabeza’ de López Obrador en una bandeja mientras clama porque “ojalá aparezca el héroe nacional que se lo eche”.

Estos grupos pseudo religiosos reclaman democracia mediante golpes de estado, piden el respeto de la vida humana a toda costa aun si fuera necesario asesinar al presidente, convocan a cierta ciudadanía a unirse a su causa de libertad porque otra cierta ciudadanía es ignorante y lo ha demostrado eligiendo libremente a quien consideran un pésimo presidente.

Por desgracia, estos grupos no están solos; viejos liderazgos religiosos que ven con pavor la pérdida de la influencia política de sus homólogos contemporáneos también radicalizan sus palabras y pensamientos, confunden perversamente el comunismo con política pública social, alertan de demonios escondidos en los palacios y acusan de falsos profetas a efímeros funcionarios.

Estos grupos apuestan por un conflicto insensato en nombre de unos tergiversados principios morales y religiosos que sus propios pastores e instituciones religiosas no comparten. Y son a estos últimos a quienes más daño hacen estos radicales porque desoyen y desprecian las orientaciones y documentos formales que les piden mesura y prudencia. El escenario es incierto, pero para las instituciones religiosas formales es necesaria una definición: ¿Insistirán en atemperar y formar a estos grupos políticos pseudo religiosos o sucumbirán ante ellos y avalarán sus confusiones dogmáticas para obtener resultados políticos de su interés?

INTERESANTE El contexto vulnerable

*Director VCNoticias.com
@monroyfelipe

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Análisis y Opinión

Iniciando la vida como papá soltero

Javier Chávez de Icaza

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Cuando tomamos la decisión de separarnos de nuestra pareja, inicia un nuevo capítulo en la vida de los papás y las mamás y aunque como bien he mencionado en escritos anteriores, cada persona es diferente y por lo tanto cada separación de pareja, sin importar el motivo que orille al rompimiento, tienen características diferentes.

Lo ideal en todos los casos sería que sin importar las circunstancias que generen el rompimiento entre una pareja, la relación entre ambos sea cordial y de esta manera, los hijos no resientan la separación, sin embargo esto no es tan común como quisiéramos.

Por más que como padres, hagamos lo posible por mantener protegido el entorno de los hijos, las emociones, muchas veces nos ganan y hacemos de la separación un calvario tanto para los padres como para los hijos y generalmente esto no abona en la relación con los hijos.

Si a esto le sumamos, que un gran número de padres no genera vínculos individuales con sus hijos, la relación padre-hijo(a) posterior a la separación se ve muy afectada y sin posibilidades de mejorar, a menos que se cambie la forma de relacionarse no solos con sus hijos en su conjunto sino con cada uno de ellos en lo individual.

En mi caso particular, mis hijos se quedaron conmigo después de la separación y aunque a primera instancia suena muy atractivo como padre, el poder convivir con mis hijos todos los días, si generó una serie de “presiones” sociales para todos los de la familia, papá, mamá e hijos.

Porque lo más común es que los hijos se queden con la mamá, de hecho, incluso la ley está diseñada para que esto pase y cuando la realidad no es lo más común, pues le genera a la gente una gran cantidad de interrogantes y lo que es peor aún, se generan juicios de valor, sin tener los elementos necesarios para llegar a esas conclusiones.

Durante los primero meses de papá soltero, pero con hijos 24/7 mi esfuerzo fue que mis hijos estuvieran preparados para ser centro del escrutinio de las personas que lo rodeaban, si bien, la familia más cercana si estaba enterada del acuerdo y aún si les generaba dudas o inquietudes, no las externaron directamente, los amigos(as) y papás de los amigos(as) si lo manifestaban sin análisis previo. El caso era más fuerte, por llamarlo de alguna manera, en el entorno de mi hija, porque ella tendría unos 19 años que en el de mi hijo que contaba con 12.

En una ocasión, un compañero de la escuela de mi hija, le comentó que sus papás le habían dicho que mejor evitara la amistad de mi hija, porque seguramente serían unos hijos cuidados por la muchacha, sin atención alguna de sus padres y por lo tanto era obvio que caerían en excesos y drogadicción y serían “malas influencias” para ellos.

Afortunadamente, mi hija y yo, teníamos buena comunicación desde se infancia y ella se sentía querida y apoyada por mí y me lo comentó en cuanto se lo comentó su amigo y aquí venía el primer reto como Papá Soltero, como responder o actuar ante este tipo de situaciones. A una persona joven, este tipo de comentarios, sobre todo, cuando esta instable emocionalmente por la separación de sus padres, les puede afectar, por eso es tan importante que durante todo el proceso del divorcio o separación, la comunicación con los hijos sea abierta y se les explique, por separado a cada hijo(a) para poder tener la conversación en el nivel de desarrollo que tienen. En mi caso, con una diferencia de más de 6 años entre mis dos hijos, la forma de platicarlo, tuvo que tener significativas diferencias.

También es cierto que no todos los papás de sus amigos actuaban de esa forma, otros más bien se sentían empáticos y pensaban que pobres de ellos que por alguna razón tuvieron que quedarse con su papá y por esta razón no tendrán el calor de un hogar “normal” con la mamá como centro del mismo.

En el caso de mi hijo, que tenía unos 12 años, primero por la forma de ser de él que siempre ha sido más hermético que su hermana y por otro lado, porque sus amigos no conversaban tan a fondo aún con sus padres, el impacto social, al parecer fue mucho menor. Aunque cabe aclarar que mi hijo al llegar a su juventud ha evolucionado a ser más abierto y platicador de lo que era en su infancia y adolescencia.

Ya en algún escrito anterior (¿Quién se queda con los Hijos?) les había contado que mi hijo fue el que al parecer mejor asimiló la separación, incluso mejor que nosotros los padres.

Entonces, cuando como padre, empiezas a vivir el hecho de ser padre soltero, al menos en mi caso, vas armando un plan de acción y preparando respuestas para cuando surjan las preguntas, pero resulta que la realidad, plantea muchas más interregantes de las que consideraste y además se presentan situaciones que no previste, por lo que la improvisación tiene que ser, aunque suene paradójico, planeada.

En nuestra familia ya estaba definida que la dinámica escolar pasaba más por mí que por su mamá, así que ahí, en realidad, no hubo un gran desajuste para ellos. Sobre todo, porque durante la separación no se definieron momentos limitados para que mis hijos convivieran con su mamá. Teníamos un arreglo para los fines de semana, los sábados comían conmigo y los domingos con ella y entre semana, al menos una vez a la semana, su mamá iba a comer con ellos en la casa.

Algo que si modificamos por la separación fue el domicilio familiar, así los espacios no les traerían recuerdos de momentos en que estaban con su mamá o que estaban con sus papás que les pudieran generar tristeza.

En lo personal, creo que gran parte del “éxito” de nuestra separación, es decir el no ocasionar grandes afectaciones emocionales a nuestros hijos, fue que pactamos dos temas fundamentales, el primero, no hablar nunca mal de nosotros antes nuestros hijos y dos platicar entre nosotros cualquier detalle que viéramos en las reacciones o emociones de nuestros hijos.

Nuestros hijos, por su lado, siempre se sintieron con la confianza suficiente para exponernos a nosotros, sus padres, las dientes inquietudes, comentarios o situaciones que se enfrentaban por ser ahora hijos de padres divorciados. Porque si bien es cierto que en la actualidad hay muchos más hijos de padres divorciados que antes, también es cierto que siguen existiendo prejuicios sobre estos hijos en muchos padres, máxime cuando los hijos no se había quedado con su mamá.

Así como nosotros como padres vamos estableciendo vínculos individuales con nuestros hijos, así también ellos van desarrollando vínculos individuales con sus padres y de esta manera, había temas que preferían platicar con su mamá, más en el caso de mi hija por la identidad de género y porque estaba en una edad de pasar de ser niña adolescente a mujer joven, pero también mi hijo desde entonces y hasta ahora hay temas que trata más abiertamente o con más confianza con su mamá que conmigo.

Sin embargo, como padres, tenemos la responsabilidad de conocer la mayor cantidad de información que podamos de cada uno de nuestros hijos, para poder ser guías en su camino a su vida independiente y apoyarlos en el objetivo de cumplir sus sueños, por lo que entre nosotros (papá y mamá) hablábamos durante la semana para trasmitirle al otro lo que nos había comentado cada hijo y tener la información completa, cuando hubiera que hablar con ellos, sobre temas específicos, algunos más complejos que otros.

Retomando el tema, el inicio de la vida de un padre o madre solteros, es un poco más complicado que el de estar pendiente de los hijos que viven contigo, tienes que platicar más con ellos, analizar sus reacciones, comparar notas con tu ex pareja y tratar en lo posible, de estar un paso delante de las situaciones que se puedan presentar.

Pero sobre todo, tienes que entender que tu hijo(a), cada uno de ellos(as), necesita tener un padre y una madre, no solo confiables sino querido, respetado y de preferencia hasta admirable. Por esta razón es fundamental que las diferencias entre los padres, se queden entre ellos y no pasen a través de sus hijos.

Cuando ambos padres tienen una buena imagen para sus hijos, será mucho mas fácil para ellos, no sentirme abrumados por los cambios en su vida y por los comentarios o situaciones que tengan que enfrentar en sus respectivos entornos.

El ser un padre soltero, nos obliga a racionalizar antes de reaccionar y reaccionar de manera que no sea debatible por parte del hijo, de sentirse afectado por el divorcio o separación de sus padres. Esto resulta mucho más difícil, cuando la ruptura de la pareja nos ha dejado enojados o resentidos con el otro, que por cierto, es lo más común en estos casos.  Por eso comentó, que antes de reaccionar, tenemos que analizar muy bien nuestra reacción, porque sin importar el motivo del divorcio, la responsabilidad de ambos padres sigue siendo la guía de los hijos, no necesariamente el mimarlos o regañarlos.

Muchos padres solteros, sienten culpas por la separación y tienden a obsesionarse con conseguir el “perdón” de sus hijos y se distraen de la función de guías para caer en actitudes más propias de un amigo y aquí es donde se complica la relación. Más aún cuando solo se ven a los hijos dos días cada dos semanas.

Los hijos, sin importar la edad que tengan, también van conociendo a sus padres y saben de qué pie cojea cada uno y como sacarle provecho a esa debilidad. Por eso es muy importante que definamos que el romper con la pareja, sin importar el motivo que sea, no es romper con los hijos. Una cosa es ser una buena o mala pareja (Que habría que analizar muy a detalle que es ser buena o mala pareja) y otra muy diferente es ser un buen o mal padre. Así que la separación de una pareja es un tema solo de 2, ni siquiera lo hijos están involucrados, aunque es muy probable que se vean afectados.

En cuanto entendamos que el “haber fallado” a la pareja, no nos exime de ser el guía en el camino de nuestros hijos, no permitirá ejercer nuestro trabajo, aun después de que se disuelva la pareja.

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