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Residencias Medicas

La dignidad del médico residente bajo presión en México

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Ciudad de México.- Las residencias médicas operaron durante años como el motor silencioso del sistema hospitalario. En ese trayecto, miles de médicos en formación enfrentaron jornadas extensas, jerarquías rígidas y una cultura que normalizó el maltrato como “rito de paso”.

El tema tomó relevancia en uno de los recintos donde puede cambiar el curso en favor de la dignidad humana de los médicos en México, tras acudir a la Cámara de Diputados para dialogar sobre sus condiciones académicas y laborales.

Entre ellos estuvo la doctora Guadalupe “Lupita” López Martínez, residente de cirugía maxilofacial, quien narró su experiencia ante mesas de trabajo legislativas.

Su testimonio mostró un patrón conocido en hospitales públicos: violencia normalizada, falta de supervisión y vacíos institucionales.

Lupita López Martínez explicó que ingresó a su especialidad de Cirugía Maxilofacial en el Centro de Alta Especialidad “Dr. Rafael Lucio”, ubicado en Xalapa, Veracruz; en 2022. Describió un entorno quirúrgico mayoritariamente masculino, con jerarquías cerradas y prácticas heredadas.

“Es bien sabido que las residencias quirúrgicas siguen siendo predominantemente masculinas”, señaló durante la entrevista exclusiva con Siete24 Noticias.

La residente relató que enfrentó acoso laboral por parte de una profesora titular. El caso avanzó por la vía legal y obtuvo una sanción administrativa y judicial, confirmada por periciales y testigos.

“Se comprobó con distintas pruebas periciales y testigos que la situación se había dado”, dijo. Aun así, expresó que la resolución no cubrió los costos personales ni envió un mensaje preventivo.

Su experiencia no fue aislada. La médico afirmó que conoce pocos casos donde denunciar no derivó en la baja de la especialidad, lo que inhibe nuevas quejas.

Impacto humano.

Las residencias médicas forman especialistas que sostienen hospitales y servicios críticos. Sin embargo, la carga recayó de forma desproporcionada en los residentes.

“Quien hace todo el trabajo son los residentes”, afirmó López Martínez. A esa carga se sumaron guardias extensas, carencia de insumos y tensión con pacientes.

López Martínez describió semanas sin descanso. “Pasé semanas enteras sin bañarme o cambiarme de ropa”, recordó.

Este desgaste afectó la salud física y emocional. Diversos testimonios coinciden en que el maltrato deterioró la vocación y la salud mental, sin que existiera un acompañamiento institucional constante.

Cultura interna: el maltrato como herencia

En hospitales,  como por ejemplo la clínica 23 del Instituto Mexicano del Seguro Social (IMSS), el abuso se justifica como parte de la formación. La residente cuestionó esa lógica.

“El maltrato no es parte necesaria de la formación médica”, sostuvo. “Es una práctica aprendida que puede y debe romperse”, explica.

Las jerarquías, según su testimonio, facilitaron humillaciones, castigos informales y represalias académicas. Jefes de enseñanza, adscritos y residentes de mayor rango reprodujeron dinámicas heredadas.

El silencio opera como regla de supervivencia. Denunciar su  caso el Centro de Alta Especialidad “Dr. Rafael Lucio”, implicó riesgos académicos y personales.

Consecuencia extrema: cuando la presión desborda

López Martínez mencionó casos recientes de médicos residentes que atentaron contra su vida tras largos periodos de presión y desgaste emocional.

“Las cifras son mucho más altas de lo que se reconoce”, dijo, al referirse a muertes que no siempre se visibilizaron como consecuencia del entorno laboral.

Sin afirmar responsabilidades, su señalamiento apuntó a un contexto que exigió atención urgente. El debate público comenzó a reconocer que la formación médica también necesitó cuidados.

Fallo institucional: normas sin supervisión

La doctora explicó que la Norma Oficial Mexicana de residencias médicas prohibió guardias de castigo. Sin embargo, la práctica continuó.

“No hay realmente una supervisión en los hospitales”, afirmó.

También cuestionó la figura del “trabajador especial”, que colocó a los residentes en una zona gris entre lo académico y lo laboral. Esa indefinición debilitó su protección jurídica.

Aunque existieron mesas de trabajo y pronunciamientos, los residentes percibieron lentitud en los cambios estructurales, ante la carente protección de la política pública que ha caracterizado este tipo de casos.

Camino de salida: diálogo y visibilidad

A pesar de las dificultades, López Martínez destacó la importancia de hablar. Su presencia en el Congreso de la Unión, buscó abrir canales institucionales.

“Por lo menos que se nos reconozca como trabajadores”, dijo ante legisladores.

La visibilidad permitió inspecciones, ajustes parciales y conversaciones antes inexistentes. No resolvió todo, pero abrió rendijas.

Hacia una residencia digna

Las residencias médicas sostienen el sistema de salud mexicano. Reconocer la dignidad del médico residente fortalece la atención a pacientes y la formación académica.

ARH

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