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Opinión

Manlio Fabio: El de las cuotas y los cuates 

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Tal Cual

Dejó la dirigencia nacional del PRI hecha un desastre luego de las elecciones del 5 junio del 2016: Perdió 7 de las 12 gubernaturas en juego y, entre esas, entregó a la oposición cuatro estados en los que había gobernado de forma consecutiva durante 86 años: Durango, Quintana Roo, Veracruz y Tamaulipas.

Fueron los resultados de Manlio Fabio Beltrones al frente del PRI. Forzado por la debacle de comicial tuvo que renunciar a la presidencia nacional de ese partido y justificó la derrota como sólo “tropiezos electorales”.

Un año después y de cara la sucesión presidencial el sonorense ha regresado por más. Está promoviendo los gobiernos de coalición, juntando a sus huestes priístas como son ex diputados y vendiéndose como el conocedor de la fórmula que le dará gobernabilidad al país en el 2018.

Astuto como siempre ha sido ahora crítica el proceso interno del PRI y sus bases para elegir candidato, se pone el frente de quienes por años se han servido del tricolor con cargos y candidaturas y hoy el gobierno de Enrique Peña los tiene relegados.

“No más gobiernos de cuotas y de cuates” soltó hace unas semanas el ex gobernador de Sonora al insistir en su fórmula de gobiernos de coalición y en una velada crítica al actual gobierno de Peña, así como para buscar más espacios para él y los suyos de cara a la XXII Asamblea Nacional.

Sin afán de defender lo indefendible en el actual gobierno de amigos y leales al peñismo, Beltrones escupe para arriba y se olvida de sus propios “cuates” y “cuotas” en el actual sistema político mexicano.

Su yerno, Pablo Escudero Morales, es el presidente de la Mesa Directiva del Senado de la República. Cargo que se obtuvo no por el peso de la bancada del PVEM sino por la influencia del poderoso suegro, tal vez como premio de consolación luego de que fue obligado a dejar la presidencia del PRI por la debacle electoral de junio del 2016.

Su hija, Sylvana Beltrones Sánchez, actualmente es diputada federal por el PRI. La actual gobernadora de Sonora, Claudia Pavlovich, es parte de las “cuotas” que tanto critica Beltrones, lo mismo que decenas de funcionarios como Felipe Solís Acero, subsecretario de Enlace Legislativo de la Secretaría de Gobernación.

Otros que son sus “cuates” son el consejero del INE, Marco Antonio Baños, así como ex embajadores, funcionarios públicos o legisladores con la marca beltronista como Fernando Castro Trenti, Manuel Añorve, Francisco Arroyo Vieyra y Marco Antonio Bernal.

Varios gobernadores y ex gobernadores le deben a Manlio Fabio algo o por lo menos son parte de sus “cuotas” de poder político: José Calzada, ex gobernador de Querétaro, Rubén Moreira, mandatario de Coahuila; Carlos Lozano, ex gobernador de Aguascalientes; y Alejandro Moreno, gobernador de Campeche.

Lo cierto es que Manlio Fabio Beltrones está de regreso. Más bien nunca se fue. Tiene quien le cuide las espaldas en el Congreso y en varias posiciones del gobierno de Peña. Hoy juega varias cartas, la del político reformador y salvador de la patria, el priísta que amagará con una ruptura sino consigue los cargos para “cuates” y parentela; así como el posible candidato presidencial del PVEM en el 2018 sino le cumplen sus “cuotas”. Tal Cual.

www.theexodo.com

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Análisis y Opinión

Hacer lo correcto de manera correcta

Gerardo Medina Romero

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El Mundo Interno de las Organizaciones

Sentimos incertidumbre con relación a lo que vendrá para el 2021. Para muchos, puede ser el posible y añorado regreso a la normalidad; para otros, una nueva normalidad ajustada y para algunos más, una realidad nueva y muy distinta. ¿Qué pasará cuando la mayoría de la población se haya vacunado? ¿Dejaremos de utilizar cubrebocas? ¿Regresaremos a nuestros lugares de trabajo? ¿Volveremos a tener interacciones con nuestros compañeros? ¿Otra vez a las reuniones de trabajo en salas de juntas?

Sin duda muchas preguntas así como posibles respuestas. Cada empresa ha vislumbrado al menos un par de escenarios para ello. En algunas, estos escenarios han sido compartidos con los colaboradores y en otras no; sin embargo, en ambos casos la incertidumbre sigue siendo el factor común ya que, por más que se diga lo contrario, todos sabemos que lo que hoy estamos viviendo es realmente un modelo temporal y que el definitivo se adoptará en cada empresa una vez que la población se haya vacunado y la pandemia se convierta finalmente en endemia.

¿Qué nos toca hacer ante esta situación? En mi opinión, así como las empresas deben planear cómo será su realidad una vez completada la etapa de vacunación mundial, cada uno de nosotros debe planear cómo será nuestra realidad laboral particular, específicamente en la manera en que tendremos que desempeñar nuestra función al interior de nuestra organización.

Por un momento, tratemos de olvidar lo que hacemos y cómo lo hacemos. Pensemos nuevamente el “para qué” lo hacemos y lo que la organización realmente debería recibir de nuestra función en particular. Es a partir de recordar el objetivo de nuestro rol (o, en algunos casos, de tenerlo claro por primera vez), de donde deberemos partir para redefinir lo que debemos hacer y cómo hacerlo en la nueva realidad, aprovechando al máximo los recursos que estarán disponibles.

Hoy más que nunca tenemos que buscar ser efectivos y eficientes en nuestra función.

Ser efectivos significa hacer lo correcto y dejar de hacer todo lo que no contribuye realmente al cumplimiento de nuestras responsabilidades. Quizá cuando llegamos a la organización o al puesto que hoy desempeñamos comenzamos a hacer cosas que nuestro antecesor hacía sin cuestionarnos si realmente aportaban y eran necesarias. Quizá otras más las hicimos porque algún jefe nos lo pidió, pero en realidad no tenían una razón de ser; muchas otras tal vez las incorporamos como parte de nuestro proceso de madurez individual y las mantuvimos simplemente por inercia. Cualquiera que haya sido la razón, seguramente encontraremos cosas que hoy hacemos y que en realidad deberíamos dejar de hacer con el fin de ser realmente efectivos.

Una vez que definimos lo correcto, viene el momento de analizar si lo estamos haciendo correctamente. Ser eficientes significa optimizar al máximo los recursos utilizados para hacer el trabajo; es decir, con el menor nivel de desperdicio de recursos posible. Si una cosa nos ha dejado claro el modelo de trabajo virtual que hemos adoptado en la gran mayoría de las empresas para sobrellevar la pandemia, es la gran cantidad de recursos que se desperdiciaba anteriormente para hacer el trabajo: tiempo, dinero y esfuerzo. Pues bien, a nivel individual debemos hacer ese análisis para encontrar la manera más eficiente de hacer nuestro trabajo y cumplir con nuestras responsabilidades. Evaluar en dónde cometemos más equivocaciones e implementar acciones para corregir esto, identificar redundancia de esfuerzos y crear formas de optimizar al máximo los recursos que utilizamos.

Haciendo lo correcto y de manera correcta, es decir, siendo efectivos y eficientes en nuestra responsabilidad individual, podremos completar el rompecabezas que hoy los líderes de las empresas tienen ante la incertidumbre que representa la nueva realidad que viviremos el próximo año.

No esperes a que sea la organización la que te diga cómo debes trabajar bajo la nueva realidad que, esperemos, llegue para el 2021. anticípate y dile a tu organización cómo tú y tu equipo de trabajo trabajarán.

Haz las cosas correctas y de manera correcta. Contribuye a diseñar el modelo de trabajo que tu organización tendrá no solo para trabajar durante la pandemia sino para el siguiente cuarto del siglo XXI.

LEE Reactiva tu capacidad de aprender en equipo

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Análisis y Opinión

Lamentos de un país roto: a dos años del gobierno de AMLO

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Abunda en la conversación política un dejo de superioridad moral por no haber votado por el hoy presidente Andrés Manuel López Obrador. “¿Ven cómo sí está destruyendo al país?”, dicen unos. “¿Cuándo nos van a pedir perdón por votar por AMLO?”, preguntan otros.

Esta superioridad moral es, en realidad, un recurso fácil para no analizar la cuestión de fondo: ¿por qué el presidente actúa como actúa? Y sobre todo, ¿por qué tiene todavía el apoyo popular del que goza?

Ahí está la clave del éxito de AMLO y del fracaso de la oposición, tanto a nivel político como comunicacional.

Dicha superioridad moral funciona, asimismo, como una banda en los ojos ante un hecho contundente que no se quiere ver ni confrontar: el país está roto desde sus cimientos.

Desde hace décadas hay un país roto, empobrecido, envuelto en ciclos de crisis económicas que no han dado oportunidades a todos y que han destruido el patrimonio de muchos.

Es el país al que no llega la ley ni las promesas de la democracia. Son zonas en las que los gobiernos los toman los más fuertes, los más violentos, los más gandallas.

Ese país quebrado es dirigido en muchas regiones por el crimen organizado en abierta complicidad de las autoridades formales; es el mismo país ensangrentado por una política anti narco que pocos resultados ha dado.

Hay millones de mexicanos que siguen esperando que alguien les cumpla las promesas que alguna vez le hicieron el PRI todopoderoso, el PAN de la alternancia y el PRD combativo. Y el único capaz de abanderar todos esos reclamos en las últimas décadas fue el presidente López Obrador.

¿Que el presidente juega con esa representación? Claro. ¿Que hace propaganda para mantenerse impoluto frente a esos votantes? También. ¿Que busca utilizar a esos dolientes para hacerlos clientelas electorales? No hay duda.

Al final, se trata de un pacto de mutua conveniencia: unos reciben un dinero extra que antes no tenían, el otro obtiene buena imagen y votos potenciales para las siguientes elecciones. Nadie pierde en esta ecuación.

Pero el fondo no está resuelto. El país continúa roto por tres razones básicas: porque los votantes del presidente se dejan utilizar, porque las alternativas de poder se niegan a mirar a los distintos Méxicos y porque el presidente fusilará en la plaza pública cualquier intento de oposición a su gobierno.

El país está roto porque esa realidad lacerante de pobreza, crisis e inseguridad no se resolverá con el reparto de dinero, aun cuando sus beneficiarios sean fieles votantes del proyecto de AMLO.

Por otro lado, el país sigue roto porque quienes piden disculpas a quienes votaron por el presidente no quieren ver esa realidad dolorosa de sus hermanos mexicanos y desprecian visceralmente cualquier cosa que se relacione con AMLO, sin entender que éste vive y medra de la división social.

Finalmente, el país permanece roto porque desde el poder se impide que nadie más hable en nombre del pueblo, y todo aquel que se oponga al régimen será traidor, por mucho que el proyecto sean costosísimos elefantes blancos o el reparto de dinero a mansalva.

Para rearmar a este país es necesario ir más allá de las diferencias políticas y partidistas.

Tenemos que ser capaces de trascender las divisiones impuestas desde el poder y construir desde lo que nos importa a todos: el bienestar y oportunidades para tantos mexicanos como sea posible, así como darnos instituciones que nos garanticen el ejercicio de nuestros derechos.

Para ello tenemos que ser capaces de entender, en sentido amplio, las distintas realidades de nuestro país; hay que escuchar esos lamentos del México oculto que llevan décadas y hasta siglos, y que exige justamente ser atendido -no manipulado- desde el poder.

Tarde o temprano esto tendrá que suceder, sólo espero que no nos tardemos tanto en comprenderlo y actuar en consecuencia.

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